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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (IXL)

En la anterior entrega comencé a tratar el examen de las críticas efectuadas respecto a las características técnicas del análisis de los focos de explosión de los trenes realizado por los Tedax, críticas que en buena medida aducían su falta de carácter “científico”, basándose para ello en unas declaraciones de Sánchez Manzano ante el juez del Olmo (17.7.2006). El acceso al acta de ese testimonio se recogió en El Mundo como una exclusiva revelación digna de los mayores honores de portada. Expuse entonces algunas inconsistencias de la argumentación conspiracionista sin necesidad de abordar el fondo del asunto, es decir, sin examinar siquiera el tenor de lo declarado por el que fuera Jefe de los Tedax. Llega ahora el momento de entrar en materia.

Quién dijo qué

Empecemos por recoger la literalidad del acta de la declaración de Sánchez Manzano ante el juez instructor, realizada el 17.7.2006, en el pasaje que ahora interesa:

Que el laboratorio que hizo los análisis fue el de la unidad de desactivación de explosivos, se trata de unos análisis de carácter investigativo, no científico. Con lo cual no se pueden dar composición del explosivo cuantitativamente ni cualitativamente. Realmente no se trata de un laboratorio sino de un grupo de investigación dentro de la unidad central, con los medios elementales para conocer el tipo de explosivo, que es su única finalidad.

Reitera que lo que se obtuvo como resultado se trata de dinamita.

Así, tal cual, con errores de concordancia y demás imprecisiones. Este es uno de los motivos por los que no me gustan estas actas judiciales. Tratándose de lo manifestado por alguien, nada mejor que la grabación original o, en su defecto, una buena transcripción literal. Pero esto es lo que hay. Podría aducirse que el declarante estampa después su firma en el documento, en señal de conformidad con lo contenido en él, pero es algo que, con más o menos excepciones, suele hacerse de manera rápida y sin detenerse en menudencias cuyo posterior destino interpretativo difícilmente puede adivinar el testigo en ese momento.

Sea como fuere, cuando se pretende afear la conducta de alguien por sus palabras, es importante aquilatar exactamente lo que éstas significan, máxime cuando lo declarado no es evidente en sí mismo, como sostengo que ocurre en el presente caso.

Pero lo que sí es evidente es el sentido que El Mundo quiere dar a lo reflejado en el acta. De este modo, su comentario de texto, en la aspaventera edición de 21.1.2007, descansaba sobre tres elementos básicos: una supuesta “confesión” oculta; la contraposición entre el carácter “investigativo” y “no científico” de los análisis; y la carestía de medios adecuados en las instalaciones de los Tedax.

Sobre el primero de esos puntos ya incidí en lo que afectaba a la pretendida actitud encubridora del juez Del Olmo. En cuanto al entonces Jefe de los Tedax, diré algo más enseguida, pero conviene hacer una observación general precautoria. Los conspiracionistas son muy aficionados a interpretar declaraciones ajenas (cuando las realizan los malos) de manera que éstas se convierten poco menos que en abiertas asunciones de responsabilidad. Las confesiones existen, qué duda cabe, pero no suele ser adecuado el criterio hermenéutico que transforma en habitual lo infrecuente. En caso de duda, no parece justificado convertir a cualquier testigo en un reo virtual por admisión propia, tanto menos si el paciente de estas prácticas exegéticas, de hecho, ha negado con claridad en ocasiones diversas lo que en el caso de autos se le quiere atribuir y/o nada hay que justifique prima facie una diferente actitud por su parte.

Por ejemplo: ¿qué significa exactamente esa distinción entre el carácter “investigativo” y el carácter “científico” de unos análisis? Enseguida veremos que la cuestión no es inane, pero la torpeza verbal del declarante (que no pretendo negar) brinda a sus críticos una oportunidad dorada para explayarse.

Así, el editorial del día 21 de enero de 2007, que acompañaba a la gran noticia, subrayaba:

Resulta totalmente inaudito que, a punto de cumplirse el tercer aniversario de la masacre del 11-M, nos enteremos hoy deque no existe –porque no se hizo– ningún análisis con valor «científico» de los restos de los explosivos que estallaron en los trenes. Según revela EL MUNDO,así lo declaró ante el juez el comisario Jesús Sánchez Manzano, que reconocióque los análisis entregados al juzgado tenían«un carácter investigativo, no científico» porque habían sido realizados en el laboratorio de los Tedax, dotado de muy escasos medios.

[…]

Según la narración efectuada por Sánchez Manzano ante el juez Del Olmo en julio pasado, el único examen de los focos de los explosivos lo realizó en la mañana del 11-M una funcionaria que no pudo determinar su composición «ni cuantitativa ni cualitativa» porque carecía de medios.

El editorialista juega hábilmente con los entrecomillados, pero esa relación causal según la cual la composición de los explosivos no pudo determinarse porque el laboratorio carecía de medios, no procede en sentido estricto (ni obvio) de la declaración del mando policial.

Más notable es esta maniobra en el artículo del día firmado por García Abadillo, que abría la sensacional portada:

Tras su sorprendente declaración sobre el «carácter investigativo» (se supone que los informes periciales que se remiten al juez deben tener un carácter científico), Sánchez Manzano confesó ante el juez que su Unidad «no puede dar la composición del explosivo, ni cuantitativamente, ni cualitativamente». Y añadió otro valioso dato sobre el laboratorio con el que cuentan los Tedax para hacer sus análisis sobre explosivos: «Realmente, no se trata de un laboratorio, sino de un grupo de investigación dentro de una unidad central con los medios elementales para conocer el tipo de explosivo, que es su única finalidad».

Es decir, que Sánchez Manzano reconoció explícitamente ante Del Olmo que el laboratorio de los Tedax no tiene capacidad técnica suficiente como para hacer los análisis que requerían las sustancias halladas en los focos de los trenes.

Para resumir, Sánchez Manzano afirma que lo único que se podía decir, con dichos medios, es que «el explosivo era dinamita, pero no discernir el tipo de dinamita». Lo cual es fundamental, porque tan dinamita es la Goma 2 Eco como el Titadyn.

Un laboratorio de chichinabo

Empecemos por el final. En ningún lugar del acta, es más, en ningún lugar del sumario del 11-M aparece esa expresión cuya literalidad atribuye expresamente el vicedirector de El Mundo a Sánchez Manzano (“… pero no discernir el tipo de dinamita”). Sabemos que el Sr. García Abadillo tiene problemas con el uso de las comillas. En este caso, sin embargo, poco importa, pues se trata de una cuestión intrascendente (salvo lo que nos dice –una vez más– sobre el rigor periodístico del autor). Más grave es la pretensión de que el Jefe de los Tedax “reconoció explícitamente” ante el juez instructor que su laboratorio no tenía “capacidad técnica suficiente” para hacer los análisis “que requerían” las muestras de los focos.

“No científico” seguramente tiene un aroma delicioso para determinados periodistas, pero obviamente no es una expresión aislada en el contexto en el que se halla. Cualquiera que sea el calificativo que nos merezca el emisor de un enunciado (literato o zoquete), hay que hacer un mínimo esfuerzo por entender el significado que él mismo quiere dar a sus palabras, sin descartar incluso que se haya expresado con desmañada impropiedad. No basta, pues, con abrazarse encandilados a la feraz promesa de revuelo mediático que destila esa negación del carácter “científico”, olvidando que el declarante no puede estar dándole otro sentido que el derivado de su contraposición con el carácter “investigativo”. Y repito: ¿qué es eso de “investigativo”? Como señaló Losantos en la Cope el día 23 de enero de 2007, eso del carácter investigativo “es nuevo”. De modo que algunos optan por tratar la novedosa expresión como si se refiriese prácticamente a un experimento de juguete, un trasteo poco riguroso… algo, literalmente, de la Señorita Pepis. [1]  Y la cuesta semántica desciende entonces imparable en el libérrimo discurso asociativo de algunos fabulistas. Así, el carácter no científico es indistinguible de la ausencia de “valor científico”, que es tanto como decir ausencia de “valor pericial”, [2]  o sea, “nulo valor probatorio”, [3]  que viene a ser lo mismo que una pretendida carencia de valor “legal”. [4]  Veámoslo nuevamente en la mencionada tertulia de la Cope de 23.1.2007:

Losantos: Esto de “investigativo” es nuevo.

Pedro J. Ramírez: Claro, pero el que sea no científico indica que no tiene valor pericial…

Losantos:  No tiene valor legal.

Pedro J. Ramírez: … y, por lo tanto, no tiene valor desde el punto de vista de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Narrativa que el día anterior encontró en los habituales monólogos de Losantos la adecuada zahúrda desde la que esparcir su légamo afrentoso (Losantos, Cope, 22.1.2007, Federico a las Seis, 15:49):

Si en España existiera justicia, en estos momentos [Olga Sánchez] sería detenida y juzgada, como mínimo, como mínimo, por prevaricación. […] Ella sabía, sabía perfectamente, tanto lo sabía, que quiso que constara en el sumario la declaración de Manzano en la que está clarísimo que no ha habido ningún análisis científico. No se sabe qué estalló en los trenes. No se puede condenar a nadie, juzguen a los que juzguen, porque no se ha analizado el arma del crimen. […] Nada tiene valor legal. Y ella lo sabía. Y sin embargo dice “en los trenes ha estallado Goma 2 ECO y vale ya”. Vale ya de mentir, Sra. Sánchez, porque usted sabía cuando dijo eso, perfectamente, que Manzano le había dicho al juez que no… no, que es que él había hecho un trabajo investigativo, es decir, que había hecho una chapuza infecta y asquerosa.

El mensaje no podría ser más claro: los análisis de los Tedax fueron una birria, inservibles, según confesión del propio Sánchez Manzano, a quien, por cierto, no paran de encontrarle admisiones de esta índole en cualquier asunto.

Naturalmente, en “Titadyn” (p. 31), el relato de García Abadillo, aun sin las anteriores estridencias, respeta el canon oficial del antioficialismo, nuevamente con uso laxo del entrecomillado:

En su declaración del 17 de julio de 2006 ante Del Olmo, provocada por la publicación en El Mundo de su, digamos, desliz ante la comisión de investigación parlamentaria, Sánchez Manzano confesó que no se pudo «dar la composición del explosivo, ni cualitativa ni cuantitativamente» porque los análisis que hizo su unidad «no tenían carácter científico», pues sólo presentaban un «carácter investigativo». La explicación que dio para ello es que los medios de los que está dotada su unidad «no son los de un laboratorio, sino de un grupo de investigación». Les añadiré que el único laboratorio homologado oficialmente para realizar los análisis de los explosivos es el de la Policía Científica, no el de los Tedax.

Los periodistas que no leen

Para entonces, mayo de 2009, el vicedirector de El Mundo podría haber atendido a las explicaciones (acaso aturulladas, pero existentes) del propio Sánchez Manzano en el juicio del 11-M. Pero una característica destacada de los cuentecillos a los que nos enfrentamos es su tantas veces aludido carácter atemporal y relajado en la confrontación con cualquier eventual novedad sobre el terreno.

Así, Manuel Marraco, entre otros, insiste el 26.8.2009 desde las páginas de El Mundo, sin necesidad tampoco de repasar las sesiones del juicio ante la Audiencia Nacional:

Lo cierto es que, pese a que existen múltiples informes de explosivos en el sumario del 11-M, únicamente el ordenado por el tribunal en 2007 contiene un análisis de los focos de explosión. Los que efectuó la perito de los Tedax tras la masacre no tenían valor científico, según reconoció el propio jefe de la unidad, el comisario Juan Jesús Sánchez Manzano, ante el juez Del Olmo.

Y peor es que esa cantinela se repita mucho más tarde, habiéndose producido (e ignorado periodísticamente) otra más precisa y vehemente aclaración de Sánchez Manzano en su testimonio de 15.9.2009, en el marco de la querella dirigida contra él y la autora de los análisis originales de los focos.

De este modo, como simple ejemplo, aún el 17 de mayo de 2010, nada menos, Manuel Marraco reincide en el mensaje:

También [la AAV11-M] […] responsabiliza [a Sánchez Manzano] de que no remitiera las muestras a la Policía Científica, pese a que ésta era la única unidad que podía emitir un informe científico válido. El propio Manzano reconoció ante el juez Del Olmo que su unidad no disponía del laboratorio necesario para unos análisis fiables.

La cantidad de cosas que confesó Sánchez Manzano…

Pues bien, veamos lo que el infortunado manifestó en el juicio del 11-M, en la sesión de 14 de marzo de 2007:

Ministerio Fiscal (Olga Sánchez): ¿Ustedes qué tipo de, de... análisis pueden realizar en... dentro de la Unidad Central de Desactivación de Explosivos?

Sánchez Manzano: Yo creo que…eh... es una cuestión que la explicará mucho mejor la perito química que hay en la Unidad.

MF OS: ¿Pero son análisis de carácter investigativo, no científico?

SM: Bueno... mmm…, vamos a ver... hay dos tipos de análisis, eh…, eh… que se pueden hacer con los explosivos. Al menos, lo digo con todas las reservas, porque esto lo explicará mejor... Hay unos análisis donde se puede obtener un resultado cuantitativo y cualitativo. A ése se le puede poner el nombre que queramos, ha cerrado todas las interrogantes sobre la naturaleza del explosivo y hay otros análisis en los que solamente podemos conseguir el tipo... el tipo de explosivo, sin poder precisar nada más, con lo cual quedan unos interrogantes abiertos. Unos interrogantes abiertos que hay que seguir investigando o bien contrastarlo con otros indicios que haya relacionados con la incidencia, como en este caso los había. Entonces… ¿qué es lo que se puede hacer en la Unidad? En la Unidad se puede llegar a establecer el tipo de explosivo, sin especificar marca comercial.

MF OS: Bien.

SM: Que es como lo hemos hecho siempre.

MF OS: Para aclarar el tema, usted viene como testigo… ¿usted es diplomado en TEDAX?

SM: No.

MF OS: ¿Es licenciado en Químicas?

SM: No.

MF OS: Por tanto usted va declarar como testigo, no como… [inaudible].

SM: Como testigo.

Se pueden destacar muchos aspectos de esta declaración, empezando por la insistencia de su protagonista en que se trata de una cuestión técnica, que él no es un experto, sino un mero testigo. Insistiré sobre este punto más tarde, pero veamos ahora lo que el ex Jefe de los Tedax explicó, por confuso que pudiera parecer. Debo subrayar que lo importante no es si el compareciente se equivoca o no de hecho, sino cuál es el alcance que él mismo da a sus palabras. Es la diferencia entre la buena fe (errada o no) y la malevolencia y el disimulo.

El testigo señala que hay dos tipos de análisis: por un lado, unos que determinan la composición cuantitativa y cualitativa y por tanto zanjan la cuestión de la marca del explosivo. Es obvio que eso es lo que él entiende por “análisis científico”. Por otro lado, están los que no pueden determinar esa composición [debe entenderse, porque lo imponen la lógica y sus explicaciones en otros contextos, que se refiere a la composición completa], sólo el tipo de explosivo, con lo que la marca, en su caso, habrá de determinarse según otros indicios recabados en la investigación. Esto, lógicamente, es lo que él entiende por análisis “investigativo”.

Nos puede gustar o no, podemos estar o no de acuerdo, podemos pensar que su terminología es deficiente… pero no podemos atribuir a sus palabras el sentido que nos dé la gana. Lo que debería ser manifiesto para cualquiera familiarizado con los datos (y mucho más después del juicio), es que esta explicación se relaciona perfectamente con la distinción que hizo el interesado respecto al material pesable y no pesable. Es decir, la Unidad de los Tedax analiza restos explosionados, los cuales no pueden ofrecer unos resultados cualitativos y cuantitativos completos que determinen por sí solos la marca del explosivo. En estos casos, habrá que contar con otros indicios y elementos de la investigación para concretar ese punto, si es que es posible. De ahí su referencia a los análisis investigativos. En cambio, cuando se estudian restos de explosivo entero (tarea que normalmente incumbía a la Policía Científica), sí es posible (o, al menos, más probable) hacer una determinación de la marca de explosivo sobre la única base de los análisis de laboratorio. De ahí su referencia a los análisis “científicos”. Manera mejorable de expresarse, repito, pero que es la que se deduce de sus propias palabras.

Y esa imposibilidad de determinar la marca del explosivo a partir de restos explosionados, según la explicación oficial (pero no sólo ella), es una cuestión técnica que no depende de los supuestamente calamitosos medios de la perito 17.632. Como trataré en otro momento, que esto sea cierto o no, es decir, que se pueda determinar la concreta marca comercial de unos restos post-explosión, es una cuestión conceptualmente distinta de cuál sea el alcance de las palabras de Sánchez Manzano. Si éste considera imposible tal determinación analítica, difícilmente va a estar confesando que eso mismo que él no considera factible en general no pudo hacerse por culpa específicamente de los deficientes medios de su unidad.

Esto último es más patente si cabe en las declaraciones que el mismo Sánchez Manzano hizo ante la juez instructora de la querella interpuesta por la AAV11-M. Así, el 15 de septiembre de 2009, el ex Jefe de los Tedax señaló:

El laboratorio de Tedax dispone de medios, de personal y de procedimientos, suficientes y adecuados para la finalidad que tiene asignada. Muy simple, no tan compleja, ni tan heterogénea, como lo tiene la Policía Científica. Es muy simple averiguar el tipo de explosivo, analizar los restos de explosiones, esa es la finalidad que tiene, tenía los medios suficientes, los procedimientos adecuados y la persona que más experiencia tiene en análisis de explosivos de toda España, sin duda. Pero es que ha sido así durante 25 años que ha estado allí la perito.Se han hecho informes y análisis que se han presentado ante los tribunales. Han servido para fundamentar sentencias de condena de terroristas esos análisis. Mire, en lo que yo estuve, por lo menos fueron 25 veces, a comparecer ante los tribunales para defender los informes periciales sobre los explosivos y explosiones. ¿Si era útil para los tribunales el trabajo del laboratorio de los Tedax? Es evidente.El laboratorio de los Tedax, a efectos judiciales, es oficial y si ha dado resultado por resolver tantas incidencias terroristas, y además fundamentar sentencias, ¿por qué íbamos a considerar en el 11-M lo contrario?

Este es el mismo policía que “confiesa” que no se hizo ningún análisis científico, ni pericial, ni probatorio, ni…

Tonto no es sólo el que dice tonterías

A partir de aquí hay varias cuestiones de fondo, en cuanto al análisis de los explosivos, que convendrá aclarar cumplidamente en las próximas entregas. Pero antes de eso hay un aspecto previo que debe zanjarse para desbastar la presente discusión, librándola de perturbadoras insensateces.

En relación con la sensacional exclusiva de El Mundo del día 21 de enero de 2007, según la cual “Manzano admite que no se hizo ningún análisis ‘científico’ del explosivo del 11-M”, ya indiqué en mi anterior entrega que “de nada se nutre la noticia y nada es lo que ofrece”. En efecto, asumamos por un momento que Sánchez Manzano hubiera dicho lo que sus críticos le atribuyen. La cuestión evidente que cualquier persona con un mínimo raciocinio debe plantearse es: ¿acaso el carácter “científico” de unos análisis depende de la opinión de un lego en la materia? Y es que esto es lo absurdo de todo el asunto. En la propia acta que da pie a las alharacas mediáticas, el mismo Sánchez Manzano empieza por recordar que no es “diplomado Tedax” ni “licenciado en químicas”. Y los periodistas que se aferran a la literalidad de sus declaraciones no le han ahorrado denuestos. “Sabiendo tan poco de explosivos”, “sin ser un experto en la materia”, decía de él Fernando Múgica (EM, 16.5.2005). En julio de 2006, a cuenta de la fiebre de la nitroglicerina, Pedro J. Ramírez se había quedado a gusto en los micrófonos de la Cope llamándole “melón”, “tarugo”, “incompetente”, y, sobre todo, “asno en materia de explosivos”. “Y además Manzano no tiene ni idea de explosivos”, observaba Jiménez Losantos en la tertulia de la Cope de 7.11.2006. Lo más curioso, aunque la lógica nunca ha sido su fuerte, es que este mismo periodista, comentando la portada sobre la inexistencia de análisis “científicos”, despotricara en antena (22.1.2007, Federico a las 6, min. 15) sobre:

El espabilao de Sánchez Manzano, incumpliendo la ley, engañando a todo el mundo, engañando a los ciudadanos que le pagamos el sueldo, engañando al Congreso de los Diputados, presentándose como perito sin tener la más remota idea de nada, no sabe ni lo que es una traca, es un perfecto ignorante.

Cabe preguntarse, pues, quién es más necio: el que (supuestamente) dice necedades o el que las toma al pie de la letra, sabiendo que lo son.

Para resaltar aún más la ridiculez de la postura conspiracionista me permito acudir a la declaración de Cuadro Jaén en el juicio (18 de abril de 2007). Recordemos que Santiago Cuadro, Comisario General de Seguridad Ciudadana, era el superior inmediato de Sánchez Manzano hasta que, a finales de 2004, la especialidad Tedax pasó a integrarse en la Comisaría General de Información. Pues bien, el Sr. Cuadro Jaén protagonizó el siguiente intercambio en la Audiencia Nacional:

A11MAT: […] Es decir, no es hasta el momento en el cual se realiza el análisis en los laboratorios TEDAX, en los que se empieza a tener una opinión científica. ¿Es correcto?

Santiago Cuadro: Eso es correcto.

A11MAT: Bien. A usted no le sorprendió, no le resultó extraño que fuera el laboratorio TEDAX el que hiciera el análisis. Es decir, le pareció a usted absolutamente normal.

Santiago Cuadro: Sí, me pareció absolutamente normal.

O sea que, según el Comisario General de Seguridad Ciudadana, los análisis de los Tedax sí tenían carácter “científico”. Por tanto, ¿qué vale más? ¿la opinión del Jefe de los Tedax o la opinión del Jefe del Jefe de los Tedax?

Obviamente, ninguna de las dos. Unos análisis no serán científicos o dejarán de serlo porque así los califiquen o no quienes carecen de conocimientos técnicos. No es la palabra de Sánchez Manzano, o la de su superior, la que otorga o quita cientificidad.

Así lo indicó la perito 17.632 al declarar en condición de querellada ante la juez Coro Cillán (10.8.2009):

Sra. Fiscal: Bien. Pero el análisis que usted hace, ¿es un análisis científico dirigido a la investigación del delito? […]

Perito 17.632: Yo lo del análisis lo he leído, Señoría, en la querella, y para mí, un análisis científico es un análisis hecho por un titulado superior en una ciencia, en este caso la ciencia química, que emplea el método de la ciencia química. Entonces es un análisis científico, no es una persona no químico actuando con un material que no es el que está en los tratados de química analítica.

Sra. Fiscal: Bien. Entonces, usted considera que usted sí que hace un análisis científico.

Perito 17.632: Evidentemente, porque estoy aplicando los métodos analíticos de una ciencia.

Evidentemente.

La Señorita Pepis se hace química

Pues bien, la escandalizada portada de 21 de enero de 2007, que es tanto como decir el acta de la declaración de Sánchez Manzano que servía de base a la exclusiva, no contenía un solo dato al respecto que no se conociera antes. Y mucho menos dato alguno desconocido y escandaloso. El informe sobre los focos de explosión de los trenes suscrito por la perito 17.632, del que se tenía ya amplia noticia, describía todas las técnicas por ella empleadas. La declaración de Sánchez Manzano ante Del Olmo, de 17.7.2006, descubierta en enero de 2007, nada añadía ni quitaba ni alteraba a esa descripción. Por supuesto que se puede discutir si los análisis de los Tedax fueron o no adecuados, pero esa es una cuestión técnica distinta e independiente, a la que nada, absolutamente nada, aportan las palabras de un policía supuestamente “ignorante”.

Y sobre esa cuestión, repito, independiente, ya se habían pronunciado los periodistas de investigación con característica incongruencia. Como he venido reiterando en anteriores entregas, cuando a los críticos les interesaba destacar la supuesta incapacidad de los Tedax para determinar la marca de lo que explotó en los trenes, no era raro encontrar artículos que descalificaran las técnicas empleadas por la perito 17.632, tachándolas, por ejemplo, de “tercermundistas” (así, García Abadillo, EM, 20.11.2006). Pero, cuando lo que se quería destacar era la (mala) intención, lo que se sugería era que los Tedaxhabían ocultado dolosamente en 2004 la presencia de algunos elementos incompatibles con la Goma 2 ECO (en un principio, a raíz del desliz de Sánchez Manzano en la Comisión, se pensaba en la nitroglicerina; más tarde, se añadió también el DNT). Al seguir esta línea argumental, se insiste entonces en que las técnicas empleadas por la perito 17.632 eran suficientes y podían haber determinado sin problema la presencia de esos componentes (que se decidió ocultar). Es decir, ya no eran una birria.

En este sentido, tan conocedores eran en El Mundo de las técnicas empleadas por la perito 17.632, que en su edición de 30 de julio de 2006, describieron con un esclarecedor gráfico la cromatografía de capa fina: “técnica de análisis químico”, escribía el diario, “utilizada para separar sustancias puras de mezclas complejas. Es una de las técnicas más comunes empleadas en un laboratorio.” A lo que se acompañaba un artículo del catedrático Ruiz de Elvira, habitual colaborador de El Mundo, que nada tenía que objetar entonces sobre la validez científica de lo practicado por la encargada del laboratorio de los Tedax.

En suma, El Mundo, a través de sus “expertos”, estaba ofreciendo una descripción de las técnicas empleadas por la perito de los Tedax que las hacía perfectamente adecuadas para la tarea requerida. Algo que este diario manifestaba igualmente de manera explícita en su portada de 19.7.2006, señalando:

En su informe […] [la perito de los Tedax] especifica que a los restos de los focos de los trenes se les aplicó la ‘cromatografía de capa fina’, prueba que, según expertos en explosivos, determina los componentes de cualquier sustancia.

Si en otras circunstancias de tiempo o lugar deciden presentar una opinión distinta que postula el carácter chapucero de esos análisis periciales, pueden hacerlo sin más menoscabo que el de su nunca demasiado reputada coherencia. Pero insisto en que las palabras de Sánchez Manzano descubiertas, con tanto aspaviento de portada, en enero de 2007, son completamente irrelevantes al efecto.

Y ya que se ha mencionado, no cabe duda de que en este asunto, como en casi todos los demás, las incongruencias y contradicciones abundan sobremanera. Sé que me repito (es imposible no hacerlo cuando se trata de una característica ínsita de la producción conspirativa) pero no puedo omitir el hecho de que los mismos que celebran las palabras de quienes afean los deficientes análisis de los Tedax haciendo particular referencia a su falta de carácter científico y en ocasiones uniéndolo a la falta de voluntad y/o capacidad para determinados componentes clave (especialmente, DNT y nitroglicerina), comulgan con opuesto credo cuando les conviene. Así, el vicedirector de El Mundo tararea la balada habitual desde el prólogo de “Titadyn”, mientras, también en “Titadyn” (p. 78), el Sr. Iglesias nos informa de que:

Incluso con los ensayos por vía húmeda y la cromatografía empleada en el laboratorio de los Tedax (cromatografía de capa fina, TLC) se podrían haber identificado […] nitroglicol (EGDN), dinitrotolueno (DNT) y nitroglicerina (NG).

Esta sorprendente confesión no es una anécdota pasajera. Su autor insiste en un artículo recopilatorio de despropósitos en Libertad Digital (21.3.2010):

Con la técnica de cromatografía fina practicada por los Tedax se puede detectar la presencia de nitratos, entre ellos la nitroglicerina y de DNT.

Y es reincidente. Por ejemplo, en “La tarde con Cristina” (COPE, 2.7.2009):

En el día 11, los TEDAX, dentro de su función, recogen unas muestras que analizan, con unos métodos un tanto sencillos, pero, a mi modo de ver, y lo digo desde la química, suficientemente explícitos como para haber obtenido datos. […] La técnica que ellos emplearon, que era cromatografía de capa fina, […] sin ser una supertécnica, es suficientemente explícita como para dar nombre y apellidos a los explosivos […].

En el programa de César Vidal en esRadio (11.3.2010; min: 16:38):

Los Tedax recogen y llevan a su laboratorio las muestras de los focos de explosión nada más producirse las explosiones del 11-M, en la mañana del 11 de marzo. Lo llevan, lo analizan por la técnica de cromatografía de capa fina, que se la ha tildado de una técnica burda… no es así, es una técnica que no es tan fina como la cromatografía gaseosa ni como la HPLC, pero suficientemente fina como para detectar DNT, nitroglicerina y nitrato amónico, nitratos inorgánicos. Es lo suficientemente fina.

O sea que la técnica empleada por la perito de los Tedax era SUFICIENTE para haber detectado, entre otras, las tan traídas y llevadas sustancias que protagonizarían la pertinaz polémica: DNT y nitroglicerina. ¿Y quién era uno de esos que hablaba de “técnicas tercermundistas” en el laboratorio de los Tedax? Pues, como ya he señalado, su compañero de aventuras editoriales: Casimiro García Abadillo (EM, 20.11.2006). ¿Quién ridiculizaba las instalaciones de los Tedax motejándolas de “laboratorio de la Señorita Pepis”? Pues Jiménez Losantos ¡entrevistando al perito Iglesias! en La Hora de Federico, 28.5.2009, el mismo programa en el que este heroico facultativo indica, sin que nadie se dé por enterado:

Sánchez Manzano utilizó una técnica analítica que se llama ‘cromatografía de capa fina’, que no tiene la fineza, para entendernos, de la cromatografía de gases. Pero sí suficiente, si se hace bien, como para discriminar entre determinados componentes.

Así que aquí tenemos al químico de referencia señalando que, después de todo, la perito de los Tedax no aplicó una técnica burda, que era “suficientemente fina”. Cosas veredes…

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NOTAS:

[1] Entre otros: “El laboratorio de los Tedax […] es como una especie de maletín de la Señorita Pepis” (Pedro J. Ramírez, Cope, 7.11.2006, Tertulia, min. 45).

[2] “Se supone que los informes periciales que se remiten al juez deben tener un carácter científico” (García Abadillo y Manuel Marraco, EM, 21.1.2007). Pedro J. Ramírez (EM, 28.1.2007): “Resulta que, según su propia versión, este alto mando policial en quien recayó la recogida, custodia e investigación de esos restos se comportó como el perro del hortelano del complejo de Canillas: ni hizo ningún análisis con valor pericial porque no tenía medios para ello, ni los dejó hacer a la instancia correspondiente –la Policía Científica– sencillamente porque no le remitió las muestras.”

[3] José María de Pablo, en la querella de la AAV11-M (p. 11): “ese primer análisis de urgencia que lleva a cabo el laboratorio del TEDAX tiene escaso valor científico –y nulo valor probatorio en juicio– […]”. Joaquín Manso (EM, 5.2.2012): “Manzano impidió que se remitiesen [las muestras] al único laboratorio que es competente para analizarlos, el único además que tiene capacidad para llevar a cabo análisis con valor científico y probatorio en juicio: el de la Policía Científica […]”.

[4] En el escrito de contestación a la demanda interpuesta por Sánchez Manzano contra El Mundo (p. 100), el abogado del diario llega a afirmar (con redacción muy mejorable): “resulta innegable que la lógica y razón aplicada a la declaración del demandante de 17 de julio de 2006 […] hace incomprensible lo alegado en esta demanda. Es decir, es incomprensible desde la diligencia y buena fe exigir que él mismo que reconoce en sede Judicial que el laboratorio Tedax no cuenta ni con los medios técnicos ni con los humanos suficientes para hacer un trabajo pericial con valor científico y legal en el Sumario 20/2004, no sea el que tras ello ordena que se suministren los vestigios de los focos a quien no tiene medios técnicos para efectuar los análisis, en detrimento de quien si los tiene la Policía Científica.” En la página 103, dicho escrito procesal insistía en que “es un hecho notorio que en todo informe pericial debe tener valor científico.”

ultima edicion por Rasmo (07-10-2013 10:18:12)

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (L)

En realidad, la discusión iniciada en enero de 2007 sobre el carácter científico o no de los análisis realizados en el laboratorio de los Tedax no tiene más originalidad que la de introducir un nuevo término en un problema de fondo idéntico a lo que ya era un discurso manido. No podía ser de otro modo. La portada de 21 de enero de 2007 se basaba en un acta de una declaración de Sánchez Manzano de 17 de julio de 2006. Esta comparecencia del mando policial ante el juez instructor se había producido a raíz de la otra notable portada de 11 de julio de 2006 a cuenta de la nitroglicerina, que nos ha entretenido sobremanera en páginas precedentes. Y El Mundo ya había informado en su día, es decir, el 18 de julio de 2006, acerca del testimonio de Sánchez Manzano, de modo que la literalidad del acta, que es la supuesta novedad noticiosa de medio año más tarde, no hace más que añadir leña (bastante pajosa) a una misma hoguera ya bien alimentada.

Por consiguiente, muchos (si no la mayoría) de los aspectos importantes de toda la discusión en torno a los explosivos utilizados en los trenes se han expuesto o al menos apuntado en diversos momentos anteriores de mi serie. Para ordenar un tanto lo ya abordado y perfilar el decurso de mi exposición en lo sucesivo, me permito esbozar ahora el núcleo de la argumentación conspiracionista y de las respuestas que habré de oponerle. En esencia, estimo que las críticas a la versión oficial se basan (explícita o implícitamente) en las siguientes ideas fundamentales:

A) a1) No se sabe qué estalló en los trenes. En realidad, lo anterior significa, cuando lo esgrimen los conspiracionistas, a2) que la concreta marca comercial de lo que estalló en los trenes no se conoce sobre la única y exclusiva base de un análisis químico de los restos de explosión (sin que se haya recuperado sustancia explosiva entera). Nótese que a2) no es exactamente lo mismo que a1), sino que implica una restricción del criterio supuestamente aceptable para la determinación del explosivo utilizado. Es decir, los discrepantes establecen el axioma de que la única manera admisible y razonable (“científica”) de disipar la duda es por medio de unos análisis químicos de restos explosionados. Como veremos (y ya se ha indicado repetidas veces), la postura oficial es que a2) no es un problema específico del 11-M, sino de cualquier explosión en general, dado que nunca es posible determinar la marca del explosivo utilizado a partir (exclusivamente) de meros restos post-explosión, si no se ha recuperado materia intacta.

Cuando los críticos hacen algo más que ignorar las explicaciones oficiales acerca de la imposibilidad general de hacer lo que ellos piden en concreto en el 11-M, sus alegaciones transitan por sendas tan insidiosas como desorientadas. Pero los detalles al respecto los reservo para un momento posterior.

Como consecuencia de A), los conspiracionistas afirman (con tanta pretendida sorpresa como disgusto) que:

B) La conclusión de que en los atentados se empleó Goma 2 ECO es sólo una mera deducción. Es decir, la versión oficial asume que, como en los demás escenarios se recuperaron restos intactos de Goma 2 ECO, entonces en los trenes también se utilizó dicho explosivo. Por parte de los dudantes, esto no es sólo una descripción del contenido de la versión oficial, sino un reproche que está en el núcleo de su archiconocida distinción entre elementos y pruebas de fuera de los trenes, por un lado, y lo que de verdad ocurrió en los trenes, por otro.

C) En relación con todo ello hay un descubrimiento periodístico, una genuina revelación de lo oculto (o, peor, ocultado), lo que presenta diversas vertientes:

c1) Desde la perspectiva de los buenos, es algo de “ahora”, algo que acabamos de ver, revelar, averiguar… (si se tercia, en tono épico-heroico).

c2) Desde la perspectiva de los malos, es una “confesión”, o sea, una admisión, casi a regañadientes, de algo reprobable, que no les ha quedado más remedio que reconocer: se han tenido que rendir ante la evidencia y la perseverancia de los abnegados periodistas y de quienes hacen suyos esos hallazgos.

c3) Esos descubrimientos constituyen un escándalo, en la medida en que revelan, como mínimo, irregularidades, cuando no comportamientos criminales.

Documentaré y desarrollaré estos puntos a continuación. Posteriormente, trataré de mostrar más allá de toda duda razonable que no sólo no había nada novedoso en estas constataciones, es decir, que los Tedax habían mantenido siempre las mismas explicaciones, sobradamente acreditadas, desde el primer momento, sino que además El Mundo y compañía lo sabían… o lo supieron antes de borrar su memoria (pero no su hemeroteca) para dar paso a las nuevas interpretaciones intrigantes. Una vez establecido ese punto, habrá de abordarse la cuestión de si es cierto lo que en materia de explosivos siempre han sostenido los representantes de la versión oficial, es decir, que si los análisis de los focos de explosión de los trenes no fijaron la marca concreta de dinamita utilizada no fue porque Sánchez Manzano y sus subordinados no quisieran, sino porque no es técnicamente posible.

Como trasfondo, conviene no perder nunca de vista que las apreciaciones de los discrepantes de la versión oficial no se limitan a un aséptico ejercicio de especulación intelectual. Al contrario, vienen acompañadas de una transparente y poco edificante atribución de responsabilidades:

Es evidente que el jefe de los Tedax mintió a Del Olmo cuando dijo que no se había podido determinar el tipo de dinamita que estalló en los trenes. Y también lo es que mintió al propio tribunal. [CGA, EM, 12.3.2012]

Es evidente.


Érase una vez

El carácter supuestamente novedoso de la revelación sobre la falta de determinación de la marca de explosivo utilizada en los trenes y la correspondiente ocultación/confesión de quienes tenían la pretendida obligación de averiguarlo (que se conformaron con meras “deducciones”) se subraya con la habitual fanfarria acusatoria sobre todo a raíz de la célebre portada de 11 de julio de 2006 y nunca se abandona desde entonces, pasando, según he indicado ya, por hitos como las portadas de finales de enero de 2007 y otras posteriores.
Así, en su carta dominical de 16.7.2006, Pedro J. Ramírez se explaya:

[T]endríamos que conformarnos con la técnica deductiva, invocada por Interior, en el sentido de que si en Leganés, Mocejón, Morata, la mochila y la Kangoo había Goma 2 ECO, necesariamente eso fue lo que destripó los vagones y mató a 191 viajeros. Dudo mucho que un tribunal eleve tal silogismo a la categoría de hechos probados y en todo caso yo no he sido recompensado con las descomunales dosis de gracia divina que serían necesarias para creer algo que de ninguna manera veo. […] [A]l día de hoy todo sugiere que hemos topado con la cremallera de un secreto inconfesable.

En la misma línea, el editorial de El Mundo de 17.7.06:

Por mucho que el Gobierno pretenda que aceptemos que si lo que tenían los islamistas era Goma 2 ECO, también «debió ser» Goma 2 ECO lo que estallara en los trenes, no creemos que haya ningún tribunal que pueda sustituir las pruebas materiales por las simples deducciones e inferencias.

En la tertulia de la Cope de 18.7.2006, el director de El Mundo ofreció una excelente panorámica del asunto desde su punto de vista. La cita merece cierta extensión, por cuanto aborda casi todos los elementos esenciales que antes perfilé:

[24:15] Pero yo creo que es muy importante darnos cuenta de que estamos tocando el trigémino de la cuestión. Porque, vamos a ver, todo lo que relaciona a los islamistas con la masacre, en términos de pruebas materiales, es la Goma 2 ECO. Ahora estamos en una situación en la que el Gobierno nos pide credulidad. Y nos pide credulidad a partir del siguiente silogismo. Puesto que lo que se encontró en Leganés era Goma 2 ECO, cierto, y en Leganés estaban los islamistas, cierto; puesto que lo que se encontró en Mocejón junto a las vías del tren era Goma 2 ECO y en Mocejón ciertamente estuvieron los islamistas; puesto que algunos restos, tenues pero verosímilmente detectados en Morata de Tajuña eran Goma 2 ECO y en Morata de Tajuña estaban los islamistas; puesto que en el papel parafinado de la Kangoo apareció Goma 2 ECO, eso hay que ponerlo de momento en interrogantes, pero bueno, puede ser un acompañamiento; puesto que en la mochila de Vallecas, vaya si hay interrogantes sobre ello, también había Goma 2 ECO, hay que llegar a la conclusión de que también en los trenes necesariamente tuvo que estallar Goma 2 ECO. Y, oiga, ¿por qué? Porque quienes pusieron la bomba en los trenes fueron los islamistas. Oiga, ¿y por qué dice usted que los islamistas pusieron las bombas en los trenes? Hombre, porque ellos eran los que tenían el explosivo que estalló. Es decir, fíjense cómo termina todo en un círculo vicioso en el que realmente, hoy por hoy, habría pruebas para juzgar y condenar a estos señores por sustracción, tráfico y tenencia ilícita de explosivos. […] Pero, si en los trenes no estalló Goma 2 ECO, nos encontramos, en definitiva, con que se está cortando la única pasarela de evidencia material que vincula a los islamistas con el atentado. Hay otros elementos circunstanciales, sí […]. Pero prueba de que ellos estuvieron allí y de que lo hicieron ellos… Y es muy probable que ellos estuvieran allí, pero, si lo que estalló fue… como Tejero, decía yo el domingo, estuvo en el congreso el 23-F, pero, a estas alturas, cuando ya hay tanta investigación histórica, era una pieza del decorado, el verdadero golpe era el que estaba moviendo en la recámara el Sr. Armada… […] Al día de hoy, creo que está demostrado que nadie puede probar que hubiera Goma 2 ECO en los trenes. Ahora lo que nos pretenden decir es que es imposible demostrar qué es lo que hubo en los trenes. […] [31:30] Es decir, pretenden que lleguemos a juicio y que sólo se conozca lo que estalló en los trenes como consecuencia de ese acto de fe: hombre, si en todos los demás sitios había Goma 2, tuvo que ser Goma 2 lo que estallara. Yo no creo que haya ningún tribunal en el mundo que pueda aceptar ese mecanismo de deducción, esa inferencia, como base para redactar una sentencia que considere como hecho probado que estalló la Goma 2 ECO en los trenes.

El primer fin de semana posterior a las declaraciones de Sánchez Manzano (17.7.2006) y la jefa del laboratorio de los Tedax (18.7.2006) ante Del Olmo para aclarar el asunto de la nitroglicerina, la carta dominical de Pedro J. Ramírez (23.7.2006) era nuevamente explícita:

Conozco a muchos ciudadanos con nombre y apellido que se han quedado atónitos: ahora resulta que después de la deflagración de una docena de bombas de más de 10 kilos de peso en tres estaciones diferentes de Madrid los máximos especialistas policiales en explosivos declaran que nunca se podrá saber cuál fue el tipo de dinamita utilizada en ninguna de ellas […].Y si ya sólo queda el razonamiento deductivo para sostener que el explosivo tuvo que ser el mismo que se encontró en Leganés y se pretendió utilizar en el AVE –los que intentaron este atentado necesariamente debieron cometer el otro–, ¿quién podría objetar a que, correlativamente, tomáramos por mentirosos a Manzano y su ayudante en relación a la nitroglicerina, después de haberles pillado en una doble falsedad flagrante en relación a la metenamina? […] El que el ministro del Interior no se haya desembarazado aún de un presunto sinvergüenza y probado incompetente como Manzano, pese a la demanda unánime de los sindicatos policiales, sólo puede obedecer a que entre ellos haya lazos inconfensables o, más probablemente, a que Rubalcaba trate de impedir que el gran público se entere del estado ruinoso en que ha quedado el sumario del 11-M tras la confesión de los teóricos máximos expertos de que ignoran lo que estalló en los trenes.

Esa carta de Pedro J. contiene uno de mis pasajes favoritos de su extensa producción. Cada vez que lo leo, me acuerdo de esa desternillante escena de “La Vida de Brian” en la que los miembros del Frente Popular de Judea se quejan de los abusos de los romanos, discuten lo que éstos les han aportado y la conclusión es: “pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?” (aquí, en versión original). Véase, si no, la ligereza con la que el director de El Mundo descarta “todo lo demás”:

[L]a Goma 2 ECO era –y hay que subrayar el tiempo verbal– la única pasarela consistente que vinculaba materialmente a los islamistas con los trenes. Si eso no se considera acreditado sólo quedarán los imprecisos reconocimientos de individuos cuyas fotos se habían difundido previamente por la prensa y un vídeo de reivindicación que en sí mismo no prueba nada. Todo lo demás –las reuniones del Mc Donalds, el viaje a Asturias, las tarjetas de los móviles, Morata, Mocejón, Leganés– demuestra que se hicieron con la Goma 2 ECO, que intentaron toscamente una bien gorda y que murieron de forma más que extraña. Pero no que fueran los autores –y menos por sí solos– de la masacre del 11-M.

Esta insistencia en que hay que demostrar positivamente (y, además, a través de un análisis químico) que el explosivo es Goma 2 ECO, se hará común en numerosas intervenciones posteriores, como enseguida veremos, que coinciden en despreciar todo lo que los romanos han hecho, perdón, todo lo que la Policía ha investigado por nosotros.

Menos faltón pero más lastimero se muestra dos días después el vicedirector de El Mundo (CGA, EM, 25.7.2006):

Para desgracia de la instrucción y, por tanto, por suerte para los culpables del atentado que costó la vida a 191 personas y heridas a más de 1.500, ya nunca podremos saber qué tipo de dinamita estalló en los trenes.

La semana siguiente, el director de El Mundo volvía a mostrar su estupefacción ante las supuestas confesiones de Sánchez Manzano (PJ, EM, 30.7.2006):

No puede ser que […] Rajoy […] no se vuelque ahora en hacer saber a España entera la trascendencia y gravedad que tiene el que el jefe de los Tedax acabe de declarar al juez que nunca se podrá saber cuál fue el explosivo que estalló en los trenes.

Meses más tarde, el editorial que acompañaba a la pasmosa portada de 21.1.2007, según la cual Sánchez Manzano “admitía” que no se hizo ningún análisis científico del explosivo del 11-M, adoptaba nuevamente el criterio que acabo de señalar en relación con la idea de que un análisis (y sólo un análisis) químico debía necesariamente avalar que el explosivo utilizado en los trenes era Goma 2 ECO:

La principal prueba incriminatoria contra el comando de Leganés en el 11- M reside en que las Fuerzas de Seguridad hallaron en el piso restos de Goma 2 Eco, el explosivo que, según consta en el sumario, se utilizó para volar los trenes. Pero ahora resulta que no hay análisis científico ni documento alguno que pruebe que el explosivo de los trenes era Goma 2 Eco.


Si bebes, no deduzcas

Podemos avanzar unas semanas, concretamente hasta el 14 de marzo de 2007, fecha en la que Sánchez Manzano acudió como testigo al juicio del 11-M. Durante su declaración, se produjo el siguiente intercambio:

Gómez Bermúdez: Gracias. Para evitar que sigan preguntándole por lo mismo. Ustedes no analizan el explosivo cuantitativamente, ha dicho.

Sánchez Manzano: Cuantitativa y cualitativamente, no.

Gómez Bermúdez: Y no pueden poner marca.

Sánchez Manzano: No le podemos poner marca.

Gómez Bermúdez: Entonces, cuando usted se refiere en su informe a Goma 2 ECO ¿de dónde sale la marca?

Sánchez Manzano: Cuando hay sustancia completa, sustancia pesable.

Gómez Bermúdez: O sea, usted lo que hace es una deducción, porque tiene un explosivo concreto y otro y dice que son de similares características… ¿El qué? ¿La marca o el explosivo o el qué? Acaban de preguntar. El tipo de explosivo ¿alguien le informó que fuese distinto? Y ha dicho usted: “No”. Por tipo de explosivo ¿qué está usted entendiendo?

Sánchez Manzano: Tipo de explosivo es dinamita. Cuando hablamos ya de Goma 2, son aquellos escenarios donde hemos encontrado sustancia pesable.

Gómez Bermúdez: ¿Como por ejemplo?

Sánchez Manzano: Como por ejemplo: la furgoneta, la bomba, el AVE y Leganés.

Gómez Bermúdez: Ahí usted tiene sustancia pesable que determinan que es ¿qué?

Sánchez Manzano: Dinamita, Goma 2 ECO.

Gómez Bermúdez: Goma 2 ECO. Siguiente acusación […].

Esto dio pie a una nueva ronda de lo mismo de siempre, debido a los sempiternos problemas de comprensión lectora y de atención auditiva de periodistas que hacen horas extras en un almacén de muñecos de paja. Obsérvese que el ex Jefe de los Tédax no dijo nada que no se hubiera dicho ya decenas de veces: la marca se determina cuando y donde hay sustancia entera (pesable). Aunque pudiera argüirse que yerra al mencionar que no se analizó el explosivo “cualitativamente” (y aun así es dudoso, pues en sentido estricto la verdad es que no analizaron explosivo –ni cuantitativa ni cualitativamente–, sino restos de la explosión), lo cierto es que el único que sugiere que la determinación de la marca (de los focos de los trenes) sea una “deducción” es el propio juez Gómez Bermúdez, no el testigo, que en ningún momento acoge la descripción del presidente del tribunal, quien, por otra parte, también se expresa de manera imprecisa e inexacta [los informes de Sánchez Manzano ¬¬¬(en realidad, de la perito 17.632), cuando mencionan la Goma 2 ECO, se refieren únicamente a los restos de explosivo intacto, no a los focos de los trenes]. Es lo que suele ocurrir cuando unos legos se ponen a discutir cuestiones técnicas.

Pero no hay nada que hacer. Al día siguiente (15.3.2007), El Mundo se fabrica uno de esos avales que frecuentemente arrebata a la realidad mediante atraco a titular armado, cinco columnas, de costa a costa: “El testimonio de Manzano desacredita las pruebas clave de la versión oficial del 11-M”. Esto viene de un periódico cuyo director pontifica: “Yo creo que las reglas de la honestidad periodística tienen que basarse en juzgar los hechos y las personas en función de los datos que te proporciona la realidad. […] No detesto nada tanto como a esos periodistas gandules que antes de que sucedan las cosas ya tienen decididas sus opiniones. Sólo dan juicios categóricos, incapaces de mover sus clichés en función de los hechos” (Múgica, EM, 13.6.2010). Y que “en vez de tener claro lo que pensamos sobre algo antes de que suceda, nos seduce descubrir una mañana que la antevíspera estábamos equivocados” (PJ, EM, 9.1.2011). O que expresaba el “desprecio que merecen esos malos directores de periódicos que llegan a la redacción con los titulares de la portada decididos de antemano y luego no permiten que la realidad se los estropee” (PJ, EM, 14.8.2005).

Pues bien, la noticia de portada de ese 15 de marzo estaba completamente equivocada en lo que ahora nos ocupa, pero es posible que en algunas redacciones estuvieran demasiado entretenidos seduciéndose a sí mismos como para atender a los hechos. De modo que, puestos a vender titulares decididos de antemano, volvieron al mismo cuento de confesiones y brindis al ingenio periodístico. Así, la primera entradilla destacaba:

El ex jefe de los artificieros admitió que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO es una mera «deducción» […]

Y el cuerpo de la noticia continuaba, gentileza de Manuel Marraco, en la misma portada:

Manzano acabó reconociendo, a preguntas del propio presidente del tribunal, que resulta una «deducción» afirmar que en los trenes estalló Goma 2 ECO, puesto que los análisis de su unidad nunca lograron determinar qué tipo de dinamita se empleó.

En páginas interiores, el titular de la noticia es diáfano: “Manzano admite que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO es una «deducción»”, aunque, curiosamente, no se desarrolla en modo alguno. Y el editorialista del día, que recurre a la manida figura del sumario como un castillo de naipes, nos demuestra cuánto le aprovechan los cursos de creative writing:

La insistencia de los letrados […] llevó al propio juez Bermúdez a preguntarle, escéptico, si su conclusión de que en los trenes había estallado Goma 2 ECO era una mera «deducción», a lo que un acorralado Manzano respondió que sí. Su respuesta es aún más sonrojante después de que…

Qué seductor. Esta narrativa ficticia es en buena medida la que llevaría más tarde a García Abadillo a reflexiones de este tipo (“Titadyn”, p. 49):

La forma en que dirigió algunos interrogatorios, por ejemplo el de Sánchez Manzano, hacía pensar que la sentencia establecería deducciones de testimonio para algunos de los mandos policiales que intervinieron en la investigación del atentado.

Y, con mayor soltura incluso (El perito Antonio Iglesias y Casimiro García Abadillo en La Hora de Federico, 28.5.2009):

Es que si uno analiza el interrogatorio que [Gómez Bermúdez] le hace a Sánchez Manzano, es un interrogatorio encaminado a demostrar que él ha cometido falsedad documental y testifical. Y lo demuestra. […] Y lo demuestra, es decir, es un interrogatorio en el que Gómez Bermúdez, la verdad es que hay que quitarse el sombrero porque demuestra un conocimiento perfecto del sumario.

Creo que la psicología habla de sesgo de confirmación, aunque se le pueden poner nombres mucho más vulgares.

Lo más triste es que tampoco pasaría nada si Sánchez Manzano hubiera pronunciado esas palabras (la “deducción” de la Goma 2 ECO), pues se trata, en efecto, de una deducción legítima y correcta. El tipo de deducción que se hace en cualquier otro caso semejante, como tendremos ocasión de comprobar. Pero Sánchez Manzano sencillamente no lo dijo. En ningún momento. Lo que no es legítimo ni correcto es presentar como periodismo una fábula sicofante en la que un juez que comparte inquietudes con audaces reporteros hace confesar a un felón contra las cuerdas, como un animal “acorralado”. Y luego se quejan de la triple capa de calzoncillos.

Así que de nada vale que Sánchez Manzano insista en lo obvio en su declaración ante Coro Cillán, juez instructora de la querella interpuesta por la AAV11-M (15.9.2009):

Lo que está claro es que cuando los TEDAX dicen dinamita [es] en el foco de la explosión, porque nunca han dicho que en los focos de explosión explosionara Goma 2 ECO, lo que también se ha difundido por ahí. Nunca lo dijeron, ni lo han dicho en aquellos momentos, ni después, en ningún informe, ni siquiera oralmente.

Pero me adelanto. Volvamos a las sesiones del juicio del 11-M.

Tras el testimonio de Sánchez Manzano, Libertad Digital publicó un editorial el 16 de marzo de 2007 con el mismo valor que la moneda falsa acuñada por El Mundo el día anterior:

Los medios conspiranoicos insisten en achacar al prójimo sus propias dolencias. Así pues, nos acusan de pergeñar una siniestra “teoría de la conspiración” que nunca precisan, pues tiene el pequeño defecto de no existir. […] Y las declaraciones que han tenido lugar esta semana en el juicio que se desarrolla en la Casa de Campo no hacen más que darnos la razón.

[…] El policía [Sánchez Manzano] terminó admitiendo que la afirmación de que en los trenes estalló Goma-2 ECO no es sino una deducción sobre la que no hay prueba directa alguna. Es decir, que los explosivos de los trenes se deducen por los que se encontraron en la mochila de Vallecas, la furgoneta Kangoo, las vías de Mocejón y Leganés.

El 18 de marzo Fernando Múgica daba su peculiar versión de lo acontecido en la comparecencia del ex Jefe de los Tedax, demostrando una vez más sus acreditadas dificultades para deslindar la realidad y la fantasía, así como el poco respeto que le merece la literalidad de las palabras ajenas:

«Sí, yo sabía que era Goma 2 ECO, aunque no conocíamos los componentes del explosivo». Y tuvo que ser el propio juez Javier Gómez Bermúdez el que le sacara los colores: «Si usted dice que no pudieron hacer un análisis cualitativo de los restos de explosivo encontrados, ¿cómo puede afirmar de qué explosivo se trataba?»

Esas palabras ponía entre comillas el periodista, pero también podría haber escrito cualquier otra cosa, lo que le diera la gana. En realidad, eso es exactamente lo que hizo.

Un día más tarde, El Mundo (19.3.2007) convertía en un titular de páginas interiores “La inverosímil «deducción» de la Goma 2 ECO”. En efecto, según Pablo Jáuregui:

El pasado miércoles, el ex comisario jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, declaró ante el tribunal del 11-M que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO fue una simple «deducción». Su testimonio, por lo tanto, ha dejado muy claro que, en la cuestión fundamental del tipo de explosivo utilizado en la masacre de Madrid, no existe ninguna prueba irrefutable sobre el arma del crimen, sino únicamente hipótesis más o menos creíbles. […] En definitiva, si tenemos en cuenta todos los datos que están hoy sobre la mesa, la «deducción» de la Goma 2 ECO resulta muy poco creíble desde el punto de vista científico.

El editorial del día insistía:

Si ningún perito es capaz de avalar con el resultado de ningún análisis que en los trenes estalló Goma 2 ECO, de muy poco van a servir las «deducciones» de Sánchez Manzano y demás legos en la materia.

Las entreveradas referencias a las deducciones (supuestamente espurias) y a la exclusividad de la Goma 2 Eco como hilo conductor de la versión oficial, así como a la exigencia de una prueba material directa basada únicamente en análisis post-explosión, como he reiterado, han sido una constante, con las consecuencias obvias. En palabras de El Mundo y su director:

El único verdadero nexo material entre ellos y la masacre quedaría roto si no se pudiera demostrar durante la vista oral que lo que estalló en los trenes fue la misma Goma 2 ECO que ellos tenían en Leganés y en Morata [EM, 11.2.07].

No, en lo esencial todo el sumario pende de un hilo y ese hilo se llama Goma 2 ECO [PJ, EM, 1.4.07].

La valoración conjunta de la prueba (todo lo demás…) parece un concepto desconocido en algunos medios. Y, aunque no se refería concretamente a este punto de los explosivos (sino al de las autopsias de los suicidas de Leganés) bien podrían citarse aquí las palabras de la sentencia (p. 444) redactada por Gómez Bermúdez:

Como en muchas otras ocasiones a lo largo de este proceso, se aísla un dato –se descontextualiza– y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él, obviando así la obligación de la valoración conjunta de los datos –prueba– que permita, mediante el razonamiento, llegar a una conclusión según las reglas de la lógica y la experiencia.

Sea como fuere, nada detiene la piedra de Sísifo. El 15.7.2007, Victoria Prego, que en 2004 escribía otras cosas (enseguida lo veremos), asaeteaba al ex Jefe de los Tedax con más inquina que conocimiento de causa:

Dubitativo, inseguro, elusivo y tramposo, el que tenía que haber sido el testigo clave para aclarar miles de dudas cruciales en torno a los atentados acabó dejando al descubierto muchas de las artimañas policiales escondidas entre los pliegues del sumario que EL MUNDO había desvelado meses atrás. Por ejemplo, que no existía constancia escrita de los resultados de los primeros análisis que se hicieron en esa unidad sobre los focos de las explosiones. «Teníamos cosas más importantes que hacer», dijo sin ponerse colorado. Por ejemplo, y a pregunta directa del presidente del tribunal, que eso de que en los trenes había estallado Goma 2 ECO era una mera «deducción», toda vez que en el laboratorio Tedax sólo se había podido establecer que había «componentes de la dinamita», así, en general.

En la misma línea, tanto en su escrito de contestación (29.4.2008) a la demanda de Sánchez Manzano en defensa de su honor como (sobre todo) en el escrito de oposición (noviembre de 2009) a la apelación del policía contra la sentencia absolutoria de la juez Lledó, la representación letrada de El Mundo se hartó de atribuir al ex Jefe de los Tedax la afirmación de que en los trenes se estimaba que había explotado Goma 2 ECO por una mera “deducción”. Limitaré a una las innumerables citas que, por lo demás, muestran claramente que, salvo redacción, los abogados de El Mundo aprendieron muchas cosas de sus defendidos, incluido un relajado respeto por los hechos (escrito de oposición a la apelación, pp. 149-150):

Sánchez Manzano DETERMINO [sic] QUE LO EXPLOSIONADO EN LOS TRENES era Goma Dos Eco desde el mismo día 11 de marzo de 2004 […]. Y lo determinó ya que en el juicio oral, a preguntas del magistrado Sr. Gomez Berbudez [sic] contestó que lo había determinado por DEDUCCIÓN.

Lo cual no puede sorprendernos, teniendo en cuenta que unos meses antes Joaquín Manso había glosado “las contradicciones del ex comisario jefe” con la misma inventiva (EM 21.7.2009):

Durante la vista, también dijo que informó de que se trataba de Goma 2 ECO por una «deducción».

¿“Informó”? Ahora podemos preguntar nosotros: ¿dónde está ese informe?

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Rasmo escribio:

Esa carta de Pedro J. contiene uno de mis pasajes favoritos de su extensa producción. Cada vez que lo leo, me acuerdo de esa desternillante escena de “La Vida de Brian” en la que los miembros del Frente Popular de Judea se quejan de los abusos de los romanos, discuten lo que éstos les han aportado y la conclusión es: “pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?” (aquí, en versión original). Véase, si no, la ligereza con la que el director de El Mundo descarta “todo lo demás”:


Aprovecho para recordar la versión  de esa escena que se hizo en DL con guión de Viana:

http://www.youtube.com/watch?v=RP6aOM8ZouI

La Verdad persigue a los peones, pero ellos son mucho más rápidos

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Tengo una foto para el artículo. Escribidme, Rasmo o Moreno.

[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (LI)

La escandalosa desmemoria

Como ya he repetido, en enero de 2007, tras el hallazgo del acta de la declaración de Sánchez Manzano, el relato habitual se enriquece con la presunción de que esa ignorancia sobre “el explosivo que estalló en los trenes” se debe al comportamiento del Jefe de los Tedax por haber impedido la realización de unos análisis “científicos”. Eso constituía para El Mundo un “escándalo”; y el “escándalo dentro del escándalo” era “que sea una vez más este periódico quien haya tenido que descubrir este secreto inconfesable, tan extraordinariamente relevante para la investigación judicial” (editorial, 21.1.2007).

Realmente es un escándalo, en efecto, que El Mundo “descubriera” todo lo que decía estar descubriendo e informara con asombro de cuanto consideraba asombroso ahora, o sea, entonces. Quiero decir que es un escándalo porque demuestra que El Mundo no duda en manipular, o tiene graves problemas de memoria, o no se entera de nada. Y lo es porque, tras el envoltorio de alharacas y aspaventeras declamaciones, la esencia de las sucesivas noticias en la materia no hace sino reciclar algo que ya se sabía desde el primer momento. Y se sabía, en particular, porque así lo habían expuesto precisamente los propios policías luego denigrados y porque así lo habían recogido… ¡los mismos periodistas olvidadizos! Es decir, que ni los primeros estaban ocultando nada escabroso, ni los segundos realizando hallazgos novedosos.

Y demostrarlo es tan fácil que produce sonrojo tener que escribir un nuevo libro de viajes por la hemeroteca.


Cuando no se puede, no se puede

Recordemos que en la primera rueda de prensa de Ángel Acebes del 11 de marzo de 2004, alrededor de las 13:30 horas, el entonces Ministro del Interior señaló que “el tipo de explosivo está siendo analizado en estos momentos”. En efecto, ya se ha explicado detalladamente en anteriores entregas que los primeros resultados de los análisis de los focos de explosión de los trenes no se obtuvieron por parte de los Tedax hasta las 14 horas, aproximadamente, de ese día.

En su segunda comparecencia, poco después de las 20 horas del mismo 11 de marzo de 2004, el Ministro, a preguntas de los periodistas, dio una información que no podía sino proceder de las oportunas fuentes policiales (es decir, los artificieros) (Dictamen final de la Comisión de Investigación, p. 76):

Y después de analizar los restos también con muchas dificultades y por tanto hay que tener siempre mucha prudencia y mucha cautela, dado que todos los explosivos se han producido la explosión del mismo y no hay restos completos, sino todos después de la explosión, pero es dinamita y por tanto la habitual de la organización terrorista ETA.

[Nota: Conviene aclarar que, pese a lo que podría deducirse de una rápida lectura de la frase “pero es dinamita y por tanto la habitual de la organización terrorista ETA”, Acebes no estaba diciendo que se hubiera descubierto Titadyn. Esto se hace más evidente leyendo el segundo pasaje citado en el texto principal (y atendiendo a las posteriores explicaciones de Acebes en la Comisión de Investigación). Lo que el ministro estaba aduciendo (de manera ciertamente confusa) es que se trataba de dinamita y la dinamita era el explosivo que habitualmente utilizaba ETA.]

O sea, hay dificultades al analizar los explosivos, ya que no quedan restos completos, pero se puede decir que es una genérica “dinamita”. Por si hubiera alguna duda, poco después otro periodista interroga al Ministro sobre la “marca de la dinamita”. Respuesta del titular de Interior:

No. Se sabe que es dinamita. No conocemos en este momento todavía la marca por las dificultades que les decía antes. Todas, se ha producido la explosión y, por tanto, no hay restos, sólo restos de después de producirse la explosión de la misma y eso dificulta mucho para conocer cuál era la marca, pero lo que sí que sabemos es que es dinamita.

No hay restos enteros, sólo restos post-explosión, con lo que no se sabe la marca. Es obvio que, ya el mismo día 11 de marzo de 2004, el entonces Ministro del Interior estaba comunicando lo que a él le habían transmitido los Tedax y que coincidía con el mensaje que luego quedaría típicamente asociado a la versión oficial. Desde el primer momento. Y nadie protestaba.

El siguiente hito documental es el propio informe escrito sobre los análisis de los focos de explosión, de sobra conocido, que se adjuntó como anexo de un informe más amplio de los Tedax, con fecha de salida 27.4.2004. Recordemos una vez más su último punto:

Que es técnicamente imposible, asignar el nombre comercial a Dinamitas que han sufrido reacción explosiva, ya que en ella[s] desaparecen determinados componentes, que son los que hacen posible tal designación.

Lo cual recoge por escrito la misma explicación que obviamente se había dado al Ministro del Interior el propio día de la masacre. Esta explicación se complementa perfectamente con otro informe de igual autoría y muy semejante factura. En efecto, en el Tomo 56 del sumario, folios 17.027 y ss., se incluye un “Informe Pericial sobre la relación y similitudes de los vestigios, elementos y sustancias, encontrados en varios de los escenarios relacionados con los atentados del 11 de marzo”, realizado por los Tedax, con el visto bueno de Sánchez Manzano y fecha de 11 de junio de 2004. El Anexo I de ese Informe (folios 17.063 a 17.066) contiene a su vez un “Informe sobre similitudes de las sustancias encontradas en Chinchón, furgoneta Renault Kangoo, bolsa de la estación de El Pozo, vía del AVE y piso de la C/ Carmen Martín Gaite, nº 40”, firmado precisamente por la perito 17.632. De hecho, nos hallamos ante un documento análogo al informe sobre los focos de explosión de los trenes. Los dos son anexos sin fechar de otros informes más amplios y en ellos actúa en solitario como analista la perito 17.632. Sin embargo, mientras que el de los focos ha recibido una asfixiante atención por parte de los investigadores, el estudio “sobre similitudes de las sustancias…” ha pasado bastante desapercibido. En cualquier caso, dicho informe completa cabalmente la exposición de la postura técnica de su autora. Concretamente, en su último punto (número 6), enuncia:

Por todo lo descrito y con relación al explosivo presente en los incidentes objeto de este informe, puede concretarse, que se trata en todos los casos de Explosivos Tipo Dinamita.

Se significa que cuando se cuenta con sustancia no explosionada, es factible la identificación completa, por lo que puede decirse en estos casos concretos, que se trata del explosivo Tipo Dinamita, etiquetada comercialmente como Dinamita Goma 2 ECO, fabricada por Unión Explosivos - Ensign Bickford  (antes Unión Española de Explosivos).

O sea: si no hay sustancia entera, no se puede ir más allá de una determinación genérica del explosivo (en este caso, dinamita); cuando hay sustancia entera, la identificación de la marca es factible.

¿Alguien se enteró de todo esto? Naturalmente que sí. En su libro “11-M. La Venganza”, publicado en septiembre de 2004, García Abadillo demuestra que conoce las explicaciones oficiales y las asume sin recelo. Así, en las páginas 51 y 52 del libro, su autor da cuenta de la antes referida comparecencia de Acebes ante los medios, en la tarde del 11 de marzo de 2004:

Cuando un periodista le preguntó por el tipo de explosivo utilizado, dijo: «Se sabe que es dinamita. No conocemos aún la marca por las dificultades a las que antes me he referido.»

Dificultades que, como se ha visto, no eran otras que la ausencia de restos sin explotar. Pero el conocimiento (y reconocimiento) de esa ausencia de restos intactos que permitieran determinar la marca no acaba ahí. En diversos pasajes de su libro de 2004, García Abadillo relata como un hecho confirmado (y pacífico) que los Tedax no pudieron hallar ningún vestigio de los artefactos. Así, en la página 61:

El Tedax de la Unidad Central trató […] de desactivar la bomba, que había sido encontrada a las 8.30 de la mañana en uno de los vagones del tren siniestrado en la estación de Atocha. Para conseguirlo utilizó el procedimiento que los expertos llaman «carga hiperpotente». […] Ese sistema (un invento de los Tedax españoles que ahora utilizan todas las policías del mundo) es bastante efectivo. Pero en ocasiones provoca por simpatía el estallido de la bomba que trata de desactivar. […] Eso fue lo que sucedió con la bomba de Atocha: al aplicarle la carga hiperpotente hizo explosión y no quedó ni rastro.

En la página 62:

La bomba de El Pozo se trató de desactivar por el mismo sistema que la de Atocha (aplicándole una carga hiperpotente), pero se logró el mismo resultado: la bomba hizo explosión sin que pudieran encontrarse restos del artefacto.

Y 63:

Uno de los vagones del tren situado en el andén número dos [de Atocha] había sido retirado y [los Tedax] tenían que acudir allí para mirar en el socavón que había producido una de las explosiones (las bombas casis siempre dejan alguna huella en la parte inferior de la detonación).

La búsqueda fue en vano. No había ni la más mínima brizna de explosivo. […]

Caramba, y no pasaba nada. Ningún policía soplón se puso rápidamente en contacto con El Mundo para sacar a su vicedirector del engaño; ningún periodista de investigación se echó las manos a la cabeza con suspicaz incredulidad. Ningún experto alertaba al diario… Nada. Eran tiempos en los que García Abadillo parecía ver los agujeros negros como la deriva exótica de algún vecino de redacción: “vaya por delante que no soy partidario de la teoría conspirativa doméstica en los atentados del 11-M” (CGA, EM, 12.7.2004).

En cualquier caso, antes de la publicación de “La Venganza” ya se habían producido otros episodios muy interesantes. En particular, la comparecencia de Sánchez Manzano ante la Comisión de Investigación del 11-M (7 de julio de 2004). En ella, el entonces Jefe de los Tedax expuso la postura oficial de forma inequívoca. En la página 5 del correspondiente diario de sesiones:

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Después de una explosión es imposible poder saber ni siquiera qué tipo de explosivo es.

Lo cual es una exagerada imprecisión que enseguida corregiría (lo que no se sabe es la marca, el tipo sí), pero que no afecta a la esencia de mi argumento. De este modo, en la página 7, continúa la explicación, recabada personalmente por el representante del Grupo Popular, Jaime Ignacio del Burgo, nada menos:

El señor DEL BURGO TAJADURA: Vale. ¿Si ustedes no hubieran contado con los explosivos que desactiva el TEDAX en la madrugada del 11 al 12, hubieran podido verificar con exactitud sobre las muestras obtenidas en el lugar de los atentados qué tipo de dinamita o qué tipo de explosivo, de dinamita por lo menos, se había utilizado o eso es muy difícil?

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Ya le he dicho que es imposible del resto de una explosión obtener qué clase comercial de dinamita se ha utilizado. Solamente se puede conocer que es dinamita.

Y el interrogatorio continúa (página 20):

El señor DEL BURGO TAJADURA: Mi pregunta es: ¿ustedes cuándo determinaron, de las muestras obtenidas en el lugar de los atentados, que era Goma 2?

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Eso nunca lo hemos determinado.

El señor DEL BURGO TAJADURA: Es decir, que si no llega a ser por esa decimotercera mochila, lo único que sabemos es que es dinamita, pero no sabemos el tipo de dinamita.

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): No sabemos el tipo de dinamita. Lo hubiéramos sabido con los restos del cartucho que se encuentran en la furgoneta.

El señor DEL BURGO TAJADURA: Ah, después.

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Pero en la furgoneta.

El señor DEL BURGO TAJADURA: En la furgoneta, tampoco en el lugar de los atentados.

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): Tampoco en el lugar de los atentados.

El señor DEL BURGO TAJADURA: Es decir, que en este momento tampoco se puede decir, ni afirmar ni negar, que lo utilizado en las mochilas que explotan es Goma 2.

El señor COMISARIO JEFE DE LOS TEDAX (Sánchez Manzano): No.

El Sr. Del Burgo se enteró perfectamente. Tanto es así, que, esa misma tarde, interrogando al ex Comisario General de Información (Jesús de la Morena), el diputado navarro señaló (p. 81):

[E]l jefe de los TEDAX, que ha estado esta mañana, nos ha dicho que si hubieran explotado todas las mochilas era imposible saber si era Titadyne, Goma 2 o cualquier otro tipo de dinamita. Es decir, que no se sabría más que, que es dinamita, pero si todo ha explotado, es imposible saber el tipo de dinamita. Si es así, en este momento estamos sin saber qué tipo de explosivo realmente explotó en las mochilas o donde fuera que produjera el atentado. Ya sabemos que en una mochila aparecida en una comisaría de Vallecas en la madrugada del 11 al 12 había Goma 2, estaba el teléfono móvil, etcétera. Pero lo que no sabemos al día de hoy, al menos por lo que nos ha dicho el jefe de los TEDAX, es si realmente lo que explotó en los trenes era dinamita Titadyne o dinamita Goma 2.

¡Al día de hoy! O sea, en julio de 2004, en la Comisión, Sánchez Manzano reiteró una y otra vez que la Goma 2 ECO sólo se pudo determinar en los casos en que se recuperó sustancia intacta, mientras que a partir de los restos post-explosión únicamente podía decirse que había sido dinamita. Lógicamente, esto significa que la versión oficial del uso de Goma 2 ECO en los trenes ya era entonces nada más (y nada menos) que una razonable deducción policial y/o judical, que, para colmo, ni siquiera esgrimió el propio Sánchez Manzano. Y no sólo el representante del Grupo Popular se dio por enterado. Al día siguiente de esa comparecencia, Victoria Prego, que no es precisamente la chica que sirve el café en El Mundo, publicó un revelador artículo (“Dos certezas y un desencuentro infinito”):

Ahora no solamente sabemos, gracias al jefe de los Tedax, que después de una explosión es imposible saber de qué clase de material se trata, sino que, cuando fue posible saberlo, casi 24 horas después, no era el que se había dicho oficialmente.

Si “ahora”, es decir, entonces (en julio de 2004), ya se sabía, no es posible que en un posterior “ahora”, es decir, en julio de 2006 (y más tarde: ya hemos visto, por ejemplo, lo que Victoria Prego escribió el 15.7.2007), todo esto sea tanto un descubrimiento periodístico como una trabajada confesión policial. ¿Cómo pueden aducirse el 23.7.2006 un “ahora resulta” y un “ya sólo queda” para denunciar “el estado ruinoso en que ha quedado el sumario del 11-M tras la confesión de los teóricos máximos expertos de que ignoran lo que estalló en los trenes”? ¿Cómo puede deplorarse con aspavientos “ahora”, es decir, a 30.7.2006, “la trascendencia y gravedad que tiene el que el jefe de los Tedax acabe de declarar al juez que nunca se podrá saber cuál fue el explosivo que estalló en los trenes”?

Se puede cuando uno dirige El Mundo. Recuérdese que en aquel verano de 2006, con portadas cargadas de nitroglicerina, Pedro J. Ramírez presumía del “meticuloso trabajo de Casimiro García-Abadillo basado en el cotejo de las actas parlamentarias” (EM, 16.7.2006). Y el propio aludido, con desfachatez habitual, reprochaba que “en Interior no se tomaron la molestia de leer la declaración completa de Sánchez Manzano ante el Congreso” (17.7.2006). No como él, claro.


Más papeles

Vuelvo a adelantarme. Retrocedamos nuevamente en el tiempo para seguir el rastro cronológico de la versión oficial en este asunto de la marca del explosivo de los trenes.

El 15 de febrero de 2005, el juez Del Olmo dictó un auto que acordaba un nuevo levantamiento parcial del secreto del sumario. Al día siguiente, El Mundo hizo referencia a su contenido. En lo que ahora nos concierne, un suelto editorial hacía esta breve alusión:

El magistrado, que ha levantado parcialmente el secreto del sumario, reconoce que a estas alturas sigue sin saber a ciencia cierta qué tipo de explosivo destrozó los trenes, puesto que sólo se ha podido determinar «la presencia genérica de dinamita».

En efecto, “la presencia genérica de dinamita” se recoge en dos pasajes del antedicho auto del juez instructor, concretamente en sus páginas 20 y 21. Pero leer ese auto, en realidad, era como leer un documento de los Tedax, pues el juez Del Olmo (y así lo indica claramente en su texto), no hacía sino reproducir literalmente un informe de dicha Unidad policial. Ese informe era precisamente el “Informe Pericial sobre la relación y similitudes de los vestigios, elementos y sustancias, encontrados en varios de los escenarios relacionados con los atentados del 11 de marzo”, realizado por los Tedax, con el visto bueno de Sánchez Manzano y fecha de 11 de junio de 2004 (Tomo 56 del sumario, folios 17.027 y ss.), informe que he citado anteriormente.

Pues bien, en la página 31 del informe original (p. 20 del auto y folio 17058 del sumario), aparece este párrafo, de pésima redacción, aunque su sentido puede apreciarse sin excesiva dificultad:

En cualquier caso, salvo en los restos de las explosiones de los trenes, y en el registro de la finca de Chinchón, donde las analíticas efectuada a las muestras recogidas y a las paredes de poliespan del zulo que allí se encontró, respectivamente, solo se pudo determinar la presencia genérica de dinamita. En el resto de los casos, el explosivo utilizado se identificó, específicamente, como dinamita GOMA 2 ECO. Extremo éste, que además se confirmó con la recuperación en el piso de Leganés de numerosos envoltorios y bolsas de transporte de ese producto en concreto.

Y en la página 34 del informe (p. 21 del auto y folio 17061 del sumario), en el apartado de “Conclusiones”:

2. Igualmente en todos los casos el explosivo recuperado ha sido dinamita GOMA 2 ECO, salvo en el registro de la finca de Chinchón, donde las analíticas realizadas a las muestras recogidas al efecto, solo pudieron determinar la presencia genérica de dinamita.

[Es lógico que en las conclusiones no hable ya de los focos de los trenes, porque el informe tiene por objeto el “Estudio de los elementos encontrados en los siguientes escenarios: furgoneta de Alcalá de Henares, artefacto desactivado en el Parque Azorín de Madrid, Registro de la Finca de Chinchón, artefacto neutralizado en las vías del AVE, C/ Carmen Martín Gaite, nº 40, de Leganés” (véase su índice)].

Tenemos, por tanto, la explicación de siempre: la sustancia entera recuperada en los escenarios de que se trata es Goma 2 ECO. En cuanto a los casos en los que no se recuperó sustancia entera (focos de los trenes y paneles de poliespan del zulo hallado en la casa de Chinchón), a partir de las analíticas (tanto de los Tedax –caso de los focos de los trenes–, como la de la Policía Científica –paneles del zulo–) sólo se pudo determinar “la presencia genérica de dinamita”.

Tan poco escandaloso debió parecerle entonces a El Mundo, que esa indeterminación de la marca del explosivo de los trenes ni siquiera se desarrolla en las páginas interiores. Nada.

Apenas un mes más tarde, Fernando Múgica es perfectamente consciente de la información oficial y la comenta en su agujero negro XIII (8.3.2005), que ya referí en mi entrega 42. Esta vez el matiz es desaprobatorio, pero, como ya señalé en su día, las objeciones estaban aún en la línea de poner en duda que hubiera explotado dinamita, fuera de la marca que fuera, y sugerir en cambio que se había empleado algún explosivo militar, todo ello sobre la endeble base de una conocida declaración de Cáceres Vadillo en cuyo examen los discrepantes de la versión oficial siempre han demostrado graves problemas de comprensión lectora. Lo que el periodista no cuestionaba era la imposibilidad técnica de fijar la marca a partir de restos post-explosión. Múgica, además, ya era consciente de que la conclusión de la Goma 2 ECO era una deducción (la misma que más tarde imputarían falsamente a Sánchez Manzano). Recordémoslo:

Los peritos del sumario ni siquiera consiguen determinar el tipo de dinamita que explosionó en los trenes. […] Hasta ahora, se han manejado dos verdades absolutas que se consideran indiscutibles: las bombas que explosionaron en los trenes estaban fabricadas con Goma 2 y la dinamita utilizada salió de Mina Conchita, en Asturias. […] [L]as dos afirmaciones se sostienen con pruebas meramente deductivas.

En las propias conclusiones policiales se lee con absoluta claridad: «No se puede afirmar el tipo de dinamita que explosionó en los trenes». Los componentes encontrados no son suficientes como para confirmar que fuera Goma 2. En definitiva, a pesar de la desenfrenada polémica que ello suscitó, un año más tarde de los atentados no puede concretarse el tipo de dinamita que provocó la matanza. […] [S]eguir la pista de la Goma 2 sólo puede conducir a la dinamita que no explosionó […].

Como simple detalle, no está de más indicar que esa cita entrecomillada (“no se puede afirmar el tipo de dinamita…”) que Múgica atribuye a unas conclusiones policiales, en realidad no aparece literalmente en ninguna parte del sumario. Por desgracia, esta inventiva no es infrecuente en el autor. En cualquier caso, Múgica conoce perfectamente la disparidad de resultados analíticos de la documentación oficial en función de que se trate de escenarios en los que se ha recuperado sustancia entera o no. Así lo escribe en el citado artículo:

Si los análisis hechos con los restos de los artefactos explosionados no pueden determinar el tipo de dinamita que se utilizó en la masacre, lo mismo sucede con los mínimos restos de material explosivo encontrado en las paredes de polispán del zulo encontrado en la casa de Morata de Tajuña […].

Como ya hemos señalado, se ha conseguido certificar la presencia de Goma 2 en los mínimos restos de explosivo hallados en una furgoneta en las inmediaciones de la estación de Alcalá de Henares, en la mochila que no explosionó en las vías del AVE Madrid-Sevilla en el término municipal de Mocejón (Toledo) –20 kilos–, en la mochila que se encontró en la Comisaría de Vallecas –10 kilos– en la madrugada del 12 de marzo y en los restos recogidos de entre los escombros del piso de Leganés, donde murieron siete de los presuntos autores de los atentados.

Y esto lo sabía y consignaba el autor de los agujeros negros apenas un año después de la masacre.

De unos meses más tarde data otro documento que recopila y resume el resultado de la investigación policial en materia de explosivos. Me refiero al informe conjunto de Tedax de la Guardia Civil y de la Policía de 24 de junio de 2005, contenido en el tomo 145 del sumario y al que ya he aludido en anteriores entregas. Dicho estudio pericial adjunta en uno de sus anexos el informe sobre los focos de explosión elaborado por la agente 17.632, en el que, insistimos, se especifica que es imposible técnicamente determinar la marca comercial de una dinamita que ha explotado. El propio informe conjunto, en su página 81 (folio 53884 del sumario), presenta un excelente resumen de la versión oficial en lo que atañe a los resultados analíticos según se hubiera recuperado o no sustancia entera. De este modo, la conclusión es una genérica “dinamita” cuando no hay explosivo intacto y “Goma 2 ECO” cuando se cuenta con restos de explosivo entero. Es decir, lo mismo de siempre.

Otro texto que ya cité también en mi entrega 42 viene al caso en mi presente exposición. Se trata de un artículo de 1.8.2005 con dos firmas de primer nivel: Fernando Lázaro y Antonio Rubio. Haciendo referencia a un escrito de Sánchez Manzano de abril de 2005 que, a su vez, se remitía, entre otros, al informe sobre los focos de explosión de los trenes, los periodistas señalaban que los “técnicos no precisan si la dinamita que estalló en los trenes era Goma 2” y añade que “sí lo pueden precisar sobre el explosivo utilizado […] en Leganés, ya que allí se encontraron algunos cartuchos sin detonar”.

De nuevo, la diferencia fundamental entre encontrar o no restos sin explotar. Y aquí la recogían ya estos autores. Sin ninguna suspicacia, por lo demás.

Cabe subrayar, por cierto, que para entonces El Mundo se había hecho recientemente con una copia de los primeros 141 tomos del sumario sobre los que el juez Del Olmo había levantado el secreto, lo que motivó un sonado encontronazo entre el instructor y el diario (véanse ediciones de 29.7.2005 y 30.7.2005; y artículo de J. I. del Burgo de 14.9.2005).


Y llega el auto del instructor

Así podemos avanzar hasta el momento en que el juez Del Olmo dicta su auto de procesamiento, de fecha 10.4.2006, aunque se hizo público al día siguiente. En lo que ahora nos concierne, interesa destacar que uno de los defectos que se le han achacado a esta resolución es el de ser “un refrito de informes policiales colocados uno detrás de otro” (EM, editorial 12.4.2006). En efecto, el auto recoge con amplitud la literalidad de prácticamente todos los informes sobre explosivos que aquí he referido, lo que significa que la explicación oficial sobre los análisis en esta materia estaba a la vista de cualquiera. Concretamente, en su página 119 puede leerse el apartado 6 del informe sobre los focos de explosión de los trenes, en el que la perito 17.632 aclara que es imposible técnicamente “signar el nombre comercial a Dinamitas que han sufrido reacción explosiva”. También se reproduce la literalidad del “Informe Pericial sobre la relación y similitudes de los vestigios, elementos y sustancias, encontrados en varios de los escenarios relacionados con los atentados del 11 de marzo”, de 11 de junio de 2004, incluyendo sus referencias a la “presencia genérica de dinamita” en los restos de explosiones de los trenes y en el zulo de la finca de Chinchón, y de Goma 2 ECO en los demás casos en los que se había analizado “el explosivo recuperado”, es decir, en los escenarios donde se había obtenido sustancia entera (véanse las páginas 139 y 140 del auto). Por último, el auto de procesamiento también reproduce el informe conjunto de los Tedax de la Guardia Civil y de la Policía, con su más amplia exposición de la postura oficial en materia de análisis de explosivos, como ya he mostrado (véase la página 102 del auto).

Allí estaba todo, pues, negro sobre blanco, para cualquier investigador dispuesto a expurgar la documentación pertinente, como se supone que hicieron los refractarios a la versión oficial. Y es que El Mundo fue muy crítico con dicho auto en un largo editorial de 12.4.2006 y en otro más breve del día 13, pero tampoco entonces tenía nada que objetar a ese criterio técnico que basaba la posibilidad de determinar marca comercial del explosivo en que se hubiera recuperado o no sustancia entera. Y no es porque no hubiera vuelto a tener noticia de ello, o se le hubiera escapado el detalle, ni mucho menos. De hecho, en su extenso resumen del contenido del auto (edición de 12.4.2006), El Mundo recoge explícitamente todo el asunto de los explosivos. Concretamente, en su apartado 4, resume los hallazgos del informe conjunto de los Tedax de la Guardia Civil y de la Policía, de 24 de junio de 2005. En los focos de explosión, sólo se determinó “dinamita”. En cambio, como resalta uno de los textos extractados: “La composición de la sustancia explosiva era la misma en el piso de Leganés, en la ‘mochila de Vallecas’ y en el artefacto encontrado en la línea del AVE Madrid-Sevilla, y en todos los casos se trataba de Goma 2 Eco.” Es decir, en todos los casos en los que se había recuperado sustancia entera, aunque esto no se expresara con tales palabras. El artículo de resumen también recoge la referencia del informe “sobre la relación y similitudes de los vestigios, elementos y sustancias, encontrados en varios de los escenarios relacionados con los atentados del 11 de marzo”, de 11.6.2004, a la “presencia genérica de dinamia” en el caso “de la finca de Chinchón [Morata]”.

En sus glosas del auto de procesamiento de los días 12 de abril y 16 de abril, Luis del Pino recoge desde el mismo título (“Del Olmo asesta un mazazo definitivo a la versión oficial” y “El declive de la versión oficial del 11-M”, respectivamente) la exótica tesis de que dicha resolución supone de algún modo un varapalo para la versión oficial. Aunque en el segundo texto el autor expresa sus dudas sobre la utilización de Goma 2 en los trenes, en ambos sigue aferrado a la posibilidad de que se hubiera empleado explosivo militar, sobre la base de la tantas veces malinterpretada declaración sumarial de Cáceres Vadillo. Pero nada tiene que decir sobre la postura técnica de los artificieros según la cual no es posible determinar la marca de dinamitas explosionadas, postura que, como no he dejado de reiterar, se recogía explícitamente en ese mismo auto de procesamiento que se supone que los sedicentes especialistas, él incluido, estaban escrutando con detalle.

El 17 de abril de 2006, los comentarios sobre el auto de procesamiento corren a cargo de Jaime Ignacio del Burgo. Puesto que él mismo fue quien dirigió el interrogatorio a Sánchez Manzano en la Comisión de Investigación que he reproducido anteriormente, es natural que no encuentre apenas nada prodigioso (ni novedoso) digno de reseña en la descripción técnica contenida en los documentos policiales que recoge el auto. Al fin y al cabo, él ya había oído en directo casi dos años antes aquello de que no se podía determinar la marca de una dinamita explosionada, etc., etc. Lo que resulta menos comprensible es su falta de atención al texto que critica y la incuria con la que se expresa:

[E]el auto no aclara […] por qué los agentes de desactivación informaron de que podía tratarse de una dinamita  militar [¡sic!], ni por qué se resignó a no ordenar la realización de una simulación para determinar los efectos de los distintos tipos de explosivos.

Para lo primero (por qué algunos Tedax hablaron de explosivo militar), bastaba con leerse la misma declaración en la que tan distraídamente han basado todos los dudantes esta contumaz suspicacia. No es difícil: aparece en la página página 53 del auto. Por su parte, lo segundo (por qué no se estimó necesario realizar esas pruebas con explosivos) se explica en la página 100 del auto.

En resumen, él también estaba pendiente de no se sabe qué explosivo militar y seguía considerando que la forma de salir de dudas era realizar una pericial consistente, no en nuevos análisis químicos, sino en la simulación o reproducción de explosiones con diferentes tipos de material en vagones reales, conforme a lo expresado por comentaristas más pertinaces. En cualquier caso, en un pasaje que muestra reminiscencias de sus reflexiones durante la lejana Comisión de Investigación, este diputado añade:

[C]asi todo se sustenta en suposiciones o deducciones, no en pruebas concluyentes. Se supone que en el atentado se utilizó la Goma 2 de los asturianos.

Caramba, la Goma 2 en los trenes como una deducción. ¡Y no es la laboriosa confesión de un Sánchez Manzano acorralado! Normal, el Sr. Del Burgo estaba reproduciendo más o menos el razonamiento contenido en su libro de marzo de 2006: “11-M. Demasiadas preguntas sin respuesta”. Mi ejemplar es de la tercera edición, de mayo de ese año, es decir, sólo dos meses antes de que el nuevo torrente de portadas a cuenta de la nitroglicerina trastocara el orden natural de las cosas. En las páginas 110 y 111 del referido libro, el político navarro demostraba que aún recordaba las explicaciones oficiales de toda la vida. En definitiva, que algunas deducciones no son de ahora, ni de mañana:

Se sabe que en la mochila decimotercera encontrada en la comisaría de Vallecas los cartuchos de dinamita eran de la marca comercial Goma-2 Eco, de fabricación española. La policía informó al juez Del Olmo que en la furgoneta de Alcalá de Henares, el culote de dinamita encontrado era también de Goma-2 Eco. De ambos hechos, la policía deduce que en las diez mochilas que hicieron explosión en los trenes y las dos que fueron objeto de explosión controlada por los TEDAX contendrían la Goma-2 Eco vendida por Suárez Trashorras al Chino.

En suma, este amplio recorrido nos muestra que las explicaciones oficiales habían sido conocidas y reconocidas por los investigadores desde tiempo atrás, en la mayoría de los casos incluso de forma acrítica. Por lo demás, los posibles recelos que ocasionalmente aparecen se refieren siempre al huidizo explosivo militar y la solución pericial propuesta no pasa entonces por nuevos análisis químicos.

ultima edicion por Rasmo (27-02-2013 22:56:46)

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (LII)

Como ya sabemos, julio de 2006 es cuando empieza de verdad la fiesta del despilfarro interpretativo. Un revisionismo con la fusta de la sospecha marcando paso de carga. Algunos deciden entonces que hay que olvidar cuanto se había leído y escrito, para hacer arrebatada ostentación de tremebundas novedades, en realidad marchitas. Y así resulta que hay quien empieza a impostar maravilla ante la revelación y engalanarse correlativamente de ultraje ante la confesión de que ¡no puede saberse la marca concreta de lo que explotó en los trenes! Después del repaso documental que acabo de exponer, todo esto queda más o menos al mismo nivel de novedad que la invención de la sopa de ajo la semana que viene. El auténtico escándalo es la interesada ofuscación o la acongojante desmemoria de quienes venden como alarmantes hallazgos las supuestas admisiones de Sánchez Manzano y la perito 17.632 ante el juez Del Olmo, efectuadas a raíz del (verdaderamente) insignificante lapsus de la nitroglicerina.

La química de los Tedax compareció ante el juez instructor el 18 de julio de 2006. Los críticos están empeñados en entender que el Sr. Del Olmo le preguntó por los componentes concretos hallados en sus análisis de los focos y que ella se fue por las ramas y luego cambió su versión en el juicio… La historia es conocida. En mi entrega 44 acredité, sin embargo, que a la testigo se le preguntó por “sustancias” específicas, no “componentes”, y que lógicamente ella interpretó la pregunta en el sentido de por qué no daba el nombre de un explosivo concreto, es decir, de una marca de dinamita específica. Creo que la prolija discusión que aquí antecede refuerza ahora esa interpretación, al situar la respuesta de la perito plenamente en el contexto de las explicaciones que ella misma en particular y la Policía en general habían ofrecido continuamente en la materia:

[…] [E]n atención a la muestra analizada, a las posibles interferencias, desaparición de productos por la propia reacción explosiva y otros factores que en cada caso pueden concurrir, por su experiencia y por las pruebas que ha realizado a lo largo de estos años, solo se puede fijar el tipo de explosivo (dinamita).

Es lo que se había dicho siempre, desde el primer momento: en los restos explosionados no se le puede poner marca al explosivo, sólo el tipo genérico, si acaso.

Y esto es lo que El Mundo y compañía recibieron con agitación de exclusiva primeriza. Produce hastío volver a revisar esos “ahora resulta”, “acaba de declarar” y, en definitiva, las declamaciones sobre el “estado ruinoso en que ha quedado el sumario del 11-M tras la confesión de los teóricos máximos expertos de que ignoran lo que estalló en los trenes” (PJ, EM, 23.7.2006).

Cabe recordar que el vicedirector de El Mundo y luego coautor de “Titadyn” había escrito en su libro de septiembre de 2004 (“11-M. La Venganza”), sin la menor sombra de suspicacia, que las bombas de los trenes no habían dejado ni rastro de explosivo. Pero eso era antes de las portadas a todo trapo y metiendo mucho ruido a cuenta de los análisis de los focos. García Abadillo todavía nos tiene que explicar por qué lo que era perfectamente normal en 2004 se convierte en inverosímil a partir del verano de 2006. Así, en la edición de El Mundo de 1.9.2006, resumiendo “el estado de la cuestión”:

Dos años y medio después de la masacre no se sabe lo que explotó en los trenes […]. El comisario Sánchez Manzano y la química de los Tedax han declarado al juez que es imposible determinar el tipo exacto de explosivos porque no quedaron restos suficientes. […] Todos los expertos consideran inverosímil […] [q]ue en 12 explosiones no se encontrara ningún resto de cierta envergadura.

Que es, casi verbatim, lo mismo que El Mundo publica el 11.2.2007.

¿Dónde estaban “todos los expertos” consultados por El Mundo en 2004? Un poco de paciencia: lo mejor conviene reservarlo para el final. Repetiré, no obstante, lo que ya comenté en anteriores entregas, en el sentido de que los expertos de 2006 (y obviando las posibles objeciones a su condición de tales) claramente estaban refiriéndose al análisis de restos de material explosivo intacto (para lo que bastaba, efectivamente, una muestra ínfima) y no al de meras impregnaciones. La confusión, sin embargo, se hace patente en estos y otros comentarios periodísticos ulteriores en los que, por otra parte, se atribuyen a Sánchez Manzano declaraciones que él nunca hizo.

Así, un editorial de 27.9.2006, expone:

[…] Sánchez Manzano y la química de los Tedax declararon este mes de julio ante el juez Del Olmo que es imposible determinar qué estalló en los trenes porque no quedaron restos suficientes para analizar. Esta tesis resulta completamente inverosímil –los expertos dicen que basta una millonésima de gramo para determinar la composición de una sustancia– […].


Una Goma 2 sin acreditación

El antedicho editorial, titulado “No está demostrado que fuera Goma 2 lo que estalló el 11-M”, estaba comentando una noticia del día anterior (EM, 26.9.2006), según la cual “La Sección Cuarta de la Audiencia considera ‘acreditado’ que en los trenes estalló Goma 2 ECO”. Y esta noticia tiene sus propios antecedentes.

A los efectos de la discusión que nos ocupa, esta historia es muy aleccionadora y merece detenida reseña. Para abordarla, conviene no perder de vista ni un momento el trasfondo que no he dejado de reiterar con insistencia: las explicaciones oficiales (y policiales) expuestas una y otra vez desde el primer día (los análisis químicos por sí solos no pueden identificar el explosivo de los trenes), conocidas y reproducidas por los medios discrepantes (que dice la Policía que no se puede identificar el explosivo de los trenes), y que, sin embargo, a partir de julio de 2006, son erradicadas como por ensalmo de la memoria periodística y transformadas en escandalosas novedades ( ¡¿Cómo?! ¡¿Que acaban de confesar que no se sabe lo que explotó en los trenes?! ¡Esto se hunde!).

En efecto, desde mediados de julio de 2006, El Mundo llevaba semanas caldeando el ambiente con su disfraz de explorador jugando a descubrir nuevos mares en una carta del Mediterráneo. Durante el mes de septiembre en particular, la temperatura alcanzó cotas de crematorio, pues el asunto estrella de los explosivos se aderezó con mochilas manipuladas, Golpes de Estado, el delirio del ácido bórico y demás novelas por entregas.

El columnista de El Mundo Martín Prieto, hizo por esas fechas (23.9.2006) una observación más inquietante y bastante menos lisonjera para el propio diario de lo que su autor acaso pretendía:

La larga investigación de EL MUNDO sobre las contradicciones y agujeros negros del sumario pueden provocar un juicio sin culpables porque el más lerdo letrado defensor se agarrará a las pruebas manipuladas por la propia Policía.

Ciertamente, no faltaron acusados que se agarraron a la “larga investigación de El Mundo” para intentar alegatos en beneficio propio. De hecho, el 19 de septiembre de 2006, se vieron en la Audiencia Nacional algunos de los recursos interpuestos por los procesados contra el auto de procesamiento dictado por el juez Del Olmo en abril de ese mismo año. Y, en efecto, el remozado discurso de la duda periodística en torno a lo que estalló de verdad en los trenes fue inmediatamente asumido por los defensores de Rafa Zouhier y de Basel Ghalyoun. Concretamente, las alegaciones del primero fueron las que motivaron un incidente que dio lugar al despectivo sobrenombre con el que a partir de entonces se motejó a la fiscal Olga Sánchez… Valeyá. Así lo contaba Manuel Marraco, desde la portada de El Mundo del día 20.9.2006:

La fiscal del 11-M reaccionó ayer airadamente a las dudas planteadas ante un tribunal de la Audiencia Nacional respecto a los explosivos del 11-M: «El explosivo es Goma 2 ECO; es lo que estalló en los trenes y en Leganés. Es un tipo de explosivo que no tiene nada que ver con Titadyn, cloratita, amosal... que no tiene nada que ver con ETA. ¡Ya vale!», espetó al abogado del confidente Rafá Zouhier.

Minutos antes, cuando defendía su recurso contra el auto de procesamiento, el letrado había considerado insuficientes los indicios contra el marroquí y, sobre todo, había puesto en duda  que se supiera con certeza lo que estalló en los trenes. «El tema de los explosivos está perfectamente identificado en el informe común elaborado por la Policía y la Guardia Civil», respondió la fiscal.

Como todo lo malo es susceptible de empeorar, a partir de aquí se produce un curioso desajuste entre la opinión del diario y la información que él mismo ofrece. En efecto, para rechazar la opinión de la fiscal, el editorial de ese día objeta:

La representante del Ministerio Público hace así caso omiso de las últimas declaraciones ante el juez del jefe de los Tedax alegando que es imposible determinar el tipo de dinamita que explotó en los atentados.

Bueno… y El Mundo hacía caso omiso de las primeras declaraciones del jefe de los Tedax. El editorialista estaba aduciendo otra vez la falacia de una supuesta novedad en las más recientes (“las últimas”) declaraciones de Sánchez Manzano, pero nosotros ya sabemos que siempre habían sido las mismas. Lo curioso es que Manuel Marraco también parecía saberlo, porque en las páginas interiores comenta:

La fiscal respondió con rotundidad al abogado [de Rafa Zouhier] Antonio Alberca que lo que estalló en los trenes era «Goma 2 ECO», una afirmación que contrasta con lo mantenido por los Tedax. Los expertos en explosivos concluyeron que «sólo cabe concluir que se trata de explosivos de tipo dinamita» y que resulta «imposible» determinar si es del tipo Goma 2 o de otro. Lo que sí se ha determinado como Goma 2 ECO es el explosivo encontrado en las vías del AVE, en Leganés y en la mochila de Vallecas.

Así que ahora volvemos a recordar “lo mantenido por los Tedax”. Pero, atención, no lo mantenido últimamente, sino lo siempre mantenido, de hecho, porque resulta que esa cita que esgrime el Sr. Marraco (“sólo cabe concluir que se trata de explosivos de tipo dinamita”) es precisamente la que se contiene en el apartado 5 de nuestro viejo conocido informe sobre los focos de explosión de los trenes, redactado por la perito 17.632 (con el visto bueno de Sánchez Manzano) y anexo al informe más amplio con fecha de salida 27.4.2004. Es decir, el primer informe escrito sobre la materia.

Cuando la malversación periodística se acompaña de inconsistencia (y en una misma edición), el resultado es poco lucido, pero no me entretendré en ello, porque quiero subrayar aspectos más relevantes.

El caso es que la Audiencia Nacional desestimó el 25.9.2006 todos los recursos de apelación de las partes contra el auto de procesamiento. En el auto desestimatorio de las pretensiones de Rafa Zouhier, el tribunal responde del siguiente modo a las dudas expuestas por el procesado respecto a “cuál sea el explosivo utilizado en las explosiones”:

[Esta] cuestión, además de ser igualmente contestada por el Ministerio Fiscal, figura perfectamente acreditada en los dos autos recurridos, la sustancia explosiva utilizada provenía de Mina Conchita y respondía a la denominación de Goma 2 Eco.

Lo cual dio pie a la información de Manuel Marraco en El Mundo del día siguiente (EM, 26.9.2006), a la que antes hice referencia. El periodista da cuenta de la noticia, añadiendo sus objeciones:

La Sección Cuarta de la Audiencia Nacional considera «perfectamente acreditado» que lo que estalló en los trenes de cercanías el día 11 de Marzo fue la dinamita Goma 2 ECO supuestamente robada en Asturias, pese a que los expertos en explosivos sostienen que resulta «imposible» asegurarlo.

[…]

La afirmación de la Sala contrasta con el contenido del informe conjunto elaborado por la Policía y la Guardia Civil a petición de Del Olmo, en el que el máximo responsable de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, afirma que resulta «imposible» especificar qué tipo de dinamita estalló en los trenes: «Se significa que sobre las sustancias explosionadas, en los incidentes ocurridos en la mañana del 11 de marzo [...] sólo cabe concluir que se trata de explosivos tipo dinamita». El informe prosigue afirmando «que es técnicamente imposible, asignar el nombre comercial a dinamitas que han sufrido reacción explosiva, ya que en ella desaparecen determinados componentes, que son los que hacen posible tal designación».

El criterio del tribunal coincide con el expuesto por la fiscal Olga Sánchez el pasado martes, durante la vista por el recurso de Zouhier. […] Sánchez añadió que «el tema de los explosivos está perfectamente identificado en el informe común elaborado por la Policía y la Guardia Civil».

En realidad, lo que ese informe sí da por acreditado es que era Goma 2 ECO el explosivo encontrado en las vías del AVE, en el piso franco de Leganés y en la mochila de Vallecas. También en la furgoneta Renault Kangoo […].

Nos encontramos con el mismo patrón antes constatado. Recordemos que el editorial del día siguiente, (27.9.2006) aducía que “Sánchez Manzano y la química de los Tedax declararon este mes de julio ante el juez Del Olmo que es imposible determinar qué estalló en los trenes”. Recordemos igualmente que esta era la misma línea editorial escandalizada de los dos meses anteriores [“tras la confesión de los teóricos máximos expertos de que ignoran lo que estalló en los trenes” (Pedro J. Ramírez, EM, 23.7.2006)]. Pues bien, para afear la postura de la fiscalía, Manuel Marraco la contrasta con las conclusiones policiales que ya se han mencionado aquí repetidamente y que demuestran que no hay la menor novedad en el asunto. El periodista se remite al “informe conjunto elaborado por la Policía y la Guardia Civil”, de 24 de junio de 2005, lo cual es suficiente en sí mismo, pero en realidad lo que cita son pasajes literales del primer informe sobre los focos de explosión (con fecha de salida 27.4.2004), que se incluye como anexo de ese informe conjunto (el detalle es menor, pero uno se cansa de tener que lidiar también con la falta de rigor documental). Y son precisamente esos pasajes en los que la experta química señalaba (repito: desde el primer momento) la imposibilidad de fijar la marca de una dinamita que había hecho explosión.

Este comportamiento es decepcionante y al mismo tiempo demasiado común en el amplio ámbito de la información periodística en torno al 11-M. Podrían aducirse decenas de casos, todos ellos ajustados, con más o menos variantes, a la misma pauta: los críticos hacen una alegación A; más tarde, hacen una alegación B, para la cual esgrimen elementos que, de hecho, refutan A, pero los críticos ni se dan por enterados, porque ahora están en la fase B, están a otra cosa...

Así, en el presente caso, para criticar a los Tedax, se subraya su escandalosa (y nueva) confesión; luego, para impugnar la labor de la fiscal, se esgrimen documentos que demuestran que las manifestaciones de los Tedax no tienen nada de nuevas, ni de confesión. Y tan exigua parece la preocupación por la coherencia, que el desatino puede publicarse con un día de diferencia o incluso en el mismo número.


La Fiscalía dice ahora…

Por lo demás, entrando en el fondo de los artículos citados en último lugar, la verdad es que lo que sostenía la fiscal tampoco era sorprendente. Un químico puede (quizá debe) no ir en su informe más allá del resultado estrictamente científico de sus análisis o, en cualquier caso, habrá de limitarse a lo que es el objeto de su pericia y de lo que se le pide.

Pero precisamente corresponde a los demás estamentos e instancias desarrollar una conclusión razonable a partir del conjunto de elementos de la investigación. Por ello, cuando se concluye que es dinamita y las demás piezas de convicción ligadas a los individuos y escenarios relacionados con la masacre señalan concretamente a la Goma 2 ECO, entonces lógicamente, judicialmente, incluso policialmente, puede decirse que “el tema de los explosivos está perfectamente identificado”. Esto es también, en definitiva, lo que hace la Audiencia Nacional al rechazar el recurso de Zouhier. Lo que en esa fase concreta del procedimiento se requiere es que se presenten elementos (indicios racionales) que permitan “acreditar” ciertos hechos e imputaciones delictivas, que habrán de probarse cumplidamente más tarde, durante la fase de juicio. Así lo establece la Ley de Enjuiciamiento Criminal, al disponer en su artículo 384 que “Desde que resultare del sumario algún indicio racional de criminalidad contra determinada persona, se dictará auto declarándola procesada […].” Trabajar con “deducciones” no es, pues, un defecto, sino la cotidiana y necesaria actividad de los cuerpos de investigación, de los jueces y tribunales, en todas partes del mundo. Máxime cuando, como ocurre en este caso (según espero argumentar más adelante), en materia de explosivos que ya han estallado no se puede técnicamente hacer otra cosa más que deducir lo que pudiera haber.

Esa falta de comprensión mediática de los elementos del sumario y de la manera en que se integran es lo que lleva a noticias absurdas, por artificiosas, como la de 8.11.06, coincidiendo con la presentación del escrito de conclusiones provisionales de la fiscalía. Según la portada de El Mundo: “La fiscal del 11-M asume que es «imposible» saber qué dinamita explotó en los trenes”:

La Fiscalía de la Audiencia Nacional reconoce en su escrito de acusación que resulta «imposible» determinar qué tipo de explosivo estalló en los trenes y que sólo se puede hablar, de manera genérica, de algún tipo de dinamita.

El periodista (Manuel Marraco), reproduce un pasaje del escrito de la fiscalía (página 172) y observa a continuación que:

El criterio coincide casi textualmente con los informes periciales aportados al juez Juan del Olmo, pero supone un cambio respecto a lo mantenido el pasado mes de septiembre ante la Sección Cuarta de lo Penal por la fiscal del caso, Olga Sánchez. La representante del Ministerio Público llegó más lejos que los peritos en su respuesta a las dudas planteadas por la defensa de Rafá Zouhier en la vista contra el auto de procesamiento: «El tema de los explosivos está perfectamente identificado en el informe común elaborado por la Policía y la Guardia Civil [...] El explosivo es Goma 2 ECO; es lo que estalló en los trenes y en Leganés».

De hecho, la fiscal recogió literalmente el tantas veces aludido apartado del informe de los focos según el cual “es técnicamente imposible asignar el nombre comercial a Dinamitas que han sufrido reacción explosiva”. Por su parte, Marraco lleva más lejos su propio reconocimiento de que está al tanto de la trayectoria de esta postura oficial, al explicar que:

[El] informe conjunto elaborado por la Guardia Civil y la Policía sobre los explosivos del 11-M […] reunía como anexos todos los elaborados hasta la fecha. Uno de ellos, el suscrito por el todavía máximo responsable de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, […] consideraba «imposible» determinar el tipo de dinamita empleado.

Dicho sea de paso, en esa misma edición, también Jiménez Losantos atiza a la fiscalía oponiéndole el “informe oficial”.

Pero se observa aquí lo que antes he comentado: como ahora están en la fase de dar leña a la fiscal, no les importa reconocer implícitamente la falacia de toda la barahúnda verdulera sobre los descubrimientos y confesiones en materia de análisis de explosivos: los Tedax siempre habían dicho lo mismo en sus informes. Toca denostar a Olga Sánchez, señalando que la supuesta admisión de ésta contradice de algún modo lo expresado por ella misma meses antes, sin importar que la documentación que aducen para ello les deje en evidencia. Lo mismo ocurrirá, por cierto, meses más tarde, cuando se impute falsamente a un Sánchez Manzano “acorralado” la confesión de que el uso de Goma 2 ECO en los trenes era una simple deducción. Aparte de que él no testificó tal cosa, lo cierto es que tampoco había novedad alguna en esa idea, como lo hasta aquí expuesto debería haber mostrado de sobra. Es más, ya que hablamos de las reacciones al escrito de la fiscalía de noviembre de 2006, cabe subrayar la apreciación que hacía el editorial de El Mundo de ese día 8.11.2006 a este respecto:

[L]a Fiscalía alega que es «imposible» establecer qué tipo de dinamita utilizaron los terroristas. Infiere que fue la Goma 2 robada en Asturias, pero asume que sólo se pudo determinar la existencia de «componentes de la dinamita» en los análisis químicos de la Policía.

La fiscalía “infiere”, o sea, deduce, que es Goma 2 ECO. Cuatro meses antes de que le atribuyeran (repito: falsamente) eso mismo a Sánchez Manzano.

De nuevo nos enfrentamos a la actitud típica de los conspiracionistas consistente en no integrar elementos, en buscar la interpretación disonante y aislada de cada pieza, para llegar entonces a un desconcertante “fulanito antes decía / ahora dice”, cuando no es tan difícil darse cuenta de que es posible atribuir a los destinatarios de sus reproches un discurso mínimamente coherente a lo largo del tiempo. Porque lo peor, reitero, volviendo al escrito de Olga Sánchez, es que no es necesariamente cierto que haya tal incompatibilidad entre señalar, por un lado, que el explosivo utilizado es Goma 2 ECO y que eso está claro, es decir, se deduce claramente, del conjunto de los elementos de prueba disponibles y, por otro lado, referir literalmente ese conjunto de elementos que sustentan la conclusión más lógica, incluyendo las manifestaciones de los Tedax en el sentido de que no es técnicamente posible asignar a una dinamita que ha hecho explosión una determinada marca comercial. Y esto no lo digo sólo yo. Por sorprendente que pueda parecer, esto es lo que decía El Mundo antes de entregarse a la astrología. Sí. Esto hay que saborearlo.


El Mundo decía entonces…

Antes (me) pregunté dónde estaban “todos los expertos” consultados por El Mundo en 2004 y me hice el interesante reservando una referencia para más tarde. Hela aquí. Advierto que no es una referencia menor. Como indica el propio García Abadillo en el Prólogo de “Titadyn” (p. 22), “Fernando Lázaro [es] uno de nuestros mejores periodistas con fuentes de primera en los cuerpos de seguridad del Estado”. Pues bien, cuando, a raíz de las comparecencias de Sánchez Manzano, Díaz Pintado y Cuadro Jaén en la Comisión de Investigación, se polemizó acerca del quién había dicho qué y si alguien había mentado el Titadyn, Fernando Lázaro publicó una pequeña joya, imprescindible desde su mismo título: “¿Goma 2 o Titadine?: los análisis técnicos sólo pudieron concluir que era dinamita” (EM, 16.7.2004). Casi dos años antes de montar el circo, este artículo no dejaba sin abordar prácticamente un solo punto de nuestra presente discusión:

Se sabe que es dinamita y ese dato es y será incuestionable. Pero el examen de los expertos nunca podrá ser concluyente sobre el explosivo que detonó en los atentados del 11-M. «Sabemos que era dinamita, pero nunca podremos saber de qué tipo».

Los expertos policiales consultados por este periódico no tienen duda: todo el explosivo utilizado por los terroristas era Goma Dos de la marca Eco, pero no podrá ser certificado este dato de forma científica, porque no se han localizado restos que permitan un análisis tan específico del material que detonó en los vagones y que provocó la muerte de 192 personas.

Según estos especialistas, en ninguno de los lugares de los atentados se pudo controlar ni un solo trozo intacto de los explosivos que estallaron en la fatídica mañana del 11-M. Sí lograron los especialistas aislar uno de los componentes del explosivo. El análisis de ese componente sirvió para que los técnicos en desactivación de explosivos pudieran acreditar que era dinamita, pero no su marca.


Sin dudas técnicas

«Pero no hay dudas de que era Goma 2». Los expertos así lo mantienen. Ni se lo preguntan.

[…]

Las cifras, los análisis de los químicos policiales... todo concluyó en que el material utilizado por los terroristas islamistas el 11-M era Goma 2. Este dato es incuestionable. Pero la certeza científica sobre el explosivo que estalló no se tendrá nunca, según explicaron estas mismas fuentes.

Estos especialistas policiales describieron las escasas diferencias que existen entre las polémicas marcas de dinamita: Titadine y Goma 2 Eco. La primera es que una marca está fabricada en Francia y la otra, en España. […]

Titadine y Goma 2 Eco. Son dos marcas de un mismo tipo de explosivo, la dinamita. Especialistas, tanto de la Guardia Civil como de la Policía Nacional, consideran que las diferencias entre ambos modelos son mínimas. «De hecho, si no hay trozos intactos, que se pueden analizar por completo, es muy difícil discernirlas».


Aspecto y color

El aspecto exterior y el color son diferentes. Cada una tiene una textura y un grado diferente de flexibilidad.
No obstante, los elementos básicos de la composición son los mismos en ambos casos. Únicamente varía, aunque mínimamente, el porcentaje de los elementos, según explicaron estos analistas de material explosivo.

Otro de los componentes de los explosivos son los denominados aglutinantes. Aquí, las diferencias entre ambos materiales son mucho más significativas. Según explicaron estos expertos, cada una de las dinamitas tiene componentes que le permiten ser más o menos gelatinosos, más o menos resistentes al frío o al calor... Estos elementos en los análisis completos de los materiales son clave a la hora de discernir completamente si la dinamita pertenece a uno u a otro modelo.

Me gustaría no tener que comentar nada, pero es inevitable. ¿Por qué esta información recabada tempranamente por uno de “los mejores periodistas” de El Mundo a partir de “expertos” y “especialistas, tanto de la Guardia Civil como de la Policía Nacional”, desaparece más tarde del mapa cognitivo de los dudantes, sin explicación alguna, sustituida por elucubraciones u opiniones de gente sin experiencia en materia de explosivos? Insisto en que ahí estaba todo: no se sabrá nunca, sólo a partir de análisis químicos, la marca de la dinamita que estalló en los trenes; es técnicamente imposible; hace falta analizar sustancia intacta, que no pudo recuperarse, etc. Ya no debería sorprendernos.

Hay dos observaciones que deseo añadir. En primer lugar, nótense las referencias a que el dato de la Goma 2 ECO, del que no se duda, no podrá sin embargo ser certificado “de forma científica”, “la certeza científica” no se tendrá nunca. ¿No se parece mucho a lo que dos años y un día (exactamente) más tarde declaró Sánchez Manzano ante Del Olmo y que tan escandaloso pareció en enero de 2007 a ciertos periodistas? La marca no se podrá certificar “de forma científica”. ¿Cómo es que no hay duda, entonces? Pues, según el artículo de Fernando Lázaro, porque los expertos y especialistas de la Policía y de la Guardia Civil recurren al conjunto de datos de la investigación, hacen una deducción investigativa, a partir de todos los indicios que existen y que apuntan claramente en esa dirección. Que es lo que se hace siempre, por lo demás.

En segundo lugar, con carácter incidental, me llama la atención un punto que ya he apreciado en otras ocasiones: esos especialistas y expertos parecen equivocarse en algunos aspectos. [Debo aclarar de inmediato que eso no anula el valor del artículo que comento, y mucho menos en lo esencial, pues, aun suponiendo que El Mundo hubiera detectado esos errores (cosa que evidentemente no hizo de forma contemporánea), todavía debería justificar su cambio de actitud posterior sobre la base de una mejor información que en ningún momento adujo.] En efecto, cabe observar que, según el artículo de Fernando Lázaro, sus fuentes le indican que la Goma 2 ECO y el Titadyn tienen los mismos “elementos básicos” y sólo varían en sus respectivas proporciones, así como en sus componentes secundarios (“aglutinantes”, dice el texto). Años más tarde todos sabemos que esto no es cierto. Que el Titadyn (en realidad, alguna de sus variantes) y la Goma 2 ECO difieren asimismo en sus componentes básicos (en particular, la segunda marca de dinamita no lleva nitroglicerina ni DNT). Aunque es una cuestión secundaria, éste y otros errores (tanto tiempo inadvertidos) por parte de verdaderos especialistas a quienes se supone mejor enterados me llevan a preguntarme si no hubo cierto ensañamiento al pedir más tarde la destitución de Sánchez Manzano, que no era un técnico ni tenía que serlo, por su lapsus de la nitroglicerina en el Congreso. Observo una notable desproporción entre el absoluto olvido de imprecisiones de expertos como ésta (y otras que no he indicado y han pasado igualmente desapercibidas) y el ardor con el que se afeaba la gestión de un mando policial, por ignorar cosas que, supuestamente, “cualquier Tedax sabe” (EM 22.7.2006).


Y la historia continúa

Sea como fuere, lo que estimo que nadie podrá negar a estas alturas es que, según era mi intención acreditar, las explicaciones oficiales en cuanto al explosivo empleado en la matanza siempre fueron las mismas. Como tantas veces, lo único que cambia es el voluble contenido del permanente espíritu inmoderado de alguna prensa hiperventilada.

Y para remachar la demostración de cuán constante ha sido siempre la postura de los maltratados policías en la materia y completar de este modo mi exposición cronológica, quedan por referir los testimonios de la perito 17.632 tanto en el juicio del 11-M como durante la instrucción de la querella de la AAV11-M. Porque, evidentemente, ante la Audiencia Nacional hubo que aclarar por enésima vez lo que algunos supieron, luego ignoraron y finalmente negaron. Así, el 28 de mayo de 2007:

Ministerio Fiscal (J. Zaragoza): ¿Con ese análisis usted puede determinar la marca comercial concreta?

Perito 17.632: Después de una explosión nunca se puede determinar la marca o el nombre comercial de un explosivo, puesto que en la propia explosión van a desaparecer componentes aditivos eh… sustancias presentes que son… que están modificando o que están dando texturas, es decir, aditivos o corrigientes [sic] que presenta una dinamita que teniéndolos todos, absolutamente todos, es con lo que se le puede poner el nombre. Faltando esos componentes, según mi criterio, nunca se puede decir el nombre comercial de un explosivo. Sí se puede decir el tipo de explosivo que es.

[…]

A. Pedraza: Vamos a ver, se lo pregunto porque en su informe, que son cuatro folios, cuando dice “componentes habituales de las dinamitas, componentes de dinamita”… entiende este letrado que usted no hace una… una composición específica, porque claro, dinamitas hay muchas. No por nombre comercial, sino al menos los elementos que están en cada una de ellas.

Perito 17.632: Perdón, después de una explosión se detectan los componentes que se pueden detectar, y yo los que detecto los he mencionado esta mañana [nitroglicol y nitrato amónico] y eso sólo me lleva a determinar dinamita.

Pero todo es en vano y, desde julio de 2009 y durante más de dos años y medio, la analista de los Tedax hubo de soportar la instrucción de una querella que partía de la base de que la Policía Científica habría podido determinar perfectamente la marca de la dinamita utilizada en los trenes. En su declaración como querellada (o casi como paciente), de 10 de agosto de 2009 hizo la que quizá sea su exposición más amplia al respecto:

De Pablo: Y usted, en el caso del 11-M, porque usted ha dicho que sólo pudo determinar que era dinamita el resultado, ¿usted no pensó que la Policía Científica sí podía tener medios o sí tenía medios para determinar la marca comercial de esa dinamita y, por lo tanto, ayudar así a la investigación?

Perito 17.632: Vamos a ver, yo esta pregunta la voy a responder otra vez más, y la responderé cien veces más, tengo hecho un informe sobre eso. Después de una explosión –lo he dicho antes también, voy a volver a repetirlo–, nadie, científica he dicho y técnicamente, es absolutamente imposible, según mi criterio científico, el poner el nombre a un explosivo, nombre comercial, a un explosivo que le faltan componentes, yo jamás lo haría. Yo jamás lo haría y el que lo hiciera, pues sería bajo su absoluta responsabilidad. Científicamente, no se puede poner. Las dinamitas llevan componentes muy parecidos todas, y sólo con todos los componentes, incluido su aspecto, su textura, sus colores, es decir, basándonos en muchos datos, pudiéramos decir, y a lo mejor no en todos los casos, el nombre comercial de la dinamita.

De Pablo: ¿Y no es más cierto que habitualmente la Policía Científica cuando se le envían los restos de explosivos explosionados, en una gran cantidad de casos sí pone nombre a la marca comercial de la dinamita, porque encuentra restos de todos los componentes?

Perito 17.632: Si un explosivo explosiona en su totalidad, es decir, explosiona adecuadamente, como fue el caso del 11-M, no dejando restos enteros de explosivo esparcido, que sí pasó en Leganés, hubo una explosión pero quedaron restos de explosivo entero en grandes cantidades. En los trenes, en las estaciones, no quedan restos visibles del explosivo, es decir, el explosivo ha hecho sus efectos, se ha iniciado adecuadamente y ha reaccionado hasta el final, es decir, sin dejar restos visibles. Si no quedan restos enteros del explosivo, si lo que quedan son impregnaciones en las piezas de convicción, han desaparecido todos los componentes aditivos o sustancias que están en menor proporción, quedando sólo los mayoritarios. Los mayoritarios son siempre iguales, prácticamente iguales, en varias dinamitas que fabrica todo el mundo además, no solamente España. Entonces, si desaparecen los componentes por la reacción explosiva, es decir, por la explosión del explosivo, no es el tema ni de Policía Científica ni de Tedax. Los componentes que quedan son los que quedan, es decir los mayoritarios, y según mi criterio jamás –y es mi criterio científico– se podría poner el nombre comercial.

De Pablo: Entonces, por ejemplo, por lo que usted ha explicado ahora, en una explosión con dinamita Tytadin, ¿qué componente es el que desaparece por completo que impediría ponerle marca comercial?

Perito 17.632: Digo, he dicho antes, cada explosión, si explosiona y no deja restos porque haya explosionado de forma lenta o haya dejado sustancias entera aunque pequeños restos, nunca se le podría poner el nombre, desde el punto de vista analítico. Esto sí que lo quiero aclarar, Señoría. Una cosa es la limitación de la ciencia, la ciencia llega a decir “Es dinamita” –voy a poner el mismo ejemplo– y luego, con eso, una investigación policial, una investigación de expertos en desactivación de artefactos explosivos, es decir una investigación del artefacto en el cual se encuentren implementos característicos de un grupo terrorista, entonces y diciendo “como ahora a este grupo terrorista le tengo con estos implementos que son los que utiliza, y además es –vamos a poner– una dinamita, y además, si este grupo terrorista tiene una dinamita robada, lo normal es que sea la dinamita equis”, Tytadin o la que fuese en ese momento. Porque los grupos terroristas han cambiado de dinamitas a lo largo del tiempo, y del tiempo que yo he estado en Explosivos han cambiado bastante de dinamitas.

Es como darse con una pared. En otras circunstancias, resultaría incluso cómico.

Conforme al plan de mi exposición, después de haber mostrado que la postura oficial en lo que atañe a la determinación del explosivo fue coherente desde el inicio (no así su tratamiento periodístico), procede seguidamente acreditar que tales explicaciones, además de constantes, son de hecho ciertas.

Terminemos, no obstante, esta entrega con un broche irónico. Después de protestar repetidamente que “no creemos que haya ningún tribunal que pueda sustituir las pruebas materiales por las simples deducciones e inferencias” (véase, inter alia, editorial de El Mundo de 17.7.06), la sentencia redactada por Gómez Bermúdez les deparó alguna sorpresa. De este modo, a los pocos días de haberse dictado, García Abadillo observó quejumbroso (EM, 4.11.2007):

Tanto una (la mochila), como otra (el explosivo) prueba son básicas para sustentar la versión de los hechos dada por la Fiscalía. Si no se hubieran contemplado en la sentencia como hechos probados, sencillamente, el sumario se hubiese venido abajo.

En ambos casos, el tribunal ha obrado por deducción (si hubo tráfico de Goma 2 ECO desde Mina Conchita y ese fue el explosivo que se halló en Leganés y en las vías del AVE, ¿por qué se iba a haber utilizado otro explosivo distinto?).

¡Qué disgusto!

ultima edicion por Rasmo (08-03-2013 10:57:33)

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Disculpad por la desaparición del foro y del blog

Este mismo finde me pongo a aactualizar el blog para incluir el excelente trabajo de Rasmo.
Un abrazo a todos

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Yo he tenido unos días de locos porque me estoy mudando, pero ahora ya estoy más tranquilo.

[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (LIII)

Las anteriores entregas han servido para mostrar el contenido preciso y constante de las explicaciones oficiales acerca de por qué resultaba imposible establecer la marca comercial de la dinamita que había estallado en los trenes. Básicamente, cuando se trabaja sobre meras impregnaciones, sin sustancia intacta, no es posible hallar todos los componentes ni sus respectivas proporciones, lo que impide ir más allá de una genérica denominación del tipo de explosivo.

Corresponde ahora, y en sucesivas entregas, acreditar que esa explicación es cierta, según todos los elementos a nuestro alcance, de modo que las pretensiones en sentido contrario de los críticos de la versión oficial se revelarán ayunas de todo sustento. El bloque argumental que aquí se inicia pretende mostrar que las objeciones de los comentaristas habituales son inatendibles ya que, por un lado, son inconsecuentes y, por otro lado, no se corresponden con hechos fácilmente constatables. Son inconsecuentes (aparte de sus fallos lógicos) en el sentido de que los propios críticos, y en particular los “peritos independientes” no son capaces en su propia praxis de hacer lo que aseguran que puede (más bien debe) hacerse; son, además, poco acordes con la realidad, en la medida en que un examen de la casuística y antecedentes en la materia desmiente los principales asertos que se aducen frente a la versión oficial. El análisis de restos explosionados (no de sustancia intacta) nunca ha sido una técnica infalible para la determinación de marcas comerciales, como los conspiracionistas alegan (con cierta confusión, por lo demás) repetidamente. Asimismo, de manera análoga a la reducción al absurdo, aplicar sus argumentos a casos reales, autóctonos y extranjeros, lleva a resultados inasumibles, lo cual, como mínimo, revela que sus posiciones carecen de solidez y están contaminadas de una parcialidad poco laudable.

En primer lugar, está fuera de duda la insistencia con la que los conspiracionitas han mantenido que sí es posible determinar la marca de restos post-explosión. La consecuencia de este presupuesto es que, a su entender, si los análisis de los Tedax no especifican la marca, ello sólo puede deberse a la incompetencia o a la mala fe.

De hecho, ese presupuesto se halla en la base misma de la querella criminal interpuesta por la AAV11-M contra Sánchez Manzano y la perito 17.632, según la cual (pp. 33-34):

La actuación de los dos querellados (y de quienes les ordenaron actuar como actuaron), evitando primero que la Policía Científica pudiera analizar los vestigios de los focos de las explosiones, y haciendo desaparecer después la inmensa mayoría de esos vestigios antes de que los peritos designados por el Tribunal pudieran analizarlos, impidió que la Policía Científica determinara la marca concreta del explosivo empleado en los atentados. […] Seguro que si los querellados no hubieran ocultado primero los vestigios de los focos a la Policía Científica, ni hubieran hecho desaparecer después la mayoría de estos vestigios, la sentencia podría haber determinado con certeza la marca de la dinamita empleada.

[Paradójicamente, lo anterior no impide al autor de la querella (José María de Pablo) dar por probado que se utilizó Titadyn en los atentados: “se podría haber abierto una línea de investigación para tratar de identificar a la/s persona/s que proporcionaron dinamita de esa marca [Titadyn] a los terroristas del 11-M” (p. 34). “Los querellados, con su labor de entorpecimiento de la investigación sobre los explosivos del 11-M ayudaron de un modo eficaz a parte de sus autores (y concretamente a los que proporcionaron dinamita Titadyn para su comisión), impidiendo que ya desde marzo de 2004 se pudieran abrir las líneas de investigación pertinentes” (p. 36).]

Como ya referí en anteriores entregas, según el director de El Mundo:

Es imposible que no se hayan podido analizar restos de los focos y determinar la naturaleza del explosivo sin una intención deliberada de ocultar lo ocurrido. [Pedro J. Ramírez, 11.3.2011, encuentro en elmundo.es].

En una de sus pifias publicadas como gran noticia (EM, 20.11.2006), García Abadillo enumera las “técnicas analíticas [que] se utilizaron en el laboratorio de la Policía Científica para determinar, por ejemplo, el tipo de sustancia que se encontró en la Renault Kangoo o en la mochila de Vallecas” [donde, recordemos, a diferencia de los focos de explosión, se recuperó explosivo intacto] y se pregunta:

¿Si se hubieran realizado todas esas analíticas a las sustancias encontradas en los focos de los trenes el 11 de Marzo, se podría haber determinado el tipo de dinamita utilizado por los terroristas? Ésa es la pregunta del millón a la que todas las fuentes consultadas (tanto miembros del Tedax como de la Policía Científica) responden con un rotundo «sí».

Una vez más, no se aclara por qué las previas fuentes de la Policía (incluidos los Tedax) y la Guardia Civil consultadas por el periódico (y él mismo) les habían dicho otra cosa años antes, pero da igual. Después de la declaración del ex Jefe de los Tedax en el juicio, el vicedirector de El Mundo insistía (EM, 15.3.2007):

Sobre los explosivos, Sánchez Manzano trató infructuosamente de explicar lo inexplicable: cómo es posible que tres años después del 11-M aún no se sepa con exactitud qué estalló en los trenes.

Para no variar, en el Prólogo de “Titadyn” (p. 25), este mismo autor califica de “falsa” la “versión de Manzano ante el juez instructor y ante el tribunal”. Y el perito Antonio Iglesias, en el mismo libro, precisa (p. 78):

[C]on la cantidad de dinamita explosionada en cada vagón y con la dotación de un laboratorio moderno se pueden identificar con relativa facilidad, mediante análisis de los restos de las explosiones, el tipo de dinamita (Goma 2 ECO, Titadyn u otra) empleado.

Lo curioso es que ninguno de los valedores de esta opinión ha hecho otra cosa más allá de afirmarla una y otra vez con infatigable pertinacia. Sin embargo, como ya se ha dicho en otros momentos, tal aserto no ha sido acreditado por Iglesias ni sus amigos mediáticos con nada parecido a una prueba. De hecho, lo que pretendo demostrar a continuación es que no sólo la lógica sino también la propia actuación de estos sujetos en los análisis desarrollados en la pericial del 11-M, llevados a cabo sin duda en un “laboratorio moderno”, desmienten tal afirmación y ello, además, nos permite hacer una reflexión genérica sobre su actitud acientífica y de todo punto carente de rigor.

En la prolija exposición que sigue, no debe perderse de vista el trasfondo marcadamente acusatorio y envilecedor que subyace en las continuas afirmaciones de cariz aparentemente técnico procedentes de los comentaristas habituales. Aunque se ha citado en otros momentos, conviene recordar la diáfana argumentación al respecto de uno de los principales protagonistas de la lapidación mediática, el coautor de “Titadyn” y vicedirector de El Mundo:

¿Por qué es tan importante la determinación del explosivo que utilizaron los terroristas del 11-M? Lo que hace especialmente relevante esa cuestión en el mayor atentado cometido en la Historia de España es que, en ese caso, el tipo de explosivo determinaba la autoría del mismo. [García Abadillo, EM, 22.2.2010]

  [1]

[P]arecía claro que la intención del jefe de los Tedax era demostrar que el explosivo utilizado no era Titadyn, sino Goma 2 ECO, lo cual era fundamental para determinar la autoría del atentado y, por tanto, para condicionar el resultado electoral de los comicios que se celebraban el día 14 de marzo [García Abadillo, EM, 25.7.06]

Tan falso como insidioso.

En cualquier caso, en lo que atañe al asunto de la determinación de la marca del explosivo utilizado, lo cierto es que no haría falta siquiera empezar presente discusión, cuando el propio informe pericial de mayo de 2007 contiene, en su página 19, la siguiente afirmación conjunta (es decir, en la parte aceptada por todos los peritos):

Los análisis efectuados sobre las evidencias o los restos procedentes de una explosión están encaminados a descubrir componentes del explosivo o mezcla explosiva utilizada, por lo que difícilmente se podrá concretar la marca o tipo del explosivo utilizado.

Pero con algunos críticos siempre hay que hacer un melancólico ejercicio de disección. Así, frente al claro enunciado que acaba de referirse, el Sr. Iglesias, en un artículo publicado el 21.3.2010 en Libertad Digital, incluía la siguiente desalentadora afirmación:

En la pericial se trataba de determinar si en los trenes había estallado Goma 2 ECO u otro explosivo, muy posiblemente el Titadyn.

Lo cual no es sino un ejemplo entre muchos de memoria tornadiza.

Sea como fuere, tanto en sus conclusiones particulares en el informe de 2007 como en su libro “Titadyn”, Iglesias concluye que es “altamente probable” que, al menos en la estación de El Pozo (aunque este matiz se va perdiendo por el camino), hubiera explotado Titadyn, [2]  al tiempo que descarta que en el resto de los focos explotara Goma 2 ECO. Su opinión, pues, es bastante clara. En efecto, este perito no duda en recordarnos que, en la muestra M-1 (sustancia procedente de un polvo de extintor del foco de El Pozo), de la que tendremos ocasión de hablar, “aparecen todos los componentes, aparece el retrato robot del Titadyn, que para eso se hacen las analíticas” (EM, 18.5.2009). O, en palabras de su colega perito “independiente” Carlos Romero: “El cromatograma es clavado, es clavado. Todo, todos los picos que tenía el Titadyn aparecieron, todos” (EM, 19.5.2009).

Nótese que toda esta seguridad se extrae únicamente de un análisis cualitativo (y no cuantitativo) de unos restos post-explosión, es decir, de un análisis que sólo tiene en cuenta lo que se encuentra, nominalmente, pero que no considera en qué proporciones o cantidades. Es un aspecto que conviene subrayar. Así, en sus conclusiones particulares del informe presentado al tribunal en 2007, el propio Iglesias hace hincapié en este punto, para criticar que se hubiera hecho un análisis cuantitativo de la famosa muestra M-1 (polvo de extintor procedente del foco nº 3 de El Pozo), a instancias del director de la pericia, Alfonso Vega (pp. 199-200):

El análisis cuantitativo operado sobre esta muestra, con posterioridad al cualitativo, carece de sentido a nuestro juicio. […] De no haber sido porque se detectó nitroglicerina, nunca se hubiera hecho este análisis innecesario que no aporta más información que la aportada por el cualitativo […].

El mismo perito lo explica con más detenimiento en su libro, sin perder ocasión de rejonear nuevamente al perito oficial (p. 148):

En vista de que tras una explosión desaparecen en gran medida los componentes del explosivo, el análisis cuantitativo de los restos carece de sentido, porque no aporta datos coherentes para deducir su composición cuantitativa. Para identificar los componentes de un explosivo es suficiente el análisis cualitativo.

Por esta razón, uno de los principios expuestos en el plan de trabajo y aceptado de común acuerdo entre todos los peritos fue que las muestras de los focos no se someterían a análisis cuantitativo, teniendo además en cuenta la escasez de materia analizable.

Sin embargo, y contrariamente a este criterio, que consideramos razonable, el análisis cuantitativo de la muestra M-1 fue impuesto por el director de la pericia.

Y, con ocasión de la querella contra Sánchez Manzano, insiste en su declaración ante la juez instructora (21.10.2009):

No tiene sentido hacer un análisis cuantitativo de una cosa explosionada. Carece de sentido y además estaba reconocido...

Lo que esto significa no es que no se puedan literalmente cuantificar los elementos que se hallan en una muestra post-explosión en concreto, sino que de ahí no se puede hacer ninguna extrapolación respecto a la composición cuantitativa del explosivo original, intacto. Así lo expone con más claridad Antonio Iglesias en un artículo de Libertad Digital de 21.3.2010, ya citado:

En el documento de las condiciones acordadas para la pericial, firmado por el propio Miguel Ángel Santano [Comisario General de Policía Científica], se había especificado que no se realizarían análisis cuantitativos de los explosivos contenidos en las muestras recogidas en los focos. Esto es así porque, después de una explosión, los compuestos más reactivos del explosivo reaccionan de forma que los más reactivos, como la nitroglicerina, tienden a quedar en los restos en una proporción mínima que nada tiene que ver con aquella que tenían en el explosivo antes de producirse la explosión.

Por lo tanto, no se puede extrapolar la proporción de un componente después de una explosión a la que hubiera tenido antes de producirse ésta. A pesar de ello, se practicó un análisis cuantitativo por imposición de Alfonso Vega quien junto a Carlos Atoche argumentó sin rigor científico que, como la cantidad de nitroglicerina encontrada en el foco 3 de la Estación del Pozo era muy pequeña, se debía a que provenía de Goma 2 ECO, esa que, como sabemos, resultó misteriosamente contaminada con trazas de nitroglicerina y de DNT que se detectan sólo después del apagón del 6 de febrero, sin que se hubieran detectado en 2004.

Aquí, Iglesias incurre en uno de sus frecuentes comportamientos oprobiosos por partida doble. Por un lado, afea un comportamiento ajeno en el que incurre él mismo. Por otro lado, distorsiona el sentido de la actuación del director de la pericia (Alfonso Vega), para presentarla como un capricho tendencioso, pese a que se trata de una postura bastante lógica y razonable (se comparta o no).

Respecto a lo primero, en efecto, llama la atención que el Sr. Iglesias reproche a Alfonso Vega haber “impuesto” la realización de análisis que no se habían previsto de antemano, cuando él mismo (Iglesias) pidió y obtuvo (¿impuso?) la realización de nuevos estudios cuando le convino, precisamente tras la detección de nitroglicerina en la M-1. Y no fue algo inocente; tampoco una labor liviana y breve. Así lo reconoce el propio químico en la página 194 del informe pericial de mayo de 2007, dentro de sus conclusiones particulares:

En los últimos días de la pericia, por iniciativa del Perito 1457.157-S [Antonio Iglesias], hemos seleccionado un total de 50 muestras de los focos que todavía no se habían analizado en el AGILENT en split.

Esta referencia se comprende mejor en la página 434 de “Titadyn”, dentro de la cronología que traza su autor:

17 de abril [de 2007]. Con el método analítico implementado por defecto en el software del cromatógrafo de gases Agilent, splitless, se corre el riesgo de no conseguir detectar la nitroglicerina. Por ello solicito cambiar este método al llamado Split y analizar una larga serie de muestras de restos de focos de explosión que esperaban su turno. Durante varios días procedemos a su análisis. Resultado: no se aprecia nitroglicerina por GC/MS en ninguna de ellas.

Alguien tan mal pensado como él mismo, podría acusarle de haber impuesto la realización “durante varios días” de una prueba no prevista (y finalmente baldía), buscando nitroglicerina a toda costa. [3]

En cuanto al otro aspecto, más enjundioso, lo cierto es que Alfonso Vega tenía una razón muy lógica para hacer esa cuantificación que tanto irritaba al perito autor de “Titadyn”, lo cual no es incompatible con que no se puedan hacer deducciones sobre la composición original del explosivo (cuantitativamente) a partir de esos análisis. Aunque Iglesias no se molesta en entenderlo (y, de hecho, distorsiona su intención), lo cierto es que Alfonso Vega no estaba haciendo tal deducción, sino que pretendía demostrar otra cosa bien distinta: que tanto la muestra en cuestión de los focos como los demás restos de explosivo intacto habían sufrido un mismo proceso de contaminación. Es algo que habré de abordar más tarde. Lo importante en lo que atañe a la presente discusión es que todos los peritos estaban de acuerdo en que no cabía hacer análisis cuantitativos de los focos a efectos de la determinación del explosivo que pudiera haber estallado. Sobre esto no puede caber la menor duda, pues se puso de manifiesto en un momento de la pericial sobre explosivos ante el tribunal sentenciador (sesión de 29.5.2007):

A. Iglesias: Creo que estamos incurriendo en una metodología que no es correcta, y es comparar datos cualitativos con datos cuantitativos. Máxime, que de común acuerdo en la pericia, por un criterio de operatividad, que quiero decir, de cantidad de muestra detectable, y cantidad de muestra cuantificable, habíamos convenido que no se podía hacer, no que no se quisiera, que no se podía hacer análisis cuantitativo en los focos de explosión. Es en este foco [el de la M-1] en el único que se ha hecho un análisis cuantitativo…

Gómez Bermúdez: Entiendan que no es porque se le oiga. Es que si no está en el micrófono, no se graba, y si no se graba, no está en el acta.

A. Iglesias: Que no tiene caso que lo comparemos con un análisis cualitativo, menos aún que extra… que pretendamos extrapolar las cantidades muy pequeñas de post-explosión con las que pueden tener en una Goma antes de explotar.

Gómez Bermúdez: Bien, el perito C.

J. Guardiola: Yo sólo quería reiterar que ese fue el criterio que adoptamos, el que acaba de comentar mi compañero perito.

C. Romero: Lo reafirmo yo también.

Alfonso Vega: Quiero comentar un par de cosas más. Bueno, respecto a la cuantificación de focos de explosión, evidentemente, no se llevó a cabo porque es una cosa que es absurda, absolutamente absurda, hacer una cuantificación de focos de explosión. Segundo, eh…

Gómez Bermúdez: Pero eso. ¿Llegaron a un acuerdo, que era absurdo o…?

Alfonso Vega: No, es que realmente, realmente cuantificar…

Gómez Bermúdez: Es un criterio técnico.

Alfonso Vega: Es un criterio técnico. Realmente, cuantificar algo que ha explosionado no tiene sentido.

Ya he anunciado que volveré a examinar el episodio en cuestión, de modo que ahora no hay por qué aclarar todo el contexto, pero obsérvese simplemente la nitidez con la que se expone la improcedencia de hacer estudios cuantitativos de focos de explosión.

A este respecto, contamos asimismo con otra fuente irreprochable. El 28 de mayo de 2007 declaró ante el tribunal sentenciador el perito Manuel Escribano, de fama bórica, en su condición de coautor del informe sobre los paneles de porespán hallados en un zulo de la finca de Morata de Tajuña, donde aparentemente se habían almacenado explosivos. En este caso tampoco se contaba con sustancia entera y el análisis cuantitativo, por tanto, carecía de pertinencia:

Defensa de Hamid Ahmidan: […] [D]icen ustedes en su informe, efectivamente, que encuentran restos de nitroglicol, nitrato amónico. Son componentes fundamentales de las dinamitas…

M. Escribano: Cierto

[…]

Defensa de Hamid Ahmidan: […] ¿La cantidad encontrada por ustedes era grande, era importante, era determinante?

M. Escribano: Eh… tenga usted en cuenta que… esto hemos dicho que son unos paneles que protegían el zulo, ¿no?, para aislar el zulo, el explosivo, del resto. Entonces, lógicamente ahí solamente pueden quedar, en cualquier caso restos, o sea, es decir, que son trazas y lógicamente eh… los restos que uno puede obtener ahí van a depender mucho de… del procedimiento de extracción que uno efectúe. Entonces, lógicamente no tiene, eso de si mucho o poco, aquí tiene poco valor. O sea, podemos decir únicamente y exclusivamente eh… trazas o restos, pero nunca nada más puesto que eh… el poder cuantificar aquí, la cuant… Si se hiciera la cuantificación de estos análisis no valdría absolutamente para nada  […]. Por consiguiente, […] esto no se efectúa puesto que es un análisis cualitativo, es decir, decir qué es lo que hay, no cuánto hay de lo que hay, que sería un análisis cuantitativo.

Para más seguridad, cabe citar igualmente las palabras de otro de los peritos independientes más activos, Carlos Romero, quien, en sus conclusiones particulares al informe pericial de mayo de 2007 (p. 184), precisa que: “no se han podido realizar posibles análisis cuantitativos de los focos, al no encontrar restos de explosivos intactos por ausencia de oxígeno en los focos de las explosiones”. Y, en el marco de la querella de la AAV11-M contra Sánchez Manzano (23.9.2009), repitió que “en cantidad, nada más se puede determinar en muestra intacta, cuantificarlo. En analíticas que hemos hecho nosotros [de los focos] eran cualitativas”.

¿Por qué insisto en esta cuestión? Muy sencillo: para demostrar una vez más cuán inicuas son algunas de las acusaciones que se han vertido contra los actores de la versión oficial.

Así, es notoria la satisfacción con la que El Mundo y su director han celebrado y esgrimido siempre la sentencia absolutoria de la Sra. Lledó, que desestimó la demanda interpuesta por Sánchez Manzano en defensa de su honor. Puede ser comprensible. Pero los agraciados con ese premio judicial suelen además invocar la resolución para alegar que ésta demuestra que la sentencia del juez Gómez Bermúdez se dictó sobre bases de hecho falsas, como, si de algún modo, en el procedimiento entre Sánchez Manzano y El Mundo se hubieran revisado y cuestionado (incluso refutado) los hechos básicos sobre los que se pronunció la Audiencia Nacional. En lo que ahora nos concierne, ha quedado meridianamente claro que la ausencia de cuantificación de los componentes hallados en los focos es un criterio técnico; todos los peritos, y en particular los “independientes”, con el Sr. Iglesias a la cabeza, insisten en que la cuantificación en esos caso no tiene sentido. Si es así, debería resultar evidente que nada tiene que ver el comportamiento de los Tedax con esa imposibilidad técnica. Pues bien, los peritos Iglesias y Romero testificaron a favor de El Mundo en el procedimiento iniciado por Sánchez Manzano. ¿Y qué dice la sentencia de la Sra. Lledó? Entre los que ésta considera “presupuestos fácticos constatados” se incluye el siguiente (p. 34):

En el plenario no pudo tampoco llegarse a una conclusión unívoca sobre la presencia de tales componentes toda vez que, mientras unos afirmaban que el DNT era componente del explosivo de los focos de los trenes al estar presente en todos los focos, (aunque no se pudiese determinar su exacta proporción cuantitativa ya que no había quedado suficiente sustancia para efectuar un análisis con las debidas garantías, entre otras cosas, por haberse lavado las muestras con agua y acetona y no guardarse muestra alguna de dicho líquido), otros peritos, por el contrario, dictaminaron que la presencia de DNT se pudo deber a contaminación en el lugar de almacenaje.

Es decir, la sentencia describe y acoge la posición de los peritos discrepantes de la versión oficial en el sentido de que la imposibilidad de determinar la “proporción cuantitativa” de lo detectado en los focos se debe “entre otras cosas” a esa alegada negligencia del laboratorio de los Tedax consistente en haber lavado las muestras y haberse deshecho de los líquidos. Se está acusando a los policías de ser los culpables de algo que ellos mismos dicen que es imposible o improcedente “técnicamente”. Repito que los únicos peritos químicos que declararon en ese procedimiento fueron Iglesias y Romero, los mismos que más tarde actuaron como testigos de cargo en el procedimiento por la querella que pedía años de cárcel para dos policías por, entre otras cosas, falso testimonio. Irónico se queda corto. Por lo demás, no es difícil averiguar cuál es la fuente directa en la que se inspira la juez, ya que ésta se limita a acoger amable y fielmente lo alegado por la defensa de El Mundo (con su habitual desmaño literario) en su escrito de contestación a la demanda de Sánchez Manzano (p. 91):

Posteriormente, varios de los Peritos nombrados por el Tribunal, concluyeron que el “DNT” era componente del explosivo de los focos de los trenes […], al estar presente en todos los focos. No se pudo determinar su exacta proporción cuantitativa ya que no habían quedado suficiente sustancia para efectuar una [sic] análisis con las debidas garantías, entre otras cosas por haberse lavado las muestran con agua y acetona de la que no se guardo [sic] muestra alguna.

La juzgadora, ciertamente, no hubo de romperse la cabeza. ¿Y de dónde procede, a su vez, esta imputación espuria, desmentida por los peritos “independientes” en el juicio del 11-M y aparentemente resucitada más tarde en la querella contra Sánchez Manzano? De El Mundo, naturalmente. Fue este diario el que, por ejemplo, publicó un artículo de Pablo Jáuregui (19.3.2007), con la siguiente afirmación:

Sin embargo, todo parece indicar que va a ser imposible obtener resultados cuantitativos sobre los componentes hallados en los focos de los explosivos, debido a que las muestras son demasiado pequeñas y se encuentran en mal estado tres años después del atentado.

Por si hubiera alguna duda de la carga inculpatoria de esa observación, el editorial del día aclaraba a quiénes había que señalar por una imposibilidad que, repitámoslo, en realidad no tenía nada que ver con ninguna maniobra personal, sino que era un “criterio técnico”:

Todo se aclararía definitivamente si se pudieran hacer análisis cuantitativos de los restos de los focos de los trenes. Pero los únicos responsables de que no queden muestras suficientes para ello son la policía, la Fiscalía y el juez instructor.

Pues no: la única responsable es la naturaleza físico-química de las cosas. Pero García Abadillo, para no mudar en su costumbre, no se da por enterado en la página 50 de “Titadyn”, repitiendo lo que sus peritos más cercanos habían desmentido un par de años antes en el juicio:

Sin embargo, todos los peritos (incluidos los oficiales) establecieron que, con la escasez de las muestras y tras haber sido lavadas con acetona, era imposible hacer análisis cuantitativos sobre dichas muestras.

Que semejante afirmación falaz aparezca recogida en la sentencia desestimatoria de la demanda de Sánchez Manzano quizá no sea más que una infortunada coincidencia, ilustrativa, en cualquier caso, del nivel al que operan algunos eximios investigadores (y de su capacidad de influencia).

**
NOTAS:

[1] Como curiosidad, el 11.10.1999, García Abadillo ya había publicado un artículo con exactamente el mismo título: “Mentiras y cintas de vídeo”.

[2] En efecto, en sus conclusiones particulares dentro del informe entregado al tribunal en mayo de 2007 (p. 202), el Sr. Iglesias declara que el uso de esa marca concreta de dinamita “es altamente probable”, y lo expresa de manera casi idéntica en “Titadyn” (p. 151): “es altamente probable que en el foco nº 3 de la estación de El Pozo haya estallado Titadyn” (también en la página 417; García Abadillo lo repite en el Prólogo, p. 15). Pues bien, pese a que el perito en cuestión estaba repitiendo lo que ya había concluido en mayo de 2007, uno de los supuestos “expertos” del 11-M (según El Mundo), Jaime Ignacio del Burgo, recibió la publicación de “Titadyn”, en mayo de 2009, con el siguiente comentario (EM, 20.5.2009): “el informe hecho público por EL MUNDO, elaborado por el químico Antonio Iglesias […], concluye que el explosivo utilizado fue, con toda probabilidad, Titadyn. Este hallazgo trascendental no fue puesto en conocimiento del tribunal”. Naturalmente que fue puesto en conocimiento del tribunal. Lo mismo cabe objetar frente a la contraportada del libro “Titadyn”, según la cual el trabajo del perito Iglesias “nos plantea numerosos interrogantes”, incluido el siguiente: “¿Por qué se ocultó que en la estación de El Pozo pudo estallar Titadyn?”. Esto da una idea del nivel de información con el que trabajan algunos pretendidos investigadores críticos con la versión oficial del 11-M.

[3] Los otros tres peritos “independientes” (Gabriel Moris, Carlos Romero y Jesús Guardiola), firmaron un artículo publicado el 1 de marzo de 2012 en Libertad Digital (“Pericial imposible”), en el que también censuraban que se hubiera dedicado tiempo a repetir análisis: “Las muestras de los focos contenían un explosivo inexistente en la Goma 2 ECO, el dinitrotolueno (DNT). Este resultado fue la razón para tomar la decisión de repetir análisis y realizar ensayos complementarios, lo que contribuyó a que la pericia se dilatara en el tiempo”. Naturalmente, estos colegas del Sr. Iglesias omiten recordar que éste hizo lo mismo cuando le convino, tratando de encontrar nitroglicerina.

ultima edicion por Rasmo (29-07-2013 15:25:58)

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (LIV)


Podemos seguir el examen de la postura conspirativa iniciado en la anterior entrega subrayando nuevamente que la confiada identificación del explosivo por parte de Antonio Iglesias y compañía se hace, pues, sobre la base de un listado de componentes detectados en el análisis: eso es lo que significa su reiteración de la suficiencia de un análisis cualitativo.

Así, en la famosa muestra M-1, en los análisis ordenados por el tribunal del 11-M, se habían hallado componentes comunes a la Goma 2 ECO y al Titadyn, como el nitroglicol (EGDN) y el nitrato amónico. [1] Pero, como recoge el perito Iglesias en sus conclusiones en el informe de 2007 (p. 202):

La presencia conjunta en la muestra M-1 de DNT, EGDN, NG, componentes de TITADYN, indica que es altamente probable que este explosivo haya estallado en el foco nº 3 de la estación de El Pozo.

Y, en su libro, reproduce más extensamente esta conclusión, tanto en la página 151:

La presencia conjunta de nitrato amónico (AN), dinitroetilénglicol (EGDN), dinitrotolueno (DNT) y nitroglicerina [NG] confieren a esta muestra [M-1] la característica de permitir discriminar el tipo de dinamita utilizado en el foco de donde fue extraída.

Como en la página 416:

[L]a M-1, procedente del foco 3 de la estación de El Pozo, […] ha revelado en su análisis, además de la presencia de compuestos comunes a Goma 2 ECO y Titadyn (nitrocelulosa, dinitroetilenglicol), la de otros que permiten discriminar el tipo de explosivo, a saber: dinitrotolueno y nitroglicerina (componentes de Titadyn y no de la Goma 2 ECO).

Nótese que, en esta segunda cita, el autor se ha olvidado del nitrato amónico y, en su lugar, refiere una “nitrocelulosa” cuya detección no figura en documento alguno. Es un desliz muy a tono con el conjunto de su obra. En este sentido, y con carácter anecdótico, puede recordarse asimismo que este perito es bastante puntilloso, en cambio, a la hora de evaluar denigratoriamente los usos terminológicos ajenos. En numerosas ocasiones, por ejemplo, Iglesias ha manifestado su rechazo a que se hable de “muestra patrón” o “patrón indubitado” para referirse a la muestra de Goma 2 ECO (M-3) extraída de un cartucho de ese explosivo que la perito 17.632 remitió a la Policía Científica para cotejo con la sustancia hallada en la furgoneta Kangoo (muestra M-2). Así, durante el juicio, provocando cierta impaciencia en el presidente del tribunal (sesión de 28.5.2007):

Gómez Bermúdez: Bien. Antes de avanzar, por qué dice usted que discrepa de que use la… “patrón indubitable”.

A. Iglesias: Sí, quería decir que discrepo en lo… en la definición que ha dado la señora de muestra patrón. Realmente, una muestra patrón, nos hemos referido al concepto que en química analítica se tiene de ella, normalmente va referido a una especie química. Dado que una goma no es una especie química, sino una mezcla, no se puede hablar en puridad de una sustancia patrón, sino de una muestra de referencia…

Perito 17.632: Ya.

A. Iglesias: …de acuerdo quizá con las especificaciones.

Gómez Bermúdez: Ya, pero en cualquier caso, a efectos de la pericia, ¿se trata de una muestra, en eso no discuten ustedes, se trata de una muestra que viene de fábrica?

A. Iglesias: En eso no discutimos, pero quería hacer esta precisión.

Gómez Bermúdez: Bien, bien, pero entonces, la comparación se hace con una muestra de fábrica.

Ministerio Fiscal (J. Zaragoza): Bien.

Gómez Bermúdez: Le pregunto.

A. Iglesias: Sí señor.

Gómez Bermúdez: ¿En esto no hay discrepancia?

A. Iglesias: En esto no hay discrepancia.

Gómez Bermúdez: ¿Por ninguno de los peritos? Cuando quiera.

Ministerio Fiscal (J. Zaragoza): Esa muestra, es… ¿venía de fábrica etiquetada como Goma2-ECO?

Perito 17.632: Sí.

En “Titadyn” (p. 101, n. 4), también se molesta en aclarar que “la expresión ‘patrón de dinamita’ es impropia, aunque se utilizó durante el desarrollo de la pericia”. Siguiendo esta actitud de rigorismo conceptual, en el mismo libro (p. 82, n. 9), este químico precisa, en referencia al informe 173-Q1-04, de la Policía Científica, que: “Aunque el citado documento se titula Informe pericial, en realidad es una reseña de resultados analíticos. La atribución de los compuestos reseñados a un determinado tipo de explosivo es lo que propiamente constituye un informe pericial […]”. Etc.

Sin embargo, este purista, insiste (y no es el único) en hablar de “tipo de explosivo” cuando a todas luces se refiere a la “marca” del explosivo, pues el “tipo”, como nunca se han cansado de repetir la propia inspectora 17.632 y Sánchez Manzano, siempre se supo: dinamita.

Lo destacable, en cualquier caso, es que el perito en cuestión considera que la simple relación de unos determinados componentes, es decir, un examen meramente cualitativo, permite “discriminar el tipo de explosivo” (o sea, la marca, según él lo entiende).

Lo cual nos lleva a examinar los curiosos razonamientos de este químico. Concretamente, en la página 65 de su libro, bajo el epígrafe “Principales clases y marcas comerciales de dinamitas con nitroglicerina”, menciona el Titadyn 30 F y el Titadyn 50 F, indicando que “todos éstos llevan nitroglicerina (NG) en su composión”. Y añade: “Otros Titadyn, como 25 A y 30 A, en lugar de NG contienen trinitrotolueno (TNT) y dinitrotolueno (DNT)”. Es decir: el Titadyn 25 A y el Titadyn 30 A, no tienen nitroglicerina. Supongo que nadie en su sano juicio podrá afirmar que estos dos últimos explosivos no son Titadyn. Esto, que parece una absurda perogrullada, no lo es tanto. Porque resulta que en la página 66 del libro, es decir, sólo una página después de haber expuesto lo anterior, este perito “perfeccionista y abnegado” (Pedro J., 2.6.2009), nos ofrece (en un párrafo de mejorable redacción) otra de sus singulares muestras de incuria:

Con la denominación Titadyn 30 AG […] se fabrica en Austria por Austin Powder GmbH, comercializándola en Francia la firma Titanite S.A. en Pontailler sur Saône. Es la única dinamita Titadyn en la que no entra nitroglicerina en su composición […].

¡La única dinamita Titadyn sin NG! ¡Unas líneas después de haber mencionado otras dos dinamitas Titadyn sin NG! Ojalá sólo habláramos de un descuido solitario, pero lamento constatar que así se desarrolla casi todo el libro.

Sin embargo, en cuanto al fondo, más anonadante resulta la admisión que contiene el párrafo del libro inmediatamente posterior al que acaba de citarse, siempre en relación con el Titadyn 30 AG:

Se trata de una dinamita de composición cualitativa muy similar a la Goma 2 ECO –que veremos más adelante–, porque las dos contienen nitrato amónico, dinitroetilenglicol y nitrocelulosa, pero no llevan nitroglicerina. Por consiguiente, es muy difícil diferenciarlas en un análisis.

¿Cómo puede entonces este perito pretender diferenciar la Goma 2 ECO del Titadyn 30 AG con un mero análisis cualitativo? No nos lo aclara. Lo más llamativo, no obstante, es que a continuación (p. 67) el propio Iglesias da cuenta de la existencia de otra marca de dinamita, la “Dynaroc” (en una ocasión la denomina “Dinaroc”), cuyos fabricantes y los de Titadyn, dice, “han tenido alguna vinculación, por lo que existen equivalencias entre algunos de sus productos” (p. 68). Añade, en efecto, un cuadro de componentes en el que se observa con toda claridad que diversos grados de Dynaroc presentan una composición cualitativamente idéntica a la de algunas denominaciones de Titadyn. No digo parecida. Digo idéntica. Así, todas las variedades de Dynaroc que describe contienen nitroglicol, nitroglicerina, nitrocelulosa, nitrato amónico y dinitrotolueno.

En realidad, la situación es más interesante de lo que señala el insigne perito. El equivalente belga a nuestro Boletín Oficial del Estado, el Moniteur Belge, incluía en su edición de 25.3.1999 una resolución del ministerio de economía relativa a diversas dinamitas fabricadas por la compañía francesa Nitrochimie (entre ellas, NC3 y NC4), y aclara que la NC3 puede llevar las denominaciones “Dynaroc 7” o “Titadyn 50”; a su vez, la NC4 puede llevar las denominaciones “Dynaroc 5” o “Titadyn 30”. Por cierto, el Titadyn 30 es el Titadyn de Cañaveras, el que analizaron los peritos en la pericial de explosivos ordenada por el tribunal del 11-M. Bien se ve, por tanto, que se trata exactamente del mismo producto, comercializado con marcas distintas. Me permito añadir, además, que la presencia en España de la denominación “Dynaroc” parece documentada en fechas no muy lejanas a los fatídicos atentados de Madrid, ya que el Diario de León informaba el 31.10.2002 de un grave accidente de un camión con 8.300 kilos de explosivo en la autovía León-Burgos, tras haber salido de la fábrica de Ibernobel-Orica en Valderas:

Un explosivo que transportaba el vehículo era Dinaroc, una marca de dinamita encartuchada de fabricación francesa, sensibilizada con nitroglicerina.

La pregunta, pues, es obvia: sobre la única y exclusiva base de los resultados analíticos cualitativos, ¿cómo puede saber el Sr. Iglesias que ha explotado Titadyn y no Dynaroc? Evidentemente, no lo sabe. No puede saberlo.

Y, aunque este perito no añada más ejemplos similares, no acaban ahí las posibilidades. Un estudio publicado en 2004 en la revista AARMS (Academic and Applied Research in Military Science), daba cuenta de los análisis post-explosión de una dinamita, Danubit 2, fabricada en Eslovaquia por la compañía Istrochem. Según los autores del artículo (Varga y Pavol, 2004), dicha dinamita contiene, entre otras sustancias, nitroglicerina, nitroglicol, nitrato amónico, nitrocelulosa y dinitrotolueno, componentes todos ellos de alguna variedad de Titadyn. Resulta igualmente reseñable que, en su análisis por cromatografía de gases de restos post-explosión de la mencionada dinamita, los autores no detectaron el nitroglicol en cuatro ocasiones y la nitroglicerina “no se detectó en absoluto”. Según aducen, “la falta parcial de identificación del EGDN [nitroglicol] y de la NG [nitroglicerina] probablemente se debió a su descomposición térmica en la explosión o a hidrólisis durante la toma de muestras”.

Otro candidato reseñable es el Frangex. En efecto, la compañía irlandesa Irish Industrial Explosives vendió durante décadas (y hasta fechas recientes) un tipo de explosivo a base de nitroglicerina con la denominación comercial de Frangex. La información pertinente estaba disponible en la página web de la empresa hasta hace unos pocos años. Ahora ha desaparecido (lo que me hace suponer que el producto ya no se fabrica), pero es posible “rescatar” los datos a que me refiero pinchando aquí. Según descripción de la empresa [en el anterior enlace, pinchar en “safety data” y ver “chemical composition”], se trata de un explosivo a base de nitroglicerina y nitroglicol que contiene, entre otros, DNT, nitrocelulosa y nitrato amónico. Lo interesante de este explosivo, además, es que ha sido utilizado durante décadas por los grupos terroristas norirlandeses, IRA en especial.

Así, el 27 de enero de 2004, en el marco de una comisión parlamentaria irlandesa acerca de los atentados de Dublín y Monaghan (17 de mayo de 1974), uno de los declarantes exponía:

En aquella época, las existencias de explosivos comerciales del IRA provenían de robos perpetrados en las fábricas de Irish Industrial Explosives en la República. El explosivo más destacado de los usados era Frangex […]. El IRA consiguió hacerse con grandes cantidades de él. Por su parte, los terroristas lealistas no tenían esa disponibilidad. Tenían pequeñas cantidades obtenidas de las canteras, al igual que el IRA.

El INLA (Irish National Liberation Army) cometió un atentado en Derry, en 1982, empleando Frangex. En 1983, un plan para atentar contra el Príncipe Carlos de Inglaterra y su esposa utilizando Frangex fracasó porque el terrorista al que el IRA encargó la acción resultó ser un confidente de las fuerzas policiales. En diciembre del año 2000 (pocos meses antes de que ETA robara titadyn en Grenoble), la policía se incautó de unos 80 cartuchos de Frangex en un zulo hallado en un terreno de Kilkenny, pertenecientes, al parecer, al IRA auténtico.

Cabe imaginar cuántos agujeros negros habría podido extraer cualquier ufólogo reconvertido a partir de esta “Irish connection”. Y si alguien piensa que ni siquiera El Mundo haría relaciones tan extrañas, sólo tiene que leerse el editorial de 5 de agosto de 2005. En efecto, para el diario de Unidad Editorial, la misma mano negra podría estar detrás del 11-M y el 7-J (Londres, 2005), y teniendo en cuenta que la tesis islamista no goza de simpatías en la redacción de Pedro Jota… ¡Qué excitantes posibilidades!

Y es que el Frangex da bastante juego. El libro “Current Practice of Gas Chromatography-Mass Spectrometry” (2001) incluye un capítulo 16 firmado por Shmuel Zitrin (experto forense israelí), dedicado al análisis de explosivos mediante cromatografía de gases con detección por espectrometría de masas (GC/MS), una de las técnicas profusamente empleadas en la pericial del tribunal del 11-M por Iglesias y compañía. En dicho capítulo se exponen los resultados del análisis (cuantitativo y cualitativo) de diversos explosivos intactos. La página 394 nos deleita con el siguiente pasaje:

Se analizaron mediante GC-MS varios explosivos comerciales a base de NG [nitroglicerina], empleados por terroristas en Irlanda del Norte. Los explosivos contenían nitrato amónico, NG [nitroglicerina], EGDN [nitroglicol], una mezcla de isómeros de DNT, NC [nitrocelulosa] y serrín. La finalidad forense del estudio consistía en caracterizar las diferentes marcas (Frangex, Frangex nº 1, Plaster Gelatin y Opencast Gelignita) según la ratio entre los diversos isómeros de DNT.

Puesto que el autor examina explosivos intactos, no parece aplicable a nuestro caso la última parte relativa a la diferenciación de las marcas en función del análisis cuantitativo. En este sentido, como recordó el mismo Iglesias en el juicio del 11-M: “En un foco [las] proporciones se distorsionan después de la explosión” (sesión de 28.5.2007). Sobre esto mismo, hubo igualmente una interesante intervención de peritos “independientes” en la sesión de 29.5.2007, a la que me referiré también en otro momento [la transcripción de los peones negros omite las palabras de Antonio Iglesias, audibles en el correspondiente vídeo]:

J. Guardiola: Yo creo que después de una explosión las circunstancias son tan variables, que las leyes físicas y químicas no es fácil que se reproduzcan en un foco de explosión, […] y es bastante arriesgado pensar que se van a reproducir fielmente.

C. Romero: Yo estoy… suscribo totalmente lo que ha dicho mi compañero.

A. Iglesias: Yo también lo suscribo.

Observemos, pues, la mera relación cualitativa de los componentes hallados experimentalmente en el capítulo del libro que he citado: nitroglicerina, nitroglicol, DNT, nitrato amónico, nitrocelulosa… Vaya, la pregunta es obvia una vez más: ¿Cómo sabe el Sr. Iglesias que en El Pozo estalló Titadyn y no Frangex? La respuesta, igualmente obvia, es que no lo sabe, porque no puede saberlo.

Aquí es donde conviene comentar algunas muestras de esa alucinógena mezcla de incoherencia y desidia (como mínimo) de las fuentes habituales. Estamos insistiendo una y otra vez en una lista de determinados componentes. Y no faltan en este sentido las afirmaciones pasmosas. Los primeros días de junio de 2007 fueron, a este respecto, un festival de majaderías. Así, la edición digital de El Mundo del 1.6.2007 ya había adelantado un razonamiento que se hizo reiterativo:

Si la nitroglicerina hallada en los nuevos análisis practicados a las muestras del explosivo no pertenece a la Goma 2 EC, sólo queda otra dinamita que contenga esa sustancia: el Titadyn.

En la edición en papel del día siguiente (2.6.2007), el editorial sentenciaba que:

[S]ólo nos queda una única alternativa: que lo que estalló en los trenes fue Titadyn, una dinamita que sí contiene nitroglicerina y DNT.

Y Manuel Marraco, en páginas interiores, reincidía:

La nitroglicerina es, junto al DNT, una de las dos sustancias ajenas a la Goma 2 ECO que han sido detectadas en la muestra de los focos que mejor se ha conservado, correspondiente a una de las explosiones de El Pozo.

Descartada la Goma 2 EC, sólo queda el Titadyn como explosivo que cuenta con ambos componentes.

Un día más tarde (3.6.2007), Fernando Múgica se unía a la fiesta:

[E]l DNT y la nitroglicerina, junto a los demás compuestos encontrados, nos lleva a una palabra tabú, que da mucho respeto nombrar: Titadyn.

Más contundente aún se mostraba el editorial de 4.6.2007:

[S]i no es posible la contaminación de las muestras con DNT y nitroglicerina, la conclusión más lógica conduce al Tytadin, que es el único explosivo que contiene ambas sustancias. Recordemos que se trata del explosivo habitualmente utilizado por ETA.

Tal afirmación se basaba en la entrevista de ese mismo día a Carlos Romero Batallán, según el cual “El Tytadin sigue siendo el único que tiene nitroglicerina y DNT”. Asimismo, la entrevista se anunciaba en la portada de esa edición, con un entrecomillado del siguiente tenor: “La nitroglicerina no vino volando, sólo el Titadyn tiene eso y DNT.”

No hay lugar a dudas sobre el sentido de estas declaraciones que, repito, se llevan a la primera página del diario: el Titadyn es el único explosivo que contiene nitroglicerina y DNT. Lo de menos es que se trate de una manifestación obviamente falsa, de hecho (ya hemos visto que la Dynaroc, la Danubit 2 o el Frangex, por ejemplo, también incluyen esas sustancias). Lo más curioso (incluso irritante), es la incongruencia. Porque, en su declaración de 23.9.2009, durante la instrucción de la querella de la AAV11-M contra Sánchez Manzano, el Sr. Romero reallizó una desalentadora admisión, a preguntas de la defensa del ex Jefe de los Tedax:

Letrada de la defensa: ¿Sólo hay un explosivo, que es el Titadyn, que lleve esos dos componentes, nitroglicerina y DNT?

Carlos Romero: Yo no lo sé.

Lamentablemente, el 11-M es una de esas materias donde el no saber nunca ha sido obstáculo para todo tipo de manifestaciones contundentes. Pero, ¿qué puede decirse de El Mundo? La reincidencia con la que se observa la poca atención que los redactores del diario prestan a su hemeroteca es preocupante. En este caso, además, los editorialistas no se leen a sí mismos. En efecto, sólo un par de meses antes, El Mundo nos brindaba el siguiente comentario de la casa (EM, editorial, 2.4.2007):

Los cuatro peritos designados por las partes para realizar los análisis científicos de los restos de explosivos del 11-M han enviado un escrito al presidente del tribunal en el que le informan de la presencia de nitroglicerina, nitrato amónico, dinitroglicol y dinitrotolueno en la muestra recogida en El Pozo, uno de los focos de las explosiones. La importancia de este descubrimiento es indudable y se deriva de que dos de los componentes detectados en la muestra –la nitroglicerina y el dinitrotolueno– no forman parte de la Goma 2 ECO –que, según la versión oficial fue lo que estalló en los trenes–, mientras que las cuatro sustancias sí se encuentran en el Titadyn. Este último tipo de explosivo es el que se incautó a los etarras de la caravana de la muerte detenidos en Cañaveras.

Para evitar malentendidos, lo primero que cabe decir es que el hallazgo de los peritos no presupone, ni mucho menos, que ETA fuera la autora del 11-M. Otros grupos terroristas pudieron haber tenido acceso al explosivo Titadyn, y también existen otro tipo de sustancias explosivas que incluyen los cuatro componentes detectados en los análisis cuantitativos.

El segundo párrafo hay que saborearlo unas decenas de veces para aprehenderlo en toda su extensión. O sea que, después de todo, existen otros explosivos además del Titadyn (perdonen la insistencia: otros explosivos que NO son Titadyn) que tienen, no sólo nitroglicerina y DNT, sino también nitrato amónico y nitroglicol. Naturalmente, quien escribe eso no puede escribir dos meses más tarde que el Titadyn es el único explosivo que lleva NG y DNT y pretender conservar un mínimo de decencia intelectual. Y, naturalmente, quien escribe que otros explosivos (que no son Titadyn) contienen esos mismos componentes no puede publicitar y ensalzar más tarde el trabajo de un perito que se empeña en que “la presencia conjunta” de esos mismos componentes nos permite “discriminar” la marca del explosivo empleado, sin merecer todo el escarnio que ellos mismos dedican a los denigrados defensores de la versión oficial. [2]

Pero qué puede esperarse de estos periodistas… García Abadillo, dentro de la campaña iniciada con ocasión del libro que él presenta como coautor, afirmaba que “el DNT y la nitroglicerina eran sinónimo de Titadyn” (EM, 1.6.2009). El mismo García Abadillo que dos años antes, en un artículo en el que recordaba también la detección de DNT, escribía en relación con la nitroglicerina (EM, 26.3.07):

El hallazgo no determina necesariamente que el explosivo que utilizaron los terroristas sea Titadyn, ya que, como se ha dicho, existen algunos tipos de esa dinamita que no contienen esa sustancia.

No parece que la coherencia sea su principal virtud.

Aclarado lo anterior, aún podemos ser más estrictos. El Sr. Iglesias y quienes le aplauden conceden a un mero listado de componentes la capacidad de fijar la marca del explosivo utilizado. Pero, como en tantas otras cosas, es preciso constatar los presupuestos y asunciones de partida. Y, en este caso, se observa una despreocupada admisión implícita de que cualesquiera que sean los elementos hallados, éstos pertenecen forzosamente a un solo explosivo (a saber, el Titadyn). El problema, naturalmente, es que, puestos a discutirlo todo, cabe preguntarse cómo sabe el Sr. Iglesias que sólo explotó una marca de explosivo y no dos o más. A partir del listado de componentes hallados en los focos (para ser más precisos: en una sola muestra de un solo foco –la M-1–), podríamos igualmente conjeturar la hipotética mezcla de una de las múltiples dinamitas con NG (pero sin DNT), con otras dinamitas que sí incorporan DNT y pueden o no contener NG. Las posibles combinaciones son numerosísimas. En este sentido, los propios peones negros nos aportan información sobre diversas series de dinamita (por ejemplo, AXD 500 Series; Extra Gelatin Series; Red Diamond Series) con nitroglicerina, nitroglicol, nitrato amónico y nitrocelulosa, comercializadas por Austin Powder Company (Ohio, Estados Unidos). Cualquiera de ellas (o mezcla de ellas), con unos cartuchos de  Dynaroc, Frangex, Goma 2 EC o, incluso, Titadyn, habrían podido ofrecer los resultados cualitativos de la M-1 (el DNT, la NG, el AN y el EGDN) a los que Iglesias atribuye explícitamente la capacidad de “discriminar” entre “tipos de dinamita”.

De hecho, en su día, como ya vimos, cuando Luis del Pino escribió aquella entrada de su blog (“Dinamitas y dinamitas”, 29.6.2006) en la que recogía la referencia a la nitroglicerina por parte de Sánchez Manzano que dio lugar a la consabida agitación mediática, lo que el autor de los enigmas razonaba era lo siguiente (cursivas en el original):

[L]a aparición de nitroglicerina indica que en los trenes no pudo utilizarse Goma-2 ECO pura, porque la Goma-2 ECO no incluye nitroglicerina en su composición.
[…] En los trenes estalló otra cosa: Titadine, RDX con nitroglicerina, algún explosivo casero con nitroglicerina o Goma-2 mezclada con alguna otra cosa que lleve nitroglicerina. Pero Goma-2 ECO pura, nunca.

Podemos estar o no de acuerdo con sus conjeturas, pero él mismo se limitaba a negar que hubiera explotado únicamente Goma 2 ECO “pura” y concedía que podía haberse utilizado esta dinamita “mezclada con alguna otra cosa que lleve nitroglicerina”.

Y lo mismo ocurre con García Abadillo, quien en un artículo de 26.3.2007, comentando asimismo la detección de nitroglicerina en la muestra M-1 de los focos, concluye que “lo que estalló en los trenes no pudo ser Goma 2 ECO. O, al menos, no sólo Goma 2 ECO”.

Elemental. No hace falta gran esfuerzo para darse cuenta de que si uno encuentra a, b y c no es posible determinar sin más si se debe a la existencia de un solo producto que contiene a, b y c, o de dos productos que contienen a y b, por un lado, y b y c por otro (entre otras posibilidades)…

Por eso mismo, sólo alguien empeñado en desmentir a quienes le atribuyen una destacada inteligencia podría escribir algo tan absurdo como el párrafo que nos regalaba Jiménez Losantos en la edición de El Mundo de 11.3.2011:

No sabemos con total precisión si hubo uno o más explosivos, pero sí sabemos que no estalló Goma 2 ECO de Mina Conchita, como prueba el libro Tytadine de Antonio Iglesias con prólogo de Casimiro García-Abadillo. Y por ese explosivo «u otro» se ha condenado a tres personajillos que no sé si serían capaces de volar el cobertizo de su casa, pero cuatro trenes, jamás. Cuando el juez Gómez Bermúdez iba de decente, mandó una pericia de verdad sobre los restos que no logró extraviar Sánchez Manzano, y salió DNT y Tytadine.

Podrían decirse muchas cosas sobre esta majadería, sin olvidar el incalificable “salió DNT y Tytadine”. Pero sostener que el libro cuyo escueto título no sabe escribir correctamente “prueba” que no estalló Goma 2 ECO al mismo tiempo que se reconoce que no se sabe “si hubo uno o más explosivos” es como para preguntarse si este autor piensa lo que escribe. Porque, insisto, tras lo que acabo de exponer, la pregunta es obvia: ¿Cómo saben el Sr. Iglesias y sus seguidores, únicamente observando cromatogramas, que explotó Titadyn y solo Titadyn? Respuesta: no lo saben. No pueden saberlo.

En efecto, nunca se subrayará lo suficiente que esta determinación del Titadyn como explosivo utilizado en los trenes no puede basarse en datos única y exclusivamente químicos extraídos de la pericial, sino que, por fuerza, debe incorporar consideraciones extraanalíticas. ¿Y cuáles son estas consideraciones? El mismo Antonio Iglesias las aclara en su intervención en el programa radiofónico de “La Tarde con Cristina” (Cope) de 2.7.2009:

Se da la circunstancia de que nosotros, los peritos independientes, pedimos para contrastar con todas la pruebas analíticas que teníamos, pues una muestra de Titadyn. Porque realmente el debate se centraba en dos explosivos: Goma 2 ECO o Titadyn.

“El debate se centraba”… ¡¿Qué debate?! Puesto que el análisis químico se limita a ofrecer un listado de componentes, este caballero no puede sino referirse al debate en la calle, al debate sociopolítico o a la discusión mediática… consideraciones eminentemente acientíficas de un perito que, como señala Casimiro G. Abadillo en la primera página de su Prólogo, “había seguido el 11-M como lector de periódicos”. Bien se ve, por tanto, que no es la desnuda frialdad de un cromatograma la que le sirve para dictaminar la presencia exclusiva de Titadyn, sino que para llegar a esa conclusión ha tenido que restringir previamente de manera artificial todo el abanico de posibilidades hasta dejarlo reducido a dos simples candidatos.

Pero, en los propios términos en que este químico plantea la cuestión, su postura resulta falaz, pues cualquiera familiarizado con los hechos sabe que ese “debate” no se ha limitado al Titadyn frente a la Goma 2 ECO. Durante mucho tiempo, las filas disidentes sugirieron o afirmaron la utilización de algún tipo de explosivo militar, como se ha documentado en anteriores páginas. De hecho, resulta en particular decepcionante comprobar que el mismo perito Iglesias no descarta en su libro la utilización de explosivo militar, especialmente cuando alude a la tantas veces mencionada metenamina. Así, en las páginas 420-21, observa:

[L]a presencia anómala de metenamina en las muestras de explosivo intacto […] sugiere, además de su proximidad o contacto con éstas durante el almacenaje y manipulación, la presencia de Semtex. Este explosivo es una mezcla de pentrita, de la cual se fabrica el cordón detonante, y de RDX, cuyo precursor es la metenamina.

Se trata de un párrafo sobre el que habré de volver más adelante.

Por lo demás, conviene no engañarse respecto a lo que se esconde tras todo esto. El “debate” del Titadyn no es otra cosa que el manido debate de ETA sí/ETA no. Ya lo dejó claro, en una de sus volubles afirmaciones, el vicedirector de El Mundo, en un artículo de 18.6.07:

Claro que era y es importante el tipo de explosivo. Tanto, que el relato de hechos construido por la Fiscalía sólo se sostiene si sólo estalló Goma 2 ECO […].

Otro explosivo lleva necesariamente a otros autores. Eso es evidente. Y, desde luego, la aparición de Titadyn lleva indefectiblemente a ETA.

En otras ocasiones, con esa “seria, rigurosa y veraz” inconsistencia característica, el Sr. G. Abadillo se hace el remolón: por ejemplo, ante los micrófonos de la Sra. Schlichting. Sin embargo, el perito Iglesias no parece tan melindroso. Para él esta claro “el debate”. Así pues:

La Tarde con Cristina, 2.7.2009 escribio:

[12:10] CGA: ¿Qué autores? Bueno, pues yo, desde luego, no voy a cometer la torpeza de decirlo sin tener pruebas, pero lo que está claro es que ni están todos los que son, ni son todos los que están.

Cristina: ¿Quién usa Titadyn?

A. Iglesias: ¿Quién usa Titadyn? […] Se da la circunstancia de que nosotros, los peritos independientes, pedimos para contrastar con todas la pruebas analíticas que teníamos, pues una muestra de Titadyn. Porque realmente el debate se centraba en dos explosivos: Goma 2 ECO o Titadyn. Y, bien, nos proporcionó la Guardia Civil una muestra de Titadyn que provenía de una partida que habían incautado a la ETA quince días antes, eh… en, una…

CGA: …en Cañaveras.
A. Iglesias: En Cañaveras.

Cristina: A mí me parece que es verde y con asas la alcarraza, Casimiro.

Y tan verde.

Pero no me cansaré de resaltar que ese “debate” dista de ser evidente. En este sentido, otro de los excelsos dudantes, el improvisado investigador Luis del Pino, ha llamado repetidamente la atención sobre la falaz alternativa:

Porque intentaron encerrarnos a los españoles desde el principio en una falsa disyuntiva: o ETA o Al Qaeda. Pero al final la sociedad española se ha terminando percatando de que existen otras alternativas mucho más preocupantes y, por desgracia, cada día más verosímiles. (LdP, blog, LD, 27.9.2009)

[Idéntica idea y casi idéntica formulación, en sus entradas de 3.11.2007 y 12.7.2008.]

Lo suyo es apuntar más bien a las “cloacas” (EM, 20.6.2007):

Desgraciadamente, cada vez va quedando más claro que el 11-M se diseñó, se organizó y se ejecutó desde las cloacas del Estado.

Una opinión que, con los años, no ha hecho sino robustecerse. Así, en su prefacio al libro de Ignacio López Bru (2013, Las Cloacas del 11-M), Luis del Pino insiste:

Yo afirmo, sin ningún tipo de duda, que el 11-M fue un golpe de Estado puro y duro, y que ese golpe de Estado fue orquestado desde las cloacas de nuestros propios servicios de información.

Y estas cloacas, ¿qué explosivo se supone que han de utilizar? ¿Están también limitadas a elegir entre la Goma 2 ECO y el Titadyn, siguiendo el arbitrario reduccionismo del Sr. Iglesias? Quien sostenga tal cosa deberá esforzarse mucho por mantener una mínima apariencia de seriedad.

Y, en este misma línea, ¿qué hay de la afirmación del uso exclusivo de una sola marca de dinamita? ¿Se basa en razones de más fuste que las anteriores? ¿Es una inevitable conclusión científica? Pues parece que tampoco es así, si atendemos a las manifestaciones del perito independiente Iglesias en la tantas veces mencionada intervención en “La Tarde con Cristina”, de 2.7.2009:

No hay un factor de especificidad para decir que pueden haber estallado dos explosivos. Aparte de que el sentido común, y esto ya no es química, pues hace… me repugna la idea de que haya dos explosivos: hay uno o hay otro. Y el que tiene todas las papeletas, desde luego es el Titadyn.

¡“No es química”! Sólo con esa admisión podríamos dedicarnos a cosas más útiles que perder el tiempo escuchando sus ocurrencias. Y el “sentido común” de este señor le ha hecho decir tales despropósitos que será mejor prescindir de todo comentario. “Hay uno o hay otro” (¿por qué no “otros”?), porque la idea de que haya más de un explosivo simplemente “le repugna”. Podría haber dicho “porque me da la gana” y sería lo mismo. Baste subrayar una vez más lo evidente: pese a las alharacas habituales y los pechos henchidos de pretenciosidad investigativa, el dictamen que el Sr. Iglesias quiere pasar por verdad científica se fundamenta, en los dos extremos que aquí se discuten (la fijación del nombre comercial de la dinamita y su utilización exclusiva), en consideraciones exógenas a la propia analítica. Él no piensa tal cosa, por supuesto, participando de la inmodestia característica entre sus contertulios:

A. Iglesias [26:02]: Es una de las grandes aportaciones que como profesional, como químico, me siento satisfecho de haber aportado. La primera es un servicio a la verdad, a la sociedad, a las víctimas; la segunda un descargo de conciencia; y la tercera, pues es un poner de manifiesto cómo la química ha servido para llegar a conclusiones objetivas sobre los explosivos. Era lo que se nos pedía.

Yo me sentí también picado cuando pocas semanas o pocos días después de la sentencia, oía y leía en algunos medios de comunicación, no en El Mundo, pero en la mayoría de los otros periódicos: “No se ha podido determinar el explosivo”, “No se sabe”. ¿Qué pasa? ¿No se sabe, habiendo descubierto todos los componentes, todos los ingredientes? No hay más que cruzar ingredientes y componentes de las dinamitas y llegar a conclusiones. [Iglesias en La Hora de Federico, 28.5.2009]

Anonadante.

Pero, por mucho que insista y aunque no quiera reconocerlo, ese “debate” y ese “sentido común” antes señalados son la prueba palmaria de que él mismo no ha sido capaz de corroborar con su propia actuación lo que afirma que puede hacerse en un laboratorio moderno: determinar el nombre comercial de la dinamita explosionada con solo “cruzar ingredientes”.

Y la cuestión esencial es que, si tomamos ese camino, el de los factores extraanalíticos y exógenos al propio estudio científico, no hay razón para detenerse después de tres o cuatro pasos confortables. El perito heroico no duda en despegar sus ojos del estrecho ámbito de su laboratorio para denigrar la actuación ajena y desacreditar a cada momento la versión oficial. No vacila, por ejemplo, en rebasar el estricto marco de su pericia y ejercer sus dotes investigadoras para colegir que “si la Goma 2 EC fue utilizada alguna vez en la mina Conchita, ello ocurrió mucho antes de 2004, dado que dejó de fabricarse en septiembre de 1999” (p. 69) y que “cualquier existencia que hubiera quedado en algún almacén estaría inservible para su uso como explosivo, máxime en las malas condiciones de conservación de la mina” (p. 417).

No duda tampoco en referirse al resto de cartucho de la Kangoo y al explosivo de la mochila de Vallecas como “presuntas pruebas”, después de que la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo constataran su validez. Su saludable escepticismo, sin embargo, no le alcanza para preguntarse por qué la Goma 2 EC de 1999 estaría caducada e inservible (fecha que, para colmo, es inexacta, pues dejó de fabricarse en 2002) pero no así el Titadyn que ETA robó en 1999 y 2000. Para estas cosas no tiene nada que decir y se remite automáticamente a los cromatogramas, donde, recordemos, “salió el retrato robot…”.

Pero, repito, transitando de forma cabal esta senda de las consideraciones extrajurídicas, de los demás elementos de la investigación, llegamos a eso tan simple denominado valoración conjunta de la prueba. Esa valoración conjunta de la prueba que algunos se niegan a realizar, para no desprenderse de la absurda idea de que todo lo que no sea el (imperfecto y falible) resultado del laboratorio simplemente no existe. Esa valoración conjunta de la prueba que corresponde y correspondía realizar al tribunal, como recordó Gómez Bermúdez en un determinado momento de la pericial (sesión de 29.5.2007), ante las reiteradas impertinencias de los peritos:

…no pueden estar haciendo continuamente precisiones sobre ‘quisiera indicar o dejar de indicar’, porque el Tribunal va a examinar todos los documentos, va a examinar documentos que ustedes ni han visto, y por lo tanto, ustedes, que sólo tienen una visión parcial y limitada de lo que estamos hablando…

Por eso resulta especialmente sangrante que, desde su visión parcial y limitada, este señor perito, que no ha visto en su vida un cromatograma de Titadyn explosionado y que refuta con su propio comportamiento sus más notorias afirmaciones, se haya prestado con su deletéreo testimonio al intento de enviar a la cárcel a dos funcionarios públicos que sólo cometieron crímenes en la calenturienta y sectaria imaginación de algunos fabuladores.

En realidad, todas las consideraciones anteriores dirigidas a discutir la afirmación según la cual un análisis post-explosión puede determinar sin duda la marca del explosivo utilizado resultan algo superfluas ante lo acreditado por un Oficio de 26.1.2009, remitido por la Policía Científica a la juez que acabó desestimando la demanda de Sánchez Manzano contra El Mundo:

Respecto a la cuestión de las ocasiones en las que, por tratarse de material explosionado, no ha podido determinarse la marca comercial del explosivo utilizado por los terroristas, cabe decir que en ninguno de los Informes Periciales de Análisis, figura el nombre comercial del o los explosivos que hubieran estado presentes.

Esto debería bastar, pero creo que, a mayor abundamiento, conviene seguir explorando el contraste entre los sentenciosos asertos de los críticos de la versión oficial y los hechos sobre el terreno. Veamos a qué desconcertantes conclusiones nos llevarían los planteamientos que discutimos.

NOTAS:

[1] En el cuerpo principal del informe entregado al tribunal del 11-M no se recoge la detección de nitrato amónico (de hecho, no aparece en el cuadro que resume los resultados cualitativos, en la p. 150; en la página 21 simplemente se menciona que “se identifican nitratos”). Sin embargo, en la página 171, dentro del anexo “reproducción análisis M-3” sí se menciona el nitrato amónico en relación con la muestra M-1. En la página 148 de “Titadyn”, Iglesias también refleja la detección de nitrato amónico como “identificación cualitativa”.

[2] En esta misma línea de inexactitudes, López Bru (2013: 164) escribe que el DNT es “un componente exclusivo” del Titadyn. Cuatro años antes, fue De Pablo quien, en su libro “La Cuarta Trama” (p. 203) sostenía: “En 2004, la única marca de dinamita que incluía la nitroglicerina en su composición era el Titadyn de ETA. Ninguna otra dinamita cuenta con nitroglicerina entre sus componentes.”

ultima edicion por Rasmo (08-08-2013 14:56:00)

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (LV)

Terminé la anterior entrega anticipando una confrontación entre las rotundas afirmaciones de los enemigos de la versión oficial y los hechos sobre el terreno.

Hagamos una simple comprobación, empezando por un caso práctico real, que expondré primeramente despojado de todo elemento identificador. En una determinada fecha, un artefacto explosivo estalló en el cubículo de un cuarto de baño de un aeropuerto, alrededor de las 13:20 horas. Poco después, un guardia de seguridad encontró, en los lavabos de la planta superior, una segunda bomba que explotó a las 14:07. Un hombre de 38 años murió como consecuencia de la primera explosión y otras cinco personas resultaron heridas. He aquí unos extractos del informe sobre explosivos relativo a dicha acción terrorista:

Recibí […] las ropas de la víctima de la explosión y residuos de la superficie del cuerpo. También recibí restos y escombros de ambos escenarios en el aeropuerto…

Encontré trazas de nitroglicerina, nitrocelulosa en las ropas y también gránulos ennegrecidos de nitrato amónico. […] [1]

También encontré trazas de ésteres nitrados y nitrato amónico en los escombros de los lavabos de la planta baja […] [2].
Cuando examiné los escombros del lavabo situado en la planta superior, detecté nitroglicerina, nitrocelulosa y gránulos de nitrato amónico […].

[3]

Los números entre corchetes indican unas líneas que he suprimido y que seguidamente referiré, pero hagámonos, primeramente, el mismo tipo de preguntas que plantean los conspiracionistas. Ante el hallazgo de nitroglicerina, nitrocelulosa y nitrato amónico, con solo “cruzar ingredientes”, ¿qué marca precisa de explosivo debemos suponer que se utilizó? ¿Se habría atrevido el Sr. Iglesias a dictaminarlo con la rotundidad que muestra en el caso del 11-M, sin más datos que ese escueto listado? Es difícil pensar que alguien dotado de un mínimo de prudencia se atrevería a tanto, mucho menos en funciones de perito judicial, pero esta última no es una cualidad que abunde entre los críticos de la versión oficial.

Para despejar dudas, diré que el anterior relato corresponde a un informe de una comisión parlamentaria irlandesa, que tenía por objeto una serie de acciones terroristas en el marco del conflicto norirlandés. Concretamente, los párrafos citados se extraen del documento forense sobre el análisis de unos restos de explosión, recogido en un apéndice del citado informe (pp. 138 y ss.). El atentado se produjo el 29 de noviembre de 1975 en el aeropuerto de Dublín. El 1 de diciembre de ese mismo año, la Belfast Brigade de la UDA (Ulster Defence Association), un grupo paramilitar lealista, reivindicó la acción. El informe sobre los explosivos es posterior a esta fecha y su autor, obviamente, conoce la reivindicación y el contexto. Es ese contexto el que, además de los datos analíticos, le permite hacer las siguientes deducciones, en los lugares que antes señalé con números entre corchetes:

[1]: Dichos compuestos químicos se hallan en altos explosivos del tipo gelignita…

[2]: … lo que apunta a un explosivo del tipo gelignita.

[3]: La detección de nitroglicerina, nitrocelulosa y gránulos de nitrato amónico en los focos de ambas bombas indica que se usó un explosivo del tipo gelignita, tal como Frangex u Open Cast Gelignite.

Fijémonos en que el experto habla de un “tipo” de explosivo genérico (“tipo gelignita”), con expresiones cautelosas (“apunta”, “indica”) y, cuando menciona marcas (“Frangex u Open Cast Gelignite”) lo hace a título de ejemplo de explosivos que se encuentran dentro de ese tipo general. Lo cual no se diferencia en absoluto de decir que en los trenes del 11-M explotó un explosivo del tipo dinamita (y podemos añadir: tal como Titadyn o Goma 2 ECO).

[En su declaración ante la juez Coro Cillán, como querellado (15 de septiembre de 2009), Sánchez Manzano se expresó en los siguientes términos: “los TEDAX dicen dinamita en el foco de la explosión, porque nunca han dicho que en los focos de explosión explosionara Goma 2 Eco, lo que también se ha difundido por ahí. Nunca lo dijeron ni lo han dicho, en aquellos momentos ni después, en ningún informe, ni siquiera oralmente. Entonces, certifica lo que se ha establecido, es que es dinamita en los focos de las explosiones, con lo cual quedan abiertas todas las líneas de investigación. De omisión del deber de investigar delitos, todo lo contrario, lo que hacemos es: oiga investiguen ustedes, investiguen ustedes la dinamita que quieran. No excluimos ni el Titadyne, ni… por supuesto, ¿por qué la vamos a excluir? No excluimos ninguna. […] O sea, que los TEDAX, ni abren ni cierran líneas de investigación. En este caso se aplicó la fórmula que de manera más amplia podía dejar abiertas todas las líneas de investigación.”]

Naturalmente, no hace falta salir de nuestras fronteras para ilustrar estas reflexiones. Y ya que hablamos de aeropuertos…


La T-4. Una vez más

Los conspiracionistas han aducido en multitud de ocasiones el atentado de ETA en el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas como un caso que sirve para apuntalar sus alegatos de que en el 11-M todo se hizo mal en materia de investigación de explosivos. Se trata de una idea con una larga tradición, que abordaré en sentido cronológico inverso (aunque en modo alguno exhaustivo), deteniéndome en algunos detalles que merece la pena destacar.

Cerca del octavo aniversario de la masacre, tres peritos independientes compañeros de fatigas del Sr. Iglesias firmaban un artículo en Libertad Digital de inconfundible suspicacia (“Pericial imposible”, LD, 1.3.2012):

Un elemento esencial de cualquier atentado es el explosivo utilizado y, pese a la sentencia, sigue siendo impedida su identificación, transcurridos casi ocho años del día de autos. En contraposición al 11-M, en el atentado de la T-4, pese a conocerse los autores y contra la adversidad para realizar unas tomas de muestras entre toneladas de escombros para analizar los explosivos, se pudo determinar su naturaleza. Fueron los mismos Tedax y la misma Policía Científica los que obtuvieron resultados tan distintos. ¿No habrá alguna razón inconfesable para que así sea?

Prescindiendo ahora de las pintorescas atribuciones de intención, sigue siendo llamativa la insistencia con la que, desde las filas de los dudantes, se confunde la cuestión de la “marca” de un explosivo y la del “tipo” o “naturaleza” de éste. Es obvio que el laboratorio de los Tedax determinó la naturaleza o tipo del explosivo empleado en los trenes del 11-M el mismo día del atentado: dinamita. Enseguida veremos hasta qué punto es incierto que ello difiera de lo averiguado en el caso de la T-4.

La querella contra Sánchez Manzano presentada por De Pablo en julio de 2009 en nombre de la AAV11-M contiene unas apreciaciones semejantes a las que acaban de exponerse (p. 12):

Los TEDAX, tras analizar los vestigios de la T-4 en su laboratorio, informaron al Juez de que les era imposible conocer el tipo de explosivo utilizado en la T-4. Pocos días después, la Policía Científica aseguraba al mismo Juez que la bomba de la T-4 estaba compuesta por amonal o amosal con metenamina. Obviamente, el Laboratorio de los TEDAX, mediante su rápido y urgente análisis, no había sido capaz de identificar el tipo de explosivo, mientras que el laboratorio de la Policía Científica, con muchas más técnicas analíticas y mejores medios humanos y materiales, tras unos análisis más lentos pero también más precisos, pudo ser más concluyente y establecer que en la T-4 había explosionado un artefacto que contenía amonal o amosal y metenamina.


Este párrafo es literalmente idéntico a otro contenido en las páginas 193 y 194 del libro “La Cuarta Trama”, también de De Pablo, publicado en marzo de 2009, y contiene tantas inexactitudes que no es fácil contenerse. En el citado libro (p. 194, nota 6), se añade que:

El 31 de enero de 2007, la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil remitió un informe al juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, encargado de la investigación sobre los atentados de la T-4, en el que explicaba que si bien el primer informe remitido al juez por los TEDAX establecía la imposibilidad de conocer el tipo de explosivo empleado, la unidad competente para determinar cuál es el tipo de explosivo no es la de los TEDAX, sino la Policía Científica.

Se observa, pues, una nueva incursión en el proceloso terreno de los protocolos policiales, que tantas noches sin dormir han prodigado a algunos comentaristas.

Hay al menos dos ideas (falsas) que se desprenden inequívocamente del relato del Sr. De Pablo: que los Tedax se vieron impotentes para determinar el tipo de explosivo (o sea, que sus análisis eran una birria, por falta de competencia técnica) y que la Dirección de la Policía vino a corroborar en cierto modo la extalimitación de aquéllos (por falta de competencia jurídica). La mistificación es notable.

El informe de los Tedax sobre la T-4 (cuyo título literal es “Informe previo sobre explosión en el aparcamiento ‘D’ de la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid-Barajas”) lleva fecha de 18 de enero de 2007, aunque no se remitió al juez instructor hasta el 30 de enero (un mes después del atentado), dato que no ha preocupado en absoluto a quienes se han obsesionado con los supuestos retrasos en la comunicación de informes sobre explosivos en el caso del 11-M. Entre otras conclusiones, el citado informe incluía la siguiente (p. 38):

Que la cantidad de explosivo no se puede determinar, dado que a fecha de hoy no se tiene conocimiento del tipo de explosivo empleado.

Lo que los Tedax están diciendo es eso mismo: que a ellos no les consta el tipo de explosivo en el momento de redactar su informe. No lo conocen oficialmente y, por tanto, no lo pueden hacer constar en su informe oficial. Pero la razón no es su incapacidad técnica; si lo desconocían era simplemente porque ellos no habían realizado ningún análisis; y, si no habían realizado ningún análisis, era porque, de hecho, la unidad competente para realizarlos era la Policía Científica... en ese momento. Frente a lo que pueda parecer, esto no es ninguna concesión de victoria a las manidas protestas conspiracionistas sobre los protocolos, como enseguida veremos.

El caso es que la argumentación de la querella y del libro del Sr. De Pablo bebía de la fuente habitual. En efecto, El Mundo había llevado a su portada de 1.2.2007 que “Interior afirma que la Policía Científica es la única «unidad competente» para analizar explosivos” y añadía, con redacción nada inocente, que “La Dirección General de la Policía descalifica en un comunicado el informe de los ‘Tedax’ sobre la T-4”.

En páginas interiores la noticia afirmaba que el comunicado del Ministerio dirigido por Rubalcaba del día anterior, 31 de enero, “corregía” el informe de los Tedax, ponía de manifiesto “un nuevo episodio de descoordinación entre diferentes unidades policiales” e incidía “en el error de los autores del informe”:

Así, según explicó ayer Interior, el día 13 de enero, cuando se informó sobre la composición de la bomba de Barajas, se facilitaron informes preliminares, no concluyentes, sobre los análisis de la Policía Científica. Ahora, los responsables de la investigación están elaborando el informe final y concluyente que, según consta en la nota oficial de Interior, no se aparta de los datos apuntados el día 13. «Las conclusiones iniciales están plenamente confirmadas». «Las primeras conclusiones de la investigación», añade la nota, «determinaron que la organización terrorista ETA utilizó una mezcla de explosivos: uno de naturaleza inorgánica, con una base de nitratos, del tipo amonal o amosal, y un segundo, hexógeno, como multiplicador del efecto detonante, con el fin de aumentar el poder destructivo».

La nota del Departamento de Pérez Rubalcaba añade que la Policía Científica [...] en los próximos días enviará al juez Pedraz su informe definitivo sobre los explosivos [...]. «[La Unidad Tedax] no es la encargada de la elaboración de los informes relativos a la composición de los explosivos que pudieron ser utilizados en el atentado».

Por cierto, una vez más, nadie objetó nada por el hecho de que el informe definitivo no se elaborara hasta cinco o seis semanas después de los hechos, según la información de El Mundo. La situación es aún más interesante si tomamos como referencia la fecha que da la propia sentencia de la Audiencia Nacional sobre la T-4 (de 21.5.2010), que, en relación con los explosivos, habla del “informe de 12 de julio de 2007”.

Los periodistas no imaginaron ninguna interpretación más serena: por ejemplo, que la nota de Interior no fuera más que una aclaración exenta de regañina alguna, precisamente para evitar malentendidos. Ocurre que, sin que aparentemente ningún crítico se haya querido enterar, poco antes del atentado de la T-4 se produjo un cambio organizativo que se recoge en el ya mencionado Oficio de 26.1.2009 remitido a la juez que conoció de la demanda de Sánchez Manzano contra El Mundo:

Se significa que por Orden de la Superioridad desde octubre de 2006, todas las analíticas referidas a explosivos, se realizan en los laboratorios de la Comisaría General de Policía Científica.

Así de sencillo: los Tedax desconocían oficialmente el tipo de explosivo porque la unidad entonces encargada de su análisis (desde octubre de 2006) no había elaborado su informe definitivo al respecto. En modo alguno estaban transmitiendo su incapacidad para determinarla ellos mismos con sus medios tercermundistas.

Esos “informes preliminares, no concluyentes” de los que se dio cuenta el 13 de enero de 2007 por parte de las autoridades, se mencionaron en diversos medios, incluido El Mundo, al día siguiente, 14 de enero de 2007. En este último artículo, firmado por Manuel Marraco, se reproducía la referencia al “amonal o amosal” con el añadido del hexógeno, pero introduciendo ya desde la portada un sesgo claramente equívoco: “ETA usó en el atentado un explosivo militar que contenía metenamina”. En el cuerpo del artículo, se insistía:

En su composición aparece una sustancia, la metenamina, que también fue identificada en dos análisis relacionados con los atentados del 11 de Marzo y que no formaba parte de la Goma 2 que supuestamente estalló en los trenes.

Y añadía:

El hexógeno también ha aparecido en la investigación del último atentado con muertos anterior al de Barajas, el del 11 de Marzo. En los análisis del explosivo hallado en la furgoneta de Alcalá aparecieron restos de metenamina, ajena a la Goma 2 ECO robada en Asturias.

Equiparar el hexógeno con uno de sus precursores (la metenamina) y tratar de establecer una relación entre el 11-M y el atentado de la T-4 a partir de una sustancia que, en realidad, no se halló en el segundo caso (encontrar hexógeno no es lo mismo que detectar metenamina), es muy poco riguroso. Si repasamos las citas de De Pablo en su querella y en su libro antes reproducidas, vemos cómo este letrado da un paso más allá y afirma directamente que en el atentado de Barajas “había explosionado un artefacto que contenía amonal o amosal y metenamina”. Una inexactitud flagrante (y me atrevería a decir que escandalosa) para alguien tan preocupado por supuestos falsos testimonios.

También es interesante señalar que el artículo de El Mundo de 14 de enero de 2007 advertía sobre la falta de datos cuantitativos, circunstancia aceptada entonces con absoluta normalidad, pero no así en el caso de los focos del 11-M. Un breve editorial de ese mismo día indicaba:

Interior asegura que es imposible saber con certeza tanto el volumen del explosivo como la proporción de la mezcla.

Esto es relevante para lo que viene a continuación. En anteriores entregas me demoré en el análisis de las portadas de El Mundo de los días 21 y 23 de enero de 2007. En la primera se anunciaba que “Manzano admite que no se hizo ningún análisis ‘científico’ del explosivo del 11-M” y, en la segunda, el titular era que “El Tribunal ordenará repetir los análisis de explosivos del11-M”. Ambas cuestiones se habían relacionado en el diario vinculándolas a la supuesta incapacidad (o falta de voluntad) de los Tedax para determinar los componentes del explosivo utilizado en los trenes y, en última instancia, la marca de éste. Como se recordará, en respuesta a la supuesta exclusiva de 21 de enero, Sánchez Manzano emitió un comunicado, a través de su sindicato policial, de 22 de enero de 2007. En lo que ahora nos incumbe, el Jefe de los Tedax hacía la siguiente puntualización:

Por desgracia no es siempre lo que se quiere y sí casi siempre lo que se puede y en el caso de los análisis de los restos de explosión del 11-M, no se han podido determinar componentes completos y proporciones de los mismos, siendo imposible obtener otros resultados más precisos que los emitidos en el informe elaborado en su día por el Servicio Central de Desactivación de Explosivos; al igual que ha sucedido en los realizados en el atentado en la T-4 del Aeropuerto de Barajas por Policía Científica donde sólo ha sido posible detectar los componentes genéricos de los explosivos amosal o amonal, sin poder discriminar cual de ellos, del mismo modo que sólo se ha podido determinar Hexógeno, sin precisar marca o fabricante.

Esta explicación fue objeto de repulsa por los medios habituales. En particular, un editorial de El Mundo del día siguiente (23.1.2007) objetaba:

Colocado ante sus propias contradicciones, Sánchez Manzano trata de contraatacar con una retahíla de mentiras y medias verdades. En primer lugar, cita el caso de la bomba de la T-4 como ejemplo de que no siempre es posible conocer los componentes completos que explotan en un atentado. Sin embargo, es justo al contrario: en Barajas sí se ha determinado la naturaleza del explosivo –una mezcla de amonal o amosal y hexógeno– y, lo que es más importante, los análisis los ha realizado la Policía Científica y no el rudimentario laboratorio de los Tedax, como sorprendentemente ocurrió en el 11-M.

Eso que el diario considera “más importante” tiene como simple razón el cambio introducido en octubre de 2006, fecha a partir de la cual la competencia para el análisis de los explosivos queda residenciada únicamente en la unidad de Policía Científica. Por lo demás, se observa aquí la tantas veces señalada ofuscación consistente en confundir naturaleza o tipo de explosivo y concreta marca comercial, que también afectaba al artículo de los peritos independientes de 1 de marzo de 2013 citado más arriba. Pero, si atendemos a la explicación de Sánchez Manzano, es difícil no darle la razón. En el 11-M no se pudieron detectar componentes completos y proporciones de éstos. ¿Y en la T-4? Ya sabemos, y así lo admite El Mundo sin reparos, que no se podían dar proporciones de lo empleado en el aeropuerto. Y, si no se ha podido distinguir entre amonal y amosal (que, además, se enuncian a título ilustrativo: “una base de nitratos, del tipo amonal o amosal”), por un lado, ni ir más lejos de un genérico “hexógeno”, por otro, ¿en qué se diferencia ese tipo o naturaleza de explosivo de la genérica “dinamita” determinada por los Tedax en el caso del 11-M? Nótese, además, que la conclusión de la Policía Científica es aún más imprecisa si atendemos a la conclusión ofrecida por la propia sentencia de la T-4, según la cual:

La causa de la deflagración se evidencia por el informe de los expertos en el análisis de los restos explosivos, funcionarios de la Comisaría General de Policía Científica, Laboratorio Químico, facultativo 47, inspector 81642 y contratado 9278365. El explosivo consistía en una mezcla artesanal que no se comercializa y la carga principal estaba compuesta de nitrato amónico, (el informe de 12 de julio de 2007 obra a los folios 1.734 y siguientes del Sumario).

[Por cierto, el facultativo 47 no es otro que Alfonso Vega, director de la pericial de explosivos del 11-M]

En su declaración como querellada ante la juez instructora (10.8.2009), la perito 17.632 también invocó los análisis de la T-4 para destacar que no eran mejores que los proporcionados por ella misma, además de explicar el cambio organizativo:

Letrada de la Defensa: [...] En la T-4, ¿por qué han hecho los análisis de la T-4 Policía Científica y no Tedax?

Perito 17632: La T-4, si no me confundo fue...

Letrada de la Defensa: Diciembre del 2006.

Perito 17632: Fue el 30 de diciembre del 2006. En octubre, no sé la fecha, del 2006, octubre anterior, recibimos la orden de la superioridad de que no se haga ningún tipo de analítica en el laboratorio de [Tedax], que se mande todo a Policía Científica. Y en cumplimiento de esa orden, evidentemente, en diciembre no se podían estar haciendo analíticas y nosotros no las hacíamos.

Letrada de la Defensa: Y en la T-4, ¿ha conseguido Policía Científica determinar la marca del explosivo utilizado, el nombre comercial del explosivo utilizado?

Perito 17632: Yo los datos que encuentro son “explosivos a base de nitratos”, no sé qué explosivo a base de nitratos pueda ser. Es lo normal, si no se ha encontrado amonio o no se ha encontrado potasio, no se ha encontrado un catión, pues tiene que decir nitratos, pues tiene que decir nitratos.

Letrada de la Defensa: Pero ¿le han dado nombre comercial?

Perito 17632: No ha podido dar nombre comercial, y en el explosivo orgánico que dicen que está, dicen “hexógeno” y tampoco le ponen el nombre que tendría, es un explosivo militar, el país que lo hubiera fabricado, para nada. Es que no se puede.

Letrada de la Defensa: No se puede, no han podido tampoco en la T-4 Policía Científica.

Perito 17632: Es que no se puede si desaparecen los aditivos.

Las razones por las que, durante años, este caso de la T-4 se ha contrapuesto con insistencia al del 11-M se me escapan.

Pero este asunto nos ofrece además otro episodio esperpéntico, muy ilustrativo de la falta de rigor con la que se conduce el perito preferido de los críticos de la versión oficial. En efecto, en su declaración de 21.10.2009 ante la juez Coro Cillán, instructora de la querella contra Sánchez Manzano, Antonio Iglesias protagonizó el siguiente intercambio:

Letrada de la Defensa: ¿Usted conoce si en algún análisis de alguna explosión en España se ha podido determinar la marca comercial del explosivo?

Antonio Iglesias: Pues mire, si me fío por la prensa todas las noticias que hay de explosiones al final han identificado una marca, sin ir más lejos la de la T-4.

Letrada de la Defensa: La T-4. ¿Sabe usted qué es lo que analizaron?

Antonio Iglesias: No intervine en la T-4.

Letrada de la Defensa: ¿Y usted sabe qué es lo que determinaron? ¿Usted sabe si en la T-4 determinaron el tipo de explosivo o la marca comercial?

Antonio Iglesias: Determinaron un tipo de explosivo que podía estar cercano a una marca comercial.

Letrada de la Defensa: ¿Y usted sabe qué tipo de explosivo?

Antonio Iglesias: Sí, fue el C-3.

Letrada de la Defensa: No, fue el hexógeno.

Antonio Iglesias: ¿Eh?

Letrada de la Defensa: Fue hexógeno.

Antonio Iglesias: Es que el hexógeno es un sinónimo de C-3.

Letrada de la Defensa: No, no es un sinónimo. Hexógeno...

Sra. Juez: Vamos a ver...

Letrada de la Defensa: Señoría, estoy intentando aclarar...

Sra. Juez: Señora letrada, el químico es él y el perito es él, usted sabrá Derecho. Entonces, no le contradiga todo lo que está diciendo, porque el que ha estudiado una licenciatura en Ciencias Químicas es este señor, el señor Iglesias. Y ni usted ni yo creo que hemos estudiado Ciencias Químicas, lo que hemos podido aprender es el bachillerato.

¿Por dónde empezar? Según el perito Iglesias, lo que se halló en la T-4 fue “C-3”. Es dudoso que el C-3 sea en sí mismo una marca y no un tipo, pero lo grave es cuando, ante la evidente corrección de que lo detectado fue realmente hexógeno, se descuelgue con un estupefaciente: “el hexógeno es sinónimo de C-3”. El hexógeno no es, ni mucho menos, un “sinónimo” de C-3. Para esto no hace falta doctorarse en explosivos. Cualquier referencia al alcance del más distraído investigador permite salir de dudas. De hecho, y esto es lo más patético, quien desmiente al Iglesias testigo de cargo ante el juez es el Iglesias autor de “Titadyn”. Así, en la página 71 de su libro, el perito de marras nos informa:

El RDX es un explosivo […] conocido también con los nombres de ciclotrimetilenotrinitramina, exógeno, ciclonita y T4, [y] es uno de los más importantes explosivos militares utilizados en la actualidad.

Según él mismo en su libro, pues, el RDX es sinónimo de hexógeno (a veces también escrito “exógeno”). ¿Pero es lo mismo “hexógeno” (es decir, RDX), que “C-3”? En las páginas 75 y 76, Antonio Iglesias ofrece un listado de “explosivos de uso militar” que incluye hasta 17 denominaciones en cuya composición entra el RDX (hexógeno) como componente. En particular (p. 75):

[…]

5. Composición C-l: RDX + plastificante.

6. Composición C-2: RDX + TNT + DNT + MNT + NC + dimetilformamida.

7. Composición C-3: RDX + TNT+ DNT+ MNT + Tetryl + NC.

8. Composición C-4: RDX + pliisobutileno + di(2-etilhexil) sebacato + fuel-oil.

[…]

Esto significa que el hexógeno (o sea, el RDX) es un componente del C-3, pero no es, no puede ser, “sinónimo de C-3”. Eso lo sabe este químico a la hora de publicar su libro; pero, unos meses más tarde, a la hora de declarar como testigo de cargo en un proceso que busca la cárcel para dos policías, no tiene empacho en demostrar su incuria. Ello resulta especialmente sangrante en contraste con el tratamiento que se dispensó en su día a Sánchez Manzano a cuenta de su desliz al mencionar la nitroglicerina. Recuérdese que, cuando este mando policial aclaró que todo había sido un error al asociar la dinamita con la nitroglicerina, sus críticos tergiversaron sus palabras para atribuirle (falsamente) una equivalencia de “nitroglicerina como sinónimo de dinamita” (Pedro J. dixit). Todos los autores conspiracionistas han agitado repetidamente ese muñeco de paja, haciendo escarnio de Sánchez Manzano. Y aquí tenemos a un perito químico que no sólo se contradice a sí mismo, sino que hace exacta y literalmente eso que se imputaba falazmente al Jefe de los Tedax: tomar la parte por el todo, confundir un componente con el compuesto: “Es que el hexógeno es un sinónimo de C-3”. Para colmo, lo hace en sede judicial y con el beneplácito de una juez cuya actuación no puede dejarse sin comentario. Y es que, ante las flagrantes inexactitudes del declarante y las comprensibles réplicas de la abogada del querellado… ¡la juez manda callar a la defensa!: No le contradiga usted, que él es el que sabe de química. Pues, si eso es lo que sabe, estamos aviados. Pero, claro, ¿dónde se ha visto que un abogado defensor pretenda rebatir a un testigo de cargo? Por desgracia, en este asunto, ni la actuación del perito Iglesias ni la de la juez instructora son anécdotas aisladas. Y, sin embargo, los mismos periodistas que escudriñaban el pasado y el presente del juez Del Olmo para resaltar sus pretendidas incapacidad y negligencia, son los que ignoran (o dulcifican) los clamorosos antecedentes de “la valerosa juez Coro Cillán” (López Brú, 2013: 117), para ensalzar la “tenacidad” (EM, editorial, 11.2.2012) y “la rigurosa investigación” (EM, editorial, 15.3.2011) de esta “juez sin miedo” (LD, 5.10.2011), “tenaz y competente” (PJ, EM, 18.9.2011); los mismos que trituran en sus medios al instructor del 11-M, son quienes denuncian la supuesta persecución (Losantos, EM, 11.2.2012) de que es objeto la instructora de la querella contra Sánchez Manzano, cuando se inicia contra ella (por un asunto no relacionado con el 11-M) un procedimiento por prevaricación por el que ha sido suspendida de sus funciones (al respecto véase un artículo de Manel Gozalbo de 25.10.2012).


No se vayan todavía, que aún hay más

Y, en relación con explosivos de uso militar y su identificación, al hilo del hexógeno, no acaban aquí las incongruencias del perito Iglesias y sus socios. Se recordará de entregas anteriores que la prensa amiga de conspiraciones acusó a Sánchez Manzano (también falsamente) de haber “deducido” que en los trenes se usó Goma 2 ECO a partir de las muestras de explosivo intacto, no a través del análisis de los focos de explosión. De ello se hizo la habitual escandalera: las deducciones no eran aceptables; sólo valían los análisis químicos. En cambio, ¿qué ocurre cuando se trata de explosivos militares, tan del gusto de ciertos comentaristas? Entonces los criterios de evaluación se alteran.

Manuel Marraco, el mismo que en su día inició el bulo según el cual “El ex jefe de los artificieros admitió que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO es una mera «deducción»” (EM, 15.3.2007), no encontraba objetable un par de años más tarde que el amigo perito hiciera sus propias “deducciones”. Así, el día en que se inició la excitante reseña del Informe Iglesias (EM, 11.5.2009), dicho periodista indicaba:

Iglesias coincide con el texto de la sentencia en que en las muestras analizadas no hay rastro de explosivos militares. Pero hace dos añadidos: que algunos de sus elementos se evaporan en el momento de la explosión –por lo que su uso debe deducirse del estado de los trenes, que fueron desguazados inmediatamente– y que la aparición de una sustancia llamada metenamina apunta a la utilización de uno de esos explosivos, el Semtex.

Es otro de esos párrafos repletos de imprecisiones. Marraco hacía referencia a unos pasajes de “Titadyn”, en la sección del libro en la que Iglesias se dedica a comentar la sentencia de Gómez Bermúdez, que enseguida citaré. Todo ello se remite a un momento del juicio, en la sesión de 29.5.07, en el que se produjeron las siguientes intervenciones [contrasto la transcripción de los peones negros con el archivo de audio correspondiente, para pequeñas correcciones]:

Letrado AVT: Vamos a ver, ustedes, […] ¿en algún momento utilizan o piden explosivos militares, tipo Semtex, C-3 o C-4, para hacer esa última comprobación, dado que en su informe, yo por lo menos no lo he entendido, para ver si se puede determinar el uso de un explosivo tipo militar, sobre los que estaban apareciendo, se podrían intuir su aparición?

Perito: Vamos a ver, no se pidió nunca un explosivo militar. De todas las maneras, especialmente en las técnicas de HPLC, siempre se colocó algún patrón que incluía algún explosivo militar. Hablo de hexógeno, octógeno o pentrita. Todos los peritos que estaban en la pericia observaban que cuando se analizaba una muestra intacta se inyectaban, siempre, en la misma secuencia, o en secuencias posteriores, patrones de explosivos que no estamos trabajando en ese momento, como pudiera ser octógeno, que recuerdo, octógeno, hexógeno, pentrita, eh… TNT…

Gómez Bermúdez: En consecuencia ¿todos lo peritos descartan que ese tipo de explosivo estuviera en todas las muestras analizadas?

Varios peritos a la vez: Sí.

Gómez Bermúdez: Descartado. Por todos los peritos. No hay… aquí hay unanimidad. Bien. […] Por lo tanto, todos los peritos descartan que hubiera pentritas, otros tipos de explosivo con hexógeno, tipo militar, cloratita… Eso está descartado por todos, unánimemente…

Varios peritos [voz débil]: Sí.

Obviamente, y puesto que nadie expresó la menor duda, el ponente reflejó en su sentencia (p. 538) “la conclusión unánime de todos los peritos que han actuado en la causa, incluidos los ocho que elaboraron la llamada "pericial del Tribunal".” En efecto, “[e]stos, afirmaron de forma clara y rotunda, que descartaban las pentritas, centex [sic], cloratitas u otros explosivos distintos de la dinamita”.

Pues bien, en “Titadyn” (pp. 420-421), el perito Iglesias da una nueva muestra de la falta de seriedad con la que ejerce su papel, tanto científico como en el marco de un procedimiento judicial. Así, en relación con el punto de la sentencia que acaba de citarse, señala:

Estamos de acuerdo [con la sentencia] en cuanto a que en las muestras que nos entregaron, lavadas con agua y acetona, no hemos detectado explosivos (RDX, octógeno o Semtex). Pero hay que tener en cuenta las siguientes consideraciones:

a) El exógeno (RDX) y el octógeno se evaporan en el momento de la explosión.

b) La utilización de explosivos militares se puede deducir a partir del examen de los daños producidos en los trenes. Sin embargo, éstos fueron desguazados a las pocas horas del atentado sin haber dado margen a una prueba pericial balística. Por otra parte, la presencia anómala de metenamina en las muestras de explosivo intacto (el de la Kangoo, el de la muestra patrón y el de la mochila de Vallecas) sugiere, además de su proximidad o contacto con éstas durante el almacenaje y manipulación, la presencia de Semtex. Este explosivo es una mezcla de pentrita, de la cual se fabrica el cordón detonante, y de RDX, cuyo precursor es la metenamina.

Que es lo que Manuel Marraco venía a reflejar en la edición de El Mundo de 11.5.2009. O sea, que la utilización de explosivos militares no se hace exclusivamente con un análisis químico post-explosión, sino que hay que deducirla de otro tipo de consideraciones. Supongo que, si esto lo hubiera dicho Sánchez Manzano, El Mundo lo consideraría execrable. Por lo demás, obsérvese la ligereza con la que el Sr. Iglesias se permite pontificar sobre cuestiones que escapan a su competencia: ¿qué sabe él acerca de si los trenes “fueron desguazados a las pocas horas”? Supongo que es lo que aprende como “lector de periódicos” (y de uno en particular). Más grave es que, después de haber prestado un determinado testimonio en el juicio (ya fuera activamente o callando ante el acuerdo general), en su libro sugiera “la presencia de Semtex” a partir de la detección de metenamina en algunas muestras de explosivo intacto. Téngase en cuenta, asimismo, que este señor defiende la utilización de Titadyn y que ha manifestado que le “repugna la idea de que haya dos explosivos”. Con su habitual inconsistencia, aquí se refiere en cambio a la posibilidad del uso de Semtex. Pero esto es en sí mismo absurdo por otras razones y a muchos niveles.

Por supuesto, para empezar, ya es objetable que se pretenda pasar de la metenamina al hexógeno, cuestión a la que ya he aludido y en la que no voy a insistir. Pero es que resulta que el hexógeno (“cuyo precursor es la metenamina”) es tan componente del Semtex como de al menos otros 17 explosivos distintos que el propio perito Iglesias enuncia en las páginas 75 y 76 de “Titadyn”. ¿De qué chistera se saca entonces la denominación de ese concreto explosivo a partir de la metenamina? ¿Por qué no los otros 17? ¿Se imaginan que esto fuera un auténtico dictamen pericial presentado a un tribunal?

El aparente deseo de complacer a sus patrocinadores mediáticos o la mera dependencia de sus adivinables fuentes de información desembocan en un ejercicio de negligencia intelectual clamorosa. Que la presencia de explosivo militar deba deducirse “del examen de los daños producidos en los trenes” y la conveniencia de haber realizado “una prueba pericial balística” [sic] se parece demasiado a las continuas (y tergiversadas) declaraciones en las que se basó desde el principio la sospecha de algunos comentaristas de que se había utilizado algún tipo de explosivo militar y a la correlativa exigencia de que se hicieran simulaciones con distintos explosivos en los trenes. Y la inexplicablemente concreta referencia al Semtex se parece también demasiado a las suspicacias de rigor que en su día se basaron en la noticia según la cual “un mes después del 11-M, se incautaron a ETA 100 kilos de explosivo militar como el que pudo usarse en los trenes”: precisamente, Semtex (LD, 27.3.2006). En el mismo sentido, Manuel Marraco (EM, 23.9.2006) informó de que un grupo de víctimas (con el respaldo de la AAV11-M) pedía “que expertos en explosivos aclaren ante el juez si es relevante que al día siguiente de la explosión de Leganés la Policía francesa se incautase de 100 kilos de Semtex, «la versión checa del explosivo militar C4, precisamente el que, según el jefe provincial de los Tedax se empleó en el 11-M».” La despreocupada e incongruente insidia es ya conocida.

ultima edicion por Rasmo (25-08-2013 20:22:40)

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (LVI)

En breve pasaré a ilustrar mi argumentación con un detallado examen de la casuística española en materia de terrorismo de ETA, pero antes he de completar el cuadro de la posición que trato de rebatir, perfilando otro aspecto principal de ésta que a veces se introduce casi con carácter subsidiario, como vía de escape.

Por el momento, las consideraciones que hasta ahora he ofrecido se reflejan en la circunstancia de que ninguno de los expertos en explosivos que han declarado en alguno de los procesos relacionados directa o indirectamente con el 11-M han apoyado jamás la afirmación de que sea posible determinar analíticamente la marca de una dinamita a partir de restos explosionados. Todo lo contrario. Sólo quienes carecían de toda experiencia previa en el análisis de explosivos se han atrevido a indicar tal cosa. [1] Esta imposibilidad es lo que, desde el punto de vista oficial, podríamos denominar la vertiente negativa: lo que no es posible hacer. Entre quienes corroboraron esa imposibilidad se encuentra el mismo perito Manuel Escribano, que normalmente siempre ha gozado de la máxima credibilidad para quienes aborrecen la versión oficial. Sin embargo, sus declaraciones ante la juez instructora de la querella contra Sánchez Manzano abren la puerta a matizaciones relevantes para la discusión que nos ocupa, pues introducen ese otro elemento esencial de la formulación conspiracionista que procede reseñar. Es lo que, desde la perspectiva de algunos críticos, podríamos calificar de vertiente positiva y que se presenta en ocasiones a modo de subterfugio: lo que sí puede (al menos) hacerse.

En efecto, el día 18 de septiembre de 2009, el referido perito policial declaró ante la juez Coro Cillán. En un momento dado, la defensa de los querellados le preguntó sobre la posibilidad de determinar la marca del explosivo:

Letrada de la defensa: Y si hubiera habido mezcla de explosivos, ¿es cierto que sería imposible determinar la marca comercial?

Sr. Escribano: Eso lo contesté antes al señor letrado: efectivamente, no solamente aunque hubiera mezcla de varios explosivos y tal, sino aunque no hubiera [mezcla] en los restos de explosivos, la marca es imposible. Uno puede decir cuál es la composición pero la marca no porque repito que puede haber varias marcas comerciales con la misma composición. […]

Algo que resulta evidente, como ya hemos visto. La explicación de este perito se queda, no obstante, algo corta, pues el problema no deriva sólo de que haya identidad de composición, sino del hecho de que no siempre es posible identificar todos los componentes.

Antes de esta intervención, sin embargo, el perito había respondido al interrogatorio del letrado de la acusación (José María de Pablo), donde hizo el mismo comentario, pero añadió, a instancias del referido abogado de la AAV11-M, una consideración destacable:

Letrado de la acusación: O sea, por su experiencia de estos largos años analizando restos de explosivos y también […] analizando restos de explosivos explosionados, ¿es posible determinar de alguna manera la marca de una dinamita?

Sr. Escribano: La marca comercial, imposible. Eso es imposible debido a que puede haber varias marcas comerciales con los mismos componentes.

Letrado de la acusación: Con los mismos componentes.

Sr. Escribano: Con lo cual, usted no puede decir jamás a través de un resto de explosión –aunque la analítica sea muy perfecta y hubiera muchos restos y todo eso– decir exactamente la marca de la dinamita, eso es imposible puesto que hay varias marcas que pueden tener los mismos componentes.

Hasta aquí nada nuevo, pero entonces el autor de “La Cuarta Trama” aprovecha un resquicio:

Letrado de la acusación: Pero sí por ejemplo [se] puede acotar.

Sr. Escribano: Sí, eso sí.

Letrado de la acusación: Es decir, que [en] un resto de explosivo explosionado es posible, por ejemplo, si es una dinamita, encontrar nitroglicerina y encontrar dinitrotolueno y, por lo tanto, se pueden descartar dinamitas como la Goma 2 que no tengan estos componentes.

Sr. Escribano: Efectivamente. Por ejemplo, si encontramos nitroglicerina sabemos que la nitroglicerina jamás puede proceder de Goma 2 ECO, puesto que en la composición de la Goma 2 ECO no entra la nitroglicerina. Si encontramos DNT, sabemos que el DNT jamás puede proceder de la Goma 2 ECO.

En efecto, hasta ahora he centrado mi exposición en las dificultades que surgen para el argumento conspiracionista a partir de las circunstancias de que existen explosivos con idénticas o muy similares composiciones y de que no suele ser posible hallar todos los componentes. Sin embargo, lo que no he abordado es este aspecto: ¿qué pasa cuando aparecen sustancias que no pertenecen a la composición de un explosivo postulado? Esa es la baza de los críticos que conviene añadir a la discusión.

Obsérvese, por cierto, el ligero matiz de disparidad entre la intervención de De Pablo y la respuesta del testigo. El abogado trata de llevar el agua a su molino, tras escuchar que es imposible hacer eso que él ha insistido (y, curiosamente, sigue insistiendo) que siempre puede hacerse: determinar el explosivo utilizado. Lo que él sugiere entonces es que, al menos, será posible “descartar dinamitas que no tengan esos componentes”. Lo que el letrado quiere decir es que es posible descartar que se haya utilizado, es decir, que haya explotado una determinada dinamita. La respuesta del perito, aun siendo afirmativa, se expresa en términos levemente distintos y en principio literalmente inapelables: lo que se puede descartar es que la sustancia en cuestión proceda de una dinamita que no la contiene. ¿Pero eso significa que puede descartarse el uso de tal dinamita? Un poco de lógica nos sugiere que, en realidad, no es así: es posible que se haya utilizado una determinada dinamita que no tiene una específica sustancia y que dicha sustancia problemática tenga otro origen, por ejemplo, una mezcla de explosivos o una alteración (léase, inter alia, contaminación) de las muestras.

Ciertamente, la idea de que encontrar sustancias en principio incompatibles con un explosivo nos lleva a descartar dicho explosivo no es en sí misma inmediatamente absurda; no es en abstracto irrazonable o inatendible y, por eso mismo, los contrarios a la versión oficial esgrimen con porfiada delectación el hallazgo de DNT y nitroglicerina en muestras de los focos de los trenes como una circunstancia que pone punto final a toda discusión: en los trenes no se utilizó Goma 2 ECO… y vale ya. Pero no vale. La solidez de este razonamiento depende obviamente de que se cumplan sus presupuestos de base, que nunca deben perderse de vista.

Todo ello se reduce a una consideración esencial: aun cuando partiéramos de que sólo se ha utilizado un único explosivo y por tanto pudiéramos excluir toda mezcla (algo que difícilmente puede hacerse a priori), cualquier conclusión que pretendamos extraer de la aparición de una sustancia en un análisis depende, para su validez, de que esa sustancia proceda realmente del explosivo empleado. Es decir, debemos estar seguros de que la sustancia procede del explosivo cuya identidad deseamos averiguar, y no de cualquier otro elemento ajeno, ya sea concomitante o posterior a la explosión. Esto puede expresarse de manera más clara con un par de ejemplos.

El ANFO es un explosivo que consiste, básicamente, en una mezcla de nitrato amónico y combustible derivado del petróleo, desde gasolinas a aceites de motor. Si un químico de la policía encuentra combustible al analizar los restos de un coche bomba, ¿cómo sabe que procede de un artefacto a base de ANFO y no del depósito del propio vehículo? Estas dudas pueden surgir también con el nitrato de amonio. Es sabido que dicho compuesto forma parte de fertilizantes agrícolas y multitud de terroristas han hecho uso de esta fuente de aprovisionamiento. De hecho, Anders Breivik adquirió toneladas de fertilizantes, legalmente comprados en el mercado, para preparar su terrible matanza en Noruega. Cuando un artefacto hace explosión en una zona ajardinada, el analista forense puede encontrar un nitrato amónico de cuyo origen le quepan dudas: ¿es un componente del explosivo o procede de la vegetación? Me consta que esta consideración no es meramente hipotética. He tenido ocasión de charlar con un facultativo de la policía española que se enfrentó exactamente a esta duda en un atentado de ETA; duda que sólo pudo resolver con cierto ingenio y bastante buena suerte.

Lo anterior es lo que podría constituir una interferencia concomitante a la explosión. Pero existe otro tipo de problema que puede aparecer más tarde y que ya he referido bajo la etiqueta de alteración de las muestras: si el elemento o los elementos ajenos a un determinado explosivo se han incorporado a las muestras en un momento posterior a su recogida, tales elementos no proceden de la explosión y nada nos dicen sobre el material empleado. Bien se ve que acabo de plantear el nudo de una discusión que se ha desarrollado con notable intensidad en las investigaciones de todo tipo (periodísticas y policiales) en torno a los explosivos del 11-M, y que enfrentó acaloradamente a los peritos que intervinieron ante el tribunal presidido por Gómez Bermúdez. Sobre esta cuestión habré de extenderme cumplidamente en su momento, pero aquí procede anticipar algunos de los puntos esenciales.

Los conspiracionistas se aferran a la detección de DNT en las muestras de los focos de los trenes y de NG (en una sola muestra) para dictaminar rotundamente que, sea lo que sea que explotara, no puede ser Goma 2 ECO, pues dicha dinamita no contiene las sustancias mencionadas. Esta es la postura de mínimos: el rechazo de la Goma 2 ECO; otros, como sabemos, van más lejos y se atreven a afirmar que se utilizó Titadyn. Los peritos oficiales, en cambio, estiman que esas sustancias problemáticas son producto de una alteración (contaminación) de las muestras. Como he dicho, no entraré ahora a debatir la consistencia de una u otra postura, aunque mi posición es adivinable. Lo que pretendo hacer a continuación es desarrollar esa especie de reducción al absurdo que sugerí al inicio de este bloque argumental. Sin abordar por el momento el fondo de la postura conspiracionista, pretendo mostrar que un contraste de ésta con la práctica policial y judicial presenta (o presentaría) llamativas disfunciones.

Para ello, enlazo nuevamente con la exposición precedente relativa a la cuestión general de si era o no posible determinar la marca comercial de una dinamita que ha hecho explosión. El recorrido por los antecedentes etarras (y la correspondiente jurisprudencia) que enseguida iniciaré servirá para remachar ese punto, al tiempo que incidirá en este nuevo aspecto relativo a la aparición de sustancias en principio ajenas a la composición de un concreto explosivo.

Las primeras referencias, sin embargo, no son mías, sino de un periódico que, pese a sus preferencias ideologicas, no siguió el juego de El Mundo y compañía en materia de 11-M.


Sin excepción… salvo alguna cosa

El último domingo de agosto (día 27) de 2006, en una carta dominical de abrumador título (“De los GAL al 11-M”), Pedro J. Ramírez, en el asunto que más directamente nos atañe, ofreció una desabrida y habitual valoración:

[L]a suma de engaños, trampas y chapuzas de paternidad fácilmente detectable ha situado a la Policía, la Fiscalía y el juez instructor en la insostenible posición de acudir a la vista oral alegando que, pese a la existencia de 12 focos de explosión –dos de ellos controlados–, nunca se podrá saber cuál fue el tipo de dinamita utilizado porque no se han podido identificar sus componentes. Bullshit, que dirían los británicos.

A partir de ahí, el discurso periodístico no hizo sino escalar. El mes de septiembre de 2006 fue especialmente activo en materia de relatos intrigantes sobre el 11-M. Las confidencias de Trashorras a El Mundo, la mochila “manipulada” en el IFEMA, el asunto del ácido bórico, el libro de Lavandera y Fernando Múgica, las insólitas referencias del ex director general de la Policía, Díaz de Mera, a no se sabe qué informe supuestamente oculto sobre ETA y el 11-M… un continuo sinvivir (de hecho, sólo hubo dos días en todo el mes sin que el 11-M se mencionara en portada y ni uno solo sin que se tratara en páginas interiores). Dentro de este alboroto, el 12 de septiembre, Mariano Rajoy fue entrevistado en la COPE y, naturalmente, no faltaron las referencias esperables. Según indicaba Libertad Digital ese mismo día:

El líder del PP citó otros de los asuntos que rodean los atentados de Madrid. En concreto, aludió a la incógnita del explosivo que estalló en los trenes. Como ministro del Interior, vivió “muchos atentados” y aseguró que “a las 24 horas se sabía” la composición de las bombas “sin excepción”. Después de que Pedro J. Ramírez le recordara que en un caso no se llegó a saber qué explosivo estalló (el atentado en Santander en 2002, cuando estalló un coche bomba robado en el callejón donde Suárez Trashorras tenía su garaje), Rajoy matizó que él “no era ministro” en ese momento.

La mención por parte del director de El Mundo del atentado de Santander tiene su interés. Por un lado, demuestra la falacia de la continua afirmación según la cual siempre es posible determinar la marca de lo que ha explotado y demuestra que determinados periodistas eran conscientes de ello. Por otro lado, la forma en que el Sr. Ramírez y su periódico utilizaron en su día este caso es muy llamativa por lo que tiene de oportunista y tornadiza, como indicaré más adelante, en la entrega 58.

Sea como fuere, y quizá para dejar en evidencia estas manifestaciones un tanto frívolas por parte de quien ha tenido responsabilidades de gobierno, el diario ABC publicó el 15 de septiembre un artículo que señalaba que “La Policía no pudo determinar el explosivo usado en 9 atentados de ETA con el PP en el poder”. Se trataba, en efecto, de nueve acciones terroristas (específicamente, con coches bomba) en las que los análisis de las fuerzas de seguridad habían sido incapaces de identificar la sustancia empleada por los criminales. Sin embargo, subrayaba el periódico, “la Audiencia Nacional condenó a sus autores y dio por esclarecidos los hechos”, mientras que:

Ahora, el portavoz popular en el Congreso, Eduardo Zaplana, y algunos medios de comunicación se extrañan de que no se haya podido concretar el explosivo que estalló en los trenes el 11-M.

ABC aludía a una intervención de Zaplana en el Congreso de 13.9.2006 ( DSCD, Pleno y Diputación Permanente, nº 198, de 13.9.06, p. 9983), de la que El Mundo se hizo eco cumplidamente en su edición del día siguiente (EM, 14.9.2006):

Cuesta creer que tras doce explosiones en lugares distintos no sea posible encontrar restos para determinar científicamente qué fue lo que estalló. Cuesta creerlo, pero puede ser. Cuesta creer que tras una explosión, señor ministro, no se encuentren restos. Cuesta creer que tras dos explosiones no se encuentren restos suficientes, pero tras doce explosiones, dos de ellas siendo controladas por los Tedax, a los que suponemos, sin duda, cierta experiencia, no es que cueste creerlo, es que no puede ser, simplemente no puede ser.

[La discusión en el Congreso obedecía a su vez a una interpelación urgente formulada por el Grupo Popular, al hilo, según palabras del portavoz del PP, de “las incesantes revelaciones sobre los atentados que golpearon nuestra democracia el 11 de marzo de 2004”.]

El artículo de ABC provocó reacciones despectivas, y muy similares en su esencia, por parte de los principales críticos de la versión oficial. Así, Luis del Pino, en su blog (15.9.2006):

Dice hoy el ABC, para justificar que no se haya podido determinar el explosivo de los trenes, que en los ocho años de gobierno del PP hubo nueve ocasiones en que no se pudo averiguar el explosivo utilizado por ETA. ¡Nueve ocasiones! ¡Nueve ocasiones entre centenares de artefactos explosivos!

Y el director de El Mundo (EM, 16.9.2006):

En relación a una información publicada ayer por ABC, Pedro J. Ramírez aseguró que «se afirma que en nueve atentados [de ETA] no se pudo determinar cuál fue el explosivo utilizado. En nueve, de ¿cuántos atentados? Por lo menos de 50 o 70». Y se preguntó: «Alguien cree que es posible que, de 12 explosiones, dos de ellas controladas, no se pueda determinar qué tipo de explosivo emplearon los terroristas?». «Es absolutamente inverosímil la versión oficial de que no se sabe ni se va a saber qué tipo de explosivo fue utilizado en los atentados», se respondió.

El director de EL MUNDO criticó que el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, eludiese en el Pleno del Congreso del pasado miércoles estas cuestiones […].

Las debilidades de estas objeciones se reflejan en muchos planos, incluyendo algún problema sobre la idea de lo que son sucesos estadísticamente independientes, pero no hace falta entrar en disquisiciones técnicas para estimar las principales fallas de las críticas. Ya hubo quienes  las señalaron  certeramente en su día y basta destacar dos de ellas especialmente notorias.

Para empezar, sólo hay que leer las primeras palabras del texto de ABC para darse cuenta de que el diario habla de “al menos nueve atentados”. Es obvio que no ha hecho una búsqueda exhaustiva, sino meramente ilustrativa. Pero lo más relevante es que, en los casos de los que habla el diario de Vocento, no se pudo determinar ni siquiera el tipo de explosivo, en efecto, pero eso no es lo que ocurre en el 11-M, donde el tipo siempre se ha sabido: dinamita. Lo que se ignora es la marca concreta de dinamita. Aquí nos tropezamos, pues, con la sempiterna ofuscación de los conspiracionistas, que confunden los términos, ya sea por negligencia deplorable o de manera intencionada.

El diario ABC cita, por tanto, nueve ocasiones (entre muchas otras, sin duda) en las que la situación respecto al explosivo empleado en una acción terrorista fue incluso más deficiente que en el caso del 11-M. Y no pasó nada.

A los presentes efectos, la referencia de ABC nos invita a profundizar en los antecedentes de atentados etarras para iluminar de manera más cabal el panorama de las conclusiones a las que la práctica judicial ha llegado en materia de explosivos. Ya sabemos que en algunos casos no puede siquiera esclarecerse el tipo de sustancia empleada, pero ¿qué ocurre cuando aparentemente las resoluciones judiciales sí consideran acreditada la utilización de un explosivo concreto? ¿Cómo realizan los tribunales esa determinación? ¿Hay realmente una diferencia entre el 11-M y los demás casos de terrorismo a este respecto?

Lo mínimo que puede decirse es que algunos comentaristas no necesitan leer, ni mucho menos tratar de rebatir, a sus críticos. En un mundo de referencias cruzadas a fuentes endogámicas y escaso de genuino esfuerzo documental, Javier Somalo seguía con la copla habitual recién concluidas las sesiones del juicio (Debates en Libertad, 5.7.2007; min. 16:50):

Lo que no cabe en ninguna cabeza es que un país en el que llevamos 40 años de terrorismo… estamos acostumbrados a que después de un atentado de ETA enseguida nos digan de qué estaba compuesto el explosivo, que nos enseñen trocitos del detonador y que tengamos la información clarísima y llegue el 11 de marzo y los restos sean vagones de tren y desaparezcan y no tengamos ni idea de cuál es el explosivo.

Y no menos llamativa, pero sí más insidiosa, fue la desnortada observación, un mes antes, de quien pasaba por dedicarse a eso de la investigación (F. Múgica, EM, 3.6.2007):

Algunos peritos han afirmado ante el tribunal que después de una explosión de dinamita es imposible saber su tipo. Entonces, ¿nos han mentido en todos los comunicados tras cualquiera de los atentados de ETA?

Juzguémoslo.

NOTA

[1]: Por cierto, el Sr. Iglesias admitió tanto en el juicio del 11-M como en su declaración como testigo de la defensa en el procedimiento iniciado por Sánchez Manzano contra El Mundo que antes del 11-M nunca había analizado explosivos (reconocimiento que siempre hizo visiblemente molesto ante el requerimiento de que informara sobre sus antecedentes). Sin embargo, declarando como testigo de cargo ante la juez instructora de la querella contra Sánchez Manzano, este perito pasó a afirmar que sí contaba con experiencia previa en la materia, anterior al juicio sobre los atentados. La defensa de los querellados, sorprendida por esta novedad, pidió conocer esos precedentes, pero Iglesias se resistió a responder, aduciendo supuestos deberes de confidencialidad. La juez Coro Cillán acudió (otra vez) en apoyo del perito, frente a las objeciones de los letrados de Sánchez Manzano y la agente 17.632. Ningún medio informativo consideró reseñable este incidente, en un proceso donde el testigo volátil declaraba en apoyo de la acusación contra dos policías por, precisamente, falso testimonio, entre otros desmanes.

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (LVII)

Un paseo por los tribunales

La jurisprudencia de nuestros tribunales también muestra una interesante casuística con relevancia para las cuestiones que estamos tratando: la posibilidad de determinar la concreta marca comercial, la forma en que se realizan las correspondientes deducciones, el rigor con el que los expertos manejan la composición de los explosivos, el peso que ha de darse a la presencia de un concreto componente… Conviene dedicarle unos momentos.

A)

El 22 de febrero de 2000, el portavoz del Grupo Socialista del Parlamento Vasco, Fernando Buesa, y su escolta, Jorge Díez, fueron asesinados mediante un coche bomba. ETA reivindicó el atentado el 8 de marzo siguiente a través de comunicados publicados en los diarios Gara y El Mundo. Los autores del crimen fueron los componentes del comando Ituren, Asier Carrera, Luis Mariñelarena y Diego Ugarte, siguiendo instrucciones de Francisco Javier García Gaztelu, alias “Txapote”, responsable en la fecha de los hechos de los “comandos ilegales” de ETA. Carrera y Mariñelarena fueron detenidos en noviembre de 2000 y octubre de 2001, respectivamente, y condenados mediante la sentencia de la Audiencia Nacional 18/2002, de veintiuno de junio. Ugarte fue detenido en Bélgica a finales de marzo de 2004 y extraditado a España en julio de 2005. Fue condenado por estos hechos mediante sentencia de la Audiencia Nacional 54/2005, de 26 de diciembre. Finalmente, Txapote fue detenido en Francia en febrero de 2001 y ya sumaba cientos de años de penas por otros delitos cuando fue condenado por el asesinato de Buesa y de su escolta mediante sentencia de la Audiencia Nacional 27/2011, de 4 de noviembre.

En lo esencial, las tres resoluciones judiciales citadas coinciden en la narración de los hechos probados. Entre los elementos de prueba, en lo que ahora nos concierne, se hallaban los análisis de los restos de la explosión del vehículo y los efectos intervenidos en el registro de un piso en Vitoria ocupado por los miembros del comando, donde los jueces consideran acreditado que se confeccionó el artefacto explosivo. Las dos primeras sentencias (la de 2002 y la de 2005), describen el material instalado en el vehículo con el que se atentó como “un artefacto compuesto por unos 20 kilos de explosivo de tipo «goma»”. La primera resolución añade además que, en el registro del piso del comando Ituren, se halló “material explosivo del tipo que fue utilizado en la explosión del día 22 de febrero de 2000, ‘dinamita-goma’, según consta en el informe pericial obrante al folio 1710 cuyos peritos firmantes lo ratificaron en el acto del juicio oral”. La segunda es más inespecífica y se limita a señalar que “las declaraciones testificales de los agentes de la policía nacional o de la Ertzaintza en el acto del juicio, corroboraron […] el material explosivo utilizado”.

De modo que, al igual que en el caso del 11-M, no se fija la marca concreta de esa dinamita o explosivo tipo “goma”, lo cual es lógico, en la medida en que se trata del análisis de restos post-explosión. Sin embargo, en el piso registrado en Vitoria sí se encontró material intacto. Y aquí es donde viene lo interesante, porque la sentencia de 2011 que condena a Txapote por estos hechos, sí se atreve a poner nombre comercial al explosivo utilizado. Naturalmente, lo importante no es detenerse en esta mera constatación, sino observar cuál es el razonamiento seguido y darse cuenta de que, una vez más, no se basa en los meros análisis químicos de los focos de explosión. En efecto, la sentencia 27/2011 recoge como hecho probado:

Como consecuencia de las referidas órdenes [de Txapote], los miembros del comando [Ituren] prepararon el artefacto en el piso alquilado, utilizando un recipiente metálico, tipo “olla”, en cuyo interior colocaron unos 25 kilogramos del explosivo llamado “Titadyn”, –sustraído por la organización el 28/09/1999 del almacén de explosivos denominado Titanité en Plevin (Francia)–, y metralla de bolas de metal, que haría explosión mediante radio frecuencia.

Y añade que:

En el registro practicado en el piso sito en la calle Federico García Lorca […] se encontraron, entre otros, los siguientes efectos facilitados por el acusado [Txapote]:

[…]

–    Una maleta verde con dos cartuchos de dinamita con la marca “Titadyn” y otras 4 fiambreras con explosivos.

La sentencia considera acreditado que fue Txapote quien suministró a los miembros del comando Ituren “explosivos provenientes de Francia”. Entre los fundamentos que aduce esta resolución se encuentran de manera prominente las diversas declaraciones de Asier Carrera, condenado anteriormente como autor material. El tribunal tiene en cuenta, por ejemplo, “la sustracción del explosivo en Francia por miembros de la citada organización [ETA]”, “el hallazgo en la vivienda alquilada de […] restos del explosivo utilizado” o “la localización por parte de los agentes que tomaron declaración a Asier [Carrera] de un vehículo Renault 19, cargado de explosivos que aún permanecía en la calle con el que pretendían atentar contra el Diputado alavés Ramón Rabanera” [el sistema electrónico del artefacto falló y los terroristas abandonaron el coche en la calle]. Más concretamente, según el tribunal, “la veracidad” del testimonio de Asier Carrera identificando a Txapote como la persona que les suministró el explosivo “se deduce”, entre otros elementos, “por el hallazgo en el registro [del piso alquilado por el comando], [de] explosivo de dinamita de la marca “Titadyn” procedente del robo perpetrado el 28/09/1999 […] en el almacén de explosivos denominado Titanité, sito en Plévin (Francia)”.

Parece obvio, pues, que de un genérico explosivo tipo goma se pasa a un Titadyn no porque los peritos determinaran tal marca en sus análisis de los restos de explosión, sino porque en el piso del comando etarra se hallaron cartuchos enteros de esa dinamita. Lo de “dentro” del vehículo explosionado se “deduce” a partir de lo de “fuera” del vehículo, razonamiento que en el caso del 11-M algunos consideran prohibido. Y no pasó nada.

Pero la situación es aún más digna de estudio y la inferencia de los tribunales aún más indirecta de lo que a primera vista pudiera pensarse.

Como acaba de verse, la sentencia contra Txapote por el asesinato de Buesa menciona que los miembros del comando Ituren intentaron también acabar con la vida del político Ramón Rabanera. Sólo un providencial fallo en el circuito electrónico del artefacto explosivo destinado a tal fin impidió que se cumplieran los designios criminales de los terroristas. La sentencia menciona que, a partir del testimonio de Asier Carrera, los agentes localizaron el vehículo que pretendía utilizarse: un Renault 19 “cargado de explosivos”. Sin embargo, el automóvil en cuestión no estaba en realidad cargado de explosivos. Para aclarar esto último conviene examinar las sentencias que juzgan específicamente el intento de asesinato del Sr. Rabanera.

Así, el etarra Diego Ugarte fue condenado como autor del homicidio intentado contra el político alavés mediante sentencia de la Audiencia Nacional 60/2007, de 11 de octubre. La sentencia recoge lo siguiente:

Dicho vehículo presentó un fallo en su circuito eléctrico, por lo que no pudieron llevar a cabo la acción prevista contra el Sr. Rabanera, sacando del vehículo los explosivos y transportando el artefacto explosivo al domicilio que ocupaban en […] Vitoria, dejando el vehículo aparcado en la calle Vicente Aleixandre, donde fue intervenido en 10.11.00 debiendo provocarse una explosión en el maletero del mismo para evitar un posible coche bomba trampa […].

Sobre ese piso de Vitoria, señala algo que ya conocemos, pero con mayor concreción:

[E]n el registro realizado por la Comisión Judicial en el piso […] de Vitoria se hallaron los siguientes efectos:

[…]

En otra maleta, dos cartuchos de dinamita “Titadyne 30 A” y cuatro fiambreras de diferentes tamaños cerrados con cinta adhesiva y con explosivo en su interior.

La marca del explosivo (de la variedad 30 A) se define según los cartuchos hallados en la vivienda. Es decir, a partir de explosivo entero. Sin embargo, poco parece que puede decirse de los análisis efectuados directamente en el Renault 19, que fue objeto de una explosión controlada por parte de la Policía:

Y en el vehículo Renault 19 Chamade que había sido utilizado por el procesado y demás miembros del grupo Iturren, que fuera hallado posteriormente en la calle Vicente Aleixandre de Vitoria, se encuentran cuatro tacos de madera y dos bolsas de basura que en su interior contenían restos de sustancia explosiva de tipo rompedor […].

Esta última falta de concreción es incluyo mayor que la de los resultados obtenidos por el perito Escribano en su análisis de las planchas de porespán del zulo en el que El Chino y compañía escondieron los explosivos en Morata de Tajuña: “componentes fundamentales de las dinamitas” (nitroglicol y nitrato amónico). Es lo que ocurre cuando se trabaja sobre meras impregnaciones, sin contar con sustancia intacta.

Idéntica situación (como es lógico) se extrae de la resolución que condena a Txapote por este asesinato no consumado. Se trata de la sentencia 13/2013, de 12 de febrero. El ponente, Grande Marlaska, escribe lo siguiente:

[Los terroristas] no terminaron su propósito criminal, toda vez que el día en que se proponían realizarlo, en fecha no determinada, comprendida entre el 14 de Abril y principios de mayo de 2000, se averió el circuito electrónico del coche bomba. Ante tal contingencia decidieron sacar el material explosivo del vehículo, trasladándolo al domicilio que les servía de base de operaciones, sito en […] Vitoria, dejando estacionado y abandonado el Renaut 19 en las inmediaciones del mismo, […] donde fue recuperado el día 10 de Noviembre de 2000. En el interior del vehículo se localizaron cuatro tacos de madera y dos bolsas de basura que contenían restos de sustancia explosiva de tipo rompedor, así como una antena preparada para su conexión a un receptor de radio control a distancia.

Una vez más, indica que en el registro del mencionado piso de Vitoria se hallaron, en particular:

En otra maleta, dos cartuchos de dinamita “TITADYNE 30 A” y cuatro fiambreras de diferentes tamaños cerrados con cinta adhesiva y con explosivo en su interior.

La sentencia aduce expresamente como fundamento de su relato sobre el hecho principal la “localización en el citado vehículo Renault 19 de restos de explosivos” y la “localización del piso franco […] de Vitoria donde se localiza […] distinto material explosivo (Titadyne 30 A)”. Por último: “Sobre la composición de los explosivos localizados en los lugares citados hay que remitirse a los informes periciales oficiales, no impugnados e introducidos en el patrimonio probatorio como pericia documentada”.

Hagamos una recapitulación de lo hasta ahora expuesto acerca del comando Ituren. Los integrantes de ese grupo participaron en diversas acciones terroristas, entre otras, los asesinatos de Buesa y de su escolta y el intento de matar a Rabanera. La determinación de que en el primer caso se utilizó Titadyn (o incluso Titadyn 30 A, que, en efecto, era la dinamita que ETA había robado en Plévin), no se hace a través de un simple análisis de los restos de la explosión. Este último no va más allá de un vago “explosivo tipo goma” o “dinamita goma”. Sin embargo, las sentencias constatan que el comando Ituren también intentó asesinar a Ramón Rabanera mediante un coche bomba en el que se hallaron “restos de sustancia explosiva de tipo rompedor”, expresión igualmente inespecífica. Pues bien, aquí hay deducciones en varios niveles: como los terroristas habían sacado el explosivo del Renault 19 y lo habían llevado a su piso, y en dicho inmueble se encontraron cartuchos de Titadyn, los jueces deducen que en ese automóvil había Titadyn. A su vez, la deducción de que en el asesinato de Buesa se utilizó Titadyn depende de la deducción de que el comando Ituren utilizó el mismo explosivo en ambas acciones. Lo cual es perfectamente razonable, pero no mucho mejor que lo ocurrido en el caso del 11-M, donde, al parecer, este tipo de inferencias están prohibidas: la analista de los Tedax halló nitroglicol y nitrato amónico, de lo cual dedujo el empleo de dinamita en los trenes. El grupo yihadista al que apuntaban múltiples y concordantes pruebas (incluida una reivindicación) tenía dinamita Goma 2 ECO. Ergo


B)

Pasemos a la sentencia de la AN 53/2006, de 28 de julio.

Se trata de la explosión de un artefacto en la discoteca Txitxarro, en el municipio de Deba  (Guipúzcoa), el 10 de septiembre de 2000. La sentencia recuerda que “los hechos criminales relatados fueron reivindicados por la organización terrorista ETA el día 22 de septiembre en el diario Gara”.
El tribunal estima que:

[El] artefacto [estaba] constituido por un sistema de iniciación eléctrica y temporizada [sic] con una carga explosiva de unos 20 kilogramos de explosivo industrial tipo gelatina o dinamita goma, a base de nitrato de amonio sensibilizado con NG y TNT (Titadyne) y de efecto rompedor […].

Así pues, la sentencia sí ofrece una marca de dinamita, pero conviene examinar las bases de esa constatación. En efecto, la sentencia especifica al respecto:

Los compuestos relacionados con explosivos a los que aluden los peritos se especifican en el informe 162.IC.02.00005 de la Policía Autónoma Vasca obrante en los folios 502 a 545 de las actuaciones, en el que consta que se trataban [sic] de Nitrato de Amonio, Nitroglicerina-Nitrato de Etilen Glicol (NG-EGDN), Trinito Tolueno (TNT), Dinitro Tolueno (2,6 DNT y 2,4 DNT) y una proporción inerte de serrín, y que “la mezcla de estos compuestos coincide con lo que el Reglamento de Explosivos define como gelatinas explosivas sensibilizadas con NG y TNT o dinamita-gomas, pudiendo corresponder con el explosivo industrial comercializado en Francia con el nombre Titadyn.” (folio 511), restos del explosivo que fueron hallados en el piso que ocupaba el comando Ttotto […].

Lo que vemos es un listado de componentes que, según el informe pericial citado por la sentencia “pueden corresponder con el Titadyn”. A nadie se le escapa, sin embargo, que esa identificación de una marca como posible candidata resulta enormemente facilitada por el hecho de que nadie ponía en duda que era una acción de ETA y que dicho explosivo (Titadyn) fue el que se halló en el piso de los miembros del comando en cuestión. Una vez más, son elementos ajenos a la analítica química los que permiten acotar los resultados de ésta. No obstante, lo más reseñable es que, si se aplicara a este caso el mismo criterio que los conspiracionistas esgrimen para el 11-M, deberíamos llegar a conclusiones ciertamente extravagantes. Y es que ese listado cualitativo de componentes presenta un ligero problema: no hay Titadyn con NG y TNT al mismo tiempo. Además, en la época del atentado (10 de septiembre de 2000), ETA aún no tenía Titadyn con nitroglicerina (que adquirió en marzo de 2001, en el robo de Grenoble). Por tanto, si había NG, no podía ser el explosivo que tenía ETA; por tanto, no podía ser ETA; por tanto… ¿nos hallamos ante un falso atentado, etc, etc? No lo creo.


C)

La sentencia de la AN 11/2007, de 28 de marzo, condena a los etarras Ibon Etxezarreta y Luis María Carrasco por su participación en el atentado de 11 de noviembre de 2000 contra el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo, en San Sebastián. Unos hechos que, como indica la sentencia, “fueron reivindicados por la organización terrorista ETA en comunicado publicado en el diario Gara en su edición de fecha 19 de noviembre de 2000”. Esta resolución judicial es de particular interés porque García Abadillo la mencionó en un artículo que se llevó a la portada de El Mundo en su edición de 9.4.2007. Se trata de uno de esos casos en los que, asombrosamente, se aducen como pruebas de cargo contra la versión oficial unos elementos que, apreciados cuidadosamente, sirven exactamente para lo contrario de lo que se pretende. Así, el vicedirector de El Mundo hace la siguiente referencia:

La sentencia condenatoria incluye un párrafo muy significativo: «Se detecta en la tierra recogida de dos de los cráteres producidos por las explosiones, en unos calzoncillos, en una sudadera y en restos de cable la presencia de DNT, TNT, nitroglicerina, nitroglicol y nitrato amónico, componentes explosivos de naturaleza orgánica que forman parte de las dinamitas, como Titadyn».

Es decir, los mismos componentes que los localizados en el foco de El Pozo y en la furgoneta de Cañaveras, a excepción del TNT. Sin embargo, los expertos tienen una explicación para este hecho: «El TNT es un componente que incluyen algunos tipos de Titadyn en pequeña cantidad y que tiene gran capacidad explosiva. No se puede descartar que, en los tres casos, estemos ante el mismo tipo de explosivo».

Si esto último es lo que dijeron los “expertos” (que, con toda probabilidad, no son otros que Iglesias y compañía), la falta de rigor es preocupante, así como el doble rasero. En cualquier caso, esta sentencia debe examinarse con atención, ya que en ella, de hecho, parecen mencionarse dos tipos de Titadyn: sin duda, el Titadyn 30 A y, casi seguramente, el Titadyn 30. Recordemos que ETA robó la primera dinamita el 28 de septiembre de 1999 en Plévin y la segunda, en Grenoble, el 7 de marzo de 2001.

Pues bien, aunque el atentado es de noviembre de 2000 (cuando ETA sólo tenía Titadyn 30 A), los acusados fueron detenidos el 22 de agosto de 2001 (después del robo de Titadyn 30 en Grenoble) y posteriormente se practicaron registros en los inmuebles que habitaban. A consecuencia de estos registros, la sentencia refleja que se intervinieron, entre otros efectos, “9 barras de explosivo de la marca Titadyne de 2.800 gramos de color rojo y 56 barras de explosivos de la marca Titadyne de 2.500 gramos de color marrón”; y también: “5 bolsas de plástico vacías con restos de una sustancia marrón y con una pegatina de Titadyne 30 A”. Dado que se alude a dos tipos de Titadyn y uno de ellos aparece identificado con una “pegatina de Titadyne 30 A”, cabe deducir que los otros cartuchos eran de Titadyn 30. Esto podría explicar el hallazgo de todas esas sustancias que tanto interesan al vicedirector de El Mundo. El pequeño problema es que el párrafo que él cita se refiere, según señala expresamente la sentencia, a un “informe fechado el 21-2-2001”, es decir, casi tres semanas antes del robo de Titadyn 30, lo que significa que dicho informe sólo podía estar analizando restos de Titadyn 30 A. De este modo, las observaciones que formuló Elkoko hace mucho tiempo (10.4.2007) siguen siendo tan pertinentes como el primer día:

Efectivamente, esos cinco componentes forman parte de las dinamitas como el Titadyne, pero no forman parte, en conjunto, de ninguna de las marcas comercializadas bajo ese nombre: la nitroglicerina y el TNT no aparecen juntos en ninguna de las variantes de esa dinamita.

Si se trasladara a este caso la lógica conspiracionista aplicada al 11-M, entonces, lejos de utilizar la sentencia sobre el atentado de Intxaurrondo como apoyo de las tesis antioficialistas, deberíamos concluir que la aparición de nitroglicerina descarta que se utilizara la dinamita que en aquel momento tenía ETA (Titadyn 30 A); o sea, que no pudo ser un atentado etarra; o sea, pruebas falsas, etc…

Elkoko llamaba la atención certeramente sobre el insidioso título del artículo de García Abadillo (“Y, sin embargo, no fue Goma 2 ECO”):

Un titular que sería equivalente, en el caso del atentado de Intxaurrondo, a «Y, sin embargo, no fue el Titadyne del que disponía ETA»; algunos insisten en echar por tierra el sentido común utilizando dos varas distintas de medir a la hora de exigir la verdad.


D)

La Sentencia de la Audiencia Nacional 21/2011, de 28 de julio se refiere a un coche bomba colocado por ETA el 31 de diciembre de 2000 junto a la Tesorería de la Seguridad Social en Sevilla. El artefacto explosivo fue desactivado con éxito por miembros del Grupo de Desactivación de Explosivos (GDE), de la Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental con base en Sevilla. Según la sentencia:

Una vez pesado el material explosivo se procedió a [su] destrucción […], dejándose en depósito una muestra de trescientos gramos de dinamita y dos metros sesenta centímetros de cordón detonante, dictaminándose que se trataba de dinamita titadyn 30-A.

Obsérvese que se trata de la determinación de una marca concreta a partir de una muestra intacta, situación distinta del examen de los focos de explosión del 11-M, pero análoga a la determinación de la Goma 2 ECO en este último caso a partir de los restos de dinamita sin explotar. Veamos, sin embargo, de qué listado de componentes se extrae esa conclusión. En efecto, la sentencia señala:

Recibido en el Laboratorio Químico del Servicio Central de Analítica de la Comisaría General de Policía Científica por los peritos expertos en química las muestras dejadas, se dictaminó por los encargados de dicha pericia […] que el tipo de explosivo recibido en una bolsa de plástico transparente consistía en nitrato amónico, trinitrotolueno, dinitrotolueno, nitroglicerina, nitrocelulosa, serrín y carbonato sódico (folios 96 a 98).

Dicho informe pericial fue ratificado en juicio oral por el facultativo NUM009 donde precisó que se trataba de titadyn, según el análisis químico que efectuaron.

Repito que se trata del análisis de restos completos, es decir, de una situación óptima distinta de la que se produce en el caso de restos post-explosión. Pues bien, sobre la base de estos análisis, se fija la marca del explosivo intervenido como Titadyn, más concretamente, Titadyn 30 A. Pero hay dos problemas. En primer lugar, no hay ningún Titadyn que tenga al mismo tiempo TNT, DNT y NG. De hecho, no hay ninguno que tenga simplemente TNT y NG conjuntamente. En segundo lugar, y esto es más importante, el Titadyn 30 A, que es el que menciona la propia sentencia y el que la banda terrorista tenía por esas fechas, no contiene nitroglicerina. Y, puesto que ETA no obtuvo Titadyn con nitroglicerina (Titadyn 30) hasta más tarde, en el robo de Grenoble de 7 de marzo de 2001… Apliquemos nuevamente la lógica que algunos imponen en el caso del 11-M: sólo valen los análisis químicos; si había nitroglicerina, no podía ser el Titadyn que por entonces tenía ETA; así que no podía ser ETA y todo lo demás son pruebas falsas… Tan absurdo entonces como después.


E)

En la sentencia de la AN 14/2012, de 6 de marzo, se trata de un intento de atentado con coche bomba contra un concejal del PSOE de la localidad de Arboleda (Vizcaya) por parte de miembros del comando Bolueta de ETA. El concejal no aparece y los terroristas trasladan el coche a otra zona, tras lo cual avisan telefónicamente de la colocación del artefacto. Según la resolución, “la carga explosiva fue desactivada sobre las 02,55 del 23 de enero de 2.001”. Se analiza, por tanto, explosivo entero. La sentencia describe que en el maletero del vehículo se colocaron:

[…] 60 kilogramos de nitrato amónico del tipo conocido como explosivo gelatina o dinamita de goma, reforzado mediante […] cordón detonante […].

La resolución es más precisa en otro momento y añade:

La segunda pericial, llevada a cabo por los funcionarios de la Ertzaintza NUM010, NUM011, NUM012 y NUM013, tras ratificarse en el contenido de su informe, obrante a los folios 260 y ss., manifestaron, en síntesis, que el explosivo […] estaba formado por 60 kilos de gelatina explosiva o dinamita-goma, a base de nitrato de amonio sensibilizado con NG Y TNT (TITADYN ).

No está de más recordar que se identifica la marca a partir de restos intactos. Pero el problema es el mismo de otras ocasiones: ¿qué Titadyn contiene a la vez NG y TNT? Ninguno conocido. En cualquier caso, ninguno de los que ETA ha tenido. Además, en enero de 2001, la organización terrorista todavía no había obtenido la dinamita con nitroglicerina (Titadyn 30).


F)

El 22 de febrero de 2001, el comando Donosti de ETA realizó un atentado con coche bomba accionado a distancia, que iba destinado al concejal socialista de Ordizia Iñaki Dubreuil, pero acabó matando a dos trabajadores de Elektra.
La sentencia de la AN 59/2007, de 4 de octubre, confirmada mediante STS 391/2008, de 26 de junio, juzgó a dos acusados de colaborar en el atentado, que resultaron absueltos. En ambas sentencias pueden leerse los siguientes hechos probados:

Sobre las 8 horas del día 22 de febrero de 2001, miembros activos de la organización terrorista E.T.A., cuya exacta identidad no consta, con la finalidad de atentar contra la vida del concejal socialista del Ayuntamiento de Ordizia […], colocaron un artefacto explosivo, tipo coche bomba, que previamente habían aparcado y dispuesto a tal fin con una carga explosiva de entre 10 a 15 kilogramos de explosivo industrial rompedor, posiblemente a base de nitrato amónico sensibilizado con TNT, del tipo conocido como “gelatinoso” o “dinamita goma”, frente al número 47 del Paseo Martutene, en las proximidades del apeadero del tren de cercanías existente en el barrio de Martutene, en Donostia (Guipuzkoa), haciéndolo estallar cuando por el lugar pasaban gran número de viandantes […].

Dada la presencia de TNT y de nitrato amónico, y conocida la fecha (anterior al robo de Titadyn 30), es muy probable que se tratara de dinamita Titadyn 30 A. Pero esto lo sabemos porque hablamos de un atentado cuya autoría (ETA) nadie discute, aunque, de hecho se desconoce la identidad de los autores materiales. Sin embargo, esa escueta descripción de los componentes (introducida además con un “posiblemente”), es también compatible en abstracto con otros explosivos, tales como la dinamita F-19 o la Ligamita 1 o incluso algunos tipos de amonal.

Esta situación no es mejor que la del 11-M; la sentencia que se acaba de citar no identifica la marca del explosivo y, de hecho, nitrato amónico y TNT (posiblemente), no permiten hacerlo. Huelga decir que ni El Mundo ni los demás descreídos de la versión oficial del 11-M han protestado nunca por semejante indefinición sobre “el arma del crimen” en este atentado de ETA. De hecho, ni siquiera han puesto en duda que se tratara de un atentado de ETA.


G)

La sentencia de la AN 8/2012, de 28 de febrero, juzga el atentado con libro bomba contra el periodista Gorka Landaburu, delegado provincial en Guipúzcoa de la publicación “CAMBIO 16”, el 15 de mayo de 2001. Como recuerda la propia resolución, el atentado fue reivindicado por la organización terrorista ETA a través de un comunicado publicado en la página 13 del diario GARA del día 26 de julio de 2001. Es cierto que la sentencia señala que el explosivo:

…ha sido identificado en los hechos probados, en los cuales se destaca que la carga explosiva, estaba formada por una cantidad de entre 50 y 100 gramos de explosivo industrial tipo titadyn.

Ahora bien, ¿sobre qué fundamento analítico se realiza esta identificación de la marca? Liberémonos de todo contexto ajeno a los resultados de laboratorio y atendamos a la exposición de la sentencia, según la cual:

[El] artefacto de tipo explosivo [estaba] integrado por: […] C) carga explosiva de entre 50 y 100 gramos de explosivo industrial tipo gelatina explosiva o dinamita-goma, a base de Nitrato de Amonio sensibilizado con NG, TNT y DNT (“TITADYN”).

Nos enfrentamos a un problema ya conocido: ninguna variedad de Titadyn contiene al mismo tiempo esos componentes. En el momento de los hechos, ETA sólo tenía Titadyn 30 A, que tiene TNT, pero no nitroglicerina. Por tanto, si la determinación de la autoría se hubiera hecho depender exclusivamente de ese listado de sustancias expresado por la sentencia, olvidando cualquier otra consideración, ¿deberíamos suponer que ETA no podía ser la culpable?


H)

La sentencia de la AN 30/2006, de 25 abril, condena a Ana Belén Egües, alias “Dolores”, y Aitor García Aliaga, alias “Óscar”, como autores del atentado contra el general Justo Oreja Pedraza, cometido en Madrid el 28 de junio de 2001 con una bicicleta-bomba colocada a la salida de su domicilio. La resolución aporta el siguiente relato:

Los procesados […] formaban parte […] de un comando denominado “Buru Ahuste” que operaba en la ciudad de Madrid. […] [El] 28 de junio de 2001, los procesados sacaron una bicicleta tipo Montain [sic] Bike de color negra del maletero [de un] vehículo, y montaron un artefacto explosivo sobre una bandeja situada encima de la rueda trasera de la misma, oculto en una bolsa, compuesto de tres kilogramos de dinamita y metralla. […] El artefacto explosivo empleado en el atentado, contenía aproximadamente tres kilogramos de un explosivo, con presencia de nitrato amónico y nitroglicerina, componentes estos de las dinamitas utilizadas por la organización terrorista ETA, Titadyn 30 A, comercializada en Francia.

La sentencia añade que los autores del crimen huyeron en un vehículo que abandonaron posteriormente en la calle con dos cargas explosivas. La primera hizo explosión antes de que llegara la policía. La segunda fue descubierta en el maletero del automóvil y “fue explosionada de modo controlado por miembros del Equipo de Desactivación de Explosivos”. Sobre este segundo artefacto dice la sentencia:

Tras la primera explosión, se localizó en el maletero del citado vehículo un segundo contenedor con una sustancia organolépticamente similar a la dinamita  Titadyn […].

Tenemos, pues, un caso en el que el análisis de restos post-explosión no encuentra más que dos sustancias, nitrato amónico y nitroglicerina, que son tan componentes del Titadyn como de una multitud de otras marcas de Dinamita: Dynaroc, Danubit 2, las comercializadas por Austin Powder Company… Mencionar una marca concreta no es posible sin abandonar los estrictos márgenes de los resultados analíticos o sin integrarlos dentro de su contexto. Para colmo, la variedad de Titadyn que refiere la sentencia es a todas luces incorrecta, pues el Titadyn 30 A, precisamente, no tiene nitroglicerina. Conviene repetirlo porque sobre esto no cabe la menor duda: la identificación de una marca concreta de explosivo que realiza la sentencia es materialmente errónea.

Obsérvese, además, que la Policía encontró un contenedor con explosivo intacto en el maletero del vehículo abandonado por los terroristas y lo hicieron estallar de forma controlada. ¿Qué dice la sentencia sobre este explosivo? Que era “organolépticamente similar a la dinamita Titadyn”. Esto significa, ni más ni menos, que los agentes echaron un vistazo a la sustancia y observaron que tenía el mismo aspecto que el Titadyn. Como se ve, los elementos con los que la Policía contaba en este caso no son mucho más robustos que en relación con el 11-M: la perito Tedax también halló dos componentes en sus análisis de los focos de explosión de los trenes: nitroglicol y nitrato amónico, lo cual no permitía por sí solo determinar la marca. Los Tedax, tras describir el resto de explosivo hallado en la Kanggo como de “color blanco y textura pastosa” (Tomo 38 del sumario, folio 10911), o sea, organolépticamente similar a la Goma 2 ECO, decidieron remitir una muestra de esta última dinamita para cotejarla con dicho resto. Y ya sabemos cuán sospechoso pareció esto a algunos investigadores.


I)

No puede olvidarse, dentro de esta relación, una sentencia que ya cité en anteriores entregas. Se trata de la sentencia de la Audiencia Nacional 46/2007, de 29 de junio. En ella se juzgaba a dos miembros del comando legal de ETA “Behorburu”, Xabier Zabalo Beitia y Ainhoa Barbarín, que colocaron un coche bomba en el aeropuerto de Málaga el 25.7.2001. El artefacto fue desactivado al día siguiente por los TEDAX. Lo interesante de esta resolución es que, contrariamente a lo que suele ocurrir en las recopilaciones jurisprudenciales, no se alteraron los números de identificación de los peritos intervinientes: Manuel Escribano (nº 9) y Marián (nº 17.632) (incidentalmente, también se menciona a Isabel López Cidad, otra perito “honrada” que intervino en la polémica del ácido bórico, con el número 11). En un pasaje de la sentencia puede leerse:

El informe pericial del laboratorio químico del Servicio Central de analítica de la Comisaría General de la Policía Científica núm. 19/Q1-02 de 1-2-02 (folios 647 a 649) siendo sus autores los funcionarios 9 y 11, ratificándolo en la vista oral el 9 al estar enfermo el 11, concluyendo que las muestras de las sustancias analizadas intervenidas en el domicilio del rebelde, se identificaron componentes que se hallan presentes en la dinamita (informe TEDAX, folios 2332 a 2351 sobre explosivos) y se identificó PENTRITA (cordón detonante) explosivos presentes en la incidencia 204-MA-01 (coche bomba, Aeropuerto de Málaga) según informe pericial del Servicio Central de desactivación de explosivos, obrante al folio 762/763 ratificado por su autor en la vista oral (funcionario 17.632).

[Idéntico párrafo aparece, esta vez con los números alterados, en la sentencia de la Audiencia Nacional 55/2009, de 10 de julio, que condenó por los mismos hechos a otro componente del comando, Ismael Berasategi.]

Dejando aparte el hecho de que se acepta el informe de un solo perito (la inspectora 17.632), la sentencia acoge sin problemas la expresión “componentes que se hallan presentes en la dinamita”, lo cual se parece demasiado a esos “componentes genéricos” que tanto incomodan a algunos en el caso del 11-M. Y, aunque la redacción de la sentencia es francamente mejorable, se observa una nueva comparación entre lo hallado en la propia incidencia (el coche bomba) y el material explosivo intervenido fuera de ella, en el domicilio del acusado.


J)

Termino con una sentencia de 6 de octubre de 2011 a la que ya me referí hace tiempo y que resulta particularmente ilustrativa.

Se trata de una acción contra una discoteca de Navarra, en la que unos miembros de ETA colocaron tres bombas que hicieron explosión durante la noche del 27 al 28 de septiembre de 2001. Según relata la sentencia, los terroristas:

…tras comprobar los horarios del guarda, que vivía en un apartamento en mismo edificio de la discoteca, prepararon tres mochilas con unos 20 kilos cada una de Titayn 30-A, con dispositivos de iniciación eléctrico por retardo.

Observamos que se da por hecho probado la utilización de una determinada marca de dinamita. Esto llevó al peón negro Belga197 a considerar que esta sentencia rebatía la idea según la cual no era posible determinar la marca comercial de una dinamita explotada. Sin embargo, como debería resultar evidente a partir de cuanto hasta ahora he escrito, lo importante no es la mera constatación literal de que una resolución judicial considera acreditado el uso de un determinado explosivo, sino las razones que se aducen para ello. Lo que afirmo, y esta propia sentencia demuestra, es que esa apreciación no se realiza sobre la exclusiva base de unos resultados analíticos, cruzando componentes. Así, la mencionada sentencia precisa:

En cuanto al material empleado para la explosión consta el informe del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil en los folios 208 y 687, que han sido ratificados en el acto del juicio oral, así como el informe realizado por los peritos designados por la defensa. Las conclusiones de ambos informes concuerdan en relación al resultado de los análisis sobre los restos encontrados, que llevan a establecer que se trataba de una dinamita tipo Titadyn, y sólo difieren en que para los peritos de la acusación la ausencia de nitroglicerina permite establecer que podría tratarse de Titadyn-30 A, mientras que para los peritos de la defensa la ausencia de nitroglicerina no permite descartar que se tratase de otro tipo de Titadyn, porque las conclusiones han de establecerse con los restos encontrados y no con lo que no se encuentra.

Sobre esta cuestión el Tribunal llega a la conclusión de que se puede estimar acreditado que el explosivo utilizado era Titadyn-30 A, con base por un lado en las manifestaciones de los peritos de la Guardia Civil, cuando indican que su experiencia les lleva a concluir que siempre que se emplea nitroglicerina, aparece algún vestigio, y por otro lado porque concuerda con la intervención de 5 kilos de Titadyn-30 A, en una buhardilla en el registro del domicilio de quien resultó ser miembro de un comando de apoyo a los autores […]

Mi comentario ahora, por tanto, no difiere de lo que en su día objeté a la burda interpretación del referido peón negro (véase igualmente la aportación de Hermanita):

[L]os peritos de la GC, según relata la sentencia que enlazo, determinan que se trata de dinamita “tipo Titadyn” y los peritos de la acusación aducen “que podría tratarse de Titadyn-30 A”, porque no se halla NG y este Titadyn no la tiene. Estoy seguro de que los peritos de la GC hablan de “tipo Titadyn” porque saben que están enfrentándose a un incidente etarra y han visto DNT y/o TNT y/o alguna otra cosa, lo que concuerda con lo que ellos saben que tiene ETA. Cuando se habla de que no se puede determinar la marca basándose única y exclusivamente en un análisis post-explosión, es que, sin contexto, difícilmente podrían haber sacado ese “tipo Titadyn”, salvo que quieran decir “parecido al Titadyn” […]. Si a estos peritos les dan un sobre de muestras y les dicen: “analízame esto: viene de Guatemala (o Sebastopol o Anchorage o Auckland) y no te digo más”, me juego el piso a que no dicen “tipo Titadyn” ni de broma.

El juez, por su parte, considera acreditado que es Titadyn 30 A, en particular porque concuerda con la dinamita encontrada fuera de los trenes... uy, perdón, “porque concuerda con la intervención de 5 kilos de Titadyn-30 A, en una buhardilla en el registro del domicilio de quien resultó ser miembro de un comando de apoyo a los autores”. No está mal.

En efecto, lo que hace la sentencia es eso que los conspiracionistas tanto han reprochado a la versión oficial del 11-M: deducir lo que explotó a partir del explosivo intacto que se encontró fuera de los focos de explosión. Porque, en realidad, no se puede hacer mucho más.

[Obsérvese también que, en este caso, ha habido un informe complementario realizado por peritos de la defensa, a diferencia de lo que al parecer venía siendo habitual (los miembros de ETA no discutían los informes periciales oficiales sobre explosivos, según alegó la defensa de Sánchez Manzano en el marco de la querella interpuesta por la AAV11-M). El perito Alfonso Vega, en ese mismo procedimiento, declaró igualmente que “[en el 11-M] es la primera vez que se hizo un contraperitaje de esta naturaleza”. Quizá ese precedente del 11-M sirvió de inspiración a algunos acusados etarras a la hora de plantear sus vías de defensa.]

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Titadyn, el eterno retorno (LVIII)

El estudio de la jurisprudencia que antecede no agota ni mucho menos el asunto que nos ocupa. Sin embargo, para ilustrar la presente discusión puede acudirse asimismo a otras fuentes distintas de las resoluciones judiciales. Algunos documentos al alcance de cualquier periodista realmente interesado en los detalles del 11-M ofrecen datos relevantes.

Así, por ejemplo, en el tomo 115 del sumario figura un oficio de la Comisaría General de Información de la Policía, de 17 de marzo de 2005, en el que se da respuesta a un requerimiento del instructor. El Juez pide:

[Información] sobre localización, incautación y/o constancia sobre la utilización, por parte de la banda armada ETA, o bien, alguno de sus miembros o comandos armados, de explosivo goma-2 en alguno de los atentados cometidos durante los 10 últimos años.

La Comisaría General de Información responde:

Según los datos obrantes en esta Unidad, durante los últimos nueve años, la banda armada ETA no ha utilizado explosivo del tipo goma en sus atentados terroristas, no habiendo resultado durante dicho periodo intervenido en poder de sus activistas y/o comandos armados material explosivo de dicha naturaleza. Los últimos datos sobre utilización y/o incautación de composiciones explosivas del tipo goma en poder de ETA, datan de los años 1.995 y 1.996, como se detalla a continuación.

Y se exponen cinco casos. Obsérvese que se pregunta por Goma 2, en concreto, y la respuesta es tan general como para referirse globalmente a “composiciones explosivas del tipo goma”. En efecto, sólo en una de las cinco incidencias enumeradas se aluda específicamente a “goma 2”. En las demás se habla de “goma”, “explosivo goma”, “dinamita goma”, e incluso “explosivo tipo dinamita”, expresiones que difícilmente podrán considerarse más satisfactorias que las del 11-M. De hecho, se habla de “explosivo tipo dinamita”, en el caso del envío de un paquete-bomba al presidente de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, D. José Antonio Jiménez Abad. Y lo que dice el informe policial podría dejarnos estupefactos, teniendo en cuenta lo que más tarde parece aceptable o no a algunos críticos:

Sobre la composición de la carga explosiva, según consta en I.T.E. nº 32/96, “se detecta la presencia de NITROGLICERINA, por lo que se deduce, que la carga explosiva utilizada, estaría conformada por una pequeña cantidad de un explosivo tipo DINAMITA”.

Un tipo de explosivo (no una marca), que además “se deduce” (¡se deduce!) de la presencia de un solo componente, que además es la nitroglicerina. Recordemos que, en el caso del 11-M, incluso cuando nadie había reparado con aspavientos en que la Goma 2 ECO no tenía ese componente y nadie leyó con escándalo o suspicacia las (erróneas) declaraciones de Sánchez Manzano relativas a que en lo focos se había encontrado nitroglicerina (de lo que supuestamente se dedujo que había estallado dinamita), Luis del Pino no se cansó de advertir que el hallazgo de esa sustancia no implicaba ni mucho menos que se hubiera utilizado dinamita, ya que existían otros explosivos o mezclas explosivas que la contenían. Parece que con ETA nunca nadie se ha planteado tantas preguntas. [1]

En esta misma línea, el tomo 191 del sumario contiene un “Informe sobre hipotéticos vínculos entre islamistas y ETA”, de 15 de diciembre de 2005, en el que se discuten algunas de las supuestas revelaciones de El Mundo. En relación con las noticias que hablaban de que Suárez Trashorras hubiera podido suministrar Goma 2 ECO a la banda terrorista,  vuelve a tratarse de los antecedentes del uso de dinamita Goma por ETA:

Salvo en el caso del “libro-bomba” contra el Presidente de la Sala Segunda de lo Penal de Audiencia Nacional, en el que queda confirmada una carga explosiva compuesta de dinamita goma-2, ni siquiera el contenido de los documentos alusivos a los hechos restantes (Diligencias, Informes periciales, Notas Informativas, etc.), permiten confirmar que esos hechos nos encontrásemos ante la presencia de Dinamita. Goma-2, sino de una composición de explosivo tipo goma, deducido de la presencia de Nitroglicerina en la carga, que pudiera incluso tratarse de Titadyne de fabricación francesa que es precisamente una de las sustancias que ETA viene utilizando durante los últimos años.

Es curioso que, en este segundo informe, la Policía, refiriéndose al mismo atentado con paquete bomba contra ese magistrado de la Audiencia Nacional, considere ahora que está acreditado el uso de dinamita Goma 2, siendo así que el anterior informe se había limitado a indicar que, al sólo haberse detectado nitroglicerina, únicamente podía deducirse el uso de un explosivo “tipo dinamita”. Sea como fuere, estos informes policiales, junto con el estudio de la jurisprudencia que he realizado más arriba, refuerzan una vez más la conclusión de que las continuas afirmaciones conspiracionistas en el sentido de que con ETA siempre fue posible determinar la marca comercial del explosivo utilizado (sobre la única base del análisis de restos post-explosión) son absolutamente inciertas. En ninguno de los múltiples casos referidos la situación derivada de los resultados analíticos fue mejor que la del 11-M. Huelga decir que nadie organizó escándalo alguno por ello, lo cual demuestra que lo que ha variado no es la práctica policial, antes magnífica y después horrenda, sino el criterio de valoración.


Así pues…

La revisión de la jurisprudencia contenida en la anterior entrega y los elementos hasta aquí aportados vienen a subrayar la osadía de quienes afirman que habría debido determinarse la marca concreta de la dinamita empleada en el 11-M a partir exclusivamente del análisis (cualitativo) de los focos de explosión, sin “más que cruzar ingredientes”, como aducen Antonio Iglesias y compañía. En cierto modo, cabe argüir que estos comentaristas pretenden imponer una lógica inversa a la habitual. No es el análisis químico de unos restos explosionados el que ha de determinar el explosivo utilizado y, por ende, la autoría, sino más bien la autoría presunta, sospechada en función del conjunto de indicios extraídos de la investigación, la que en ocasiones permite dar sentido a esos resultados analíticos y, de este modo, delimitar la posible marca empleada. La cuestión no se resuelve presentando de forma acrítica unas resoluciones judiciales en las que se citan informes que sugieren o apuntan con más o menos seguridad a la utilización de Titadyn. No se trata de si es posible encontrar referencias que citen dicha marca, sino de valorar sobre qué base científica se ha producido esa supuesta determinación. Y, como hemos visto, en todos los casos es obvio que los analistas trabajan en un contexto en el que la autoría de ETA no es dudosa; es, por tanto, esa autoría conocida la que les permite señalar al Titadyn para interpretar los resultados analíticos. Pero en ningún caso el mero listado de componentes basta por sí mismo, aislado de cualquier otra consideración. Ningún perito policial se atrevería a hablar de Titadyn, por ejemplo, si esos resultados le hubieran llegado de un servicio extranjero, sin la menor referencia a la localización del incidente y sin ninguna otra circunstancia identificadora. De hecho, se ha comprobado que en no pocos casos los informes citados en la jurisprudencia incluyen una lista de componentes objetivamente errónea si se tratara del Titadyn en general, o de la variedad concreta de Titadyn citada.

La multiplicidad de raseros para valorar hechos semejantes queda de manifiesto sin mayor esfuerzo. El mismo Pedro J. Ramírez hizo en la cadena Cope (3.7.2007, Entrevista con Luis del Pino y F. Múgica, 11:19) una tan cándida como sorprendente admisión cuyas implicaciones son (deberían ser) evidentes:

Yo comprendo que, para los tres magistrados, llega ahora la hora de la verdad y que habría una salida cómoda, la salida de la inercia, decir: bueno, pues como en tantos juicios por terrorismo, a tanta gente de ETA se la condena, pues, bueno, porque como existe el convencimiento de que ha sido ETA, pues eh… tampoco vamos a andarnos por una prueba más, una prueba menos… si éste fue autor o éste fue cómplice. Hay que reconocer que, con menos prueba de la que existe contra los implicados en este proceso, se han producido condenas en la Audiencia Nacional, eso es así. Ahora, la ciudadanía no va a interpretar la sentencia por analogía, la ciudadanía va a interpretarla a la luz de los hechos probados.

Es curioso que, en ninguno de esos casos en los que se ha condenado a terroristas de ETA con “menos prueba de la que existe” contra los acusados del 11-M, su periódico ha encontrado jamás soterradas conjuras de cloacas más o menos lejanas, ni se ha referido a los condenados etarras como meros cabezas de turco. 


Leganés y otros “teatros”

Pero, aun prescindiendo de comparaciones con otros casos de terrorismo, donde el carácter disfuncional de la argumentación conspiracionista queda más de manifiesto es, precisamente, dentro de la propia investigación relacionada con el 11-M en sentido amplio. Sin ir más lejos, en lo que atañe a la explosión del piso de Leganés acontecida el 3 de abril de 2004. De hecho, la inconsistencia es tan flagrante, que me sorprende que no haya sido subrayada como corresponde, lo cual bien merece una segunda ronda argumental.

Lo importante, se insiste, son los resultados de los análisis de los focos de los trenes. No valen las deducciones a partir de los restos intactos de explosivo; esos análisis debió haberlos hecho la Policía Científica, etc, etc.

Pues bien, en Leganés se recuperaron trozos intactos de explosivo que, tras los oportunos análisis, se identificó en su día como Goma 2 ECO. Los peritos Iglesias y demás, en el marco de la pericial encargada por el tribunal del 11-M, también analizaron nuevamente esos restos. Pero debe insistirse en que se trata de restos desperdigados por la explosión, es decir, no son propiamente restos de la explosión en el sentido que los críticos aplican a los focos de la explosión de los trenes.

El caso es que, además de las anteriores, la Policía también recogió en su momento otras muestras, que sí eran “restos de la explosión ocurrida en Leganés el día 3 de abril de 2004”, en el sentido de restos de los focos, o de material obtenido del desescombro, sin ser sustancia explosiva entera. Así se desprende, por ejemplo, de las primeras páginas del informe pericial entregado al tribunal presidido por Gómez Bermúdez (que Antonio Iglesias recoge igualmente a partir de la página 108 de “Titadyn”). De especial interés para mi exposición resultan las muestras M-8-1 a M-8-5 y las muestras M-10-3-A y M-10-3B. Al respecto, debe hacerse una aclaración. Este informe de mayo de 2007, al describir las muestras de la serie M-8, hace referencia a dos informes de 2004 del que proceden éstas, concretamente a un informe pericial de 28 de junio de 2004 y a otro informe denominado 116-IT-04. El primero de ellos, el de junio, figura en el tomo 4 de la pieza separada de Leganés. Se trata de un documento de la Unidad Central de los Tedax titulado “informe sobre inspección ocular, recogida de material explosivo, detonadores y elementos relacionados con estos, estudio y destino de los mismos, efectuada tras los hechos ocurridos en la C/ Carmen Martín Gaite n° 40 de la localidad de Leganés (Madrid), el día 03-04-04” (aquí, título e índice).

El segundo es un informe técnido policial que se recoge en el tomo 72 del sumario. La lectura de los textos indicados pone de manifiesto que en ningún caso se realizaron sobre las muestras mencionadas análisis químicos. Los estudios a que se sometieron fueron de otro tipo.

Lo anterior es relevante desde varias perspectivas: para empezar, conviene apuntar que, si se considera terrible que las muestras de los focos de los trenes fueran analizadas por los Tedax y no por la Policía Científica; si se insiste en que sólo “tres años más tarde” se hicieron los primeros análisis “científicos” de dichos restos… ¿no es mucho peor el caso de Leganés, en el que no se efectuó ningún análisis químico de los restos de los escombros, ni siquiera chapucero? Insisto: en Leganés no se hicieron análisis químicos “de los focos”. No es que no los hiciera la Policía Científica: no los hizo nadie. Y no hubo protestas, lo cual debería hacernos reflexionar sobre la validez de las aseveraciones según las cuales el 11-M (refiriéndose a los trenes) fue el único caso en la historia de España en la que no se enviaron las muestras de los focos a la Policía Científica; y podríamos preguntarnos en qué pensaban peritos como el Sr. Escribano, cuando, para alegría de sus apoyos mediáticos, declaró en sede judicial que él lo tenía todo preparado el 11-M en su laboratorio para que le enviaran las muestras de los trenes como se hacía siempre… De Leganés, en cambio, contraejemplo cercano donde los haya, nadie habla. O, mejor dicho, no lo suficiente.

En segundo lugar, las muestras de la serie 8 no estaban lavadas previamente con agua y acetona (ya que no habían sido analizados químicamente), de modo que a los peritos independientes no les cabe aducir esa excusa para sus conclusiones (esto se explicará en otro lugar). Y estas muestras nos dicen mucho sobre la alegada posibilidad de identificar la marca de una dinamita a partir de restos post-explosión, sin sustancia intacta, porque, ¿cuál es el resultado que obtuvieron los peritos de 2007 al examinar científicamente por primera vez estas muestras con sus estupendas técnicas en un laboratorio tan moderno y bien equipado como el de la Policía Científica? Véase el informe entregado al tribunal: nitroglicol y dibutilftalato. Nada más. ¿Qué marca comercial puede determinarse a partir de esos componentes?

A su vez, las muestras M-10-3-A y M-10-3B nos aleccionan respecto a la importancia que supuestamente ha de darse a la aparición de sustancias inesperadas. La primera muestra es una bolsita de cocaína; la segunda, contiene un gel (y es una muestra de la que tendré ocasión de hablar más adelante). En ambos casos se observa la presencia de nitroglicol y dibutilftalato… ¡y DNT! Las implicaciones de esto último apenas pueden exagerarse. Recuérdese que el DNT, naturalmente, no forma parte de la cocaína ni del gel. Cuando les ha convenido, su mera detección ha servido a los detractores de la versión oficial para descartar que en los trenes se hubiera empleado Goma 2 ECO. Valga por todas, por el momento, la siguiente cita de “Titadyn” (p. 198), refiriéndose a los resultados de los análisis químicos efectuados en 2007 respecto a las muestras de los vagones:

La nota más destacada es la presencia clara de dinitrotolueno (DNT) en todos los focos. La conclusión que de ello se desprende es que ha estallado en ellos un explosivo distinto de la Goma 2 ECO, ya que ésta no lleva DNT en su composición. En cambio sí que lo lleva el Titadyn.

Pero la cuestión es muy sencilla: si en restos post-explosión de Leganés, previamente no lavados con agua y acetona, sometidos al mismo tratamiento que las muestras de los focos de los trenes, se halla también DNT, ¿cuál es “la conclusión que de ello se desprende” respecto al explosivo utilizado en Leganés? Debería ser obvia, pero este químico no duda que en Leganés se utilizara Goma 2 ECO, al tiempo que elude explicar su evidente incongruencia argumental. En efecto, en la p. 279 de “Titadyn”, Iglesias dice que “en la Parte V exponemos nuestra interpretación acerca de la presencia anómala de DNT a nivel de trazas”, pero luego sólo se refiere a las muestras de explosivo intacto e ignora por completo éstas que se acaban de reseñar.

Una situación semejante (aunque no idéntica, ya que no se trata en sentido estricto de restos post-explosión) es la que se extrae de las páginas 77 y 78 del informe pericial de mayo de 2007, firmado por Iglesias y los demás peritos, independientes y oficiales. Se trata de las muestras M-7-5 y M-7-6 (en “Titadyn”, se describen primeramente en la página 107 y más tarde, junto con sus resultados analíticos, se recogen en las páginas 342 a 348) y corresponden a unos restos de detonadores eléctricos hallados en la finca de Chinchón (otras veces descrita como de Morata de Tajuña) donde al parecer se montaron las bombas empleadas en los atentados. Fueron objeto en su día de un informe de 11 de junio de 2004, que no es otro que el “Informe pericial sobre la relación y similitudes de los vestigios, elementos y sustancias encontrados en varios de los escenarios relacionados con los atentados del 11 de marzo” (Tomo 56, folios 17027 y ss.), al que ya aludí en anteriores entregas. En este caso también queda claro que las muestras M-7-5 y M-7-6 no se sometieron a ningún análisis químico. Pues bien, el caso es que, al ser analizadas químicamente por primera vez en 2007, también se encontró en ellas DNT.

Las consecuencias que todo esto tiene para la argumentación conspiracionista no se le ocultan a nadie, así que no hay necesidad de insistir demasiado. Y, sin embargo, sorprendentemente, el Sr. De Pablo incluía en la lectura de sus conclusiones definitivas, al término del juicio del 11-M, la siguiente apreciación (12.6.2007):

Hay una cosa muy curiosa y es que efectivamente hay dudas, yo creo que es objetivo que hay dudas sobre el tipo de explosivo que estalló en los trenes, al cien por cien científicamente creo que no se ha podido llegar, pero en cambio creo que no hay duda sobre lo que estalló en Leganés y en Leganés sí sabemos que estalló Goma2-ECO […].

[2]

La cosa muy curiosa, en su caso y en el de sus compañeros de aventuras, es esa disparidad dubitativa en supuestos que, como he mostrado, son semejantes.

[También Luis del Pino, en una conferencia en Torrelodones (Madrid) de 19.1.2007, señalaba con idéntico desparpajo que “en Leganés no hay dudas en cuanto al tipo de explosivo utilizado”.]

Conviene subrayar que no estoy forzando un argumento ajeno por completo a la órbita de los detractores de la versión oficial. Algunos de los principales representantes del conspiracionismo autóctono eran perfectamente conscientes de lo que acabo de exponer y lo que resulta llamativo, por tanto, es su silencio, esa manera de barrer bajo la alfombra lo que no les interesa. Sobre esto sí que no cabe la menor duda. Véase el siguiente diálogo entre dos figuras como Fernando Múgica y Luis del Pino el 12.3.2011 en esRadio (1:30:26):

Luis del Pino (LdP): ¿Qué explotó, Fernando?

Fernando Múgica (FM): No tengo la menor idea.

LdP: ¿Explosivo militar, dinamita?

FM: No tengo la menor idea, explotó algo que… no sé lo que explotó, desde luego no es lo que nos han dicho. Mira, en Leganés explotó dinamita de esa de Asturias…

LdP: Goma 2 ECO.

FM: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Cómo lo sabes?

LdP: Se encontraron…

FM: Un momento…

LdP: Se encontraron pegotones de Goma 2 ECO diseminados…

FM: Un momento, entonces tú defiendes…

LdP: … y se analizaron.

FM: ¿Se analizaron los explosivos de Leganés?

LdP: Al menos hay unos análisis.

FM: No se analizaron los explosivos de Leganés. No se llevó a juicio el análisis de los explosivos de Leganés. Se encontraron pegotones de Goma 2 ECO, ¿eso quiere decir que explotó Goma 2 ECO? O sea, que tú ahora en tu casa ahora guardas libros de Julio Verne, ¿vale?, y luego resulta que explota un libro de Balzac. Entonces tú dices ‘bueno, como hay libros de Julio Verne, el que ha explotado es de Balzac [sic] también…’

LdP: Buena observación, efectivamente…

FM: Ni siquiera eso es cierto.

LdP:no se analizó el foco de explosión, sino los pegotones de Goma 2 ECO.

FM: Se dio por hecho. Y esa imagen que se dio en el juicio de unos papelitos ni siquiera eran los papeles, ni siquiera eran los papeles de la Goma 2 ECO normal, de lo que decían que habían encontrado. Ni siquiera la imagen correspondía a los papeles que ellos mismos decían que habían encontrado: papeles correlativos, más de quinientos, que después de esa explosión se encuentran tranquilamente.[…]

Es decir, no muy distinto del caso de los trenes. Y no se entiende que Luis del Pino se haga de nuevas con Múgica, cuando él mismo protagonizó un episodio semejante años atrás, concretamente el 5 de julio de 2007, con el juicio visto para sentencia (Debates en Libertad: 11-M Ahora falta la verdad, 52:54)

LdP: Es imposible. Si hubieran estallado esos pegotones de diez kilogramos de Goma 2 ECO en los trenes, con un único detonador y sin cordón detonante, habrían aparecido pegotones de Goma 2 ECO sin estallar por todas partes. Como, por ejemplo, pasó en Leganés. En Leganés se encontraron decenas y decenas de pegotones, de distintos tamaños, de Goma 2 ECO.

José Luis Abascal (abogado de Zougam en el juicio): Pero en Leganés tampoco está acreditado que explotara Goma 2 ECO.

LdP: No, pero ahí, si lo piensas, desde el punto de vista lógico, Leganés es una operación con la que se cierra todo ese montaje de la versión oficial: ¿para qué iban a utilizar otro explosivo que no fuera la propia Goma 2 ECO de la versión oficial? No tiene sentido.

José Luis Abascal: Puede ser, pero es que iban tan sobrados, digamos, que es que no hicieron ningún análisis de qué explotó en Leganés.

LdP: No, es cierto, no se hizo un análisis de lo que explotó, se hizo un análisis de lo que se encontró intacto.

Mucho más tarde, y con redacción mejorable, López Bru repite esta idea en su libro de 2013 (“Las cloacas del 11-M”, p. 382), muy cercano a las tesis de Luis del Pino (quien, por cierto, firma un prefacio):

¿Por qué, como en el caso de los trenes, no se analizaron los restos de explosivo producidos por la deflagración [en Leganés], analizándose, en cambio, los cartuchos de Goma 2 Eco enteros que se encontraron de manera ‘fortuita’ diseminados por los escombros del edificio?

Se trata de momentos aislados, muy infrecuentes, de admisión de unos hechos concretos. Pero el anterior intercambio citado de 5 de julio de 2007 es particularmente ilustrativo de la prejuiciada, adaptable y arbitraria manera de razonar de algunos comentaristas. Si la conclusión respecto a los explosivos es distinta en el caso de los trenes y en el caso de Leganés no es porque los hechos sean diferentes. Aunque Luis del Pino viene a admitir que la situación es semejante (no se analizaron los focos de explosión), en el segundo caso no sospecha nada raro, porque “no tiene sentido”… es decir, no tiene sentido para su teoría apriorística del “montaje de la versión oficial” y el correspondiente cierre de archivo. He aquí un ejemplo palmario de cómo se anteponen las conclusiones a los hechos y no a la inversa, de cómo la sospecha se aplica a conveniencia del crítico para valorar de manera dispar situaciones similares. En las mismas circunstancias, se podría pensar igualmente que, si nada hay que objetar a la explosión de Goma 2 ECO en Leganés, tampoco habría que negar su utilización en los trenes. Pero esto último sencillamente no les cuadra, porque ya tienen decidido de antemano su relato favorito.

Todo lo anterior revela una actitud bien conocida: la apreciación según la cual la versión oficial es falsa es una conclusión preconstituida y a ella se acomodan los razonamientos y elementos fácticos según convenga, de modo que un día hay algo raro por una cosa y otro día sigue habiendo algo raro por lo contrario.


Da igual pero no es lo mismo

Así, por ejemplo, es sabido que las palabras del fiscal Javier Zaragoza en la exposición de sus conclusiones definitivas en el juicio del 11-M (11.6.2007) según las cuales “da igual el explosivo que se utilizara” fueron recibidas con sorna y desprecio reiterados por parte de los críticos habituales. Cabría aducir un diluvio de referencias (véanse, como simple ejemplo, De Pablo, “La Cuarta Trama”, p. 248; suelto editorial de EM de 19.6.2007). En particular, El Mundo llevó el comentario a la portada de su edición del día siguiente, con editorial incluido:

El fiscal Zaragoza tuvo el cinismo de reconocer que «da igual» lo que estallara en los trenes, ya que existen otras muchas pruebas incriminatorias contra los acusados. […]

La Fiscalía ha pasado del famoso «vale ya» de Olga Sánchez al «da igual» de Javier Zaragoza, cambio que supone la perfecta metáfora de la escasa consistencia intelectual de sus tesis y de su nula voluntad de averiguar la verdad. El de ayer fue un día negro para el prestigio del Ministerio Público.

Naturalmente, Losantos no se quedó atrás desde los micrófonos de la Cope (Federico a las 6, 12.6.2007):

Ayer, a la fiscal Valeyá se unió el fiscal Daigual. Ayer, a Olga Sánchez Valeyá, se le unió un personaje todavía más grosero intelectualmente que ella…. Dirán ustedes: ‘eso es imposible’. No, no, eso creíamos todos. Es posible. Es don Javier Zaragoza o Vladivostok, como yo le digo. […] Vale ya de tomarnos el pelo, señor Daigual, pero es que es usted de una grosería intelectual impropia de su apellido, señor Vladivostok. […] Usted dice que da igual. ¿Pero cómo va a dar igual el arma del crimen a la hora de condenar a los autores del crimen? Pero, ¿usted qué es? ¿Un fiscal de Fidel Castro, que da igual lo que haya pasado […]?

[En su libro de 2011, “El Linchamiento”, Jiménez Losantos sigue con el mismo discurso de fondo (p. 83): “En los trenes estalló Titadyn, la dinamita más habitualmente usada por ETA, y no Goma 2 ECO, traída de Mina Conchita […]. En sus conclusiones finales, el fiscal Zaragoza llegó a decir: ‘¡Da igual lo que estallara en los trenes!’. Debe de ser la primera vez que, para un fiscal, el arma del crimen es irrelevante para identificar al asesino”.]

Sin embargo, sobre cinismo y escasa consistencia intelectual deben de saber mucho estos medios y periodistas. Si les perturba la supuesta indiferencia hacia el arma del crimen, no tienen que buscar muy lejos para hallar motivos de queja.

La apreciación según la cual Titadyn = ETA es tan conocida que apenas necesita recordatorio. Por si acaso, disculpen la insistencia:

Otro explosivo lleva necesariamente a otros autores. Eso es evidente. Y, desde luego, la aparición de Titadyn lleva indefectiblemente a ETA. [CGA, EM, 18.6.2007

Naturalmente, lo que de verdad ha explotado es eso mismo porque, «“rematada” la versión oficial, ya sólo queda la tesis del Titadyn» (EM, editorial 2.6.2007). En efecto:

Un año después de la sentencia, con un extenso prólogo de Casimiro García Abadillo, el perito Antonio Iglesias publicó Titadyn, libro que, desde el propio título, deja claro cuál era el explosivo que estalló en los trenes. [Losantos, 2011, “El Linchamiento”, p. 83]

Y las consecuencias parecen no menos obvias:

Ese dato lo cambia todo, porque conviene recordar que si el 13-M se hubiera sabido que el arma del crimen era la habitual en la ETA, […] el PP hubiera ganado las elecciones [ibid].

[ Que viene a ser lo mismo que escribió Jaime Ignacio del Burgo al hilo de la publicación de “Titadyn” (EM, 20.9.2009, “¿Y si nos hubieran dicho que fue Titadyn?”): “¿Qué hubiera pasado si entre el 11 y el 14 de marzo nadie hubiera tenido duda alguna de que el explosivo utilizado por los terroristas era Titadyn? La respuesta está al alcance de cualquiera, incluso para Rodríguez Zapatero.”]

Esa característica preocupación por los resultados electorales y esa posible autoría son más o menos constantes, pero resulta que, cuando interesa, pueden aplicarse a otras volubles alternativas en materia de explosivos. Demostrando que todos los caminos llevan a Roma, Luis del Pino escribía el 27.3.2006 en su blog de Libertad Digital:

La noticia de hoy revela que a ETA se le incautaron en Francia 100 kg de Semtex (una versión checa del explosivo militar C4) al día siguiente de la explosión del piso de Leganés. Por tanto, y a diferencia de lo que nos vendieron, el razonamiento correcto era:

1.    En los atentados se utilizó explosivo militar tipo C3 o C4.

2.    ETA disponía de explosivo militar tipo C4, de fabricación checa.

3.    Por tanto, todo apuntaba a que el 11-M fue un atentado de ETA.

No estamos hablando de datos averiguados tras arduas y laboriosas investigaciones: de lo que hablamos es de un dato (utilización de explosivo militar en los trenes) que se conocía ya el 11-M y de otro dato (la posesión de explosivo militar por parte de ETA) que quedó confirmado menos de un mes después.

[…] ¿Se imagina el lector cómo habrían cambiado las circunstancias estos últimos dos años si el 5 de abril de 2004 se hubiera hecho público el siguiente titular: “Incautan a ETA una partida de explosivo como la utilizada en los trenes de la muerte”? ¿Habría podido tomar posesión Zapatero sin convocar inmediatamente nuevas elecciones? ¿Habríamos tenido estatuto catalán? […]

[Tres días más tarde, en una conferencia en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, Del Pino repetía la idea: “Hay indicios más que sobrados de que por lo menos debería investigarse si no estamos antes un atentado de ETA, y antes me refería a uno de los indicios fundamentales: si el tipo de explosivo de los trenes es militar, ETA disponía de explosivo militar en torno al 11-M, porque se le incautó tres semanas después de las explosiones 100 kilos de semtex”.]

Y el asunto se pone aún más feo, por inconsistente. Porque, después de años de pertinaz machaque, parece como si nunca hubiéramos visto u oído nada distinto de lo que García Abadillo resumía el 27.5.2007 en su periódico:

La Goma 2 ECO era […] lo que descartaba, al menos teóricamente, a ETA.

Y, sin embargo, por sorprendente que pueda parecer, hubo un tiempo en que, para estos mismos personajes, la conexión entre el 11-M y ETA pasaba precisamente por la utilización de la Goma 2 ECO. Ya aludí brevemente a ello hace tiempo, pero esta exótica circunstancia merece ahora un examen más detenido, pues arroja una interesante luz sobre múltiples aspectos de la discusión que vengo desarrollando.

En efecto, en la cuestión fundamental sobre si los terroristas usaron o no Goma 2 ECO y la relación que todo eso podría tener con ETA, El Mundo, siguiendo su práctica veleidosa, ha mantenido posturas bastante distintas según el momento político. No hace falta subrayar que, desde hace mucho tiempo, no saber exactamente qué explotó en los trenes les resulta muy problemático. Que los Tedax (en particular ese hombre del saco en que han convertido al vapuleado Sánchez Manzano) dijeran que no era posible ir más allá de una genérica dinamita, sin especificar la marca, ha dado pie a todo tipo de especulaciones e imputaciones criminales. La sospecha es que se trataba en realidad de otra cosa distinta a la Goma 2 ECO. Con raudo simplismo se dice: si es Titadyne, ha sido ETA (y, como acabamos de ver, en versión de Luis del Pino, si hay explosivo militar, también es ETA). En definitiva, la tan deseada conexión de ETA con el 11-M pasa porque el explosivo utilizado no fuera Goma 2 ECO. Pero esto sólo es así cuando conviene.

De este modo, en su cuarta entrega de los agujeros negros (EM, 18.7.2004), Fernando Múgica llamaba la atención sobre la sospechosa coincidencia de que ETA hubiera robado un coche “junto a los domicilios de Emilio Suárez Trashorras y otros dos miembros de la ‘Célula de Avilés’” que la organización terrorista hizo luego estallar el 3 de diciembre de 2002 en un aparcamiento subterráneo en el centro de Santander (este es uno de los atentados que ABC incluyó más tarde en un ya citado artículo sobre casos en los que no había sido posible determinar el explosivo). El periodista de El Mundo escribía lo siguiente:

La mayor parte de los miembros de la Comisión de Investigación han defendido con pasión que ETA usa desde el año 1999 dinamita de la marca Titadine para cometer sus atentados. Pues bien, no fue así en el atentado que llevó a cabo el 3 de diciembre de 2002 en un aparcamiento céntrico, en la plaza Alfonso XIII de Santander. Empleó, según el informe oficial, 35 kilos de «algún tipo de dinamita», según se explicaba a la prensa tres días más tarde.

Al día siguiente (EM, 19.7.2004), el mismo Jiménez Losantos que más tarde abrazaría la fe del Titadyn = ETA, daba por buena la información de su colega, poniendo en duda la presencia de dicho explosivo:

Antes del frustrado en Cuenca, […] en el atentado etarra de Santander el explosivo ya no era titadine y podría haber sido proporcionado por la célula de Avilés: los Toro, Trashorras y demás, todos dinamiteros por casualidad, incluidos El Dinamita y El gitanillo, y todos siempre con la comisaría avilesina de Manolón al fondo, siempre por casualidad. Esto apesta a mafia policial […].

[De hecho, y a raíz del primer agujero negro de F. Múgica, Losantos ya había negado la presencia del Titadyn: “…quién dijo a los medios y al Gobierno que era Titadine (el explosivo de ETA) lo que no podía serlo” (EM, 19.4.2004).]

Un par de meses más tarde, El Mundo (27.9.2004) insistía en la relación entre la trama asturiana de suministro de explosivos del 11-M y ETA. El editorial del día presentaba unas declaraciones de Rafá Zouhier como…

…un primer testimonio que vincula directamente la trama de suministro de explosivos del 11-M –por la que está imputado Trashorras– con ETA. Es decir, no permite cantar ¡bingo! pero sí línea.

Lo que sugiere este auténtico tres en raya es que Trashorras colaboró con ETA en el atentado de Santander y tal vez en alguna otra operación […].

Un editorial de 2.11.2004 reincidía:

El atestado policial del atentado de ETA en Santander, en noviembre de 2002, refleja que la banda utilizó dinamita y no amosal, como se había dicho hasta ahora, El coche que transportó los explosivos había sido robado en el callejón de Avilés donde almacenaba su dinamita Trashorras, por lo que es probable que fuera el ex minero asturiano el que proporcionara esos explosivos a ETA, al igual que se los vendió al comando que dirigía Lamari.

Huelga recordar que la dinamita de Trashorras era Goma 2 ECO.

Un editorial de 14.12.2004 vuelve a referirse a esta cuestión:

El informe policial sobre el coche bomba de Santander no descarta el uso en dicho atentado de Goma 2 –el explosivo suministrado habitualmente por la banda asturiana– pues habla genéricamente de «dinamita» ni explica por qué los etarras optaron por coger un taxi y desviarse para robar un vehículo no ya en Avilés, sino a metros del garaje que Trashorras utilizaba como oficina de expedición de explosivos.

Cerca del primer aniversario de la masacre, Casimiro García Abadillo entrevistaba al Tedax “Pedro”, que desactivó manualmente el artefacto de la mochila de Vallecas (EM, 3.3.2005). El editorial que comentaba dicha entrevista subrayaba:

El otro dato a destacar del testimonio de este valiente Tedax […] es que deja abierta la puerta a la vinculación de ETA a la trama asturiana del 11-M al asegurar que dicha banda no habría dudado en utilizar Goma 2 si la hubiera tenido a su alcance.

Una vez más, ETA y 11-M relacionados a través de la Goma 2.

El asunto adquirió mayor relevancia el  El 8 de junio de 2005, cuando de lo que se trataba era de seguir investigando en la Comisión del Congreso y recriminar la postura gubernamental. El Mundo publicaba entonces un editorial con las siguientes afirmaciones:

A falta de conocer el contenido íntegro de las propuestas de conclusiones que los distintos grupos presentarán hoy en el Congreso, ya se puede afirmar de forma rotunda que la Comisión del 11-M se ha cerrado en falso y que dichos documentos adolecen de falta de consistencia. Según destaca hoy este periódico, el informe de la Comisaría General de Información en el cual se basó el presidente Zapatero para presentar ante la Comisión algunas de las coincidencias más sorprendentes del 11-M como fruto del «azar» contiene una afirmación clave que contradice al jefe del Ejecutivo.

Se trata de la referencia al tipo de explosivo utilizado por ETA en el atentado del 3 de diciembre de 2002 en Santander. Citando dicho documento, Zapatero dijo que los análisis realizados tras el atentado habían demostrado de forma clara «la ausencia de dinamita Goma 2». Este dato pretendía despejar la sospecha de una conexión entre ETA y los imputados por el 11-M, Toro y Suárez Trashorras. Cabe recordar que el coche bomba que explotó en Santander había sido robado la víspera, después de un rocambolesco periplo en taxi, en el mismo callejón de Avilés donde tenía su garaje y almacén de explosivos Trashorras. La posibilidad de que los asturianos colaboraran con ETA, proporcionando no sólo el coche sino también la Goma 2, no se puede descartar, salvo que se demuestre de forma fehaciente que el explosivo utilizado en la capital cántabra era otro. Pues bien, ninguno de los documentos policiales y judiciales sobre dicho atentado remitidos al Congreso permite excluir esta sospecha. Las declaraciones de los propios etarras demuestran que emplearon el genérico «dinamita» para referirse al explosivo utilizado. Y, lo que es más importante, el informe pericial elaborado por los Tedax que analizaron los restos del coche bomba concluye, literalmente, que «tras las pruebas y los análisis correspondientes en el laboratorio, no se ha podido determinar el tipo de explosivo empleado». ¿En qué se basaron, entonces, los autores del informe leído por Zapatero ante la Comisión, para concluir de forma tajante que no se utilizó Goma 2?

Ese día, Fernando Múgica firmaba un artículo en el mismo periódico en el que, tras referir el informe de los Tedax (en aquel entonces, por lo visto, no se echaba de menos a la Policía Científica), se insiste en lo anterior:

Es evidente la contradicción flagrante entre lo afirmado por el presidente y los datos técnicos aportados por los tedax que analizaron los hechos sobre el terreno. Si no se pudo determinar qué tipo de explosivo se había utilizado, mal se pudo descartar que fuera dinamita Goma 2, es decir, la dinamita que atesoraba para su venta Emilio Suárez Trashorras en el garaje cercano a su domicilio, donde los etarras robaron un coche la noche anterior a cometer el atentado de Santander.

Múgica concluía:

El informe de los Tedax que ahora se ha desvelado deja intactas muchas incógnitas y demuestra que el informe de la Comisaría General de Información que manejó el presidente ocultaba un dato esencial: la imposibilidad técnica, acreditada por el informe de los Tedax, de que se conozca la composición del explosivo del atentado de Santander.

Y el director de El Mundo remachaba en la tertulia de la COPE, esa misma mañana:

[9:27] O sea, Suárez Trashorras tiene dinamita, Goma 2. Suárez Trashorras tiene un garaje en el que almacena la dinamita Goma 2. […] Y resulta que ETA, de entre todos los espacios habitacionales que hay en la geografía patria, va a recalar precisamente en ese callejón […] para robar… robar o recoger, retirar, el automóvil que hace explotar al día siguiente en Santander. Y todos los indicios que nos llevan a pensar… hombre, si se mueve como un pato, si tiene pinta de pato y… eh… si hace “cua-cua”, pues es que será un pato. Bueno, pues el Presidente del Gobierno nos dijo en el Parlamento: “Oiga, es que no hace cua-cua, es que no hay…”, dice, “lo que sí queda claro es la ausencia de dinamita Goma 2”. Bueno, pues seis meses después, […] nos encontramos con que, quien tiene que acreditar lo que había o no había, dice: “no se puede determinar cuál era el explosivo”. Es decir, el matiz es importante. Los Tedax rebaten, contradicen, la afirmación de que queda claro que no hay Goma 2. No dicen: “Hay Goma 2”, lo que los Tedax dicen es “pudo ser titadyne o pudo ser Goma 2”, porque era una dinamita. Los etarras dicen: “recogimos dinamita”. Por lo tanto, el pato sigue teniendo toda la apariencia de pato. Yo no puedo afirmar que ETA colaborara con Trashorras, pero existen muy serios indicios, no desmentidos, no rebatidos […].

Obsérvese la manera en la que algunos manejan los datos. Pese a lo afirmado por Ramírez en la tertulia de ese día, lo que los Tedax dicen en su informe no es que el explosivo empleado en el atentado de ETA en Santander en 2002 fuera una dinamita sin identificar. Tal como lo cita el mismo F. Múgica en su artículo, lo que expone el informe policial es que:

«[S]egún los efectos de la explosión, daños en el parking y vehículos estacionados en el mismo, etcétera, se puede estimar que la cantidad de la carga explosiva estaría entre los 30 y los 40 kilos de un explosivo de media potencia».
«Tras las pruebas y los análisis correspondientes en el laboratorio no se ha podido determinar el tipo de explosivo empleado».


Estos detalles son importantes. Cabe destacar especialmente que, en esta ocasión (el atentado en Santander), ni siquiera se pudo determinar el tipo de explosivo empleado. [3]  En el caso del 11-M, en cambio, el tipo de explosivo empleado en los trenes sí se pudo especificar: era dinamita. Lo que los peritos policiales no fueron capaces de identificar fue la marca concreta de dinamita. De esto ha hecho El Mundo todo un escándalo, como es sabido. Sin embargo, acabamos de ver que anteriormente se había amparado en una indefinición aún mayor, cuando le convino, para seguir atacando la información oficial.

En resumen: ANTES no era un problema que un informe de los Tedax (¡de los Tedax!) no pudiera establecer la composición del explosivo. El dato se tomaba con normalidad. Es más, se utilizaba precisamente ese dato y se aceptaba una “genérica” dinamita para afirmar que no podía descartarse la Goma 2. Aquí, la indeterminación de la marca del explosivo no les hacía exigir destituciones ni sospechar terribles conjuras de laboratorio. Por si fuera poco, además, esa Goma 2 sería precisamente el nexo entre ETA y Trashorras (esto es, entre ETA y el 11-M).

DESPUÉS, en cambio, es inaceptable e increíble que estos mismos Tedax digan que no se puede determinar la marca del explosivo, no se aceptan “genéricos” y precisamente el nexo ETA/11-M depende de que NO sea Goma 2. Como dice la expresión francesa, no se puede tener la mantequilla y el dinero para la mantequilla.

Vistas las constantes especulaciones sobre la manera en que tal o cual explosivo habrían podido incidir en el resultado de las elecciones (y el destino de España), bien cabría decir que tal fijación por las invariables consecuencias políticas derivadas de variables tipos o marcas de explosivo parece obedecer más a particulares obsesiones personales que al tantas veces cacareado apego a la verdad de los hechos.

Titadyn, por supuesto, es igual a ETA. Explosivo militar es igual a ETA. Y, sí, también: Goma 2 es igual a ETA. Y luego se permiten denigrar a la fiscalía. A ellos sí que les ha dado siempre igual el explosivo que se empleara.


*************

Inicié mi entrega 53 señalando mi intención de mostrar que las explicaciones oficiales, esto es, las explicaciones procedentes de la Policía y, en concreto, de los Tedax, en materia de explosivos y la limitada capacidad de los análisis de restos post-explosión eran ciertas hasta donde era posible documentarlo. Creo haber proporcionado suficientes elementos de juicio al respecto. Nada sostiene las afirmaciones de los críticos en el sentido de que es y debería haber sido posible concretar una marca específica de dinamita a partir de las muestras de los focos de explosión de los trenes. Por el camino han quedado desparramados jirones adicionales del escaso rigor investigativo de algunos comentaristas. No podía esperarse mucho más de quienes aplauden la revisión del Sr. Iglesias como la irrefutable última palabra de la ciencia y, sin embargo, acogieron el anuncio de la realización de esos análisis ordenados por el tribunal (en los que se basa el libro “Titadyn”) curándose en salud mediante la precavida advertencia de que tal pericia “no garantiza de antemano unas conclusiones fiables” (EM, editorial de 26.1.2007). Es más:

Sea cual sea el resultado de los análisis, no saldrá de ellos ninguna conclusión irrebatible.

¿Sea cual sea el resultado? Supongo que a nadie podrá sorprender a estas alturas tanta voltereta. Y este es el panorama con el que habremos de enfrentarnos al abordar el estudio de otras cuestiones fundamentales que, en relación con los análisis periciales, afloraron particularmente a lo largo de la vista del juicio del 11-M. Pero eso será en otro momento.


NOTAS:

[1]: Dicho sea de paso, no está de más indicar cómo termina el mencionado informe de la CGI: “A este respecto conviene señalar que, dentro de esta Comisaría General de Información, la competencia en materia de explosivos, desde la intervención hasta el análisis de los mismos (características, composición, etc), la tiene atribuida la Unidad Central de Desactivación de Explosivos, quién dispone de los datos objetivos necesarios para informar a la Autoridad Judicial sobre los extremos requeridos en el escrito de referencia.”

[2]: En “La Cuarta Trama”, p. 350, dice algo similar: “Al contrario de lo que ocurre con los trenes, donde las dudas sobre el explosivo empleado continúan a día de hoy, no cabe duda de que el explosivo que se encontró en Leganés era Goma 2 ECO procedente de la Mina Conchita, como los propios envoltorios delataban”.

[3]: Así parece reconocerlo el propio Ramírez en su carta del director de 12.6.2005, al señalar: “esta certeza negativa [la ausencia de Goma 2] acaba de ser pulverizada por la remisión a la Comisión de un sorprendente dictamen de los Tedax en el que vienen a decir que lo único que saben es que no saben nada.”

ultima edicion por Rasmo (27-09-2013 21:43:42)

Wars not make one great

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

Amigo, ja soc aqui! o como quiera que lo dijera Tarradellas (lo pongo en catalán por si me lee algún conspiracionista de los que ahora (y no es broma) elucubran con la idea de que el 11-M se realizó con colaboración separatista catalana (ya sabéis, la reunión ETA-Carod Rovira, etc)

Pido disculpas una vez más por el tiempo desaparecido del Foro. Problemas laborales (esta vez, sobre todo laborales) me han ocupado casi todo mi tiempo estos meses.

Aprovechando un par de dias de fiesta he comenzado a pasar a limpio los excelentes trabajos de Rasmo al Foro.

Y espero continuar con ello hasta ponerlos al día.

Releyendo, todos juntos, los artículos que va publicando, se percibe un poco mejor el monumental trabajo de encajar las piezas que nuestro amigo va ensamblando. yo recomiendo, cuando esté acabado, leerlo todo seguido, a la manera de un libro.

DEmoledor, como gustaban decir nuestros rivales (a los que por cierto, veo cada vez más politizados)

Yo, de vez en cuando, pulso la opinión de la calle. La mayoría de los nuevos conocidos a los que, tras un espacio de tiempo, pregunto "¿Y tú qué opinas del 11-M?" lo recuerdan como un atentado islamista, sin más, y ven los desvaríops conspiracionistas como eso mismo: desvarío.

Sin embargo, los hay que aún piensan "Bueno, pero todo-todo- no se supo". Suele coincidir con quienes desconfían inistintivamente de la Justicia, y siguen -con poca atención, eso sí- el discurso de PJ sobre la "injusticia" que se ha cometido con Zougham.

Ha llegado un momento en que creo que quienes mueven los hilos directores de la Conspiración, una vez apartada del campo Coro Cillán (y, debo decir, sin que los conspiracionistas hayan movido un dedo en su defensa efectiva; su defensa debía ser impresentable o impracticable hasta para ellos) se conformarían con marcar un tanto con una revisión del caso de Zougham.

Hasta tanto hemos llegado: quienes iban, nada menos, que a cambiar España con una Rebelión Cívica, y demostrar la connivencia PSOE-ETA-Cloacas-parte del PP se conforman con echar barro y desacreditar a dos inmigrantes rumanas confiando en sembrar la duda sobre su testimonio y un tribunal "misericordioso" aplique el beneficio de la duda a Zougham.

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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Re: Proposición sobre añadir posteadores en el blog

El atestado policial del atentado de ETA en Santander, en noviembre de 2002, refleja que la banda utilizó dinamita y no amosal, como se había dicho hasta ahora, El coche que transportó los explosivos había sido robado en el callejón de Avilés donde almacenaba su dinamita Trashorras, por lo que es probable que fuera el ex minero asturiano el que proporcionara esos explosivos a ETA, al igual que se los vendió al comando que dirigía Lamari.


Recordemos que el "callejón" de la dinamita de Trashorras es la Travesía de la Vidriera.  Es una calle muy larga (más de 300 metros en 2006, con Google Earth) y llena (Street View) de almacenes, guardamuebles, etc.

No se trata, pues, de ninguna inverosimilitud

La deducción de que tenían algo que ver no se sostiene ni por los plazos (el atentado fue en 2002, dos años antes de los atentados de Madrid) ni por la costumbre de acción de ETA (que nunca (al menos por aquellas fechas, y creo que tampoco después) confiaba en delincuentes comunes y mangantes de barrio para robar sus coches -cuestión que les dejaría en manos de cualquier "soplón" de la Policía- ni, por supuesto, hubo nunca ninguna prueba de ello

Otro ejemplo de que las "deducciones" tan proscritas cuando se supone que las hacen los TEDAX, son aplaudidas (y tanto más cuanto más "raritas" sean) cuando se tratan de ellos mismos

La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas