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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Si sé por dónde vas, imagino que se trata de que a la hora en que se hizo la comunicación no habían todavía finalizado los análisis.

[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Elemental, querido Watson, pero no adelantemos acontecimientos... wink

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Rasmo tiene la habilidad de hacer fácil lo difícil

Mientras leia lo anterior, y aún antes de llegar a la pregunta-conclusión, había llegado a la misma seguridad que lareán...

Y por supuesto, no de manera casual, Rasmo lo había conseguido remarcando la condición "empírica" de las conclusiones expresadas en las declaraciones  de los TEDAX...

Sombrerazo, nuevamente, amigo Rasmo. Cómo te percatas de las cosas que a los demás se nos pasaron por alto...

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

No se si alguien lo ha pensado ya, pero la serie de Rasmo sobre Patatin debería condensarse en un documento que los englobara todos, un PDF por ejemplo. Podría ofrecerse desde aquí en formato descargable, previo registro si se considera necesario. Yo sigo con mi racaraca de que todo este material merece una difusión mayor y que todo esfuerzo dirigido a tal fin merece la pena. Yo, desde luego, sería de los que me lo iría leyendo cada mañana mientras voy al trabajo.

ultima edicion por Flashman (20-05-2011 21:31:25)

"También sabemos lo cruel que es la verdad a menudo, y nos preguntamos si el engaño no es más consolador." Henri Poincarè

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Efectivamente; ya se comentó aquí que la serie de Rasmo merecía una recopilación; y, afortunadamente, el propio autor lleva idea de hacer algo como lo que dices, Flash.

Y si no, lo hago yo wink

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Sí, sí, yo lo voy guardando todo en un documento maestro que, de hecho, ya he ido retocando y ampliando sobre la marcha. Creo haberlo comentado ya: cuando acabe (ay...) voy a pulirlo para darle un formato "libro". Me salen, por ahora, más de 250 páginas. Y calculo que pasaré de las 300 con seguridad. Amigo Flasman, te dará para unas cuantas mañanas camino del trabajo... y quizá alguna que otra aspirina.

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Lo queremos en PDF y ePub :-)

TenacidadFirmezaConstanciaTes

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (XXIX)

Terminé la anterior entrega señalando que un solo dato echaba por tierra en lo fundamental el armazón argumental pergeñado por García Abadillo en torno a la reunión de la cúpula policial al mediodía del 11 de marzo de 2004.

En efecto, dicho autor señala que la llamada de Cuadro Jaén a Díaz Pintado en la que, supuestamente, el primero le dijo al segundo que el explosivo utilizado había sido “Titadyn con cordón detonante” se produjo “sobre las dos de la tarde” (p. 23 de “Titadyn”).

Sin embargo, es un dato falso. Completamente falso.

Y, con un mínimo de conocimiento de causa, es tan fácil situar cronológicamente (siquiera de forma aproximada) esa comunicación telefónica, que el dato de las 14 horas aparece como una imprecisión realmente extraña. ¿De dónde surge? ¿Y por qué?

Hasta donde mi conocimiento alcanza, la primera vez que García Abadillo introduce esa referencia horaria manipulada es en su famoso artículo de 11 de julio de 2006, que dio lugar a toda la escandalera mediática sobre la supuesta diferencia entre el explosivo que “realmente” estalló en los trenes y el que tenían los islamistas sobre la base, en particular, de la “nitroglicerina” que el Jefe de los Tedax mencionó en mala hora ante la Comisión del 11-M. En dicho artículo primigenio se engarzan las piezas del relato que se convierte en lo sucesivo en la versión habitual de El Mundo (y especialmente de su vicedirector) y que se reproduce y elabora en lo que vengo denominando “texto de referencia” del Prólogo de “Titadyn”.

Por otra parte, la finalidad o, como mínimo, la utilidad de esa referencia cronológica resulta evidente. Recordemos que el vicedirector de El Mundo situaba también a las 14 horas la obtención de los primeros resultados analíticos de los focos de explosión por parte del laboratorio de los Tedax. Se trataba del límite inferior mínimo que permitían los diversos testimonios, pero ciertamente no era inadmisible. Pues bien, a nadie se le escapará la coincidencia temporal, coincidencia que resulta absolutamente necesaria para mantener la idea, tantas veces repetida desde los medios conspiracionistas, de que la comunicación sobre el supuesto explosivo se basaba en unos análisis de laboratorio y, en consecuencia, para aducir este episodio como un indicio de que la nitroglicerina a la que se refirió Sánchez Manzano en el Congreso no era un simple error y…

Como inciso, debo aclarar inmediatamente que esa relación entre los análisis y la comunicación telefónica no se establece de forma expresa en el Prólogo de “Titadyn”. Se trata, no obstante, de una posibilidad sugerida por la propia configuración de la narrativa de dicho texto, que, por un lado, en gran medida plasma y recoge los elementos repetidos durante años desde las páginas de El Mundo y los micrófonos de la Cope, sin desentenderse o distanciarse de ellos en absoluto [en su Prólogo, García Abadillo se remite explícitamente, con indisimulado orgullo, a su artículo fundacional en esta materia de 11.7.2006 y otros sucesivos] y, por otro lado, incorpora aspectos nuevos que podrían interpretarse en el mismo sentido [por ejemplo, la afirmación, en las páginas 25 y 27 de “Titadyn”, según la cual Sánchez Manzano había mencionado a su superior, Cuadro Jaén, determinados resultados concretos de la analítica; lo mencionaré en otro lugar].

En realidad, esa llamada telefónica en la que presuntamente se habló del Titadyn tuvo lugar, como mínimo, una hora antes de que los Tedax obtuvieran sus primeros resultados de laboratorio. Y ya está. Algo tan simple acaba con toda la bazofia narrativa que trata de unir perversamente ambos aspectos: la comunicación (errónea) sobre el tipo de explosivo y los análisis supuestamente ocultos por Sánchez Manzano y compañía. Por tanto, podría limitarme a despachar el asunto con un par de breves referencias incuestionables, pero haré algo más, porque, como ya sugerí en su momento, esta historia ilustra en todo su esplendor la iniquidad lacerante del periodismo conspiracionista. Y me propongo demostrar, hasta donde es posible en estos casos, que no nos enfrentamos a una simple inexactitud no intencionada e intrascendente, sino a una flagrante manipulación con consecuencias de gran calado.

He dicho que la llamada telefónica de Cuadro Jaén a Díaz Pintado se produce al menos una hora antes que los primeros resultados de los análisis de los focos de explosión. Añado que García Abadillo lo sabía o no podía ignorarlo legítimamente. Es casi imposible dedicar más de veinte minutos a la documentación pertinente y no darse de bruces con el dato. Hay que investigar con los ojos cerrados, los oídos tapados y gritando “la, la, la” para no enterarse de nada.

Empecemos por las declaraciones de los diferentes testigos. Santiago Cuadro Jaén, en su comparecencia en la Comisión del 11-M (p. 54), especifica que llamó a Díaz Pintado “sobre las 12:45, aproximadamente”. En el juicio, reiteró: “serían en torno a las doce y media o una menos cuarto” y “podría ser en torno a la una menos cuarto de la tarde, aproximadamente”.

Por su parte, el receptor de la llamada, Pedro Díaz Pintado, declaró en la Comisión (pp. 44 y 58) que la conversación tuvo lugar “finalizando la reunión” y, más concretamente: “me llamó al final de la reunión, creo que era sobre las 13:00 horas aproximadamente”. A su vez, en el juicio, indicó: “Calculo que sería aproximadamente a la una”.

Entre los asistentes a la reunión en el Ministerio del Interior, ni el Secretario de Estado, Ignacio Astarloa, ni Vicente Faustino señalaron en sus respectivas declaraciones ante la Comisión del 11-M la hora en que se produjo el incidente.

Jesús de la Morena tampoco ofreció una estimación horaria en la Comisión, pero en el juicio del 11-M fue más preciso: “fue un poco antes de la una”; y “a partir de las doce y media, una menos cuarto”.

Agustín Díaz de Mera, en la Comisión (p. 38), no fue más allá de un difuso “eso se produce, creo, al final de la reunión”. Pero en el juicio intentó concretar: “digamos doce y media o la una, o así”.

José Manuel García Varela, en la Comisión de investigación (p. 83), manifestó que la llamada “se produciría a las 12:30, ó 13 horas”.

De cuantos participaron en la reunión de las fuerzas de seguridad, sólo Santiago López Valdivielso, en la Comisión (p. 115), parece ofrecer un marco temporal distinto para el incidente: “Ya casi al final de la reunión […], que dura desde las 12:00, que es cuando nos convocaron, hasta las 14:30 o algo así, creo recordar.” Pero, el mismo declarante, y en la misma página, matiza: “Insisto, aquí desde las 13:00 horas del día 11 se inicia una línea de investigación con el Titadyne.” Una referencia, por tanto, que (aparte de su propia inconsistencia) no sirve para exculpar a García Abadillo, dado el cúmulo de datos en sentido opuesto y el simple hecho de que el vicedirector de El Mundo no cita en ningún momento la intervención del aludido en la Comisión, mientras que, por el contrario, se remite explícitamente en más de una ocasión a las declaraciones de otros testigos (como el propio Díaz Pintado) que sí habían dado referencias horarias correctas.

A los anteriores testimonios cabe añadir al menos los de otras dos personas: Baltasar Garzón y el Ministro del Interior en el momento de la masacre, Ángel Acebes. Al primero alude García Abadillo (de manera objetable) en su relato tratando de dar mayor consistencia a su propia historia sobre la importancia de llamarse “Titadyn”. Más adelante abordaré de nuevo este punto, pero aquí me interesa señalar que el Sr. Garzón declaró en la Comisión de investigación del 11-M (15.7.2004) haber recibido una llamada de Díaz Pintado posterior a la famosa reunión que es objeto de nuestro examen. El Magistrado recordó (p. 4): “a las 13:15 horas me llamó [Díaz Pintado] […] y me comentó que parecía que el explosivo utilizado había sido Titadyne.” Más tarde (p. 23) situó esa llamada “sobre las 13:20” y, en otro momento (pp. 35-36), volvió a precisar: “Deberían ser las 13:15 ó 13:20, aproximadamente. […] Le pregunto [a Díaz Pintado] por la reunión y me dice hemos estado aquí y parece que puede ser Titadyne.”

Así pues, todo encaja perfectamente, como también confirma el propio ex Ministro Acebes, quien, en la Comisión del 11-M, recordó que a él se le informó del resultado de esa reunión antes de su rueda de prensa de las 13:30:

[p. 16] Antes de las 13:30, que es la primera comparecencia, yo hablo varias veces con el secretario de Estado de Seguridad [Astarloa], que es el que está en la reunión y me va transmitiendo las distintas impresiones. […] [P]oco tiempo antes de ir a la rueda de prensa es cuando recibo la última llamada, que es en la que me dice: Es Titadyne con cordón detonante, seguro, nos lo ha transmitido Pedro Díaz-Pintado. […] [p. 56] [M]e dicen lo del Titadyne […] antes de la rueda de prensa […]. [p. 71] [Me lo dice] el secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Astarloa, por boca de Pedro Díaz-Pintado, subdirector general operativo del Cuerpo Nacional de Policía; es decir, el subdirector general operativo del Cuerpo Nacional de Policía se lo transmite a las nueve o diez personas reunidas en el Ministerio del Interior, a continuación el secretario de Estado de Seguridad coge el teléfono, me llama y me dice: Ministro, es Titadyne con cordón detonante porque lo acaba de manifestar en esta reunión Pedro Díaz-Pintado.

Tenemos, por tanto, que García Abadillo retrasa al menos una hora el momento de la comunicación telefónica. El tiempo necesario para establecer, apuradamente, la deseada conexión con los supuestos análisis de los Tedax y poder así sustentar una historia trufada de imputaciones a Sánchez Manzano y sus subordinados.

Podrá pensarse que exagero la importancia de ese errror y que incurro en la misma práctica que critico en los conspiracionistas cuando atribuyen gran relevancia a pequeños desfases temporales y otras discrepancias menores. No es así y voy a tratar de demostrarlo más allá de toda duda razonable (insisto en lo de “razonable”).

Para empezar, obsérvese que el desliz es en sí mismo bastante sospechoso. Y lo es porque resulta imprescindible para establecer ese deseado nexo al que he aludido entre el “Titadyn con cordón detonante” y los resultados del laboratorio bajo el mando de Sánchez Manzano. Sin él, toda la historia se viene abajo, lo cual, al menos, debería alertarnos en cuanto a la existencia de un claro interés a priori. Ocurre además que esta maquillada referencia horaria no es un caso aislado, sino que, como ya he señalado, se reproduce y repite desde años antes.

La reiteración puede hacerse enojosa, pero no quiero que quepa la menor duda. Recordemos una vez más ese núcleo argumental que se inaugura el 11 de julio de 2006. Entonces, el vicedirector de El Mundo refería el episodio de la llamada telefónica de manera muy semejante a la reflejada más tarde en el “Informe Iglesias”:

CGA escribio:

Poco antes de que concluyera dicha reunión [de la cúpula policial antiterrorista], cerca de las 14 horas, Díaz Pintado recibió una llamada del comisario de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, en la que éste le informó del tipo de explosivo utilizado por los terroristas: «Se trata de Titadyn con cordón detonante, eso es lo que dicen los Tedax».

Y, como vimos en su momento, tras indicar las características del Titadyn robado por ETA (con una errata menor en cuanto a su numeración), García Abadillo añadía la crucial reflexión:

Es decir, que tenía toda la lógica pensar que, si en los análisis de los focos de las explosiones los Tedax habían detectado la existencia de nitroglicerina, dedujeran inmediatamente que se trataba de Titadyn-50. Es decir, en la tesis de ETA como autora de los atentados.

Esta asociación lógica resulta más evidente aún si cabe en otro artículo de 25.7.06 del mismo García Abadillo (que también he citado en anteriores ocasiones), pues se establece en párrafos estrictamente consecutivos:

CGA escribio:

Según dijo el propio Sánchez Manzano en su comparecencia parlamentaria, en los focos lo «único que se pudo encontrar fue nitroglicerina». […]

El conocimiento de ese dato coincidió con lo relatado también en su comparecencia parlamentaria por el subdirector operativo de la Policía, Pedro Díaz Pintado, quien reveló que, sobre las 14.00 horas, el comisario de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, le dijo por teléfono que el explosivo que había causado la masacre, según los Tedax, era «Titadyn con cordón detonante».

Si, en efecto, se habían encontrado restos de nitroglicerina, era lógico pensar que el explosivo fuera el Titadyn que ETA había utilizado ya en decenas de atentados con coche bomba. […]

Conclusión para cualquier lector casual: la mención del Titadyn fue el resultado de unos análisis de los Tedax donde se detectó nitroglicerina. A partir de ahí, no requiere ningún esfuerzo encadenar las deducciones que El Mundo y allegados han repetido sin cesar: entonces la nitroglicerina de Sánchez Manzano fue un dato real (no un simple error) y nos ocultan esos primeros análisis y no explotó Goma 2 y nos dieron el cambiazo y golpe de Estado y… Llevamos decenas de páginas (y unos cuantos años) con esta leyenda.

Pero todo se basa en un dato incierto, como no me cansaré de repetir. En este sentido, el último artículo citado, de 25.7.2006, resulta especialmente ilustrativo. En efecto, la referencia horaria es prácticamente idéntica a la empleada más tarde en el Prólogo de “Titadyn” (“sobre las 14 horas” y “sobre las dos de la tarde”, respectivamente). Pero el vicedirector de El Mundo nos muestra de forma palmaria un nuevo ejemplo de una censurable práctica que ya empezamos a reconocer como habitual en él. ¿Quién es su fuente? ¿A quién atribuye explícitamente ese dato? El coautor de “Titadyn” se refugia en el testimonio de Díaz Pintado.

Pero adivinen qué diferencia hay entre lo que García Abadillo escribe que dijo Díaz Pintado:

…en su comparecencia parlamentaria […], Pedro Díaz Pintado […] reveló que, sobre las 14.00 horas

Y lo que literalmente dijo el aludido Díaz Pintado en esa comparecencia (p. 58):

…me llamó al final de la reunión, creo que era sobre las 13:00 horas

La diferencia, en efecto, es una hora. La hora que hace falta para montar el pitote mediático.

¿Podría ser que García Abadillo hubiera cometido su error una vez, en su primer artículo (de 11.7.2006), y se limitara a arrastrarlo desde entonces… sin darse cuenta? Si nos obligamos a cerrar los ojos ante el casual y curioso hecho de que ese pequeño error, como reitero una y otra vez, es sospechosamente necesario, obsérvese lo que esta excusa nos diría acerca de la diligencia de este investigador. Y en un asunto, además, al que tan graves consecuencias se han anudado y sobre el que tanto se ha envanecido el mentado autor, con proclamas de honestidad intelectual, abnegación y entrega a las víctimas (el amor propio nunca ha sido un bien escaso en algunas redacciones). No, es muy difícil imaginar siquiera la hipótesis del error inocente. Para empezar, insisto, es casi imposible examinar la oportuna documentación, incluso con una mirada distraída, sin toparse con el dato exacto.  Y, aun suponiendo que a un avezado “investigador” no se le exigiera el menor esfuerzo documental, ocurre aquí lo que en tantas otras ocasiones hemos comprobado: al Sr. García Abadillo le habría bastado con visitar su propia hemeroteca.

Efectivamente, he reproducido más arriba diversos testimonios de los implicados, acudiendo a las fuentes originales. Pero es que El Mundo también dio cumplida cuenta de esas declaraciones en su momento.

Así, tras la comparecencia de Díaz Pintado en la Comisión del 11-M, el periódico de marras tituló (EM, 9.7.2004): “El jefe de Seguridad Ciudadana afirmó que era Titadine”. Con un revelador subtítulo:

El subdirector de la policía [Díaz Pintado] reconoce haber facilitado ese dato erróneo al secretario de Estado a las 13.00 horas

Unos días más tarde, con ocasión de la comparecencia de Santiago Cuadro Jaén, Fernando Lázaro informaba también en El Mundo (15.7.2004):

Esa comunicación [telefónica] se produjo sobre las 12.45 horas del mismo día 11. El subdirector [Díaz Pintado] estaba reunido en el Ministerio con la cúpula de Interior. Cuadro estaba en la zona cero.

Y, respecto a la comparecencia de Baltasar Garzón, que, como habíamos visto, confirmó que Díaz Pintado le llamó después de la reunión en el Ministerio y antes de las dos de la tarde, El Mundo escribió (16.7.2004):

Las manifestaciones de Garzón avalan la versión de Díaz-Pintado. El magistrado aseguró que, sobre las 13.15 horas, recibió una llamada telefónica de Pedro Díaz-Pintado para decirle que el explosivo era Titadine.

La constatación de que algunos vicedirectores no se leen su propio periódico empieza a ser preocupante.

Y hay algo peor, otro dato que salta a la vista en cuanto se analiza el “texto de referencia” del Prólogo de “Titadyn” habiendo hecho los deberes. Se trata de un dato llamativo que complementa la alteración horaria, en la misma dirección, y que no parece explicable sino como una clara adaptación o ajuste para que todo cuadre, adaptación coordinada que termina de disipar, por tanto, la posibilidad del error no intencionado. En efecto, tras situar “sobre las dos de la tarde” la llamada en la que supuestamente se habló del “Titadyn con cordón detonante”, García Abadillo añade (p. 24 de su Prólogo):

Ese dato fue también el que llevó a Ángel Acebes a apuntar sin duda como responsable a ETA en una rueda de prensa que se celebró sobre las tres de la tarde del 11 de marzo.

Obviamente, el vicedirector de El Mundo destaca lo anterior con objeto de enfatizar la trascendencia que tuvo esa información sobre el “Titadyn” para las hipótesis acerca de la autoría que se manejaron en aquellos momentos. Más adelante abordaré esa cuestión, pero ahora quiero seguir centrándome en las referencias cronológicas.

¿Una rueda de prensa de Acebes a las tres de la tarde del día 11 de marzo? Por un momento estuve tentado de atribuir esta referencia a la inventiva, pura y dura, del coautor de “Titadyn”. Aplicándole el beneficio (poco merecido) de la duda, no estoy ya tan seguro, pero ello no es óbice para las objeciones que enseguida expondré.

Me ha sido francamente difícil adivinar a qué puede estar aludiendo García Abadillo. Los comentarios públicos del Ministro del Interior inmediatamente posteriores a los atentados, como es comprensible, fueron recogidos con el máximo interés por los medios de comunicación. Acebes hizo unas primeras declaraciones más o menos improvisadas desde las proximidades de la estación de Atocha hacia las 11 de la mañana del 11 de marzo. Después, ese mismo día, compareció formalmente ante los medios en torno a las 13:30 horas y, más tarde, alrededor de las 20:20 horas. Esas son las apariciones públicas a las que él mismo hace referencia continuamente en sus declaraciones en la Comisión del 11-M y las que están amplia y diversamente documentadas. Las dos últimas, en particular, fueron emitidas en directo por la mayoría de las principales cadenas de radio (consúltese, por ejemplo, el archivo sonoro de la SER) y televisión (véase Laura Rodas, “La información televisiva los días 11 y 12 de marzo”, Quaderns del CAC, nº. 19-20, 2004, pp. 29-37).

En la minuciosa cronología elaborada por el PP en su voto particular al término de la Comisión del 11-M, no hay el menor rastro de una “rueda de prensa” del Ministro hacia las tres de la tarde del día 11. Lo más parecido lejanamente (muy lejanamente) es una entrada correspondiente a las 14:37 (p. 505):

14:37 horas. Las agencias de noticias señalan que Ángel Acebes ha informado al presidente del Gobierno de que el explosivo utilizado es el habitual de ETA.

Esto no tiene nada que ver con una comparecencia pública y puede indicar simplemente que el Ministro del Interior había trasladado poco antes al Presidente del Gobierno la información que le habían transmitido a él mismo tras la reunión de la cúpula policial, tal como hemos visto.

Lo que me hace pensar que García Abadillo ha podido no inventarse enteramente el dato para su Prólogo es el hecho de que elmundo.es, en una información de 13.3.2004 (“Las primeras 24 horas, minuto a minuto”) ya recogía algo similar, e igualmente desconcertante:

15.09. Acebes comparece ante los medios y asegura que ETA está detrás del atentado.

Y me suscita dudas otra noticia de la edición digital de El País, del mismo día 11.3.2004 (“Relato de la tragedia, minuto a minuto), con la siguiente línea:

15.10: Acebes asegura que el explosivo es el habitualmente utilizado por ETA. […]

No es exactamente lo mismo “comparecer ante los medios” o celebrar una “rueda de prensa” que señalar de forma genérica que el Ministro asegura tal o cual cosa. ¿A quién se lo asegura? ¿Cómo lo asegura? ¿Es él en persona o se trata de una atribución impropia?

De otras noticias se deduce una versión algo distinta, según la cual podría ser que fuentes de Interior o desde el Ministerio [pero no necesariamente Acebes en persona y menos en una comparecencia pública] se comunicara a algunos periodistas (o a la Agencia EFE) el dato del Titadyn, unido a las correspondientes suposiciones sobre la autoría de la masacre.
Así, por ejemplo, se desprende de sendos artículos de El País de 7.7.2004 (uno de Ernesto Ekaizer y otro sin firma).

Parece confirmar esto último la fonoteca de la SER, donde puede comprobarse la información radiofónica contemporánea a los hechos de que se trata. En concreto, a las 15:23 horas del 11 de marzo se escucha lo siguiente:

[Locutor]: Vamos a acercarnos al entorno del Ministerio del Interior, porque hay algún dato ya sobre las investigaciones de la Policía referentes a la composición de los explosivos utilizados esta mañana por los terroristas en Madrid. Ana Tarradillos:
[A. Tarradillos]: Sí, no se ha hecho público todavía, pero fuentes del Ministerio del Interior nos lo acaban de confirmar: la carga explosiva está compuesta por Titadine y dinamita […]. La carga está claro ya que es Titadine y dinamita reforzada. Hablamos ya por tanto oficialmente de ETA, del modo de actuar de ETA.

Si dejamos de lado eso de “Titadine y dinamita reforzada”, que daría para algún que otro comentario, el pasaje citado tiene su interés, tanto por lo que dice como por lo que no dice. Si se hubiera producido una “rueda de prensa” del Ministro, es difícil pensar que no se hubieran reproducido directamente sus palabras. Asimismo, que se observe que “no se ha hecho público todavía” indica precisamente que no estamos ante una comparecencia pública de Acebes. En efecto, parece tratarse de una simple comunicación de algunas “fuentes del Ministerio” a algún medio (o medios).

Sea como fuere, la situación parece confusa. No se me negará que, en el mejor de los casos, estamos ante un episodio poco claro… y superfluo. Quiero decir: si García Abadillo desea poner de relieve la importancia que el “Titadyn” tuvo para el Gobierno a través de las declaraciones de su Ministro de Interior; si desea indicar que “ese dato fue también el que llevó a Ángel Acebes a apuntar sin duda como responsable a ETA en una rueda de prensa”, ¿por qué no cita la notoria, indubitada, obvia, conocida y reconocida rueda de prensa de las 13:30, en la que, de hecho, Acebes ya conocía esa noticia del “Titadyn” y en la que ya apuntó sin ninguna duda a ETA?  ¿Por qué acudir a otra supuesta “rueda de prensa” de la que casi no hay noticia y que, a lo sumo, constituye una referencia oscura y recóndita?

Creo que la respuesta es evidente: porque la rueda de prensa de las 13:30 ocurrió… en fin, a las 13:30. Y, si el vicedirector de El Mundo hubiera aludido a ella o se hubiera fijado en ella de algún modo, inmediatamente habría sido obvio que no podría seguir utilizando las 14 horas como momento de la llamada telefónica entre Cuadro Jaén y Díaz Pintado. En suma, es lo flagrante, casi deslumbrante, de esa omisión lo que resulta revelador: si García Abadillo no hubiera borrado del relato de los hechos esa conocida rueda de prensa oficial (para aludir en su lugar a una dudosa e ignota comparecencia), le habría sido imposible mantener su horario erróneo.

Y ese horario es lo que siempre se ha necesitado, desde aquel febril 2006 en El Mundo, para relacionar el episodio de la llamada entre Cuadro Jaén y Díaz Pintado con los análisis de los Tedax y para atribuir a éstos (más concretamente, a Sánchez Manzano) la responsabilidad de apuntar en un momento dado hacia ETA, a través del Titadyn (más sobre este punto enseguida). Pero ya he reiterado una y otra vez que el horario correcto hace imposible ese encadenado argumental, porque la llamada con el supuesto “Titadyn” es anterior (e independiente) de los análisis y la comparecencia de Acebes es posterior a la llamada (con conocimiento de su contenido) y anterior también a los análisis. De hecho, el propio Acebes, a preguntas de un periodista, señala explícitamente en su comparecencia de las 13:30: “El tipo de explosivo está siendo analizado en estos momentos” (la transcripción parcial se recoge en el dictamen de la Comisión del 11-M, p. 75). Una vez más, ¿qué razón puede haber para no aludir al elefante en la habitación si no es precisamente para ajustar los datos?

No puede insistirse lo suficiente en que García Abadillo conocía (no podía no conocer) la cronología correcta, tanto en lo que atañe a la comparecencia de Acebes en particular como a todo el episodio de las conjeturas sobre el explosivo en general, reunión de la cúpula policial incluida.

Lo demostraré, como he hecho en anteriores ocasiones, aportando evidencias en dos pasos de creciente intensidad.

En primer lugar, conviene recordar algunos antecedentes. El 18 de marzo de 2004, tras la derrota electoral y habiendo sido objeto de graves acusaciones, el Gobierno saliente del PP decide desclasificar algunos documentos del CNI con la intención de probar que había actuado en todo momento de buena fe en su política informativa en los días siguientes a la masacre y anteriores a las elecciones del 14 de marzo. El Gobierno en funciones hizo públicos esos documentos acompañados de una relación cronológica de los hechos más relevantes de aquellos días, titulada “11-M: Toda la verdad, en tiempo real” [curiosamente, el dossier distribuido a los medios contenía en realidad dos relaciones cronológicas: la que se acaba de mencionar y otra titulada “Secuencia de hechos y comparecencias tras el atentado del 11 de marzo”].

Pues bien, la publicación de esos documentos fue la principal noticia de portada al día siguiente, 19.3.2004, en El Mundo, con su correspondiente editorial. De hecho, en sus páginas interiores, desarrollando la noticia, El Mundo reprodujo literalmente ese documento sobre “La verdad en tiempo real”, es decir, la relación cronológica facilitada por el Gobierno, acompañado de una columna de Victoria Prego (adjunta a la dirección y una de las principales firmas del diario). Y en ese listado puede leerse perfectamente, negro sobre blanco:

12.00 Reunión en la Secretaría de Estado de Seguridad con los responsables de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Estos coinciden en considerar a ETA como autora […]. Indicios de que la dinamita del explosivo es la habitual de ETA.
[…]
13.30 Comparecencia del ministro del Interior en el Palacio de la Moncloa. Existe la convicción de la autoría de ETA […].

Es decir, la secuencia que todos conocemos bien, pero que García Abadillo altera en su Prólogo (como ya hizo años atrás en su diario). A estas alturas nos consta sobradamente que sólo es vicedirector, pero no lector, de El Mundo.

Sin embargo, existe una evidencia aún más comprometedora para la honestidad intelectual del coautor de “Titadyn”. En efecto, como he señalado reiteradamente, el Prólogo de dicho libro no constituye la primera ocasión (ni la segunda, ni la tercera) en que García Abadillo relata los hechos relativos a la reunión de la cúpula policial, el incidente de la llamada telefónica, las comparecencias ministeriales, etc. De hecho, en septiembre de 2004, el mencionado autor publicó su libro “11-M. La Venganza”. Y la narración de los acontecimientos que hacía entonces no tiene desperdicio. Esto es lo que escribía en aquel momento respecto a la famosa comunicación sobre el tipo de explosivo (p. 41):

Poco antes de que concluyera la reunión, pasada la una de la tarde, el comisario de Seguridad Ciudadana [Cuadro Jaén] volvió a llamar a Díaz Pintado: “Se trata de Titadine con cordón detonante, eso es lo que dicen los Tedax.”

“Pasada la una de la tarde”… No es rigurosamente exacto, pero constituye una referencia que se mueve dentro de parámetros aceptables, sobre todo teniendo en cuenta que entonces García Abadillo no tenía tampoco problemas para situar correctamente el momento y el contenido de las comparecencias del Ministro del Interior. Así, en la página 37 de “La Venganza”, nos informa:

Sobre las 13:30 compareció Acebes ante los medios. Informó del balance de víctimas […] y adjudicó sin duda la autoría de los atentados a ETA.

Y, para que no quepa la menor duda sobre el grado de información que cabía atribuir a García Abadillo casi dos años antes de su grandioso artículo de julio de 2006 y cinco años antes de escribir el desinformado Prólogo de “Titadyn”, resulta que el amplio anexo documental de “La Venganza” recogía en toda su extensión literal el aludido dossier entregado por el Gobierno a los medios de comunicación el 18 de marzo de 2004 con los documentos desclasificados. En particular, se incluye “Toda la verdad en tiempo real” (pp. 314 a 317 de “La Venganza”), texto del que he citado un extracto, así como la “Secuencia de hechos y comparecencias tras el atentado del 11 de marzo” (pp. 319 a 323 de “La Venganza”). En este último documento, las referencias temporales son aún más inequívocas, si es que hacía falta:

Reunión en Secretaría de Estado entre el titular [Ignacio Astarloa] y los responsables de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado: 12.00 a 13.00 horas.
Conclusión: Autoría E.T.A. […] Indicios TEDAX de que la dinamita del explosivo es la habitual de ETA.
[…]
Comparecencia del Ministro a las 13:30 horas en el Palacio de la Moncloa: la principal hipótesis […] es que es E.T.A. […]

Esto, repito, es lo que García Abadillo incluía en su libro de septiembre de 2004, es decir, casi dos años antes de sus portadas a cuenta de la nitroglicerina y demás milongas y casi cinco años antes de su Prólogo para el “Informe Iglesias”.

De modo que se observa de nuevo un patrón inquietante: datos que el coautor de “Titadyn” conocía (no podía no conocer) por haber aparecido notoriamente en su medio y, sobre todo, ¡por haberlos expuesto él mismo!, sufren posteriormente un retoque destinado a adulterar el relato de los hechos en una dirección intrigante y ominosa. ¿Hay alguna forma razonable de evitar la atribución de mala fe sin achacarle algún tipo de estremecedora incompetencia?

Me temo que no.

ultima edicion por Rasmo (24-05-2011 15:08:13)

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Muchas gracias de nuevo por el trabajo que te tomas en desmantelar las falacias del investigador selectivamente ciego y del perito imperito en explosivos.

  Verdaderamente, muy clarificador lo de los cambios de cronología que hace G.A., especialmente en su artículo de 2006 respecto a su libro del 2004. Imposible absolverlo de mala fe e intento de engañar, a no ser que lleve en la muñeca un reloj muy guay que incluya de fábrica toda clase de efectos relativistas.

(Hay una pequeña errata al comienzo del párrafo séptimo: "Como incisio..").
Saludos.

[i]"... me es odioso (...) el hombre que pretende aliviar su miseria contando patra

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Gracias. Corregida.

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (XXX)

He argumentado que García Abadillo, en lo que he llamado “texto de referencia” (pp. 22 a 25 de “Titadyn”), como ya hizo años antes desde su periódico, altera deliberadamente el marco horario de los acontecimientos relativos a la primera comunicación sobre el tipo de explosivo, en la reunión de la cúpula policial mantenida al mediodía del 11 de marzo, casi seguramente porque ello permite ligar esa información (“Titadyn con cordón detonante”) a los primeros análisis de los Tedax, que concluyeron en torno a las 14 horas. Hemos comprobado que, en realidad, la llamada de Santiago Cuadro a Pedro Díaz Pintado se había producido al menos una hora antes de que el laboratorio de los Tedax informara de los primeros resultados obtenidos en los análisis de los focos de explosión. Y hemos constatado que García Abadillo no podía ignorarlo.

Aunque el mencionado autor no lo hace, algún conspiracionista irredento podría improvisar una objeción ad hoc para seguir manteniendo la posibilidad de esa vinculación entre los análisis químicos y la información sobre el explosivo trasladada a los responsables de las fuerzas de seguridad: a lo mejor es que… también nos han mentido respecto a la hora de esos análisis.

Si menciono esa posibilidad es porque, de hecho, otra estrella del firmamento conspirativo, Luis del Pino, la ha planteado explícitamente. Así, en su libro “11-M. Golpe de Régimen”, publicado en marzo de 2007, este investigador escribe (p. 256):

Hay [una] pregunta inquietante. La hora oficial a la que se finalizan los análisis, según lo declarado por los distintos comparecientes en la Comisión de Investigación del 11-M, son las 14.00. Pero entonces, si los análisis todavía no habían finalizado, ¿cómo pudo asegurar Santiago Cuadro a Díaz-Pintado que se trataba de algún tipo de dinamita, con o sin cordón detonante? ¿O es que es mentira que los análisis finalizaran a las 14.00 y, en realidad, ya habían finalizado a las 12.45? No resulta imposible que fuera así: existen técnicas de análisis químico que permiten obtener una primera estimación de los componentes con relativa rapidez.

Por otra parte, abordar esta cuestión nos permitirá al mismo tiempo revelar otras deficiencias de la exposición desarrollada por García Abadillo en su prolongada carrera como “experto” del 11-M.

Y es que, aun siendo uno de los principales, el desbarajuste horario no es el único problema que afecta al relato del vicedirector de El Mundo. Lo que deseo mostrar es que, de hecho, aunque a efectos discursivos admitiéramos la coincidencia temporal entre la llamada telefónica y la analítica de los Tedax (ya sea porque ésta se hubiera efectuado antes, como insinúa Del Pino, o porque la comunicación telefónica se hubiera producido más tarde, como erróneamente afirma García Abadillo), la relación que tradicionalmente se ha pretendido establecer entre una y otra seguiría siendo falsa. Porque no se trata sólo de una cuestión horaria. Es también una cuestión de modo, es decir, de qué manera y en qué circunstancias se produjo esa comunicación sobre el tipo de explosivo.

El Comisario General de Seguridad Ciudadana en el momento de los hechos, Santiago Cuadro Jaén, lo deja meridianamente claro en su comparecencia ante la Comisión del 11-M (en particular, pp. 54-55, 56, 58, 60, 71 y 75) y en su testimonio en el juicio. Una y otra vez subraya de dónde y cómo surge la información sobre el posible tipo de explosivo empleado en los trenes, con independencia de que él recuerde haber dicho “dinamita” y Díaz Pintado recuerde haber oído “Titadyn”.

Así, Cuadro Jaén telefonea a Díaz Pintado después de “haber hablado con los TEDAX allí” (comisión, p. 60), “con los miembros del TEDAX que están allí” (juicio), después de “hablar los que estábamos allí” (juicio); es decir, en El Pozo, que es donde se encontraba en ese momento. Este Comisario “está recogiendo sus impresiones” y “hablando con ellos me van diciendo cuáles son sus valoraciones, que se basan en su experiencia pero que son valoraciones” (Comisión, p. 71). Es decir:

Los TEDAX hablan conmigo, yo les estoy preguntando, estoy oyendo sus impresiones y extraigo una conclusión de las impresiones que ellos cambian, que no deja de ser mero comentario, sin rigor analítico, porque no puede serlo; puras conjeturas que entran dentro del ámbito de los indicios, pero que tienen un valor empírico importante porque ellos están viviendo ese tipo de cosas, como yo he vivido muchas cuando he estado con ellos [Comisión, p. 75].

Y, basándose en esa experiencia, lo que le dicen los Tedax que estaban allí es que:

[T]anto por la potencia de la deflagración como por los efectos de la misma, en principio los TEDAX se inclinan por atribuir una mayor potencia que un tipo de explosivo algo más bajo, como pueden ser las pólvoras. Pero en cuanto a los efectos, tanto por los daños que se producen en la estructura metálica de los vagones, según ellos […], la forma de segar los hierros de la estructura metálica, como por las dimensiones del cráter que origina la explosión en el suelo, parece que empieza a cobrar cuerpo la idea de que podríamos estar en presencia de un explosivo de la familia de las dinamitas; incluso se llega a decir que podría estar reforzado con cordón detonante a la vista de la deflagración tan intensa que produce esa explosión [Comisión, p. 54].

Por tanto, el Comisario General de Seguridad Ciudadana informa a Díaz Pintado “a la vista de estas consideraciones, que se derivan de las observaciones empíricas de los TEDAX” (Comisión, p. 54).

En efecto, Cuadro Jaén reitera en multitud de ocasiones y de forma inequívoca que se trata de “conjeturas” (pp. 58 y 75), “simplemente valoraciones” (p. 58), “hipótesis” (p. 56), “mera opinión” (juicio), “meros indicios” (p. 63), “comentarios que surgen de boca de los Tedax” (p. 58). En suma (p. 56):

[M]e muevo meramente por indicios de lo que me están informando los TEDAX, y lo que me informan es que son conversaciones que están surgiendo entre ellos que se basan en su propia experiencia, por las razones que le he expuesto, sobre la potencia de la deflagración y sobre sus efectos, y ahí se barajan una serie de posibilidades. Ellos apuntan a que la hipótesis más segura es que podría ser —introduzco el condicional, que yo mantendré siempre— un explosivo de la clase de las dinamitas, y lo que yo transmito es que podría ser una dinamita reforzada con cordón detonante.

Cuadro Jaén insiste, por tanto, en que se trataba de una información que no se basaba en unos análisis químicos. De hecho, esa es precisamente una de las razones por las que niega haber podido decir que “seguro” que era Titadyn, como le atribuye Díaz Pintado. ¿Cómo va a asegurar nada si son meras hipótesis?:

[p. 54] Hasta donde mi experiencia alcanza, para identificar plenamente una sustancia explosiva es preciso la realización de unas pruebas analíticas que se tienen que llevar a cabo después de un proceso de recogida de muestras o indicios, y eso normalmente se suele hacer en laboratorio. Ese proceso es indispensable para obtener una conclusión en relación con el resultado que se obtenga por otra parte, eso es impensable hacerlo allí a los pocos minutos de una explosión y por tanto no se puede dar una respuesta categórica. […] [p. 55] [E]l resultado de ese análisis lo tendremos más tarde, en torno a las 14:30, 14:40 […]. [Y]o solamente podría hablar de indicios, es lo único de lo que yo podría hablar, y si hubiese hecho una afirmación tajante, mi interlocutor sabe que eso no sería fiable, porque todos los profesionales sabemos que para hacer una afirmación de esta naturaleza se requiere un proceso analítico previo, y sin medios analíticos hubiese tenido que generar en él alguna duda. […] [p. 57] Si yo dije seguro, fue seguro no. Eso es así y lo digo de manera categórica. Yo no dije seguro sí; si dije la palabra seguro, fue seguro no. [Cuadro Jaén en la Comisión].

En el juicio volvió a exponerlo de manera más expresiva:

Si yo contesté seguro, diría seguro que no, pero nunca seguro que sí, ¿eh? Porque no podía decirlo, ¿eh? […] Imposible que hubiese ningún tipo de seguridad ¿eh?, porque, en primer lugar, el TEDAX […] después de explosionar el paquete de El Pozo y hablar conmigo, hablar los que estábamos allí, […] lo único que emiten son valoraciones acerca, o hipótesis acerca de lo que podría haber habido allí. Y esas hipótesis son las que a mí me transmiten y yo lo transmito así. Por tanto, no dije seguro que sí. Porque no podía decirlo, ¿eh?, y si lo hubiese dicho, seguro que sí, [Díaz Pintado] tendría que haber dicho: “pues éste está loco”, porque eso es que no puede ser. […] Eso es imposible.

Es interesante constatar que el mismo Díaz Pintado, en la Comisión del 11-M, pese a mantener una versión divergente en cuanto al contenido exacto de la información transmitida (él creyó oír “Titadyn con cordón detonante”), no mostró discrepancias respecto a su origen (p. 44):

En mi opinión […], precisamente las prisas fuerzan a veces a que le preguntemos no al que tiene que hacer la analítica final sino al que está in situ. Llegas allí y le preguntas: ¿esto qué es? Pues Titadyne. ¿Cuántos kilos? Pues 50. […] O sea, que son informaciones no excesivamente fiables.

De hecho, tanto en la Comisión como en el juicio, algunos de los intervinientes, bastante mejor informados, por lo que se ve, que algunos intrépidos periodistas “de investigación”, repararon en esa circunstancia, preguntando a diversos testigos si no les había llamado la atención que se diera un dato tan concreto con tanta celeridad.

Así, en la Comisión de Investigación, Puig Cordón preguntó al General García Varela (Jefe de Información de la Guardia Civil en el momento de los atentados): “¿No le extrañó que en tan pocas horas se supiese tan concretamente el tipo de explosivo?” (p. 73).

Durante el juicio, el letrado de A. Geria mostró repetidamente su interés al respecto. De este modo, en las comparecencias como testigos de Díaz Pintado, De la Morena y Díaz de Mera, no olvidó preguntarles a todos ellos si no les había llamado la atención una información tan precisa (“Titadyn con cordón detonante”) a esa hora.

La respuesta de todos ellos fue similar, en la medida en que no manifestaron extrañeza, y, en un contexto de buena fe y premura en el desarrollo de los acontecimientos, tal actitud acrítica parece basarse en su desconocimiento técnico, que hizo que no se plantearan siquiera la cuestión.

En este sentido, Díaz Pintado, en su comparecencia ante la Comisión del 11-M (pp. 61-62) lo resumió perfectamente contestando a Llamazares:

Llamazares: […] Según el responsable de los TEDAX, a las 14:00 horas se dice que el explosivo es dinamita. Por lo tanto, antes de las 14 horas no puede haber una información oficial y escrita de los TEDAX. ¿Es así?

Díaz-Pintado: Señor diputado, cuando se tiene este tipo de reuniones y cuando se recaba este tipo de informaciones no se piden informes, no da tiempo, a lo mejor no lo captas en ese momento; no se pregunta si se han hecho análisis químicos o se han dejado de hacer. Se ha solicitado una información, es la que facilitan y es la que yo transmito. No hay una rigidez en esta transmisión de noticias y por eso, por las prisas, por la falta de rigidez, se producen los errores.

E, igualmente, en su respuesta a A. Geria en el juicio:

Si a mí en la cadena de mando el responsable del área de investigación de los explosivos [Santiago Cuadro] me dicen ‘cordón…’ perdón… ‘Titadyne con cordón detonante’, pues es lo que realmente comentamos en ese momento, y no se solicita ningún dato más pensando que es así. Y yo pienso en la buena fe de los que pudieran informar, que podría ser alguno de los TEDAX o quien fuere… pues por las características de destrucción de tal… Hay que tener en cuenta que no es un atentado, que son cuatro focos de atentado y un cierto caos que afortunadamente se respondió lo mejor posible dentro de lo que estábamos viviendo ese día.

Son apreciaciones de sentido común que no se diferencian mucho de la reflexión del propio Ángel Acebes, entrevistado por Jiménez Losantos el 16.4.2007 en la Cope, tal como indiqué en una anterior entrega:

Si los Tedax dicen ‘oiga, es titadyne con cordón detonante’, quién va a decir: ‘a ver, oiga, ¿qué análisis se han hecho?’ Pues, la verdad es que a nadie se le ocurre en aquel momento decir ‘oiga, la verificación del análisis’. Si te dicen todos los mandos policiales ‘ha sido titadyne’, pues titadyne, pues te lo tienes que creer.

Y no olvidemos que, como también he reseñado ya, en su comparecencia pública del mismo día 11 de marzo a las 13:30, posterior a esa reunión de la cúpula policial en la que se produce la controvertida llamada telefónica, el entonces Ministro del Interior aclaró que “el tipo de explosivo está siendo analizado en estos momentos” (es decir, todavía no había concluido su análisis).

Conviene subrayar que todo esto es independiente de quién pueda tener razón al describir el contenido de la comunicación telefónica. Sea “dinamita con cordón detonante” (como afirma haber dicho Santiago Cuadro) o sea “Titadyn con cordón detonante” (como asegura haber oído Pedro Díaz Pintado), ello es irrelevante en última instancia. A los presentes efectos, lo importante es constatar que la información se basaba en meras conjeturas empíricas, sin el sustento de unos análisis químicos, contrariamente a la idea que han intentado difundir determinados comentaristas durante años.

Una vez más, por cierto, lo preocupante es que bastaba un rato bien aprovechado ojeando la documentación pertinente para conocer la información correcta. Yo puedo hacerlo. Cualquiera puede hacerlo. Un investigador, profesional o no, debe hacerlo. Salvo que medien incomprensible necedad o despreciable mala fe, por supuesto.

Porque, en realidad, tampoco había que investigar gran cosa. A los más perezosos les bastaba, de nuevo, con acudir a su propia hemeroteca. En efecto, tras la comparecencia de Díaz Pintado en la Comisión de Investigación, El Mundo citó sus declaraciones, en lo que ahora nos ocupa, de manera inconfundible (EM, 9.7.2004):

¿Cómo pudo producirse ese error en un asunto de tanta importancia? Díaz-Pintado justifica el desliz por una imprecisión en la «cadena de mando», como ya mantuvo Sánchez Manzano.

«Mi opinión es que las prisas llevan a Cuadro a preguntar a algún agente de los Tedax que estaba in situ en el lugar de los hechos y no participó en la analítica, por lo que la información no es fiable […].»

Y este mismo diario se hizo eco igualmente de la posterior comparecencia de Santiago Cuadro (EM, 15.7.2004):

Cuadro insistió en que no mencionó Titadine y que sólo comunicó que los indicios que manejaban los artificieros «inducían a pensar» que se trataba de dinamita, «posiblemente reforzada» con cordón detonante. […]

Según dijo a los diputados, […] contactó con los artificieros que estaban trabajando en la zona de los atentados y, en virtud de sus experiencias «empíricas de los efectos de la explosión y del cráter que dejaron las bombas en el suelo» pensó que podía tratarse de dinamita con cordón detonante.

Obsérvese que, aparte de la conocida discrepancia sobre los términos exactos de la comunicación, los dos parecían estar de acuerdo, según la propia información de El Mundo, en que los datos no procedían de ningún análisis químico, sino de una apreciación sobre el terreno.

Pero, teniendo en cuenta lo poco que se lee García Abadillo su diario, quizá debamos afinar más. De este modo, encontramos una auténtica joya que volveré a mencionar más tarde. Me refiero a un artículo publicado el 20.11.06… en El Mundo, sí, pero firmado por el mismo García Abadillo. Supongo que este, al menos, sí lo leyó, aunque sólo fuera mientras lo redactaba. En él, encontramos este delicioso pasaje:

Esa misma mañana [11.3.2004], otro miembro del Tedax le dijo al comisario jefe de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, cuando éste se encontraba en la estación de El Pozo, que, en su opinión, por la forma en que se había producido la explosión controlada de la mochila encontrada por un miembro de la Policía Municipal, se trataba de dinamita Titadyn.

Caramba, resulta que, después de todo, el vicedirector del El Mundo sí conocía el origen de la información transmitida por Santiago Cuadro: la opinión, basada en observaciones empíricas, de los Tedax que estaban en El Pozo.

Este último artículo resulta asimismo fundamental para acreditar las malas artes de García Abadillo en un punto particularmente insidioso de su Prólogo.

Ya señalé en una anterior entrega que, en gran medida, “Titadyn” parece un libro publicado apresuradamente para responder a las actuaciones judiciales de Sánchez Manzano contra El Mundo. Esto se refleja, en particular, en la frecuencia y la intensidad de las acusaciones que en dicha obra se vierten sobre el que fuera Jefe de los Tedax. En este sentido, al narrar los hechos que configuran el “texto de referencia”, García Abadillo hace una adición particularmente despreciable al relato que llevaba tiempo propalándose desde El Mundo y aledaños.

En efecto, el coautor de “Titadyn” tiene la ocurrencia de acusar directamente a Sánchez Manzano de ser la fuente de la información según la cual el explosivo de los focos era “Titadyn con cordón detonante”. Así, tras describir (de forma discutible, como veremos más tarde) el encuentro entre Cuadro Jaén y Díaz Pintado hacia las cinco de la tarde del día de la masacre, momento en el que el primero le aclaró al segundo que no se trataba de Titadyn, sino simplemente “dinamita”, García Abadillo añade (p. 25 de “Titadyn”):

Lo más increíble de todo es que quien le había dado esa información a Cuadro Jaén no era otro que Sánchez Manzano, el mismo que le había transmitido, según Díaz Pintado, que el explosivo era «Titadyn con cordón detonante» justo tres horas antes.

Y, para demostrar que no se trata de un desliz pasajero ni de una imputación inocente, debe señalarse que García Abadillo reitera la patraña en otro artículo de 22.2.2010:

[E]l propio jefe de los Tedax [Sánchez Manzano] contribuyó al despiste del Gobierno de Aznar al decirle a su jefe [Cuadro Jaén] en la mañana del 11-M que lo que había estallado en los trenes había sido «Titadyn con cordón detonante» (o sea, el explosivo que utiliza ETA).

Se trata de una escalada notable en el entramado de infundios cuya gravedad debería saltar a la vista, aunque se enuncie casi al descuido.

[Recuérdese que Jiménez Losantos ya había hecho una afirmación semejante nada más publicarse la información de El Mundo sobre la nitroglicerina, el 11.7.2006: “El Gobierno anterior dijo: ‘ha sido la ETA, porque… me dice el jefe de los Tedax que ha sido Titadyne, que tiene nitroglicerina, que es el explosivo que se ha encontrado en los trenes y, por tanto, el arma del crimen es de la ETA’.” (Federico a las 7, Cope, min. 7:20).]

Una vez más, es un dato falso. Y, una vez más, García Abadillo lo sabía (no podía no saberlo).

El propio Sánchez Manzano negó haber dado esa información (véase su comparecencia ante la Comisión, pp. 4, 10 y 12), pero, puesto que es parte interesada y el vicedirector de El Mundo lo considera un mentiroso, podemos prescindir de su testimonio.

¿En qué se basa entonces el coautor de “Titadyn” para realizar tal aserto? Aunque la redacción de su Prólogo puede prestarse a cierta ambigüedad, parece remitirse al Subdirector General Operativo de la Policía: “…Sánchez Manzano, el mismo que le había transmitido, según Díaz Pintado…”. El caso es que, durante el juicio, el abogado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, probablemente la entidad más cercana a El Mundo (suya es la querella contra Sánchez Manzano y la inspectora Tedax), interrogó explícitamente sobre este punto a Díaz Pintado. Y sabemos que García Abadillo conocía el testimonio de este mando policial, porque de hecho extrae algunas referencias literales en su contribución al libro que discutimos. Así se desarrolló el episodio:

AAV11M: Con la venia Señor Presidente. Vamos a ver… eh… El once de marzo por la mañana, cuando el… ha dicho usted que el Comisario General de Seguridad Ciudadana [Cuadro Jaén], le informa de que el explosivo era Titadyne con cordón detonante… ¿Le hizo saber quién le había dicho a él que era Titadyne con cordón detonante?

Díaz Pintado: No… ya he comentado esta mañana antes del almuerzo que la conversación fue aproximadamente de unos treinta segundos. […]

¡NO! Díaz Pintado afirmó expresamente no saber quién había dado esa información.

¿Y qué hay de la otra parte en esa llamada telefónica, es decir, del Sr. Cuadro Jaén? En este caso, nos encontramos con algo mucho peor. En efecto, el ex Comisario General de Seguridad Ciudadana, en su comparecencia ante la Comisión del 11-M (p. 55), resumió de forma precisa las razones por las que él afirmaba no haberse confundido. Presten atención:

Además, ningún responsable policial daría ni aceptaría una información de esta naturaleza que no viniese avalada en cuanto al fondo, por pruebas analíticas correspondientes y, en cuanto a la forma, por la cadena de mando, y en este caso a mí no me lo estaba transmitiendo el responsable del servicio [Sánchez Manzano] y en la forma que es pertinente en estos casos, sino que respondía a meras observaciones de naturaleza empírica que estaban haciendo los TEDAX en aquellos momentos.

Leámoslo otra vez: “a mí no me lo estaba transmitiendo el responsable del servicio”.

Tenemos por tanto que el receptor de la llamada (Díaz Pintado) afirma explícitamente desconocer el origen de esa alusión al Titadyn, al tiempo que el autor de la llamada (Cuadro Jaén) manifiesta explícitamente que no partió de Sánchez Manzano (el responsable del servicio).

Aquí me permito un breve comentario incidental que es tan válido para este punto en particular como, en general, para toda la exposición que vengo desarrollando en torno a los acontecimientos del mismo día 11 de marzo de 2004 en relación con los explosivos. Las afirmaciones de García Abadillo y compañía (repito: sobre este punto en particular, pero también en general) no son problemáticas porque impliquen que Sánchez Manzano es un mentiroso. Al fin y al cabo eso es exactamente lo que el coautor de “Titadyn” señala, por ejemplo, en la página 21 de su Prólogo. Se trata de una imputación que podrá ser cierta o falsa, pero que no tiene nada de incongruente en sí misma. El problema es que, si lo que se ha estado contando en El Mundo (empezando por su vicedirector) y en las páginas de “Titadyn” es cierto, entonces, forzosamente, Cuadro Jaén, en la medida en que confirma en todo momento las versiones de sus subordinados (Sánchez Manzano y la inspectora Tedax) en cuanto tiene que ver con los explosivos… también tiene que estar mintiendo. Pero ocurre entonces algo muy curioso. El jefe supremo de todo el circo, Pedro J. Ramírez, en su infame remedo de Zola, “Yo acuso (España 2009)” (EM, 2.6.2009), declamado al socaire de “Titadyn”, hace, en efecto, muy graves acusaciones contra casi toda la cúpula policial en tiempos del PP (y posteriores)… casi toda, menos, precisamente, Santiago Cuadro Jaén, a quien libra de su lista oprobiosa. En fin, la coherencia nunca ha sido el punto fuerte de los conspiracionistas.

Volvamos al asunto del “Titadyn con cordón detonante”. Ya he puesto de relieve que no hay ninguna base para atribuir esa afirmación a Sánchez Manzano, como hace el vicedirector de El Mundo. Ahora me propongo mostrar que García Abadillo falta a la verdad conscientemente.
Ello pasa por acreditar una circunstancia cuyas implicaciones pueden no resultar evidentes a primera vista: Sánchez Manzano era el Jefe de los Tedax, pero él mismo NO era un Tedax.
Si no me equivoco, la primera referencia que se hace al respecto en El Mundo, tras el artificioso escándalo de la “nitroglicerina”, aparece en un artículo de Fernando Lázaro de 13 de julio de 2006, con una flagrante errata:

Pese a ser el máximo responsable de los Tedax, Sánchez Manzano [no] es un especialista en explosivos, lo que facilitaría la posibilidad del error.

[A cualquiera que sepa leer debería resultarle obvio que al periodista se le olvidó escribir ese “no” que he introducido entre corchetes; de otro modo, la frase carece de sentido.]

En aquellos días, como ya ha quedado expuesto, el Jefe de los Tedax recibió un aluvión de reproches. Así, el editorial del día 20.7.2006 establecía una implacable exigencia desde su mismo título: “Manzano debe ser destituido”. Al hilo de esa operación de acoso y derribo, el 22.7.2006, el diario de Unidad Editorial reiteraba su postura en un suelto editorial donde se aducía la supuesta opinión de los sindicatos policiales, también desde el título (“La destitución de Manzano, un clamor policial”), y se indicaba:

[L]a Confederación Española de Policía (CEP), acusó a Sánchez Manzano de «desprestigiar» a estos profesionales [los Tedax] y atribuirse una titulación que no tiene.

Esa imputación se aclaraba en la correspondiente noticia del día, según la cual:

En concreto, las declaraciones que han motivado la queja de los sindicatos son aquéllas en las que Sánchez Manzano aseguraba no ser un experto en explosivos, sino en la desactivación de los mismos. «El señor Sánchez Manzano es el jefe de la UCDE-NRBQ, pero no un Tedax. No ha realizado el curso de la Dirección General de la Policía que le habilita como tal […]. Su puesto es el de gestor de la Unidad, debiéndose limitar únicamente a ello […]», afirman los sindicatos.

Otra de las manifestaciones de Sánchez Manzano fue que «la nitroglicerina es el componente de todas las dinamitas». SUP, UFP y CEP le reprochan que «cualquier Tedax sabe que eso no es cierto. Él, como no es titulado, no tiene obligación de saberlo, pero debería haberse dejado asesorar previamente por los experimentados y acreditados profesionales tedax que tiene en su unidad».

Pues bien, la relevancia de este detalle queda patente en una entrevista que dos días más tarde, el 24.7.2006, el Sr. Marugán Casado, antiguo Tedax de la Guardia Civil, ofrece a un periodista de El Mundo llamado… ¡Casimiro García Abadillo!:

P. [CGA]- El anterior subdirector operativo de la Policía, Pedro Díaz Pintado, declaró en la Comisión de Investigación del 11-M que el responsable de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, le dijo que se trataba de «Titadyn con cordón detonante».

R. [Marugán]- Si eso es así, lo debió de decir un Tedax. ¿Por qué esa información debió partir de un Tedax? Porque el comisario jefe de la Unidad de Desactivación de Explosivos [Sánchez Manzano], o el de Seguridad Ciudadana [Cuadro Jaén], son cargos de dirección, de gestión, no son técnicos especialistas en desactivación.

Esto es lo que el vicedirector de El Mundo sabía casi tres años antes de “Titadyn”. No está mal, pero aún hay más, porque, precisamente en el Prólogo de dicho libro, el mencionado autor no tiene reparo en recordar expresamente la falta de titulación del mando policial (p. 34):

Manzano, que es licenciado en Derecho pero que ni siquiera hizo el curso de capacitación que deben realizar todos los miembros del Tedax, carece de cualificación como facultativo.

Y este pasaje, curiosamente, es casi idéntico a otro contenido en el artículo del mismo García Abadillo de 20.11.2006 en el que hice hincapié anteriormente.

Efectivamente, en dicho artículo, el vicedirector de El Mundo señala:

Manzano, que es licenciado en Derecho y ni siquiera ha realizado el curso de tedax, carece de cualificación como facultativo.

Unas cuantas líneas más abajo, en ese mismo artículo, insisto, García Abadillo evoca el relato de Garzón en su comparecencia ante la Comisión del 11-M, según el cual, cuando se trasladó desde la estación de Atocha a la calle de Téllez caminando, “un miembro de los Tedax […] le comentó que el explosivo «podía ser Titadyn»”. Y, acto seguido, el coautor de “Titadyn” ofrece el iluminador párrafo que cité antes:

Esa misma mañana, otro miembro del Tedax le dijo al comisario jefe de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, cuando éste se encontraba en la estación de El Pozo, que, en su opinión, por la forma en que se había producido la explosión controlada de la mochila encontrada por un miembro de la Policía Municipal, se trataba de dinamita Titadyn.

Por si no bastara con la mera descripción de cómo se origina la hipótesis del Titadyn (en El Pozo –donde no se encontraba ya Sánchez Manzano– sobre la base de una opinión empírica de los presentes), obsérvese el detalle crucial del que informa García Abadillo dos años y medio antes del “Informe Iglesias”: quien lo dijo fue un “miembro del Tedax”. ¡Después de haber admitido que Sánchez Manzano no lo era!

En resumen, desde años antes de escribir su Prólogo, García Abadillo sabe, porque así se lo han dicho y porque él mismo lo escribe, que Sánchez Manzano no es un Tedax y que el dato del “Titadyn con cordón detonante” partió de un Tedax. Es decir, García Abadillo está admitiendo que ese policía no fue el origen de la información. En “Titadyn”, en cambio, pese a reconocer nuevamente la falta de titulación de este mando policial, le atribuye a él explícitamente la errónea comunicación sobre el tipo de explosivo.

Dados los antecedentes, y en ausencia de toda explicación o fuente que justifiquen el cambio de versión en un oportuno libro repleto de denuestos hacia Sánchez Manzano, la conclusión de que nos hallamos ante un nuevo embuste no sólo es perfectamente legítima: es casi inevitable. E insufrible.

ultima edicion por Rasmo (30-05-2011 15:51:08)

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Un placer leerte, amigo mío.

Publicaré en un plis-plas todo lo pendiente...

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Mañana comienzo a publicar las entradas pendientes. Sin falta.

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (XXXI)

Ya vimos que la acusación de García Abadillo según la cual fue el propio Sánchez Manzano quien habló de “Titadyn con cordón detonante” es una patraña.

Ahora trataré el asunto de cómo se produjo, a lo largo del aquel 11 de marzo, la corrección de ese dato, junto con otros aspectos conexos. En particular, en el contexto de este análisis, abordaré la cuestión de si realmente en la controvertida comunicación telefónica del mediodía se mencionó dicho explosivo (como afirma Díaz Pintado) o sólo se hizo referencia a una “dinamita” inespecífica (como asegura Cuadro Jaén). Debo advertir que mi opinión sobre este último punto en concreto no pasa de ser una serie de conjeturas más o menos plausibles, pero que no pretendo en modo alguno definitivas. Asimismo, soy consciente de que se trata de un ejercicio de interés limitado, casi académico, por al menos dos razones que discurren en sentidos inversos. Por un lado, sea quien sea el responsable último de la información errónea, lo que está claro (debería estarlo) es que se trata efectivamente de un simple error, lo cual basta (debería bastar) para desactivar muchas de las tonterías que se han podido leer y oír. Por otro lado, aunque se trate de un error, lo cierto es que esas palabras salieron de esa reunión y se comunicaron al Gobierno y demás actores policiales, mediáticos y sociales, de modo que sus efectos deberán ser calibrados de forma pertinente. Volveré sobre ambos aspectos más tarde, una vez que haya expuesto mis valoraciones acerca del incidente telefónico.

¿Qué versión es más creíble? ¿La de Cuadro Jaén o la de Díaz Pintado? El simplismo anonadante de algunos autores parece que les impide plantearse estas cuestiones en otros términos que no sean la contraposición de la verdad al fraude deliberado. Así, en su libro “11-M. Golpe de Régimen”, Luis del Pino señala (p. 256):

En la Comisión de Investigación del 11-M se intentó aclarar quién fue el que engañó a quién. […] ¿Fue Santiago Cuadro el que engañó a Díaz-Pintado? ¿O fue éste el que engañó a Astarloa? ¿O, en realidad, sí que había Titadyne? No lo sabemos.

En esta misma línea, ya he citado en entregas anteriores un artículo de García Abadillo donde también se ofrecía una reflexión arbitrariamente sesgada y simplista (EM, 20.11.2006):

[L]a versión [de] Cuadro Jaén […], absolutamente contradictoria con la de su jefe, no tiene mucho sentido. ¿Qué interés tendría Díaz Pintado en mentir a la cúpula policial y al ministro sobre el tipo de explosivo? ¿Con qué fin transmitió esta información en teoría falsa a Garzón?

No sé por qué sólo se puede estar mintiendo. Y, puestos a engañar, no entiendo por qué al vicedirector de El Mundo sólo le parece incomprensible la posibilidad de que lo haga Díaz Pintado, sin plantearse qué interés podría tener por su parte Cuadro Jaén. Me pregunto si tiene algo que ver el hecho de que la versión que a él le gusta es precisamente la de Díaz Pintado.

El caso es que yo no creo que ninguno de los dos esté faltando deliberadamente a la verdad. En el mundo que yo conozco caben posibilidades más complejas, como el error, la confusión y el malentendido. Mis consideraciones, por consiguiente, parten de la base de que nos enfrentamos a una genuina disparidad de testimonios desde la buena fe de ambos.

Personalmente, considero más sólida la versión de Cuadro Jaén, por motivos tanto de coherencia interna, como de solidez de la fuente. En cuanto al primer aspecto, creo, en efecto, que el relato del Comisario General de Seguridad Ciudadana es más coherente y lógico en sí mismo y esto tiene que ver con las razones que él aducía para negar que hubiera podido asegurar la utilización de Titadyn. Recordemos las respuestas de Cuadro Jaén en la Comisión, insistiendo en que “todos los profesionales sabemos que para hacer una afirmación de esta naturaleza se requiere un proceso analítico previo” (pp. 54-55):

Todos los profesionales sabemos que eso es así, es decir, no se puede dar una respuesta categórica sobre un tipo de explosivos en el lugar del hecho y en el momento de producirse una explosión.

En efecto (p. 68):

[Díaz Pintado] [m]e dice: ¿qué tipo de explosivo hay? Él, como profesional que lleva más años que yo, debe de saber que yo no le puedo dar una respuesta categórica sobre el tipo de explosivos, porque no lo sé, porque yo no lo he visto.

Algo que no parece muy cuestionable en sí mismo. Por tanto (p. 57):

Si yo dije seguro, fue seguro no. Eso es así y lo digo de manera categórica. Yo no dije seguro sí; si dije la palabra seguro, fue seguro no.

Lo que hace particularmente verosímil la posición de Santiago Cuadro es un detalle en el que coinciden él mismo y el propio Díaz Pintado. Así, el primero, según indicó en la Comisión, reaccionó con displicencia ante la perentoria solicitud de información por parte de su superior, cuando éste le llamó por primera vez (p. 54):

Mi respuesta en ese momento es que no se podía dar ninguna información fiable sobre el tipo de explosivo que había hecho aquella explosión y le insisto con toda firmeza en la necesidad de no ir muy deprisa porque tenemos experiencia de que normalmente las prisas nos pueden llevar a cometer algún error o a provocar errores.

Lo interesante, como he mencionado, es que Díaz Pintado confirma y corrobora esa actitud reticente de Cuadro Jaén.

Tanto en la Comisión:

[p. 44] Hablo con el comisario general de Seguridad Ciudadana, don Santiago Cuadro, y le digo que si sabe algo del explosivo. Me contesta con cierta acritud, dentro de la buena armonía y relación que tenemos, un poco molesto diciendo que no tengamos tanta prisa, que todas esas cosas a lo único que pueden conducir es a errores. Yo le dije que tenía razón. […] [p. 54] [D]e alguna manera le molesta porque […] se le está metiendo prisa.

Como en el juicio:

[L]lamo al Comisario General de Seguridad Ciudadana, y éste me contesta… pues un poco… no digo molesto, porque las relaciones entre nosotros eran muy buenas y entonces no había por qué, pero sí diciéndome que no tengamos mucha prisa, que esos datos los facilitará cuando pueda.

Parece un elemento que podemos dar por cierto. Pues bien, si esto es así, el comportamiento de Santiago Cuadro, tal como él mismo lo describe, es perfectamente lógico y congruente: le molesta que le insten a dar una información apresurada, sin otra cosa que valoraciones empíricas sobre la marcha y, por eso, no podía haber dado una marca precisa y mucho menos con seguridad. En cambio, si la versión de Díaz Pintado es la correcta, entonces el comportamiento de Santiago Cuadro resulta absurdo: un mando policial que no oculta su contrariedad porque se le pida un dato concreto sobre el terreno, porque eso sólo conduce a errores, según recuerda la propia persona que le telefonea, devuelve sin embargo la llamada unos minutos más tarde para concretar, a ojo, la marca del explosivo ¡con toda seguridad! No digo que sea imposible, pero, atendiendo a la propia consistencia del relato, me parece poco razonable.

Lo anterior, por supuesto, no es algo definitivo, pero quizá pueda añadirse a otras consideraciones sobre la solidez de las fuentes, como indiqué más arriba. Con esto último no pretendo sugerir que Díaz Pintado no sea de fiar por ser un embustero. Creo que ya he manifestado claramente mi postura. El propio Cuadro Jaén, sin dejar por un momento de negar lo que le atribuía su superior, indicó en la Comisión:

[p. 61] Yo no pongo en duda lo que dice el subdirector general operativo [Díaz Pintado], que por otra parte tiene todos mis respetos, es un extraordinario profesional; estoy totalmente convencido de lo que él dice, pero mil veces que nosotros nos pudiésemos sentar a hablar de este tema, yo estoy convencido de que mil veces él mantendría su postura o su afirmación y mil veces yo mantendría mi afirmación, porque estoy totalmente convencido de lo que digo. […] [p. 68] [Y] vuelvo a repetir que él está diciendo lo que él cree y yo le estoy diciendo lo que yo creo y sobre eso podríamos estar hablando toda la vida y seguiríamos exactamente igual.

Mi argumento se basa en la observación de que no todas las personas, por muy buena fe de la que hagan gala, son igualmente diestras a la hora de recordar (o percibir) fidedignamente los hechos y dar cuenta de ellos. Es decir, no todos los individuos son buenos testigos, por muy buenas personas que sean. Incluso entre los honestos hay variedad en la capacidad para retener y referir datos sin alterarlos, modificarlos o distorsionarlos. Quizá Santiago Cuadro sea mejor testigo, en ese sentido, que Pedro Díaz Pintado. Desde luego, sus declaraciones en la Comisión y en el juicio fueron bastante sólidas y consistentes entre sí, algo que tal vez no pueda decirse en igual medida de los testimonios de Díaz Pintado. Quiero resaltar inmediatamente que no es mi propósito desacreditar al ex Subdirector General Operativo de la Policía ni poner en duda su integridad. Por otro lado, admito que haré uso de evidencia que no pasa de ser anecdótica. Sólo me aventuro a presentar una hipótesis que considero posible, pero a la que no me aferraré en modo alguno ni fingiré más sólida de lo que en realidad es.

En efecto, creo que las manifestaciones de Díaz Pintado en la Comisión y en el juicio muestran casos de incoherencias, discrepancias entre sí y, me atrevería a insinuar, errores flagrantes, en mayor medida que las del ex Comisario General de Seguridad.

Así, por ejemplo, ante la Comisión del 11-M, Díaz Pintado incluyó a Díaz de Mera en sendas reuniones en las que éste declaró más tarde no haber estado presente, lo que probablemente motivó que, en el juicio, el primero tuviera que corregir su relato al respecto. Pero hay un ejemplo de inexactitud que considero un error llamativo y que utilizaré como argumento para considerar que, en caso de conflicto, quizá sea el testimonio de Díaz Pintado el que deba ponerse en suspenso.

El episodio en cuestión, para cuyo examen habré de incurrir en un nuevo excurso, se refiere al relato de cómo, en la tarde del 11-M, se desmintió la noticia del Titadyn. Antes de abordar la discrepancia principal, señalaré brevemente un punto confuso al que no se ha prestado mucha atención.

Santiago Cuadro declaró, tanto en la Comisión como en el juicio, que, después de la famosa llamada que venimos analizando (cuando él estaba en El Pozo y Díaz Pintado se hallaba en la reunión de cúpula policial), aquél volvió a comunicarse telefónicamente con éste en torno a las 14:30 o 14:40, desde el laboratorio de los Tedax, nada más recibir la información de los primeros análisis de las muestras de los focos, en el sentido de que aparecían componentes de dinamita. Sin embargo, Díaz Pintado no confirma esta llamada. Para éste, la primera referencia a una dinamita genérica se produce en una reunión de algunos mandos policiales alrededor de las 17 horas, previa a otro encuentro con el Ministro del Interior, sobre las 18 horas.

Si aceptamos que ninguno de los dos está mintiendo, nos hallaríamos en una situación en la que Díaz Pintado ha olvidado una llamada de Cuadro Jaén. Según las declaraciones de Santiago Cuadro, esta llamada de las 14:30 debió de ser muy breve y, curiosamente, Díaz Pintado se limita a recibir la información y no le hace “ningún comentario al respecto” (Comisión, pp. 55 y 77; igualmente, en el juicio). Esto puede parecer extraño si entendemos que en esa llamada se estaba ya rectificando un dato importante acerca del explosivo. Pero, en realidad, todo depende de los términos exactos de la comunicación, que, por desgracia, desconocemos. Sólo podemos plantear conjeturas para tratar de explicar sin intrigas los recuerdos divergentes de ambos. Se me ocurre una posibilidad, tan válida como cualquier otra. Si lo que transmitió el Comisario de Seguridad Ciudadana fue algo así como “se confirma lo del explosivo”, “se confirma lo de la dinamita”, o “aparecen componentes de la dinamita”, Díaz Pintado no tenía por qué estar dándose cuenta de que se estaba produciendo una rectificación. Él entendió en la reunión del mediodía que se trataba de Titadyn (que es una dinamita) y en esta segunda llamada, simplemente interpreta que le repiten básicamente la información. Por eso no hace el menor comentario. Si esto es así, la llamada en cuestión no le resulta particularmente llamativa, se convierte en una más en un día en el que es fácil suponer que el Subdirector General Operativo de la Policía recibiría y haría decenas de llamadas a todas horas. No existe una razón especial para que ésta quedase registrada en su memoria… Repito que todo esto no es más que una simple elucubración.

Sea como fuere, en lo que sí hay coincidencia unánime es en que hacia las 17 horas de aquel día, Santiago Cuadro le comentó a Díaz Pintado que los análisis de los Tedax habían detectado dinamita, sin poder especificar más. Para Cuadro Jaén, el dato era una repetición de lo que ya había señalado antes. Para Díaz Pintado, en cambio, se trataba de una corrección respecto a lo que se le había dicho al mediodía. Hasta aquí, nada nuevo.

Sin embargo, las narraciones que sobre este punto ha ofrecido García Abadillo a lo largo del tiempo adolecen de notables carencias. Algunas derivan de su constatada incapacidad para exponer una serie de hechos sin introducir “retoques”. Otras se basan en la asunción de testimonios externos (en este caso, de Díaz Pintado) que, como vengo diciendo, son casi con toda probabilidad erróneos. Ilustraré estos dos problemas consecutivamente, para abordar luego la respuesta a ambos de forma conjunta. 

Veamos, en primer lugar, lo que el vicedirector de El Mundo escribía en el ya citado artículo de 20.11.2006:

A las 17 horas, la cúpula policial fue citada de nuevo para una reunión con el director general de la Policía, Agustín Díaz de Mera.

Nada más comenzar, Cuadro Jaén echó un jarro de agua fría sobre los allí presentes: el explosivo no era Titadyn. El responsable de Seguridad Ciudadana dijo que se trataba de dinamita sin más precision, pero aseguró con rotundidad que el Titadyn estaba descartado.
[…]
Tampoco tiene mucha explicación que, a las 17 horas del día 11, Cuadro Jaén descartara de plano el Titadyn. Si, como mantiene el propio informe del laboratorio del Tedax […], sólo pudieron detectarse restos de «componentes de dinamita», no se podía descartar el Titadyn, que es una dinamita y comparte algunos de sus componentes con la Goma 2 ECO. ¿Qué información tenía en su poder Cuadro Jaén para desechar sin ninguna duda que el explosivo utilizado en el atentado fuera el que señalaba precisamente a ETA?

¿Dónde demonios se documentaba este sedicente “investigador” cuando hacía estas afirmaciones? Lo cierto es que ninguna de las fuentes pertinentes permitía sostener a finales de 2006 que Cuadro Jaén hubiera descartado “de plano”, “con rotundidad” o “sin ninguna duda” el Titadyn. Es sencillamente falso, como veremos enseguida.

Sin embargo, después aparece un elemento que le permite insistir en su argumentación años más tarde, desde las páginas de “Titadyn”.

En efecto, en su comparecencia en el juicio, Díaz Pintado añadió una consideración inédita verdaderamente llamativa respecto al motivo por el que supuestamente le dijeron que ya no era Titadyn lo que se había detectado. En un primer momento, a preguntas de la Fiscalía, se expresó de manera algo confusa, pero, interrogado por el letrado de la AAV11M, afirmó que Santiago Cuadro le dijo que el Titadyn estaba excluido, quedaba “descartado”, porque no había aparecido nitroglicerina en el análisis de los restos de los focos.

Esa novedosa y sorprendente versión fue acogida con gusto por García Abadillo en su Prólogo (páginas 25 y 27):

[p. 25] La declaración de Díaz Pintado ante el tribunal, que tuvo lugar el 11 de abril de 2007, fue tan interesante como aleccionadora. El número dos de la Policía cuando se produjo el atentado dijo que Cuadro Jaén descartó por completo el Titadyn sobre las cinco de la tarde del 11 de marzo. ¿La razón para afirmado con tal rotundidad por parte del responsable de Seguridad Ciudadana, del que dependían los Tedax? He aquí lo que Díaz Pintado declaró ante el tribunal que le dijo esa tarde Cuadro Jaén: «Es una dinamita, y el Titadyn está excluido porque dentro de sus componentes (de lo analizado en el laboratorio de los Tedax) no tiene nitroglicerina».

Dicho sea de paso, Santiago Cuadro, en su correspondiente comparecencia ante el tribunal, no recordó haber dicho nada de eso y, como ya he adelantado, se trata casi con toda seguridad de una información errónea.

Por lo demás, no es fácil comprender por qué el vicedirector de El Mundo acoge sin problemas esa declaración de Díaz Pintado relativa a la ausencia de nitroglicerina. Al fin y al cabo, toda la argumentación conspiracionista iniciada con las portadas de julio de 2006, sobre la base de las declaraciones de Sánchez Manzano en la Comisión, se basaba precisamente en que se había detectado nitroglicerina. ¿Ahora resulta que no había nitroglicerina? ¿No es contradictorio? A menos que se pretenda de un modo característicamente retorcido hacer ver que el Jefe de los Tedax, golpista aficionado, es tremendamente maquinador y embustero: en realidad, sí que se detectó nitroglicerina (como él mismo señaló en la Comisión), sin embargo, dijo lo contrario a sus superiores, para ocultar que había estallado Titadyn… Pero esto es igualmente problemático. Como señalé en una anterior discusión, no se puede sostener que Sánchez Manzano mencionó la nitroglicerina (cuya existencia se presume real) en su comparecencia ante la Comisión sin darse cuenta de su trascendencia, atolondradamente, y afirmar al mismo tiempo que era tan consciente de su relevancia que la ocultó el mismo día de la masacre. No tiene sentido. Por no mencionar que, en realidad, tal como transcurrieron los acontecimientos, Santiago Cuadro y la propia perito de los Tedax tendrían que estar implicados en esa trapacería. A la segunda la ha incluido en su querella la AAV11M. Al primero, en cambio, ni siquiera P. J. Ramírez se molesta en acusarle de nada.

En cualquier caso, esta divergencia sobre lo que se dijo o no a partir de las 17 horas del 11 de marzo es lo que me permite cuestionar la fiabilidad de Díaz Pintado como testigo y procedo a explicar por qué estoy convencido de que se equivoca, lo que permitirá a su vez poner de manifiesto la incuria indagadora de García Abadillo y su dudoso discernimiento documental.

Sin embargo, antes esbozaré algunos de los criterios de interpretación que estimo útiles a la hora de valorar divergencias en las declaraciones de testigos y que aplicaré al presente caso. Se trata de criterios de sentido común que no son rígidos y que pueden presentar excepciones, pero que en principio me parecen razonables (tampoco estoy descubriendo el Mediterráneo). Que los exponga de forma consecutiva no significa que deban aplicarse secuencialmente en un orden determinado.

De este modo, cabe preguntarse si la declaración problemática es minoritaria o no (si existen otros testimonios sobre el asunto que la contradigan o, por el contrario, la corroboren) y si está respaldada o no por otras pruebas independientes (de forma general, se trata de evaluar cómo encaja un testimonio con los demás datos que conocemos). Asimismo, conviene comprobar si el testimonio es consistente a lo largo del tiempo, es decir, si el testigo no ha alterado su declaración. No todas las alteraciones son necesariamente sospechosas, pero algunas sí resultan anómalas: por ejemplo, cuando se añaden a posteriori detalles que, por su obvia relevancia, difícilmente se habrían pasado por alto en un primer momento. Por último, una declaración también debe analizarse en cuanto a su lógica intrínseca, es decir, si tiene sentido en sí misma, con independencia de los demás factores.

Aplicando estos criterios al supuesto que nos ocupa, creo que el testimonio de Díaz Pintado en el juicio no sale bien parado en este punto.

Empezando por el último de los mencionados, debo decir que la explicación de Díaz Pintado no parece sensata en sus propios términos. Lo que el laboratorio de los Tedax transmitió desde el primer momento (consta en el análisis de los focos, en las sucesivas declaraciones de la perito, en el testimonio de Sánchez Manzano y, lo que es bastante revelador, es la explicación que Ángel Acebes dejó entrever en sus comparecencias del mismo día 11 de marzo; espero aclarar esto en otro momento) es que, ante restos explosionados, no se podían obtener todos los componentes del explosivo original para asignar una marca específica. En esas circunstancias, que no se detecte un elemento concreto difícilmente puede descartar un determinado explosivo: es la presencia de componentes, no su ausencia, lo que permite hacer deducciones.

Obsérvese, además, que Díaz Pintado no es un técnico. Él mismo lo pone de manifiesto repetidamente en sus declaraciones. “Los conocimientos los estoy adquiriendo ahora, porque he preguntado”, dice en la Comisión (p. 53). “Yo no tengo ni idea”, responde cuando le preguntan si conoce la diferencia entre el Titadyn y la Goma 2 ECO (p. 55). No “entiende” de explosivos, admite (p. 62). “No soy técnico”, reconoce en el juicio, y reitera: “pero de todas maneras, insisto en lo mismo… vuelve a ser un problema técnico, que yo de explosivos entiendo poquísimo, vamos…”. Sin embargo, ofrece (con torpeza) una explicación aparentemente técnica que es a todas luces una elaboración posterior, pues ni siquiera la mencionó en absoluto en su comparecencia parlamentaria. En efecto, su declaración es inconsistente en el tiempo, como enseguida acreditaré. Y sería raro que, con la memoria más fresca, no hubiera señalado esa supuesta explicación cuando intervino en la Comisión. Es decir, el dato de la nitroglicerina tiene toda la pinta de una adición espuria a posteriori, al hilo de toda la discusión mediática sobre esa sustancia a lo largo de los años. La memoria funciona muchas veces así, incorporando elementos del contexto de forma anacrónica.

Pero lo más importante, más allá de las consideraciones hipotéticas, es comprobar de forma inapelable que ningún otro testigo corrobora esta nueva versión ofrecida en el juicio. En este sentido, procede documentar lo que al respecto declararon otros intervinientes en la Comisión y ante el tribunal.

Veamos lo que declaró Cuadro Jaén en la Comisión (p. 63):

Jané i Guasch: […] ¿Decir que es dinamita excluiría que pudiera ser Titadyne?

Cuadro Jaén: En absoluto […], podría haberlo sido.

Jané i Guasch: Podría haberlo sido.

Cuadro Jaén: Perfectamente.

[…]

Jané i Guasch: Podría haber sido Titadyne. O sea que cuando no es Titadyne es no sé con seguridad que sea Titadyne.

Cuadro Jaén: Simplemente estamos hablando de dinamita. Tiene que tener en cuenta que el Titadyne es una dinamita.

De hecho (y por eso mencioné la inconsistencia temporal), el propio Díaz Pintado, en su comparecencia en la Comisión, se expresaba en estos términos, tras alguna vacilación:

[pp. 49-50] [S]obre las 17:00 horas hay una reunión en la dirección […]. Ahí es donde se dice, primero, que ha habido una confusión y que se trata de dinamita, genéricamente […]. [pp. 52-53] [Y] eso es lo que luego se traslada al ministro: Ha habido una confusión y ahora resulta que es dinamita… […] En la reunión de las 18 horas y pico. Se le dice [al ministro] que es dinamita y que puede llegar a ser incluso Titadyne.

Otro de los testigos de esa segunda reunión en el ministerio (pasadas las 18 horas, aunque él llegó con cierto retraso), De la Morena, lo confirma (Comisión, p. 86):

Sobre los explosivos la percepción que tengo en ese momento es que puede no tratarse de Titadyne, pero no sé todavía que es otro tipo de dinamita. […] Lo que dicen es que no lo pueden asegurar, que quién ha dicho que es Titadyne, que nadie asegura que es Titadyne y que es una dinamita […].

Cabe añadir también lo que en este sentido señaló el ex Director General de la Policía, Díaz de Mera, en el juicio (28.3.2007):

Ministerio Fiscal (J. Zaragoza): ¿Esa información que reciben por segunda vez acerca del explosivo del Comisario General de Seguridad Ciudadana, rectificando lo del Titadyne, qué información era exactamente?

Díaz de Mera: Bueno, era, que era dinamita, creo que dijo eso, creo que era dinamita, y que no se podía afirmar que era Titadyne, pero no puedo darle más precisiones.

Y quién mejor que el propio Ministro del Interior para atestiguar lo que le comunicaron sus mandos policiales (Comisión, p. 17):

Y sólo quiero añadir una cosa más; en aquel momento no se dice que no sea Titadyne; lo que se dice es que todavía no está confirmado que no sea Titadyne, porque necesitan tener unos análisis que en ese momento —se habían producido todas las explosiones— no tenían. […] [E]n aquel momento no dicen que no sea Titadyne; confirman que es dinamita, lo que no se conoce todavía es la marca […].

Con mayor claridad (Comisión, p. 72):

Para ser precisos en la reunión que tuvimos en el Ministerio del Interior la tarde del día 11 no nos desmienten que sea Titadyne, sino que nos dicen que es dinamita y que todavía no pueden decirnos cuál es la marca. Exactamente esto es lo que ocurre, que es diferente.

Aunque Acebes no compareció ante el tribunal de la Audiencia Nacional, ofreció el 16.4.2007, bien avanzado el juicio, una entrevista a Jiménez Losantos en la Cope, que seguía sin apoyar la nueva versión de Díaz Pintado:

[min. 18:25] Por la tarde [del 11.3.2004], […] tenemos una reunión, efectivamente, tal y como han contado también en el juicio los mandos policiales, y dicen que ya la marca no es seguro que sea titadyne, que probablemente no lo sea, pero que es una dinamita. Y cuando comparezco por la tarde, es exactamente lo que cuento.

En suma: nos hallamos ante una cadena de información en la que un individuo A (Santiago Cuadro) dice, tanto en 2004 (en la Comisión), como en 2007 (en el juicio), haber transmitido X (dinamita sin poder precisar la marca) a otro individuo B (Díaz Pintado). El receptor último de la información, C (el Ministro del Interior), declara haber recibido la información X. Lo confirma tanto en 2004 (Comisión), como en 2007 (entrevista radiofónica).

El intermediario, B (Díaz Pintado), también recuerda en 2004 haber comunicado a su vez X (recuérdese: “Se le dice [al ministro] que es dinamita y que puede llegar a ser incluso Titadyne”).  Otros testigos colaterales confirman esta versión. Sin embargo, en 2007, B, y sólo él, da una nueva versión según la cual no se dijo X, sino Y (el Titadyn estaba completamente descartado porque no se había hallado nitroglicerina).

En estas circunstancias, ¿cuál es la conclusión razonable? Obviamente, que Díaz Pintado se equivoca.

Todo ello, por lo demás, pone también de manifiesto la notable inventiva que lucía García Abadillo en noviembre de 2006, cuando achacaba a Santiago Cuadro haber negado de plano, rotundamente, la posibilidad del Titadyn.

Lo hasta aquí expuesto es lo que, según he mencionado reiteradamente, me hace dar mayor credibilidad a las declaraciones de Santiago Cuadro. Sin embargo, tal como indiqué al principio, la discusión resulta en gran medida inane puesto que, por un lado, no cabe duda de que, sea quien sea el responsable, estamos hablando de un error sin mala fe y, por otro lado, “Titadyn con cordón detonante” es la información que efectivamente salió de la reunión de la cúpula policial. Y, que algo no sea real, no significa que no puedan serlo sus efectos.

Lo veremos en otro momento.

ultima edicion por Rasmo (15-06-2011 17:16:22)

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Excelente, como siempre.

Recuerdo haber tenido una idea cuando escuché la declñaración de Cuadro Jaé.

Es un hombre que habla, de manera atropellada, casi nerviosa.

En sus palabras, con la tensión de una masacre como la producida, no me parece difícil (aunque, lógicamente, no podamos demsotrarlo) que él dijera "dinamita" y Pedro Díaz Pintado, de buena fe, entendiera "titadyne".

El cerebro humano funciona así. Muchas veces entendemos aquello que esperamos (por desearlo, o temerlo) escuchar.

Ya he publicado dos artículos esta semana; en unos días publicaré los demás.

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

El purgatorio es un lugar hipotético donde CGA tendrá que leer toda la serie de Rasmo sobre Titadyn y responder por sus actos. Gracias de nuevo.

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Mangeclous escribio:

El purgatorio es un lugar hipotético donde CGA tendrá que leer toda la serie de Rasmo sobre Titadyn y responder por sus actos. Gracias de nuevo.

Hace un tiempo que estaba pensando en proponerle a Rasmo un título para la serie que se ajuste un poco mas al contenido. Algo asi como "El 11M y la prensa canalla".  Al ir siguiendo la serie me voy preguntando como es posible que El Inmundo se siga vendiendo como prensa y no como ficción.

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (XXXII)

Como ya he señalado, el estudio de la documentación relevante pone de manifiesto que la referencia al Titadyn que venimos discutiendo, al mediodía del 11 de marzo, no fue más que un simple error. Sobre este punto no debería haber ninguna duda razonable, pero este último adjetivo no es la característica más habitual de las teorías conspirativas.

La propia génesis de la información transmitida, expuesta en detalle en las anteriores entregas, así lo corrobora. Pero es que, además, todos los mandos policiales que han dado su opinión al respecto se han pronunciado en ese sentido y no creo que nadie esté mejor situado o tenga mayor interés (aunque sólo sea como presuntos damnificados) que ellos.

El mismo Díaz-Pintado es concluyente en su comparecencia (8 de julio de 2004) ante la Comisión del 11-M (p. 44):

Creo que no hay ningún culpable; simplemente lo que hay es un error en la cadena de transmisión que tiene toda organización piramidal; se producen estos errores y no es la primera vez que sucede.

De hecho, comenta incluso un par de anécdotas de casos distintos del 11-M en los que también hubo imprecisiones que llevaron a la confusión a algunos mandos policiales, sin que ello diera lugar a la menor escandalera mediática y política (pp. 44 y 62). De modo que “este tipo de errores se producen” (p. 44) y:

Estamos en el mundo de un error no buscado ni a propósito ni nada. Como responsable policial, usted me pregunta y yo le contesto que es un error no buscado, lamentable, como muchos que se producen como consecuencia de las prisas y del deterioro de la situación que se origina cuando hay un gran atentado [p. 53].

Las “prisas” (p. 62) propician la “confusión, que es lógica” (p. 54). En efecto, Díaz-Pintado considera que el error puede partir de una simple asociación, que considera comprensible (p. 44):

Mi opinión es que al comisario general [Cuadro Jaén] […] le dicen dinamita, y yo no sé si le dicen Titadyne, pero a lo mejor puede confundir dinamita Titadyne, porque es lo que se pone en todos los informes. En todos los informes de los últimos atentados de ETA […] figura dinamita Titadyne y a lo mejor le dijeron dinamita o le dijeron Titadyne y lo enlazó y me lo transmitió a mí.

E insiste (p. 54):

Que le digan dinamita y él diga dinamita, Titadyne, por ejemplo. Yo no lo sé, que puede ser una confusión. O que alguien, entre todos los que estuvieron en los diferentes puntos, le dijera Titadyne. Porque, claro, es que estamos en lo de las prisas. Es que cuando se presiona, se arriesga uno a que le den una información errónea […]. Entonces, la culpa es de la necesidad de información, pero es así. Por qué se produce el error no lo sé, pero sí lo entiendo. […] [É]l, cuando me lo transmite es porque alguien o le dice dinamita y confunde dinamita —confunde telefónicamente, no visualmente— dinamita Titadyne (que puede ser el error porque yo lo podía haber cometido exactamente igual porque estoy harto de ver informes dinamita Titadyne y, cuando no entiendes, le pones el mismo adjetivo a la dinamita y al Titadyne) o que alguien le dijera efectivamente Titadyne. Eso es posible.

O sea, que él mismo podría haber cometido ese error “exactamente igual”, por esa asociación entre “dinamita” y “Titadyn”. Naturalmente, él piensa que el error no fue suyo y, en el juicio, afirma creer que esas manifestaciones fueron “un error involuntario de quien las transmitió”.

Algo parecido, pero en sentido inverso (es decir, negando su propia responsabilidad), hace el Comisario de Seguridad Ciudadana, Cuadro Jaén, en su comparecencia ante la Comisión de Investigación (14 de julio de 2004). Por cierto, en el interrogatorio, el representante del Grupo Popular y pretendido “experto” (EM, 9.6.2006) en materia de 11-M, Jaime Ignacio del Burgo, se muestra bastante receptivo a la posibilidad de una simple asociación de ideas (p. 57):

Del Burgo escribio:

¿Cabe la posibilidad de que en aquellas circunstancias, con la dificultad de las comunicaciones, pudiera incluso escuchar la palabra Titadyne, que se parece mucho a dinamita, por otra parte? […] ¿Usted no admite la posibilidad siquiera de que pudiera decirle [a Díaz-Pintado] Titadyne, aunque estuviera pensando exclusivamente en la palabra dinamita a secas?

Cuadro Jaén responde que:

[D]e haberse pronunciado, fruto de la presión, de las comunicaciones, como usted bien ha dicho, para nosotros, y desde el punto de vista de la investigación, tampoco tiene más trascendencia. En ese momento no tiene ninguna trascendencia [p. 57].

Y más adelante añade (p. 69):

En relación con la alusión que ha hecho al señor Díaz-Pintado, creo que es también un profesional muy riguroso y que en este caso, si ha habido un error, no sé de dónde pudo venir, a lo mejor fue de audición o de que el subconsciente te lleva a ello. Lo que sí le puedo decir y le digo radicalmente es que yo no he sido el autor de ese error […].

El caso es que Sánchez Manzano, en la Comisión (7 julio 2004), también consideraba verosímil esa posible confusión de términos (p. 4):

Yo lo ignoro, pero es posible que por encima de mí en la cadena de mando, que no son expertos, cuando se les dice dinamita, lo asocien al término Titadyne porque es el que se está utilizando, por desgracia, desde el año 2000 insistentemente en España. Es posible que se asociaran esos dos términos y se confundieran.

De hecho, esta posibilidad parece ser vista sin problemas por el propio ¡Luis del Pino! Así, en su libro “11-M. Golpe de Régimen” (p. 256), razona:

Lo más curioso no es esa pretendida confusión entre Titadyne y dinamita. Al fin y al cabo el Titadyne es una marca de dinamita, así que se podría aceptar que Santiago Cuadro hubiera dicho “dinamita” y que Díaz-Pintado hubiera inconscientemente entendido “Titadyne”, al estar pensando, como todo el mundo, en un atentado etarra.

[Aunque no puede evitar añadir: “Pero lo de que esa dinamita o ese Titadyne estaba reforzado con cordón detonante ya es más difícil de inventar.”]

Otros mandos policiales presentes en la reunión del mediodía asumen el error no intencionado, como el ex Comisario General de Información, Jesús de la Morena, quien, en la Comisión de Investigación (7 de julio de 2004), indicó (p. 100):

Cuando se produce un hecho de esta naturaleza, no de esta gravedad sino cualquier atentado terrorista, las tensiones que existen en la transmisión de información son tremendas porque todo el mundo quiere saber, los políticos, los jueces, los medios de comunicación, todo el mundo. Entonces yo me imagino que sería propiciado por eso, pero no vamos a disculpar nada, fue un error y fue un error.

Opinión que reiteró a preguntas del diputado Labordeta (p. 100):

De la Morena: Antes he hecho una reflexión en ese sentido, y creo que es consecuencia de la presión informativa, de la demanda de información sobre qué es lo que está pasando. Alguien, en esa transmisión de información, interpreta algo mal y lo transmite. Pero la consecuencia, seguramente, tiene mucho que ver con esas prisas que siempre acontecen en cualquier actividad de este tipo.

Labordeta: ¿Usted rechaza cualquier interés manipulador o político?

De la Morena: Sí, sí, totalmente.

Y, en el juicio del 11-M, señaló que el error seguramente se debió “a la presión informativa que había en ese momento”.

También el ex Director General de la Policía, Díaz de Mera, ante la Comisión de Investigación (22 de julio de 2004), descartó la mala intención. Interrogado acerca de si creía posible que Cuadro Jaén (o Díaz-Pintado, la pregunta es ambigua) hubiera mentido en la Comisión, el ex Director respondió categóricamente: “No, de ninguna manera.” Y añadió: “Yo creo, señoría, que es un error”.

Ningún responsable policial opinó otra cosa.

Ya hemos visto que Santiago Cuadro conjeturaba la posibilidad que hubiera podido tratarse de un error de audición o de una asociación del “subconsciente”. Podemos explorar ambas posibilidades.

1) Un error de audición significaría que él dijo “dinamita” y Díaz-Pintado oyó “Titadyn”.

No es algo que pueda descartarse sin más. En este sentido, numerosos testimonios ponen de manifiesto las penosas condiciones en que se produjeron durante esas horas las comunicaciones.

Díaz Pintado, por ejemplo, en el juicio, aludió a la “dificultad en las comunicaciones, que hubo muchas esa mañana”.

Por su parte, Cuadro Jaén, en la Comisión (pp. 56 y 64), recordó:

Las comunicaciones eran terriblemente malas, había ruido ambiental, corte de las comunicaciones, y con la tensión del momento —en la que estábamos todos, no sólo los que estábamos sobre el terreno—, puede haber habido un error y es muy justificable. […] Yo le puedo decir a usted cómo estaban esa mañana los teléfonos. Era imposible hablar por ellos, hasta el punto de que en un momento determinado tuve que coger nuestra red de radio para hacer alguna comunicación, porque no había forma, aparte de un ruido ambiental terrible.

Manuel García Varela, ex Jefe de Información de la Guardia Civil, mencionó en la Comisión del 11-M (20 de julio de 2004) que “el follón era propio de ese momento” (p. 73). Y el Jefe superior de Policía de Madrid, Fernández Rancaño, coincidió (Comisión de Investigación, 8 de julio de 2004, p. 34):

[F]íjese en lo que pasó en la mañana del caótico día 11. Se satura de tal manera el espacio radioeléctrico que durante dos horas en Atocha soy incapaz de comunicarme, tenía completamente saturado el móvil y todas las comunicaciones. Todos estábamos así, la prueba está en que el ministro se tiene que ir al Ministerio de Agricultura, porque tampoco podía comunicar, para utilizar un teléfono alámbrico porque por vía inalámbrica era imposible que nos comunicáramos.

Curiosamente, uno de quienes confirman las dificultades a las que se enfrentaron los mandos policiales a este respecto no es otro que el propio García Abadillo, quien, en su libro de 2004 (“11-M. La Venganza”), relatando la famosa reunión en la que se produjo el malentendido sobre el Titadyn, detalla (pp. 38 y 41):

El encuentro tuvo lugar en una sala blindada que hay en la primera planta del edificio que da a la calle de Amador de los Ríos […]. La información se iba recibiendo con cuentagotas. La especial protección de la sala en la que se encontraban dificultaba las comunicaciones telefónicas sobremanera.

Bueno es saberlo.

2) La asociación subconsciente, en cambio, podría haber afectado a los dos por igual. Tal vez Santiago Cuadro dijo “dinamita” y, en efecto, Díaz-Pintado, sin darse cuenta, lo asimiló al Titadyn. Pero, aunque en la anterior entrega argumenté por qué considero más fiable el testimonio de Cuadro Jaén, tampoco me parece descabellado imaginar que este último hubiera dicho efectivamente “Titadyn” inadvertidamente, creyendo haber dicho “dinamita”.

La mente a veces nos juega malas pasadas y es posible verbalizar algo distinto de lo que uno está pensando si en el momento de expresarlo se está más concentrado en lo que pasa por la cabeza (o peor, si es fuera de ella) que en lo que emite nuestra voz. No necesito referencias clínicas. Un mínimo de introspección personal basta para darnos cuenta de esto. Yo mismo recuerdo haber vivido una situación kafkiana en mi primer día de trabajo: la persona que me daba instrucciones se dejó distraer por alguien que se asomó en aquel momento por la puerta (esto lo supe después) y respondió “no” donde debió haberme dicho “sí” (y creyó haberlo hecho), lo cual dio lugar a unas consecuencias embarazosas que ya forman parte de la mitología de mi departamento. Menos mal que ningún enigmólogo pasaba por allí.

Esta posibilidad se refuerza si, además, como hemos visto al hablar de los problemas de comunicación, existían elementos físicos que podían distraer o entorpecer a los intervinientes.
Por otra parte, debe asimismo admitirse que el hecho de que Garzón declarara que un Tedax le había hablado también a él de Titadyn desde uno de los escenarios de la masacre (Atocha) confirma que realmente ese explosivo estuvo al menos en la cabeza de algunos de los artificieros actuantes. Que otro grupo de ellos (Cáceres Vadillo y compañía) pensaran por el contrario que precisamente Titadyn no era lo que había explotado, debería servir al menos como prudente recordatorio de cuán azaroso es el mundo de las conjeturas a bote pronto. Si Cuadro Jaén hubiese hablado con este último grupo y no con quienes (supuestamente) pensaban en el explosivo habitual de ETA… ¿Puede un elemento al que se quiere dar tanta importancia depender crucialmente de algo tan aleatorio como los agentes que un mando policial tiene más a mano? No parece que los conspiracionistas se den cuenta del problema.

Y es que debe recordarse que para el relato conspirativo (al menos en algunas de sus versiones) es fundamental que el dato del Titadyn sea una manipulación. Así lo señalaba Fernando Múgica en un documento tan importante como la primera entrega de sus serie de agujeros negros (EM, 18.4.2004):

En ese momento de máximo desconcierto, sucede algo que provoca que el Gobierno cometa el mayor error de su mandato. Comienza la trampa. […] Siempre de viva voz y sin que nadie ponga todavía nada por escrito se nombra la palabra mágica: Titadine. […] El error al transmitir el informe sólo puede ser intencionado. Ningún experto policial, y menos los especialistas en desactivación de explosivos, podrían confundir Titadine con Goma 2. Los olores que provocan ambas sustancias son tan diferentes como un plátano y una pera. Pero en los primeros momentos de confusión […] produce un efecto multiplicador demoledor.

Opinión que parece compartir Luis del Pino. Mencioné antes un pasaje de “Golpe de Régimen” en el que este autor señalaba que no sería de extrañar una confusión entre “dinamita” y “Titadyne”. Pues bien, unos pocos párrafos después (p. 260), de manera algo desconcertante, dada la anterior reflexión, afirma:

Con la información –falsa– de que el explosivo era Titadyne con cordón detonante (lo que avalaba la tesis de ETA), el Gobierno de Aznar se lanza a tumba abierta en la tesis de la autoría etarra. La trampa estaba tendida y el Gobierno había caído en ella. A partir de ese momento, dejaría de controlar los acontecimientos y de tener acceso a ningún tipo de información útil.

O sea, no había estallado Titadyn y esa era la clave de “la trampa” al Gobierno de Aznar. Pero el libro de García Abadillo y Antonio Iglesias lo que nos cuenta es que fue precisamente Titadyn lo que estalló…

Obsérvese la paradoja inherente en todo esto: primero, al Gobierno (del PP) se le engañó porque no había estallado Titadyn. Luego, al Gobierno (del PP) se le engañó porque había estallado Titadyn. Todo un clásico de la escolástica conspirativa. Produce algo cercano a la apoplejía ver a Múgica escribiendo en 2004, en su primer “agujero negro”, que lo de los trenes no tenía “nada que ver con el Titadine” (por el olor, nada menos) y después, en 2007 (EM, 3.6.2007), que:

[E]n la única prueba de los focos de las explosiones que no fue lavada con agua y acetona aparecen de forma indiscutible dos palabras que son suficientes como para derribar las murallas de Jericó: DNT y nitroglicerina. […] Y todo, porque el DNT y la nitroglicerina, junto a los demás compuestos encontrados, nos lleva a una palabra tabú, que da mucho respeto nombrar: Titadyn.

Repito: el mismo autor que tres años antes había negado la presencia de Titadyn para urdir su relato intrigante. La intriga permanece igual, los datos se vuelven del revés.

Debo reiterar que no existía ni existe la menor base objetiva para atribuir el error del Titadyn a ninguna maniobra dolosa. El asunto del olor tras la explosión, que aducía Fernando Múgica, es particularmente ridículo. Uno de los peones negros que se presentaba como alguien con conocimiento de explosivos, Barbarel, señaló en el blog de Luis del Pino hace tiempo:

Si alguien es capaz de distinguir por el olor la Goma 2 ECO del Titadyne, también podrá distinguir la Mahou de la San Miguel con sólo acercar la nariz. […] Una vez han explosionado distinguir cuál es cuál por el olor es como saber si un coche lleva súper o sin plomo nada más acercarse al tubo de escape.

Seguro que la opinión de un anónimo peón no puede impresionarnos. Pero el jefe de los Tedax, Sánchez Manzano, también desmintió en la  Comisión del 11-M que fuera posible distinguir por el olor una dinamita de otra tras la explosión (pp. 4, 5 y 9 de su comparecencia). No obstante, dada su condición de “tarugo”, “melón” y “asno en materia de explosivos”, en palabras de Pedro J. Ramírez, imagino que su parecer tampoco afectará a los escépticos. Hay alguien, sin embargo, cuya cualificación como experto nadie ha puesto nunca en duda desde El Mundo. Me refiero al Tédax “Pedro”, que desactivó manualmente la mochila de Vallecas y que fue entrevistado por el mismo García Abadillo (EM, 3.3.2005):

P.- ¿El Titadine y la Goma 2 tienen un olor parecido?

R.- Sí, sin duda, es el mismo.

Pero, una vez que se establece un supuesto “hecho”, la “conclusión” que cristaliza en torno a él parece inmune a posteriores rectificaciones o desmentidos de su base. A quien guste de referencias académicas quizá le interese saber que la psicología tiene un nombre para esto: perseverancia de la creencia (belief perseverance; véase, por ejemplo, aquí). Aunque a lo mejor, de forma más pedestre, sólo es que algunos tienen mucho morro.

Pues bien, a ese dato del Titadyn, que, como hemos visto, García Abadillo imputa falsamente a Sánchez Manzano y que no puede ser otra cosa que un error, se le atribuyen consecuencias tremendas. Acabamos de comprobarlo en el caso de Múgica y Del Pino (para ellos, concretamente, es una “trampa”). Y, de hecho, esa comunicación inexacta se describe en el prólogo de “Titadyn” bajo el revelador epígrafe: “el dato que llevó al Gobierno a la tumba”. Llega aquí, por tanto, el momento de valorar la circunstancia de que, cualquiera que fuera su origen, “Titadyn” fue de hecho la información que salió de la reunión de la cúpula policial del día de los atentados.

En este sentido, sea o no producto de la mala fe de Sánchez Manzano o de algún desconocido miembro de la “cuarta trama” (o “tramas negras de Interior”), algunos periodistas han insistido en que esa fue la razón por la que todo el mundo (en particular, el Gobierno del PP) creyó que se trataba de ETA: al Gobierno le engañaron o, como mínimo, lo confundieron y eso explica en gran medida (o completamente) su comportamiento. No cabe duda de que para ciertos individuos se trata de una línea argumental muy atractiva como exoneración de cualquier deficiencia que pudiera achacarse al Ejecutivo de entonces.

Así, en el Prólogo de “Titadyn”, como se recordará de lo que en anteriores entregas denominé “texto de referencia”, el vicedirector de El Mundo sostiene (p. 23):

Decir Titadyn era como afirmar que la autoría era de ETA.

Y añade a los servicios secretos y al Ministro del Interior (p. 24):

[É]se fue uno de los elementos de peso que llevó a los analistas de los servicios secretos a concluir, en la nota que el centro remitió al Gobierno sobre las cuatro de la tarde del día 11 de marzo, que ETA era con casi total seguridad la autora del atentado. Ese dato fue también el que llevó a Ángel Acebes a apuntar sin duda como responsable a ETA en una rueda de prensa que se celebró sobre las tres de la tarde del 11 de marzo.

Sin olvidar una alusión al papel de Baltasar Garzón, como artista invitado (p. 24):

Según una fuente de toda solvencia, el mismísimo juez Garzón estaba seguro de esa misma tesis hasta bien entrada la tarde del día 11. Por la mañana, según declaró ante la comisión de investigación parlamentaria, cuando se encontraba en la estación de Atocha, un oficial de los Tedax le dijo que el explosivo utilizado había sido Titadyn.

A las 16.45 de la tarde de ese mismo día Garzón llamó por teléfono a Juan del Olmo, que ya se había hecho cargo de la investigación. […] Garzón le aseguró al juez instructor que la autora de la matanza era ETA. Conociendo los contactos de Garzón con la Policía, esa afirmación era casi como una garantía de veracidad.

Analizaré estas afirmaciones por partes, tratando de valorar el peso que en el relato conspirativo se concede al nombre concreto de la dinamita.

Empezaré por el final, abordando la referencia a Garzón, que es un aspecto un tanto accesorio, antes de analizar los demás elementos, más sustanciales, en las siguientes entregas.

1) La garantía de Garzón

Las manifestaciones contenidas en el Prólogo firmado por García Abadillo no constituyen una alusión pasajera. Así, en su intervención junto a Antonio Iglesias en el programa de la Cope “La Tarde con Cristina de 2.7.2009, el Vicedirector de El Mundo se expresó en términos similares a los enunciados en su Prólogo, con aditamentos interesantes (16:38):

Lo que yo cuento en el libro es que el propio Garzón, por la tarde, llamó por teléfono a Del Olmo, que en esos momentos se encontraba en el IFEMA, […] y le dijo ‘oye, no os equivoquéis; aquí clarísimamente el responsable de esto es ETA’. La propia Policía, esa tarde, estaba muy convencida de que el responsable era ETA y el CNI hizo un informe, a las cuatro menos cuarto de la tarde, diciendo que era ETA […]. Y, de hecho, el elemento que lleva a cambiar la opinión es precisamente el informe, que nunca se llegó a conocer, el informe de los TEDAX, el informe de Sánchez Manzano sobre el explosivo.

La idea básica que se extrae de estas exposiciones, en lo que ahora atañe a Garzón, es que éste tenía claro (“estaba seguro”) que era ETA. Tan claro, que llamó al juez instructor para expresar su convicción (“no os equivoquéis”). Y su opinión era prácticamente una “garantía” de veracidad… por sus contactos con la Policía. En fin…

Queda claro que, por algún motivo, el coautor de “Titadyn” parece considerar muy relevante e influyente lo que el Sr. Garzón pudiera haber dicho o hecho el día de los atentados. Me cuesta entenderlo. O bien García Abadillo está tratando veladamente de singularizar y representar en términos negativos su actuación, como si de alguna manera hubiera participado, siquiera de refilón, en algún tipo de maniobra intoxicadora (o, como mínimo, en la confusión que “llevó al Gobierno a la tumba”), o bien el episodio no tiene mucho sentido. Como ocurría con la referencia de García Abadillo a “la tesis de Vera” (véase la entrega XXVI), para explicar una reflexión banal que cualquiera podría haber hecho, creo que esta actitud periodística tiene más que ver con la fijación por determinados sujetos y las obsesiones personales que con la pertinencia de la información.

Puestos a escribir sobre el criterio de tal o cual figura jurisdiccional, no sé por qué habríamos de dar tanta importancia a lo que pudiera pensar un juez que pasó por allí (literalmente). ¿Por qué no citar la opinión, por ejemplo, del entonces fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Fungairiño, quien pensó que la culpable era ETA, no durante un rato, como supuestamente hizo Garzón, sino desde el principio y hasta el día 13 de marzo, y ni siquiera descartaba su participación en el momento de declarar ante la Comisión del 11-M (15.7.2004; pp. 44-45)? Ah, porque Garzón, a diferencia de Fungairiño, habla mucho con la Policía… La verdad es que hay algo (no sabría definirlo bien) en esa mención de García Abadillo a los contactos de Garzón con la Policía como garantía de veracidad que me resulta cómico. Enseguida veremos que aquí hay un nuevo caso de referencia circular tan del gusto de algunos investigadores.

Lo del vicedirector de El Mundo es curioso. Para la noticia aquella de la nitroglicerina mentada por Sánchez Manzano y su incompatibilidad con la composición de la Goma 2 ECO, necesitó el soplo de una “garganta profunda”, siendo así que la información llevaba varios días circulando públicamente. Ahora, para determinar la opinión de Garzón sobre la autoría del atentado, García Abadillo recurre a “una fuente de toda solvencia”, que le cuenta que el juez estaba “seguro” de que había sido ETA “hasta bien entrada la tarde del día 11”. Lo curioso, en este último caso, es que la fuente original, es decir, el propio Garzón, había expuesto con toda claridad su propia postura en su declaración ante la Comisión del 11-M. La misma declaración que García Abadillo cita cuando le conviene.

Y, como suele ocurrir, si uno acude a la fuente primigenia, la situación aparece mucho más matizada de lo que García Abadillo pretende hacer creer. En efecto, la comparecencia de Baltasar Garzón ante la Comisión del 11-M (15.7.2004) es bastante inequívoca al respecto. Tras señalar que, en Atocha, sobre las 12:20 horas, un Tedax le comentó “que podía ser Titadyn” y recordar que más tarde (hacia las 13:15, es decir, terminada la reunión de la cúpula policial tantas veces comentada), Pedro Díaz-Pintado le llamó por teléfono para decirle que había sido Titadyn, el juez puntualiza:

[p. 4] Hasta el momento en que el funcionario del TEDAX me hizo ese comentario en Atocha y después también con el comentario de Pedro, que lo que me confirmaba era algo que ya había oído yo en Atocha, tenía el convencimiento —y así lo expresé desde primeras horas de la mañana a los compañeros— de que el atentado parecía que podía ser de terrorismo internacional […]. [p. 9] Cuando tuve conocimiento del atentado —además, así lo comuniqué a alguna persona que habló conmigo— inicialmente yo creía firmemente que era un atentado de Al Qaeda. Estoy hablando de las nueve, de las diez de la mañana, poco después de enterarme, […] yo hice la valoración de que desde luego no era ETA y era Al Qaeda. […] En el momento de oír la palabra Titadyne yo me quedo un poco atento a la situación. […] [p. 15] Yo no sé qué hablaron los funcionarios del TEDAX, el responsable del TEDAX, con el subdirector, etcétera, lo que sí sé es lo que yo oí en ese momento, sobre las 12:20, y luego lo que Pedro Díaz-Pintado me comentó por teléfono al decirme: Parece ser que es Titadyne. En mi caso, lo que eso supuso fue un margen de tiempo relativamente escaso simplemente para dudar, desde luego nunca para abandonar la posibilidad más lógica para mí, que era el tema de Al Qaeda. Incluso creo que a lo largo de la mañana, sobre las 15:00 o las 16:00 horas, hice algún comentario sobre esa duda.

Garzón insiste en destacar cuál había sido su primera impresión, que comunicó a otros (p. 24):

La primera impresión mía […] es que es Al Qaeda, que es terrorismo islamista. […] Incluso me llama un amigo y me dice: Oye, ¿esto qué es? Y le digo: Esto es terrorismo islamista. Esa es mi primera impresión.

Lo que se desprende de su propia declaración de manera diáfana, por tanto, es que el dato del Titadyn simplemente le hace dudar durante “un margen de tiempo relativamente escaso” y sin abandonar “nunca” la tesis de Al Qaeda, que a él le resultaba “más lógica”. De hecho, podemos afinar más en función de las dos ocasiones en que Garzón recibe la información del Titadyn. La primera vez fue hacia las 12:20, por parte de un Tedax presente en Atocha (mala suerte: si hubiera hablado con Cáceres Vadillo y sus hombres, le habrían descartado expresamente ese explosivo). La segunda vez fue a través de una llamada de Díaz-Pintado, una hora más tarde. ¿Qué efecto le produjo la primera noticia? ¿Pasó a abrazar la tesis de ETA ipso facto? Parece que no. En un momento de su declaración, a preguntas de Llamazares sobre la hora de esa primera comunicación, Garzón responde (p. 35):

A las 12:20. Ni yo mismo incidí más en la cuestión […]. Recuerdo que después el fiscal Enrique Molina, me preguntó: ¿Qué crees que es esto? Y yo le dije: Creo que es Al Qaeda. Pero ya no sé. Era todo muy confuso.

Vacilación, confusión… no hay ninguna seguridad a la vista.

Sin embargo, tal vez pudiera pensarse que, tras recibir la “confirmación” de Díaz-Pintado, se lanzaría de cabeza a la hipótesis etarra, ¿no?

Tampoco. Apenas unos minutos más tarde de recibir esa llamada, conoce elementos que le hacen mantener la posibilidad que afirma no haber abandonado nunca:

[pp. 9-10] Luego, cuando yo estaba en El Pozo del Tío Raimundo sobre la 13:25 aproximadamente, el inspector que estaba allí al cargo me comentó […]: don Baltasar, ha aparecido una furgoneta en Alcalá. Le pregunté yo: ¿Había bomba trampa? No. ¿Tenía las matrículas dobladas? No. ¿Dónde fue robada? Parece ser que en Madrid los días 27 ó 28 de febrero […]. Ese dato nuevamente me descolocó porque no es habitual en la organización terrorista ETA.

Todo su proceso mental de aquel día, por consiguiente, se resume de manera sucinta (p. 24):

Aparte de la reflexión de por qué creía yo que no había sido ETA y era Al Qaeda, después al recibir el comentario de que puede ser Titadyne, es cuando me desoriento; posteriormente tampoco me cuadra lo de la furgoneta y, finalmente, por la tarde noche, cuando me dicen lo de la cinta, ya no tengo ninguna duda aunque hubiese sido Titadyne.

Nada que ver, absolutamente nada que ver, con la seguridad en la autoría de ETA que García Abadillo le atribuye. Naturalmente, un conspiracionista siempre podrá acudir a su recurso favorito cada vez que un testigo dice algo que no le gusta: es que está mintiendo. Bueno, todo es posible, aunque no entiendo muy bien el esquema de incentivos que podría explicar una mentira de Garzón en este sentido. Si jugamos a ese juego, a lo mejor el que trampea con la verdad es García Abadillo, con la diferencia de que Garzón habla directamente de lo que él mismo pensaba y dudo que García Abadillo estuviera en el despacho del juez instructor para escuchar a Garzón decirle “oye, no os equivoquéis; aquí clarísimamente el responsable de esto es ETA”. De modo que, en el mejor de los casos, el vicedirector de El Mundo nos cuenta lo que a él le ha contado un pajarito que Garzón le contó a Del Olmo. Muy sólido no parece.

Ah, y ya conocemos “los contactos de Garzón con la Policía” en este asunto: un anónimo Tedax y, en particular, Pedro Díaz-Pintado, que le llama después de concluida la célebre reunión del mediodía en el Ministerio del Interior. En realidad, la palabra de Garzón, en este punto, no tiene más “garantía de veracidad” que la de basarse en el mismo dato, y con el mismo origen, que todos los demás mandos policiales habían recibido en esa reunión. Garzón, por tanto, no permite confirmar nada de manera independiente, más allá de una referencia a una información tentativa de algún Tedax sobre el terreno, cuando no había más que hipótesis (algunas contradictorias), primeras impresiones… y ningún análisis químico.

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Publicado el último (excelente) artículo de Rasmo.

Puede haber algún error (espero que No) porque lo publiqué ayer a toda mecha antes de irme una semana de viaje... (Sí, otra vez)

Volveré en unos días

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (XXXIII)

2) La Policía, toda entera

Una vez despachado el asunto más secundario, procede analizar el núcleo del razonamiento que parece guiar la insistencia en la importancia que supuestamente tuvo ese dato del “Titadyn con cordón detonante”.

Casi dos años antes de la publicación de “Titadyn”, García Abadillo había escrito (EM, 18.6.2007):

[E]l comisario jefe de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, le dice por teléfono [a Díaz-Pintado] que el explosivo es «Titadyn con cordón detonante». Ese dato, según los testimonios de todos los mandos policiales ante el tribunal, llevó a pensar que, efectivamente, la masacre había sido obra de ETA. […] Ese mismo día, en una reunión celebrada a las 17.00 horas, esta vez en el despacho del director general de la Policía, el ahora denostado Agustín Díaz de Mera, el propio Cuadro Jaén le dijo a Díaz Pintado que no se trataba de Titadyn, sino de una dinamita de la que todavía no se sabía la marca. Fue a partir de entonces cuando la hipótesis de la autoría de ETA comenzó a perder fuerza. Porque, si no era Titadyn, según la versión de los jefes policiales, casi seguro que no era ETA.

El argumento parece bastante claro: Titadyn = ETA; no Titadyn = no ETA. Y, para ello, el vicedirector de El Mundo se ampara, una vez más en las supuestas declaraciones de los jefes de la Policía.

Doy por sentado que García Abadillo no puede estar incluyendo entre esos mandos al Comisario General de Seguridad Ciudadana, Cuadro Jaén, ni al Jefe de los Tedax, Sánchez Manzano. El primero niega incluso haber dicho Titadyn, así que difícilmente podrá admitir que ese elemento, para él inexistente, hubiera determinado las primeras opiniones. El segundo no goza de credibilidad en las filas conspirativas y supongo que todo lo que diga se interpretará en clave suspicaz. Pero quizá no esté de más saber lo que pensaban al respecto, para tener una visión de conjunto más equilibrada de lo que dan a entender las afirmaciones del coautor de “Titadyn”. Recordemos, de paso, que Santiago Cuadro se ha librado milagrosamente del dedo acusador de Pedro J. Ramírez, que, en su papel de Zola hispánico, imputa tropelías a casi toda la cúpula policial menos al entonces responsable de Seguridad Ciudadana.

[Lo cual debe de ser un despiste (bastante llamativo, dadas las circunstancias), pues en alguna ocasión anterior, el director de El Mundo lo había hecho objeto de su pródiga suspicacia: “[N]uestra democracia tiene desde hoy una asignatura pendiente: investigar a los investigadores. Concretamente, al jefe de los Tedax Sánchez Manzano, a su superior directo Cuadro Jaén, a la cúpula de la Policía Científica, al juez Del Olmo y a la fiscal Olga Sánchez” (PJ, EM, 20.5.2007).]

El caso es que Cuadro Jaén no parecía estar de acuerdo con el coautor de “Titadyn” en su comparecencia en la Comisión del 11-M (p. 57):

[D]e haberse pronunciado [la palabra “Titadyn”], fruto de la presión, de las comunicaciones, […] para nosotros, y desde el punto de vista de la investigación, tampoco tiene más trascendencia. En ese momento no tiene ninguna trascendencia. […] Por tanto, para nosotros, por lo menos para mí y en ese momento, lo mismo que para el subdirector operativo, no hay que atribuir mayor importancia al nombre. Él dice e interpreta lo que cree que yo dije, y está en su verdad. Yo digo lo que recuerdo que dije, y estoy en mi verdad.

Enseguida veremos que no es el único que pensaba así, pero atendamos al testimonio de Sánchez Manzano en la misma Comisión:

[p. 5] El señor DEL BURGO TAJADURA: Por lo tanto, el hecho de que la dinamita no fuera Titadyne, algo que todavía no se sabía en el momento en que comienzan las investigaciones, ¿podía excluir a priori la autoría de ETA?

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Policialmente no podemos excluir ninguna hipótesis. Tenemos que tener abierta la mente a cualquier premisa para formular cualquier hipótesis que se vaya dando.

El señor DEL BURGO TAJADURA: […] Aunque ustedes hubieran sabido desde el primer momento que era Goma 2, ¿eso les
conducía al terrorismo islámico? Es que da la impresión de que si era Titadyne, era ETA, y si era Goma 2, eran los terroristas árabes. ¿Eso se puede afirmar? ¿Se puede decir que porque no fuera Titadyne y fuera Goma 2 esto nos conducía necesariamente al terrorismo islámico?

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Ya le he dicho antes que, como investigador, hay que tener la mente abierta a todas las hipótesis hasta que no se contrastan los datos, y con mayor motivo en mi unidad, porque solamente manejamos datos contrastados. No podemos trabajar sobre algo que no sea cierto, sino sobre hechos que se vayan asentando.

[…]

[pp. 13-14] El señor OLABARRÍA MUÑOZ: […] Cuando usted supo que el explosivo utilizado era Goma 2 ECO, ¿tuvo algún tipo de percepción, realizó algún tipo de especulación para su fuero interno respecto a la autoría?
El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): No, mantuve abiertas todas las hipótesis, como policialmente debemos de hacer en todo hasta que no se contrastan los datos, todas las hipótesis hay que tenerlas abiertas. […]

Puesto que al entonces Jefe de los Tedax se le acusa de haber transmitido el dato del Titadyn para confundir (engañar) al Gobierno, hacerle “picar el anzuelo” de ETA, y luego redirigir las sospechas hacia otro explosivo y, por tanto, hacia otros autores y, por tanto, dejar por mentiroso al Gobierno y, por tanto, dar un vuelco electoral y… no está mal saber que él mismo no pensaba que el tipo de explosivo fuera determinante. Es curioso que se le atribuyan conductas cuyo mecanismo causal él mismo no acepta. Claro que, como Sánchez Manzano es tan malo, a lo mejor simplemente estaba mintiendo al hacer las declaraciones que se acaban de referir. Lo que es mucho más difícil de pasar por alto es el hecho de que, en este punto, el representante del Grupo Popular en la Comisión, Del Burgo, coincidía con el Jefe de los Tedax. Quizá merezca la pena reflexionar sobre esto en otro momento.

Ya sabemos que a García Abadillo probablemente le gustaría ver en la cárcel a Sánchez Manzano, entre otras cosas, porque éste dijo en alguna ocasión “siempre” o “nunca” donde tal vez debió haber dicho “casi siempre” o “casi nunca”. Pues bien, obsérvese que, en su antes citado artículo de 18.6.2007, el vicedirector de El Mundo no está diciendo que la conclusión Titadyn = ETA fuera compartida por “la mayoría” de los mandos policiales; ni siquiera por “casi todos”. No; él habla de “todos los mandos policiales ante el tribunal”.

Si no me equivoco, de los mandos policiales presentes en la famosa reunión del día 11 de marzo, sólo tres prestaron testimonio ante el tribunal: Díaz-Pintado, De la Morena y Díaz de Mera.

Es cierto que los dos primeros señalaron la importancia del dato del Titadyn como refuerzo de la hipótesis de ETA, aunque en términos menos contundentes de lo que tal vez quiera dar a entender García Abadillo. A este respecto, si uno acude al testimonio del ex Subdirector General Operativo de la Policía con los hechos más frescos, es decir, ante la Comisión del 11-M (8.7.2004), surge un panorama mucho más atenuado que la simple descripción del vicedirector de El Mundo:

[p. 45] Díaz-Pintado: [E]n temas de terrorismo, genéricamente, no hablando de ETA, lo que hay que ver es lo que se tiene entre manos y cómo se va avanzando, porque decir: Titadyne igual a ETA, no Titadyne ya no es ETA, me parece que es una equivocación y que no se puede trabajar así. A veces ETA ha utilizado otro tipo de explosivos, dinamitas que no sean Titadyne. […] Entonces, pontificar en ese sentido creo que es hasta peligroso.
[…]
[p. 61] Llamazares: El señor De la Morena nos dijo ayer que la información sobre el Titadyne fue el elemento determinante que orientó la investigación hacia ETA […] ¿Qué opinión tiene?

Díaz-Pintado: Es posible, pero eso ya es un hecho indemostrable. Es decir, ¿si no hubiera aparecido lo del Titadyne, no hubiéramos hablado de ETA? Es posible, pero no tiene una contestación concreta, porque es imposible. Lo que sí es cierto, […] es que no cabe duda que al hablar de Titadyne […] lo asociamos con ETA, de eso no cabe duda.

La verdad es que, visto así, el asunto se difumina. Pero olvidemos estas sutilezas y centrémonos en la cuestión de “los testimonios de todos los mandos policiales ante el tribunal”. Resulta que uno de esos tres mandos policiales que declararon en el juicio, nada menos que el ex Director General de la Policía, Díaz de Mera, expuso en dicha ocasión algo bien distinto de lo que aduce García Abadillo:

[L]a información de Titadyne con cordón detonante, claro, como se ha dicho en multitud de ocasiones, aunque yo no lo comparto en absoluto, al cien por cien, Titadyne puede ser o podría ser igual a ETA, pero hay otras muchas veces que Titadyne, no era igual a ETA, así es que el Subdirector General Operativo estaba preocupado por eso.

Nada nuevo, de hecho, pues, Díaz de Mera había dejado muy clara esta postura en la Comisión del 11-M, donde se explayó al respecto:

[p. 7] El señor EX DIRECTOR GENERAL DE LA POLICÍA (Díaz de Mera y García-Consuegra): No, señoría. Yo no entiendo como condición sine qua non la adjudicación de una autoría en función de que se utilice tal o cual explosivo, pero como usted bien sabe no todo el mundo opina lo mismo que yo. En lo que yo fundamento mi opinión es en la experiencia y en el sentido común, y la experiencia me dice que no siempre ETA ha sido igual a Titadyne, aunque sí es cierto que en la reciente historia, en muchas ocasiones, ETA ha sido igual a Titadyne.

[…]

[p. 17] El señor JANÉ I GUASCH: […] También se descubrió que el hecho de errar en esa comunicación realmente llevó a un convencimiento por parte de todos los que estaban allí de que si la marca era Titadyne la autoría era de ETA, lo que fue un error relevante a hora de intentar buscar la autoría.

El señor EX DIRECTOR GENERAL DE LA POLICÍA (Díaz de Mera y García-Consuegra): Ya he dicho antes que no. No hay necesariamente por qué establecer una relación causa-efecto entre la dinamita Titadyne y la comisión de un atentado. Sinceramente yo digo que no. También digo que los que afirman lo contrario seguramente tienen razones de peso para afirmarlo, pero usted me pregunta y yo le respondo.

[…]

[p. 20] El señor PUIG CORDÓN: Ha dicho que todos los presentes en la reunión habían entendido la palabra Titadyne. […] ¿Esa fue la pieza clave para confirmar la línea de ETA?

El señor EX DIRECTOR GENERAL DE LA POLICÍA (Díaz de Mera y García-Consuegra): Para mí no.

En este sentido, la declaración del ex Director de la Policía en la Comisión incluyó una importante observación que ya señalé en su momento y que coincide con lo manifestado por Cuadro Jaén al respecto (p. 17):

[A]hora le damos una importancia muy grande a ese hecho, que sin duda lo tiene, pero es una importancia descontextualizada. Tiene una fijación temporal contemporánea, no en aquel momento.

Sabias palabras de alguien que no se ha caracterizado precisamente por despreciar a la prensa conspiracionista. En cualquier caso, queda patente que, cuando el vicedirector de El Mundo afirma que el dato del Titadyn fue lo que llevó a pensar en ETA, según testimonio de “todos los mandos policiales ante el tribunal”, está faltando a la verdad… una vez más. Verle a él impulsando y aplaudiendo querellas por falso testimonio es una experiencia muy edificante.

Por cierto, para concluir las apreciaciones policiales, cabe señalar que en el juicio del 11-M, en la sesión de 21.5.2007, unos peritos de la Policía insistieron en relativizar la importancia del tipo exacto de explosivo, señalando que, aunque se hubiera utilizado Titadyn en los trenes, ello no habría implicado necesariamente la participación de ETA, dado el cúmulo de evidencias en sentido contrario (véase EM, 22.5.2007). Huelga decir que ello suscitó reacciones muy poco amables desde El Mundo (editorial, 22.5.2007;  Losantos, 23.5.2007).

3) Un CNI poco inteligente

Pasemos ahora a los servicios secretos, que también se mencionan en el Prólogo de “Titadyn”. Ya el 20 de noviembre de 2006 García Abadillo había señalado:

El Gobierno trasladó dicha información [“Titadyn con cordón detonante”] al CNI, quien la dio por buena y la utilizó para realizar el informe en el que se apuntaba la autoría de ETA.

Ese informe es uno de los documentos que el Gobierno saliente del PP desclasificó e hizo públicos el día 18 de marzo de 2004, para justificar su gestión del 11-M.

Con carácter incidental, resulta curioso comprobar que existe una divergencia entre la cronología facilitada por el PP en el documento “Toda la verdad, en tiempo real”, donde ese informe del CNI se sitúa a las 15:51, y la cronología de la “secuencia de hechos” recogida en otro documento facilitado también al público en el mismo dossier, donde se sitúa esa nota del CNI entre la reunión de la cúpula policial en la Secretaría de Estado (“de 12 a 13 horas”) y la comparecencia de Acebes (“a las 13:30 horas”). Algo así habría dado para algún que otro enigma en las manos adecuadas y no ha faltado quien, desde las filas críticas con la actuación del Gobierno popular, haya discutido ese informe del CNI basándose en consideraciones horarias. De hecho, parece que diversos indicios podrían sugerir que la nota se redactó a una hora más temprana. El País informó en su día que “el informe se fraguó en una reunión que, a las 10 de la mañana del 11 de marzo, celebró Dezcallar [director de los servicios de inteligencia] con los expertos del CNI en ETA y terrorismo islamista” (EP, 10.3.2005). Pero ese aspecto no es lo que aquí más interesa y no voy a entretenerme en él [aunque, nótese que, si fuera cierto que el informe del CNI se redactó con información de primera hora, difícilmente podría haberse visto influida por la noticia del “Titadyn con cordón detonante”].

Para discutir las afirmaciones de García Abadillo basta con aceptar la nota del CNI en sus propios términos.
Repasemos antes sucintamente la leyenda urbana que nos han vendido El Mundo y aledaños: los análisis de los Tedax ofrecen sus primeros resultados hacia las 14 horas, momento en que se llama a Díaz Pintado y se le comunica que el explosivo es “Titadyn con cordón detonante”, dato que a su vez arrastra a Policía, servicios de inteligencia y Gobierno a la hipótesis de ETA como autora de la masacre, confusión de la que además Sánchez Manzano es responsable directo.

Pues bien, el vicedirector de El Mundo conocía perfectamente la nota del CNI a la que alude en su Prólogo. No se limita a citarla de oídas. Y sabemos que la conoce (no puede no conocerla) perfectamente porque, como ya vimos, su publicación fue entonces noticia de portada en su propio diario (19.3.2004). De hecho, el referido documento se reprodujo fotográficamente en las páginas del rotativo. Y eso no es todo. El informe del CNI contiene un párrafo tachado en su segunda página. Pero García Abadillo, en la página 49 de su libro de septiembre de 2004, “11-M. La Venganza”, desvela el contenido de dicho párrafo. Es decir, el vicedirector de El Mundo conoce ese documento casi mejor que nadie. Por lo demás, no se trata de un texto enrevesado y prolijo, con cientos de páginas de apretada prosa y notas al pie de difícil seguimiento. Es una simple comunicación de dos páginas y unos pocos párrafos. Aprehender su contenido no puede llevar más de un par de minutos. Y allí, en su primera página, en el cuarto de sus párrafos (la segunda de las “circunstancias” destacadas) puede leerse con toda claridad que el CNI ofrece sus apreciaciones sobre la autoría “A falta de resultados de los análisis periciales sobre composición y características de los artefactos”…

¿Hace falta repetirlo?

No se puede tener todo. No se puede insinuar o afirmar que la información sobre el “Titadyn con cordón detonante” procede de los análisis de los Tedax y aducir como muestra de la relevancia de ese dato un informe que explícitamente niega estar basándose en esos análisis.

Pero es que, además, sabemos que en El Mundo eran conscientes de que las valoraciones del CNI no se basaban en datos concretos obtenidos de la investigación policial en marcha, sino en consideraciones genéricas. Lo sabemos porque el diario de García Abadillo así lo señaló repetidamente en sus propias páginas el mismo día 19 de marzo de 2004 en que daba cuenta de los documentos desclasificados por el Gobierno de Aznar.

De este modo, Victoria Prego, indicaba en una columna:

[E]l grado de eficacia de los servicios de Información […] deja mucho que desear. Lo que se le pide a los expertos es que vayan un poco más allá que el común de los mortales, y lo que se expone en el Documento 3 es la repetición de lo que todos nos decíamos a esa hora.

Más claro es el editorial de El Mundo de ese mismo día:

Este informe, realizado en la mañana del mismo día 11, se limita a un análisis general sobre la estrategia de la banda y especula de forma tópica sobre sus intenciones.

Pero lo mejor es el artículo donde se reproduce ese documento del CNI:

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) consideró en la mañana del jueves que el autor «casi seguro» del atentado era ETA por argumentos de análisis político, no de hallazgos en relación con el atentado.

Cómo cambian las cosas.

4) Lo que se cuece en el Ministerio

Y nos queda por ver la actitud de Acebes, a quien también se menciona en el Prólogo de “Titadyn” como una especie de víctima de la desinformación del malvado Jefe de los Tedax. En una anterior entrega discutí la referencia que García Abadillo hace a la supuesta rueda de prensa de Acebes sobre las tres de la tarde, cuestionando la fiabilidad de su cronología. No repetiré mis argumentos. Lo que ahora procede es examinar el peso singular que ese simple dato del explosivo pudo haber tenido en la postura del Ministro del Interior y, por extensión, del Gobierno.

Personalmente, siempre he preferido, en la medida de lo posible, acudir a las fuentes originales prescindiendo de intermediarios interpretativos. Cuando el intermediario es alguien como García Abadillo, ese criterio se convierte casi en una necesidad intelectual profiláctica. Resulta que, en esto del Titadyn = ETA/no Titadyn = no ETA, la opinión de la cúpula del Ministerio del Interior la conocemos de primera mano, pues tanto el Secretario de Estado, Ignacio Astarloa, como el propio Ministro Acebes se refirieron a ello en sus correspondientes comparecencias ante la Comisión del 11-M (18.11.2004 y 28.7.2004, respectivamente). Aclaro que no estoy juzgando si las razones que dan son o no verosímiles. Me limito a referir las explicaciones que de sus propias posturas ofrecen los interesados.

Así, el Secretario de Estado, bajo cuya presidencia se celebró la reunión tantas veces aludida, no dejó lugar a dudas:

[p. 11] [S]e estaba trabajando con la reacción necesaria, pensando en que había sido ETA. Todo esto, antes de saber la famosa cuestión del Titadyne con cordón detonante. [p. 13] [L]o del Titadyne, era un elemento añadido más que venía a redundar en lo que ya en principio se había establecido, que es que era la autoría de ETA.

[p. 39] [En] esa reunión […] se llegó a una conclusión a la que se añadió el elemento de la dinamita Titadyne. Se lo digo de otra manera: no hubiese dejado de existir la misma convicción si no hubiese existido el dato. Es verdad que el dato viene a reforzar, pero en todo caso el error lo hubiésemos cometido igual antes que después.

Y recordemos la segunda parte del argumento de García Abadillo, tal como la expresó en su artículo de 18.6.2007: “si no era Titadyn, según la versión de los jefes policiales, casi seguro que no era ETA.” La verdad es que Astarloa no parecía tenerlo tan claro y, respecto a la aparición de Goma 2 ECO, señaló (p. 40):

[E]so en sí mismo y por sí solo no descarta las hipótesis ni ninguna de las dos vías y hay que seguir en las dos vías.

No muy distinto de lo que había declarado Sánchez Manzano (“hay que tener la mente abierta a todas las hipótesis”).

Por su parte, Ángel Acebes fue igualmente preciso:

[p. 4] [L]a información que los servicios de seguridad, Policía Nacional, Guardia Civil y Centro Nacional de Inteligencia, transmitieron al Gobierno desde el primer momento es que se trataba de un atentado de ETA. […] [p. 14] Lo que a mí me trasladaba permanentemente [el Secretario de Estado de Seguridad, Astarloa] durante esa mañana en la que hablamos en distintas ocasiones era que la valoración […] por los precedentes y por el modus operandi, era que se trataba de la organización terrorista ETA, con toda claridad y con toda rotundidad. Nadie apuntaba en otra dirección, esto es lo cierto. A lo largo de la mañana, antes de aparecer el dato del Titadyne con cordón detonante, el secretario de Estado de Seguridad ya me había transmitido que la valoración que habían hecho los mandos policiales y los responsables de la lucha antiterrorista decía que se trataba de la organización terrorista ETA sin ninguna duda […]. [p. 15] No había aparecido todavía el dato del Titadyne con cordón detonante cuando la conclusión que me transmitió el secretario de Estado de Seguridad era que se trataba de la organización terrorista ETA. […] La valoración inicial que se realiza no es por un dato, no es por una información del Titadyne, es por una valoración de conjunto en la que se apunta: Esto es de la organización terrorista ETA […].

Y, también sobre el pretendido debilitamiento de la hipótesis de ETA con la aparición de la Goma 2 ECO (p. 22), dirigiéndose al diputado Jané i Guasch:

¿Para usted, que apunta hacia el terrorismo islamista, la aparición de Goma 2 ECO era suficiente para que yo pudiese decir que era preferente el terrorismo islamista? Con lo que sabe usted a día de hoy, puesto el día 12, ¿porque aparece la Goma 2 ECO, usted hubiese dicho: Ah, Goma 2 ECO, terrorismo islamista? ¿De verdad? Esto no lo ha dicho ningún mando policial ni nadie lo puede afirmar.

Como no creo que García Abadillo conozca las razones de Acebes mejor que el propio Acebes y dado que las declaraciones de éste eran y son de dominio público, debo concluir que el vicedirector de El Mundo no se ha molestado en documentarse antes de opinar o, si lo ha hecho, no tiene empacho en tergiversar la información disponible. La pauta empieza a ser demasiado evidente.

Ya habíamos comprobado antes que la narración de García Abadillo fallaba en la mera descripción de hechos elementales (como la cronología de la comunicación y el origen de ésta), pero ahora podemos ver que tiene otro problema de base. Y es que el sustrato teórico, el mecanismo causal según el cual Titadyn = ETA, no sirve para explicar los datos conocidos.
Como ya he mencionado, no es difícil entender el atractivo que su planteamiento puede tener para ciertos sectores de opinión. De manera no demasiado velada, la idea que subyace en toda esta narrativa, conscientemente o no, sirve para eximir en gran medida al Gobierno del PP de cualquier responsabilidad grave: su comportamiento le vino condicionado, dictado, determinado… no fueron dueños de sus actos ya que de la información errónea (¿falsa?) que le suministraron se deducía ineludiblemente una sola conclusión: ETA. Por tanto, el control lo tiene quien maneja esa información (en particular, Sánchez Manzano, “falsificador y golpista” –Losantos dixit–). El Gobierno del PP fue un pelele al que torearon como quisieron. Este tipo de consideraciones, por cierto, son muy del gusto de Luis del Pino  o Jiménez Losantos  (recuérdense algunas de las citas de mi entrega XXVI).   

Pero, si esto es así, si el PP no hace nada por su propia iniciativa, sino que todo le viene impuesto de fuera, deberíamos observar un comportamiento acorde con esa teoría, que, repito, es muy simple: “«Titadyn con cordón detonante» […] llevó a pensar que […] la masacre había sido obra de ETA. […] [Pero] si no era Titadyn, […] casi seguro que no era ETA” (CGA, EM, 18.6.2007). De acuerdo, a Acebes le dicen que es Titadyn y acusa a ETA. Pero, ¿qué ocurre cuando le señalan que no es Titadyn, cuando se sabe concretamente que se ha descubierto Goma 2 ECO? Un pelele, un autómata, debería rectificar y, según la teoría de marras, afirmar que “casi seguro que no era ETA”.

Y ya hemos visto que ni el Director de la Policía ni el Secretario de Estado ni el Ministro compartían esa opinión en la Comisión del 11-M. Pero hay algo mejor y más convincente que esas declaraciones posteriores: el comportamiento, contemporáneo a los hechos, del propio Acebes. El Ministro del Interior, en efecto, compareció ante los medios hacia las 18:15 horas del día 12 de marzo de 2004, cuando ya se había descubierto la mochila de Vallecas y se sabía que el explosivo hallado era Goma 2 ECO. El contenido de esa rueda de prensa se transcribe en las conclusiones del Dictamen de la Comisión de Investigación (Boletín Oficial de las Cortes Generales, Congreso, Serie D, nº 242, de 14.7.2005, p. 78):

18.14 Rueda de prensa del Ministro del Interior:

«En cuanto a las novedades que les puedo decir desde mi comparecencia de ayer por la tarde, durante la noche ha aparecido una bolsa de deportes que contenía un explosivo, en concreto dinamita. La dinamita es Goma-2, es Goma-2 ECO, es una modalidad más reciente que la dinamita Goma-2. […] Hemos estado también analizando el modus operandi respecto a como operan otras organizaciones terroristas y muy en concreto la organización terrorista ETA. […]»

Pregunta del periodista sobre detonadores y explosivos.

Respuesta del Ministro: «Sí, el detonador y los explosivos, bueno, ustedes saben que la Goma-2 es un explosivo de fabricación española y que es una de las marcas de fabricación española y, por tanto, es posible que se haya adquirido en España. […]»

Pregunta del periodista sobre líneas de investigación y si ETA sigue siendo la principal línea de investigación.
Respuesta del Ministro: «Sí, sigue siendo la principal línea de investigación. […]»

Pregunta del periodista sobre explosivo.

Respuesta del Ministro: «ETA ha utilizado Goma-2, como todos ustedes lo saben, en el pasado. Recientemente utilizaba Titadyne cuando eran atentados que provenían de Francia y ha utilizado Goma-2 esencialmente cuando se producía por robos realizados en España. Goma-2 ECO es la Goma-2 que antes utilizaba ETA en una modalidad más actualizada, pero es un tipo similar al de la Goma-2 que tradicionalmente venía utilizando ETA».

Por tanto, el simplista mecanismo causal sugerido por la tesis del Gobierno “zombi” queda bastante en entredicho, lo cual tiene implicaciones para la supuesta iniquidad de algunos policías continuamente denostados. Cuando se le dice que es Titadyn, Acebes señala a ETA. Cuando se le desmiente que sea Titadyn y se le afirma que es Goma 2 ECO, Acebes sigue señalando a ETA. ¿Ese “empecinamiento” (si queremos llamarlo así) también es culpa de Sánchez Manzano?

Debo aclarar que no estoy juzgando la actuación del entonces Ministro del Interior. No necesito (ni deseo) valorar si tenía o no motivos para sus manifestaciones; no estoy acusándole de nada. Que nadie se equivoque. Lo que estoy haciendo es evaluar la solidez del relato planteado por determinados periodistas, examinando su base teórica en sus propios términos. Son ellos quienes afirman que un solo dato (o su ausencia) llevaba a una hipótesis (o a su contraria); son ellos los que definen ese dato como el que “llevó al Gobierno a la tumba”. Yo me limito a comprobar que tal aserto no se sostiene examinando (sin juzgarlo) el comportamiento real de los actores involucrados, así como sus propias declaraciones, acordes con dicho comportamiento. Y, una vez más, parece que el Director de la Policía, entre otros, tenía bastante razón cuando señalaba:

[A]hora le damos una importancia muy grande a ese hecho, que sin duda lo tiene, pero es una importancia descontextualizada. Tiene una fijación temporal contemporánea, no en aquel momento.

En cualquier actividad investigadora normal suele ocurrir que, si el presupuesto fáctico no se corresponde con la realidad y, además, sobre esos hechos inexactos se pretende aplicar una teoría endeble, los resultados son penosos.

Aun suponiendo que “Manzano y sus manzanitas” (Losantos, EM, 20.12.2006) o los oscuros miembros de la “cuarta trama” carecieran de todo escrúpulo, existe algo que se llama racionalidad instrumental. Es absurdo plantear que unos miembros de las fuerzas de seguridad van a tratar de provocar un vuelco electoral acudiendo a una maniobra cuya viabilidad es absolutamente incierta para alcanzar el resultado de que se trata. Lo repetiré una vez más, aunque provoque hastío: el relato que asume la trapacería en relación con la marca de la dinamita depende críticamente de aceptar el mecanismo causal según el cual “el explosivo determina la autoría” (García Abadillo, Veo7, 8.3.2011, 4:27). Pero, como hemos visto, ni el propio Sánchez Manzano (“todas las hipótesis hay que tenerlas abiertas”), ni el Jefe de éste (Cuadro Jaén: “desde el punto de vista de la investigación, tampoco tiene más trascendencia”), ni el Director de la Policía (Díaz de Mera: “Yo no entiendo […] la adjudicación de una autoría en función de que se utilice tal o cual explosivo”), ni su número dos (Díaz-Pintado: “Titadyne igual a ETA, no Titadyne ya no es ETA, me parece que es una equivocación y que no se puede trabajar así”), ni el Secretario de Estado de Interior (“no hubiese dejado de existir la misma convicción si no hubiese existido el dato”), ni el Ministro del ramo (“no es por un dato, no es por una información del Titadyne”) aceptaban la premisa... Es llamativo constatar cómo, quienes postulan la tesis del terrorista perfecto para rechazar la posibilidad de que los imputados actuaran como sostiene la versión oficial son en cambio mucho más laxos en sus atribuciones maliciosas respecto a los servidores del Estado. Curiosa asimetría.

Ilustraré esta idea de manera más gráfica con un ejemplo deliberadamente ridículo y exagerado. Imaginemos que alguien comienza a construir un discurso que atribuye consecuencias políticas trascendentales (cambiar el curso de la historia, etc.) a la práctica de magia negra por parte de un mando policial. Pensemos que, en función de ese marco interpretativo, se pretenden explicar comportamientos supuestamente “extraños” y “enigmáticos” consistentes en que a dicho agente se le han hallado objetos personales ajenos en su despacho: ah, se llevó un bolígrafo del Ministro, un mechero del Secretario de Estado, un peine del Presidente… está claro: iba a hacer vudú para que sus jefes políticos perdieran las elecciones. Si esa fuera la explicación, si ese fuera el razonamiento propuesto, no debería distraernos demasiado: es obvio que, aunque ignorásemos la causa precisa de esos hechos “misteriosos”, ésta casi con toda probabilidad sería inocua a los efectos pretendidos (un despiste, una confusión, un impulso coleccionista, quizá incluso cleptómano…). Que algo nos sea desconocido no significa que debamos rellenar nuestra ignorancia con presunciones maléficas. En el caso concreto que nos ocupa, ya hemos comprobado que muchos de los supuestos “hechos” de base pierden todo su halo de misterio cuando se los examina cabalmente sin retoques ni añadidos. Lo que mi reflexión sobre lo absurdo del marco explicativo conspiracionista significa en este punto es que, incluso aunque tales “hechos” fueran ciertos (y es mucho suponer), lo más probable es que obedezcan a razones tal vez ignotas, pero inocentes.

La anterior reflexión incide también en un constante alegato de los medios conspiracionistas según el cual ellos no manejan teorías, sino sólo hechos desnudos (por ejemplo, editoriales de El Mundo de 24.1.2007, 12.2.2007, 15.2.2007 y 19.2.2007). A este respecto, es particularmente ilustrativa la pretensión de García Abadillo (Veo7, 8.3.2011, 5:36) según la cual lo suyo es sólo dar “datos”, pero “no sospechas, no razonamientos lógicos, sino datos que te hacen pensar”; es decir: “el problema es que lo que no podemos hacer es dar razonamientos brillantes pero que no nos llevan a ningún sitio”, lo que hay que hacer es  “basarse en datos, en información”.

Aparte de que esto es falso [claro que manejan teorías y “razonamientos” (aunque no necesariamente brillantes): ¿qué otra cosa es el cuento de “las piedras de pulgarcito” (editoriales, EM, 13.3.2006, 5.3.2007)? ¿o la “teoría de la manipulación” (Pedro J., EM, 19.3.2006)?], los “hechos”, los “datos”, rara vez nos dicen nada por sí mismos. Es el relato causal (explícito o implícito) lo que encadena y da sentido a esos hechos, lo que permite considerarlos pertinentes o irrelevantes.

El juego de las insinuaciones y las sospechas  puede ser muy atractivo y rentable a efectos mediáticos, pero la cuestión es bastante sencilla: cuando uno publica referencias a “algunas casualidades, como el apagón que se produjo en el laboratorio [de la Policía Científica, donde se realizó la pericia de explosivos ordenada por el tribunal] justo después de la aparición del DNT” (CGA, EM, 18.6.2007), o bien está defendiendo la teoría de que unos agentes oficialistas sabotearon la grabación de las cámaras para contaminar con DNT el resto de las muestras, o bien, de lo contrario, esos hechos no significan nada. Cuando alguien publica el “hecho” de los “ascensos, promociones y subidas de sueldo” (EM, 26.6.2008) de los “cargos que manejaban la información relevante del 11-M”, o bien sostiene la teoría de que esos mandos con nombres y apellidos ocultan venalmente siniestras circunstancias sobre el 11-M (como efectivamente aduce García Abadillo el 12.3.2007), o bien ese hecho no quiere decir nada. Cuando alguien publica el “hecho” de que “Sólo la Goma 2 ECO que custodiaban los Tedax está contaminada con DNT” (EM, 28.2.2007), o bien está proponiendo la teoría de que los Tedax contaminaron las muestras (como efectivamente sugiere el editorial del mismo día), o bien ese “hecho” no lleva a ninguna parte. Y, concluyo, el relato conspirativo hace aguas en sus presupuestos lógicos tanto o más que en los fácticos. Si “Titadyn = ETA / no Titadyn = no ETA” es una base explicativa deficiente (como sin duda lo es), el hecho de que alguien pudiera equivocarse o no en una llamada telefónica resulta inane a efectos de pergeñar una conspiración golpista.

Porque eso es en gran medida el discurso conspirativo en torno al 11-M: una acumulación de naderías fácticas amontonadas sobre razonamientos espurios. En Leganés aparece un cadáver con los pantalones al revés; ya está: nadie se suicidó allí, todo fue “teatro”. Un mando policial sin conocimientos técnicos sobre explosivos suelta el nombre de una sustancia en el Parlamento; ya está: nos han dado el cambiazo y el sumario se viene abajo. Otro mando policial creyó haber oído una marca concreta de explosivo en una comunicación que no se basaba en análisis químico alguno; ya está: al Gobierno del PP lo engañaron diciéndole una mentira, porque no era Titadyn… ¿o era diciéndole la verdad, porque sí era Titadyn? Y así una tras otra.

Wars not make one great