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Hilo: Red ciudadana tras el 11M

Pág. 17

http://www.publico.es/estaticos/pdf/01092008.pdf

“Un libro publica testimonios de afectados del 11-M, miembros de la Red Ciudadana que rehuyó el uso partidista del dolor”

“Víctimas sin color político”

Página principal de la red
ciudadana
www.redciudadanatrasel11m.net

"En todo caso, mientras Gómez Bermúdez ajusta sus cuentas frente al espejo, nosotros debemos comenzar a ocuparnos de cómo mantener con vida esta media criatura que ha tenido a bien entregarnos.” P.J. Ramírez , padre de la criatura

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Re: Red ciudadana tras el 11M

Entrevista completa a cargo de Iñigo Aduriz Mulas. Una versión reducida se ha publicado en el diario Público el 1-IX-08.

Tras la experiencia de estos cuatro años en la que han trabajado con la Red, ¿consideran que los políticos utilizan a las víctimas en su propio beneficio cuando les conviene, tal y como aseguran varias de ellas en el libro?

La verdad mediática y la verdad política son solo obviedades empobrecidas que no pueden por sí solas explicar la verdad de un acontecimiento. Tras los atentados del 11-M, en contacto con la muerte, la vida súbitamente dejó de ser obvia. Preguntas ineludibles se pusieron a flor de piel: “¿qué ha pasado?”, “¿por qué esto?”, “¿por qué a mí?”. Que la vida continuase como si nada hubiera ocurrido, de repente se convirtió en el mayor de los absurdos. La dimensión pública de los atentados y la respuesta social y colectiva tras ellos dislocaron el orden de la política. Emergió un vínculo, amoroso, fraternal y sensible que derritió la ilusión de que podemos ser absolutamente independientes unos de otros y dejó fuera de juego la política de los políticos. Pero el orden de la política no es solo la utilización política de las víctimas. Eso sería otra obviedad empobrecida. El orden de la política es también lo que convierte al individualismo en la única opción, lo que hace del sálvese quien pueda la ley imperante, lo que señala a cualquiera como un extraño, un competidor o un enemigo. Los mecanismos que justifican la guerra para resolver los grandes asuntos y el individualismo para resolver los pequeños terminan por conformar el mismo orden. Tras cuatro años de experiencia en la Red, la pregunta que verdaderamente nos interpela no es si los políticos manipulan o no (pregunta para la que cada lector/a tendrá ya su propia respuesta), sino dónde y cómo se están produciendo procesos de lucha por la toma de la palabra, por enunciar el sentido del mundo y de las cosas con una voz propia. Con los anteojos de una política envejecida es muy difícil estimar el valor de experiencias como la Red, ya que tomar la palabra no siempre significa tener un discurso acabado para exhibir en los medios de comunicación o tener un catálogo de convincentes respuestas para esgrimir contra el adversario político. Más bien significa luchar, a golpe de preguntas abiertas, por desembarazarse de las obviedades que aplastan al mundo impidiendo su transformación. En el caso de la red, esto ha significado preguntarse “qué es” y “qué debe hacer” una víctima, sin dar por bueno de antemano el papel preestablecido para ella.

¿Creen que precisamente es ese uso partidista de unas y otras víctimas el que ha hecho que la Red deje de estar activa?

La Red no se creó como respuesta al uso partidista de las víctimas, sino porque se consideró que habitar un espacio de relaciones sin color político era bueno para elaborar el dolor en colectivo. Se abrió un espacio a la vez íntimo y abierto, que no era ni público ni privado. Un espacio sin jerarquías ni contornos claros, hecho para el roce cuerpo a cuerpo y que no se fijó objetivos ajenos a su propia construcción. Un espacio para luchar, juntos y en común, contra las propias condiciones que lo hacían imposible.
Un espacio que no se identifique con ningún color político lo tiene muy difícil. Continuamente va a tener que pintarse con trazos de nuevos colores, sin que ninguno llegue a ser el importante. Va a tener que despintar la realidad de los tintes que la politizan, reconstruyendo siempre lo que une. Pero ¿por qué empeñarse en quitar el color político? ¿No es precisamente el color político lo que suma, lo que agrega, lo que permite actuar?
La Red es una experiencia insólita porque se obstinó en relegar el peso de las ideologías como condición para la apertura de un espacio común, verdaderamente común, donde encontrarse con los diferentes para reconstruir ese vínculo humano que es más político que la propia política, y recuperar así la autonomía y la potencia, sanando las heridas de unas bombas que no discriminaron ningún color. Al tomar esta vía, renunció a las formas de hacer habituales, aceptando por el contrario la ambigüedad, la fragilidad, la indeterminación o la oscuridad como partes del proceso. Las formas de hacer habituales se basan en polaridades binarias que niegan la fragilidad y la ambigüedad: “o estás conmigo o estás contra mí”. Pero no es en las polaridades binarias donde la Red ha acomodado su lugar. Su empoderamiento se ha dado, más bien, en los claroscuros del “entre”.
La idea de “uso partidista” remite a una de esas polaridades binarias. Al final siempre te manipulan y, al mismo tiempo, nunca terminan de manipularte por completo. Pero la manipulación y la crispación política no son más que unos planos, entre otros muchos. Pueden hacer el proceso más difícil, pero no se trata de buscar en estas polaridades binarias unas causas obvias para el devenir de una experiencia, sino de ensanchar un “entre” que es paradójico: el uso partidista de las víctimas hace necesario un espacio como la Red y, al mismo tiempo, lo hace imposible. No es de extrañar, por tanto, que la Red se haya desactivado. E incluso es de celebrar el que, para alguien, este espacio haya dejado de ser necesario, pues la reconstrucción de las vidas y la elaboración positiva son más importantes que la continuidad de la Red. Lo importante es que por momentos la Red pudiera estar activa y que su desactivarse no sea vivido como un fracaso, pues siempre tendremos lo hecho y lo pensado ante lo hecho.

¿Por qué no se incluyen en el libro conversaciones con políticos que estaban en activo cuando ocurrieron los atentados?

Desde el primer momento la Red decidió que en ella no participasen ni periodistas ni políticos. En el libro hemos querido plasmar cómo han vivido en ella su participación las personas afectadas, directa o indirectamente, buscando que los testimonios fuesen más allá de la simple coyuntura política sobre el 11-M. La participación en un espacio colectivo ayuda a dar sentido, a acompañarse, a entender, y creemos que contar cómo la gente desarrolla herramientas de superación en situaciones vitales difíciles puede servir a cualquier persona en otras coyunturas vitales difíciles. Desde nuestro punto de vista la Red, sin ser una fórmula a reproducir, sigue hablando al presente más allá del 11-M por lo que tiene de experiencia contemporánea, en un mundo donde la sensación de que los problemas son insuperables y de que no hay salida genera una enorme cantidad de malestar y constituye esa experiencia de impotencia cotidiana que suele denominarse precariedad existencial.

¿Existen diferencias entre la forma de aceptar los atentados por parte de las víctimas de ETA y de otras víctimas, tal y como parece al observar las discrepancias que intentan escenificar las distintas asociaciones?

Cuando sucedió el atentado de la T4 tomamos contacto con amigos de uno de los fallecidos, Diego Armando Estacio. Estos chicos nos preguntaron “¿por qué?”, “¿por qué mata esa gente?”. Son las mismas preguntas que se plantearon el 11-M, y para las que no teníamos ninguna respuesta, no solo por nuestro propio estupor por este atentado, sino porque cualquier respuesta preestablecida resultaba incomprensible para esos jóvenes ecuatorianos, compañeros de Diego Armando en su equipo de fútbol.
Enfrentarse a la pérdida y al vacío es una experiencia común y compartida. La pérdida lo cuestiona todo y, a partir de lo ocurrido, es una imperiosa necesidad reelaborar un sentido que descifre por qué el mundo es como es. Esta necesidad de crear nuevos sentidos para seguir viviendo abre las posibilidades de una transformación. Pero no hay garantías de que, después de esta reelaboración el mundo creado sea mejor. Se activan máquinas de revictimización, que fijan una y otra vez lo que una víctima debe ser, y también se activan espacios de creación, de libertad. Ambos procesos conviven, con avances y retrocesos. Lo que rodea a las víctimas, y entre otras cosas la coyuntura política, tiene su peso. Pero las asociaciones, aunque necesarias e importantes, no agotan las formas en las que emociones y voluntades se enredan para construir soportes capaces de cuidar las propias vidas. Lo colectivo informal también tiene su peso. Y, por encima de todo, cada persona hará su propio recorrido, único y particular. Por descontado, haber vivido el 11-M no te encasilla en un molde.

¿Cuál de los 'apoyos' de los que hablan las víctimas (actividades, concentraciones, manifestaciones, ayuda profesional, familiar etc..) consideran más importantes para lograr que salgan adelante tras perder a un familiar o sufrir en sus propias carnes las consecuencias del atentado?

El mejor apoyo es dejar que los afectados decidan qué apoyo necesitan. No por el hecho de sentir tanto dolor se pierde la capacidad de pensar y de actuar. Es bueno contribuir a la creación de espacios de confianza y sinceridad, colectivos y plurales, donde se puedan expresar sentimientos y necesidades, en la confianza de que nadie será juzgado ni utilizado. El sufrimiento no implica una condición pasiva y el dolor no enmudece la voz propia. Tampoco hay que dar por hecho que un afectado necesita tal o cual cosa, ni apropiarse la "voz de las víctimas" para sanarles el dolor. El afectado es ciudadano igual que el resto, y como tal debe ser respetado y escuchado, ni relegado a la incapacidad ni ensalzado en los altares.

"En todo caso, mientras Gómez Bermúdez ajusta sus cuentas frente al espejo, nosotros debemos comenzar a ocuparnos de cómo mantener con vida esta media criatura que ha tenido a bien entregarnos.” P.J. Ramírez , padre de la criatura

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Re: Red ciudadana tras el 11M

Pongo esto aquí porque no veo un hilo más apropiado:
http://www.publico.es/espana/206902/man … victimas/m

¿Sabíais algo de esto? ¿Es cierto que está abandonado el monumento? ¿Y qué es eso de que no tiene nombres? ¿Se refiere a los nombres de las víctimas, que estaban en la cúpula?
Y lo que más me extraña, ¿por qué culpa a la Comunidad si el monumento no es suyo?
Me alegro de que hagan un acto de desagravio a los policías.

ultima edicion por Arautiam (05-03-2009 19:21:37)