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Re: El juez del Olmo habla por primera vez de los ataques recibidos.

3diasdemarzo escribio:

La misión del juez tranquilo

Magnífico homenaje a un hombre bueno. Cada vez estoy más convencido, con Machado, que es lo mejor que se puede decir de alguien, en el mejor sentido de la palabra.

[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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Re: El juez del Olmo habla por primera vez de los ataques recibidos.

Con esto de la navidad ha pasado un poco desapercibido; pero, El Mundo se hace eco de este reportaje al día siguiente en la edición papel. Es de pago; sin embargo, gracias a "e-lopeordelopeor" tenemos el texto:
http://e-pesimo.blogspot.com/2007/12/11 … punto.html

Re: El juez del Olmo habla por primera vez de los ataques recibidos.

Por no abrir otro hilo lo dejo aquí:

El juez hendido por el rayo

Del Olmo es, como el viejo árbol al que cantó Machado, un juez hendido por el rayo. El cielo se abrió sobre su cabeza el 11 de marzo de 2004 y el haz de fuego lo atravesó, de parte a parte, mientras recorría los andenes de tres estaciones de tren madrileñas sobre los que una jauría de hienas había sembrado la muerte. Algo de él se quedó también allí, para siempre, junto a los densos charcos de sangre tibia, los restos desmembrados de trabajadores sin nombre, los ennegrecidos trozos de los vagones, los quebrados ayes de los mutilados, las lágrimas lentas de los miembros de los servicios de emergencias, los timbres de los teléfonos móviles que sonaban sin respuesta en los bolsillos de los cadáveres...

Buscó allí, entonces, la mirada de la fiscal Olga Sánchez. «Tenemos que averiguar quién ha cometido esta salvajada», se conjuraron. «Aunque sea lo último que hagamos en esta vida», podría haber añadido. No en vano, el juez se dejó en tal empeño la salud y muy cerca estuvo de dejarse incluso la vida.

Sobre los hombros de este simple mortal, por nombre Juan del Olmo Gálvez, nacido en 1958 en el popular barrio murciano del Carmen, magistrado de profesión, acababan de depositar los dioses la colosal carga que iba a suponer instruir el sumario 20/04 sobre la mayor masacre terrorista de la historia en Europa: 191 fallecidos y más de 1.900 heridos. Una tarea titánica y arriesgada, preñada de trampas y engaños, casi concebida a la medida de un semidios clásico y a la que paradójicamente este juez, ya de por sí discreto, reservado, mesurado y de apariencia tan gris y comedida como los trajes que gusta de vestir -a su lado, Garzón es la Terremoto de Alcorcón-, sobrevivió aferrándose a su precaria condición de ser humano. A su modesta condición de juez que no tiene más pretensiones que ejercer como tal.

Se encerró en su despacho y, durante horas, días, semanas, meses..., convirtió las dependencias del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional en su guarida y fortín. El callo que ya había desarrollado en los seis años que llevaba al frente de ese complicado órgano judicial, lidiando con mafiosos, traficantes internacionales, etarras y grapos, se transformó pronto en caparazón frente a los mordiscos envenenados que le lanzaban a diario los defensores de la «teoría de la conspiración», con varios medios de comunicación actuando como exaltados abanderados. Y frente a las insidias, calumnias, versiones interesadas, medias verdades y mentiras enteras opuso las únicas y discretas armas con las que contaba: discreción, rigor y esfuerzo. Sobre todo, mucho esfuerzo.

Tanto trabajó que un día sus ojos se plantaron. Se pusieron en huelga. Se negaron a seguir viendo. «Veréis aunque no queráis», les dijo. Se hizo instalar una pantalla de ordenador tan grande como el 'plasma' de la chabola de un traficante y siguió instruyendo el sumario con palabras de un palmo de altura.

La única satisfacción que le otorgó este asunto, el caso de su vida, el sumario que marcará por siempre su existencia, le debió de llegar el 30 de octubre del 2007, cuando los magistrados Fernando García Nicolás, Alfonso Guevara y Javier Gómez Bermúdez firmaron una sentencia que avalaba su trabajo. Aún así, su sonrisa, si la hubo, debió de ser tan íntima que no se apercibió de ella ni el cuello de su camisa.

Con la tranquilidad del deber cumplido, el magistrado y su recién adquirido caparazón presentaron su renuncia a un destino apasionante para cualquier juez con vocación de instructor, pero demasiado expuesto a los focos para aquellos cuya alma padece de fotofobia. Pidieron instalarse en Murcia y el día 11 de junio del 2008, justo una década después de su marcha a la Audiencia Nacional, ambos, juez y caparazón, tomaron posesión del puesto de magistrado titular de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial.

Si ya antes de su torturado paso por Madrid no era una cotorra, ahora cada una de sus manifestaciones públicas se cotiza «a tanto la letra», al igual que el pimentón o los pétalos de violeta se venden por gramos. Tanto es así que jamás ha concedido una entrevista y se ha dado el caso de que una sola frase suya sobre el 11-M, cazada al salto como perdiz volandera y en la que poco más hacía que manifestar su respeto por las víctimas del atentado y por sus familias, dio de sí en su día como para publicar tres páginas en el suplemento dominical de un destacado diario nacional.

Otro tanto ocurrió hace dos años cuando, con motivo de una ponencia en Santander, alguien le preguntó por su experiencia vital como instructor de las diligencias del 11-M y, quizás por no parecer maleducado y dar la callada por respuesta, contestó, con voz quebrada por la emoción y un punto de ironía: «El estímulo fue por desgracia demasiado intenso». El juez hendido por el rayo sentía reabrirse la cicatriz con la sola mención del asunto.

Dos años después de su retorno a la tierra que lo vio nacer, Del Olmo ha alcanzado, casi, su máxima aspiración en estos momentos: pasar desapercibido. El 'casi' se deriva de algunas circunstancias no controlables, como la reciente resolución de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional sobre el 'caso Egunkaria', que le recuerdan, como en una recurrente pesadilla, que una vez formó parte de esa institución y que algunas decisiones de entonces siguen ahora, años después, atrayendo sobre su persona el fogonazo de los flashes y los micrófonos de los periodistas.

«Respeto las resoluciones judiciales; no voy a hacer más comentarios», se ha limitado a señalar hace unos días respecto del tremendo varapalo que sus ex compañeros madrileños le han asestado, en forma de sentencia, al asegurar que cerró de forma injustificada el diario Egunkaria, en el 2003, por creerlo un instrumento de ETA.

Quienes afirman conocerlo están convencidos de que la dura resolución habrá herido en algún sitio recóndito a este magistrado, pero no por ese mal entendido orgullo de algunos jueces que no soportan que nadie les enmiende la plana, sino porque desde siempre, desde que aprobó las oposiciones a la carrera judicial en 1985 y recibió su primer destino en Durango (Vizcaya), «no otra aspiración tuvo que aplicar el Derecho con rigor, entendido esto como exactitud y no como contundencia». A trabajar con rigor, además de como un burro. Ya en el Juzgado de lo Penal número 3 de Murcia, desde el que dio el salto a Madrid para reemplazar al juez -de mal recuerdo- Gómez de Liaño, dictaba 700 sentencias anuales, mientras otros difícilmente alcanzaban el medio millar, y permitía que se extendieran un par de horas unos juicios que los más se ventilaban en diez minutos.

Considerado «un poco raro» por algunos de sus colegas murcianos, escasamente sociable y nada dado a las fiestas o a los saraos, ni siquiera a tomarse un vino con los compañeros, resulta evidente que caben en una mano aquéllos que puede presumir de haber alcanzado cierto grado de intimidad con Del Olmo.

De todas maneras, y pese a que su gesto adusto se ha endurecido tras su paso por la Audiencia Nacional, parece que tal cualidad no es adquirida, sino intrínseca. «Ya siendo estudiante de Derecho era igual; como si hubiera nacido con toga».

Serio, discreto, riguroso... Sí, pero no desabrido, malencarado, ni mucho menos maleducado. Es bastante más que correcto y en algunos casos puede mostrarse incluso cercano, aunque la suavidad de sus maneras no le resta un ápice de determinación. Si dice que no, por muy dulcemente que lo diga, a nadie le cabe duda de que al final será que no.

¿Otras secuelas de su aventura madrileña? Ya apenas se le ve empuñando el bastón que por muchos años lo acompañó -recuerdo de un accidente de coche en Durango que le dejó algunas secuelas-, y se ha dejado crecer una barba escasa y canosa, quizá buscando que ni los acusados a quien ahora juzga alcancen a reconocerlo. Una lástima, porque siempre habrá algún 'ceporro' a quien la pena de cárcel le resultará más leve dictada por mano de tan ilustre magistrado. «A mí me condenó el juez del 11-M, ¿sabes? ¡Qué fuerte, colega!».

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

Re: El juez del Olmo habla por primera vez de los ataques recibidos.

Al parecer,. esta noticia está relacionada con una querella por prevaricación que Celestino Rivera y Jesús Parrilla han interpuesto contra Del Olmo, por prevaricación, al decretar su detención por aquel asunto de revelación de secretos a "El Mundo"

Denuncian a Del Olmo por encarcelar a los dos policías del 'caso Parrilla'

El Supremo, tras informar al CGPJ, envía la denuncia por prevaricación a Murcia

Como un boomerang. El caso Parrilla, el asunto de los agentes encarcelados por tomar un café con un periodista, se empieza a volver ya contra el juez que lo elevó a categoría penal, el magistrado que decidió imponer fianzas superiores a las de los miembros de ETA, bajo la acusación de revelación de secretos.


Ahora, la Justicia apunta sus cañones contra el que fuera juez de la Audiencia Nacional e instructor, entre otras causas, de los atentados del 11-M. Juan del Olmo tiene sobre la mesa una querella en la que se le acusa de prevaricación; de dictar una resolución injusta a sabiendas, del mismo delito del que se tiene que defender el que fuera su compañero en la calle de Génova, Baltasar Garzón.


Dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía, Antonio Parrilla y Celestino Rivero, presentaron sendos escritos contra el instructor de su causa. Del Olmo les encarceló, les obligó a permanecer en prisión bajo la acusación de haber facilitado información a EL MUNDO en una investigación sobre una mafia policial. La máxima de las penas, en el caso de haber sido condenados, hubiera supuesto una multa, nunca cárcel.


Pero, además, ambos fueron absueltos por la Audiencia Provincial de Madrid, en una sentencia en la que se arremetía con dureza contra la instrucción realizada por el juez y contra la investigación de la Unidad de Asuntos Internos, en aquellas fechas dirigida por la comisaria Ana Arias.


Y es que los magistrados de Madrid calificaron de desproporcionadas e injustificadas las decisiones adoptadas por Del Olmo contra estos agentes.


Los denunciantes no entienden que pueda existir un error judicial, una mera mala gestión del magistrado. Defienden que desde el minuto uno no sólo no tenía nada en qué sostenerse para actuar contra los dos agentes, sino que, además, ni siquiera era el juez competente para llevar a cabo una investigación sobre un delito como el de revelación de secretos.


Los agentes presentaron su querella ante el Tribunal Supremo. Esta instancia informó al Consejo General de Poder Judicial de que existía una querella criminal contra el juez Del Olmo. Ahora, el Supremo ha remitido la querella al Tribunal Superior de Justicia de Murcia. Es allí donde actualmente desarrolla sus trabajos profesionales el magistrado, y el alto tribunal entiende que debe ser allí donde se dilucide si el comportamiento de este juez en el denominado caso Parrilla fue constitutivo de delito o no.


Los agentes acusados se vieron envueltos en una «actuación policial que determinó la detención de Celestino Rivera, en base a presunciones y conjeturas que debieron ser objeto de mayor reflexión y estudio, y de Antonio Parrilla, la cual carecía de fundamento, pues reunirse a tomar un café con un periodista, ignorando lo que hablaban, no justifica su detención», indicaba la sentencia de la Audiencia Provincial en la que se absolvió a estos agentes de las acusaciones de Del Olmo.


«Decisiones que, con absoluto respeto y compresión de que se dictaban con una premura nunca aconsejable, representaron que sufrieran privación de libertad durante 24 días por un delito que, finalmente calificado, viene castigado con pena de multa. Situación personal privativa de libertad que sólo pudieron eludir mediante la prestación de una fianza, posteriormente acordada, de carácter millonario, 150.000 euros equivalentes a 25 millones de las antiguas pesetas y que, por ser absolutamente exageradas y desproporcionadas, fueron acertadamente dejadas sin efecto y devueltas más tarde», añadía la sentencia.


Pero también lanzaba claros y duros reproches al magistrado Juan del Olmo: «Se hace preciso llamar a la serenidad y a la reflexión para quienes tienen/tenemos atribuidas funciones de autoridad propias o por delegación, para que se ejerciten no sólo con aparente y formal legalidad, sino con absoluto y profundo respeto de los derechos y garantías de todos los ciudadanos. Actuando con ponderación, equilibrio y mesura cuando se trata de restringir derechos y libertades que sólo cabe cuando, con prueba suficiente y desvirtuadora del principio de presunción de inocencia, tal restricción aparece como adecuada, proporcional y justa», reclamaba la Audiencia Provincial de Madrid.


Del Olmo encarceló a estos dos agentes bajo la acusación de haber facilitado a EL MUNDO información sobre una mafia policial relacionada con el tráfico de explosivos en Madrid. Este periódico desveló el mercadeo entre policías y confidentes policiales, en el barrio de Leganés, en una zona cercana al piso donde se suicidaron los autores del 11-M, con Goma 2 ECO. Y continuó investigando. Y detectó una presunta mafia policial que, por encargo, colocó droga a una ciudadana rusa a la que, posteriormente, detuvo. Fue excarcelada poco después de que EL MUNDO comenzara a informar de las andanzas de este grupúsculo.


La Policía también investigaba a esta mafia, pero la Unidad de Asuntos Internos acabó haciendo averiguaciones de los contactos de un periodista con dos policías.


Y llegó a la conclusión de que estos agentes habían proporcionado datos a este periódico sobre esta mafia. En la sentencia, el tribunal asevera que la información la trataba de contrastar el periodista de EL MUNDO con uno de estos agentes, Celestino Rivera. Aclara que este policía no dio información al periodista, sino que comunicaba a los servicios de información de los datos que iba a publicar el periódico. Es decir, el mundo al revés.


Desde el principio, la Unidad de Asuntos Internos supo que Rivera no había dado información a EL MUNDO y que Parrilla no sabía nada de estas actuaciones. Pese a ello, bajo el mandato de Ana Arias, se decidió actuar contra estos dos policías.


Pero hubo mandos policiales en la operación que defendieron detener también al periodista. «Pero si no hay nada contra él», le indicaron algunos de sus subordinados. «Da igual, que lo resuelva después el juez», sostenía este mando, pese a lo cual su intención no obtuvo el respaldo de sus superiores políticos.


Veremos en qué acaba todo ésto.

A lo mejor nos enteramos de alguna cosilla más sobre la relación de Parrilla con "El Mundo"

Al parecer, era un secreto a voces que Parrilla era un confiodente de "El Mundo", y era muy mal visto por sus compañeros y por Asuntos Internos. Éstos, si no recuerdo mal, le tendieron una trampa, pero les salió mal, bien porque en este caso Parrilla no intervenía más que de mirón, bien porque supo a tiempo que estaba siendo vigilado. El caso es que tuvo, además, la suerte de que le tocó un juez un poco... peculiar, Hidalgo, que parece mentira el revolcón que daba este hombre a la instrucción, con las palizas que han recibido algunas de sus sentencias en instancias superiores.

En fin, veremos si nos enteramos de algo más...

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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Re: El juez del Olmo habla por primera vez de los ataques recibidos.

En todo caso, me da pena que Del Olmo se haya equivocado en el caso Egunkaria. Pero errare humanum est, y la mayor misión de su vida la llevó a cabo con "flying colours", que dicen los anglosajones para referirse a las banderas desplegadas.

[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.