Foro del colectivo Desiertos Lejanos.

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#1 31-01-2008 12:10:29

larean
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Homenaje a un aviador republicano

Quiero compartir con vosotros esta pequeña crónica del homenaje a mi abuelo. Además, Liberto me la pidió... wink

¿Cómo comienza un viaje para conocer a un hombre? En mi caso, sin duda, por el recuerdo. Hace ya muchas décadas que yo contemplaba a un señor taciturno, de paso lento y mirada insondable. Era una de esas personas que había estado ahí siempre, y que a mis ojos infantiles, siempre estaría. Un abuelo. De los que simulan robarte la nariz. De los que un buen día deciden enseñarte a jugar dominó y se ríen de buena gana si pierden contra ti. A veces, claro, en la familia se escuchaban otras historias. Que había luchado en una guerra remota, en España, del otro lado del mar. Que había sido aviador, aunque ahora sólo condujera un viejo Oldsmobile por las calles de la ciudad de México; incluso que le derribaron un día y que tenía la cicatriz de un balazo en la espinilla.

Los abuelos se mueren demasiado pronto, y el mío no fue la excepción. Ahora sé que me dejó con muchas preguntas en el tintero, aunque a veces, cuando me llevaba en el coche, me contaba cosas de esa otra vida, tan distinta, que había vivido. Para qué sirven los alerones (¿los flaps?, preguntaba yo, que presumía de haber ensamblado alguno que otro modelito de la casa Revell y creía saberlo todo). No, los flaps son otra cosa, aumentan la sustentación;. los alerones. Viras con los alerones. Para eso sirven. Y evocaba sus días. No los de la guerra; de eso no hablaba nunca. Los días de los vuelos de los años previos, en los que llevaba correspondencia a través del estrecho.. Y te contaba cómo se orienta uno por los ríos y montañas, y cómo la niebla era tu peor enemigo, y cómo entonces volar era asunto serio, no como ahora que los instrumentos lo hacen todo. Y del día en que su motor comenzó a perder aceite y éste le cegaba, y cómo aterrizó a duras penas.

Uno escuchaba esas historias contadas por ese hombre sencillo y frugal, amante de placeres tan simples como el pan migado en el café con leche o las mañanas frías en las que iba a nadar no sé cuántos largos al Parque Asturiano, o el dominó del domingo por la tarde, y era como entrar en un cuento.

Alguna vez encontrábamos una referencia a alguna de sus misiones en algún libro --recuerdo en particular el de García Lacalle-- y le interrogábamos sobre algún suceso que a nuestros ojos asombrados parecía heroico. Él se encogía de hombros y cambiaba de conversación, dando a entender que aquello era una minucia, que cualquiera hubiera hecho lo mismo en su lugar.

Mi padre seguramente podría contar más cosas, pero éstas son las que recuerdo. Y aquí, y en el dolor de la despedida un octubre de 1974, se congela la imagen en la memoria... hasta muchos años después.

La siguiente etapa del viaje me halla viviendo en España, a la que he emigrado del México de mi infancia con el siglo agonizante. ¿Por qué no decirlo? Mi viaje es, al menos en parte, una reivindicación del abuelo, un exilio a la inversa, un retorno. Siento que reclamo en su nombre lo que es mío, lo que a él le quitaron. Pienso sus calles, caminando por Madrid o Barcelona o asomándome a las avionetas que aterrizan en el aeródromo de Sabadell. Pienso que le gustaría estar aquí conmigo. Y más allá de los recuerdos, tengo la convicción de ser heredero del bando de la razón y la lealtad.

Pero el reencuentro ocurrirá en una visita a Pedroso, parroquia del Concello de Rodeiro donde nació mi abuelo. Es conocer a sus sobrinas, la casa natal, el río en el que se bañaba, la ermita y la tumba de su madre. Todo ello envuelto en la suave cadencia de la lengua gallega y en húmedos y largos inviernos, al compás de los cencerros y los ojos de las vacas, que Homero comparaba sabiamente con los de la reina de las diosas, Hera. Ahí se aprende un poco más, al calor de la vieja estufa de la cocina. Las anécdotas, apócrifas o reales, llueven finas como ese orballo que moja incansable las piedras de su casa. Tocaba el clarinete en la banda, dice uno. Y algún día, en plena guerra, pasó volando rasante sobre el pueblo para saludarnos y amenazar a los fascistas, dice otro.

Era el aviador, el hijo de la aldea, que se fue lejos. Y en una de esas largas comilonas de verano, en plena fiesta del pueblo, surge la idea de publicar un artículo en el Diario de Galicia, edición de Deza. Mi tío Pepe, desde México, contribuye sus recuerdos. Es otra etapa, en la que el velo se descorre un poco más.

Pasan pocos años y Emiliano García Méijome, un primo de la familia que por más señas es directivo de Memoria Aeronáutica de Galiza, decide indagar un poco más sobre ese hombre misterioso. Lo que descubre le apasiona. Un día me habla de organizar un homenaje al aviador de Rodeiro. La idea, por supuesto, suena bien, pero poco puedo imaginar, en ese momento, que me embarco en la singladura más emocionante de la travesía.

Emiliano entra en contacto con Roberto Pando, de ADAR, y le encarga un dossier sobre Gumersindo Areán Rodríguez, mi abuelo. Roberto se pone manos a la obra, buceando en los archivos de Salamanca, Segovia, Villaviciosa; y -- no me dejará mentir-- comienza a enamorarse del personaje.

Me llama una noche, y me tiene al teléfono durante casi dos horas escuchando embobado lo que tiene que decirme sobre Areán... pero no sólo sobre él. Me habla de la gente que le conoció, de su amigo entrañable, Isidoro Giménez, de tantas y tantas personas que formaron la Gloriosa. Verdadero pozo de ciencia histórica, Roberto habla como una catarata sobre gestas y heroísmos, sobre hombres de una pieza. Me dice: "Tu abuelo fue muy importante; no tenéis idea de cuánto".

Esa noche escribo a mi padre y le cuento lo que Roberto ha dicho y los planes para el homenaje. Entretanto, Emiliano habla con el Concello y obtiene su anuencia: el evento se realizará el día 5 de enero de 2008, coincidiendo con los 110 años del nacimiento de Gumersindo. Por fortuna, mis padres tienen planeado un viaje a España para diciembre. Un par de llamadas y concertamos una entrevista en la sede de ADAR en Madrid, con Roberto y con Ángel Giménez, hijo de Isidoro.

Durante toda la mañana Roberto desgrana los frutos de su investigación. Pinta el retrato de un hombre que se reengancha después de la mili, en Marruecos, y por méritos propios va ascendiendo en el escalafón, hasta incorporarse a la entonces joven arma de Aviación. Se convierte en uno de los pilotos pioneros, coetáneo de Loriga, su paisano: es la edad de oro de la aviación española, trágicamente interrumpida por la guerra. Un gran piloto, nos dice, pero sobre todo un hombre de gran humanidad, querido por todos.

Ángel nos tiene otro regalo: las cartas que mi abuelo le escribió a su padre desde el exilio. Isidoro Giménez permaneció en España, pasó años en prisión y fue duramente represaliado.  Lo primero que traslucen esas cartas es tristeza y nostalgia de una tierra y un tiempo irremediablemente aniquilados por la guerra; pero también hay buen humor, socarronería y, sobre todo, los votos renovados de una inquebrantable amistad.

Roberto continúa su relato, puntuado por las impagables anécdotas de Ángel. Al cabo, nos despedimos con un abrazo, profundamente emocionados. El hombre que creíamos conocer comienza a revelar facetas insospechadas

Mis padres tienen que volver a México, pero mi pareja y yo acudimos a Rodeiro el cinco de enero, que amanece nublado y frío, con las piedras de la casa natal bañadas por el orballo. En la esquina, una placa conmemorativa permanece cubierta por la bandera de Galicia.

Un poco después de las 12:00 se inicia el homenaje, ante un grupo de familiares y vecinos, incluyendo a los alcaldes de Rodeiro y Lalín. La prensa local está presente.La banda municipal toca algunas melodías tradicionales. Acto seguido, Emiliano García toma la palabra para dar paso a Roberto, que hace una breve semblanza de la vida de Gumersindo Areán.

Roberto comienza expresando su sorpresa de que Areán no sea más conocido, sobre todo en Galicia y en su pueblo natal. Lo califica como uno de los cinco grandes aviadores gallegos, un hombre que se hizo a sí mismo a través de una carrera militar cuyas oportunidades supo aprovechar.

Insiste Roberto, como lo había hecho ya en Madrid, sobre lo importantes que eran tanto estos  ascensos iniciales, recomendados por sus jefes, como las diversas condecoraciones que obtuvo, que daban testimonio de su valor en diversas acciones de la guerra de Marruecos. Areán pasó a ser ametrallador, y fue esta asignación, junto con sus méritos, lo que le abrió las puertas de la aviación, a la que se incorporó precisamente como observador-ametrallador.

Poco después partiría a Madrid para hacer el curso de piloto, al que se presentó voluntario. Destinado en Cuatro Vientos, coincidió ahí con los grandes de la aviación española: Loriga, Gallarza, Barberán y Collar, Ramón Franco. Por aquel entonces la aviación pasaba por su mejor momento, la época dorada de los raids, del Cuatro Vientos, de la Escuadrilla Elcano, del Plus Ultra. Areán se incorpora, como piloto militar, al servicio postal. Son los mejores años, en un Madrid que le encanta, en un oficio que adora. El arma de aviación, por su novedad, atraía a hombres emprendedores, valerosos y progresistas, que no arrastraban la pesada carga de las tradiciones que lastraba a otras armas.

La sublevación le sorprende en Cuatro Vientos. Sin dudarlo, permanece leal al juramento que ha hecho de servir a la República. Ese día su destino, como el de tantos otros, quedará sellado para siempre.

Se distingue en diversas acciones, llegando a ser derribado en el frente de Madrid. Son los tiempos en los que la superioridad de los aparatos alemanes hace estragos en la heroica aviación republicana.

Gumersindo era, nos dice Roberto, no sólo un gran piloto (como testimonia el hecho de, siendo bombardero, haber sobrevivido hasta el final de la guerra) sino un hombre de muchísimo carisma, un líder nato, una persona buena que siempre se preocupó por sus hombres.

Es uno de los cinco pilotos, junto con Cascón y su amigo Giménez, que acompaña a la expedición a Rusia de los aviadores republicanos, donde éstos se entrenarán en los nuevos aviones que la URSS pondrá a disposición de la República.

Mediada la guerra es destinado a Barcelona, donde se le nombra jefe del Grupo 72, que aglutinaba a todos los aviones de transporte. Por entonces ya tiene el grado de mayor. Toda la familia se traslada ahí, de donde su mujer y sus tres hijos partirán hacia Orán, donde vive la cuñada de Areán, cuando la guerra se da por perdida. Areán es internado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, pero reclamado por su cuñada, es trasladado primero a un campo cercano a Orán y luego liberado.

En Orán se ganan la vida como pueden: Amalia cose, Gúmer fabrica jabón de sebo, los niños hacen cubitos de sopa Maggi, deshuesan dátiles y le compran el tabaco a los presos de una cárcel cercana. Después de un fallido intento para ingresar en la Royal Air Force británica para combatir contra Hitler, Areán se decide finalmente a coger uno de los últimos barcos a México, el Nyasa.

México recibe a los exiliados con los brazos abiertos, pero Gumersindo no logra convalidar su licencia de piloto; así se despide, definitivamente, de su gran pasión. Con esfuerzo, haciendo todo tipo de trabajos, finalmente logra una posición relativamente desahogada y le da una educación universitaria a sus hijos.

Sufre calladamente la cruel decepción del 45, cuando se aleja definitivamente la esperanza de que Franco sea depuesto por los aliados, y paso a paso, día a día, reconstruye su vida, de espaldas a esa España que ha perdido para siempre.

Pero ha encontrado otra causa: ayudar a sus compañeros aviadores. Junto con su buen amigo Tourné, se interesa por la suerte de los que han quedado en España, viviendo los años de plomo del vengativo franquismo. Los "mexicanos", como les llaman, envían dinero a España, dinero que, como en el caso de Giménez, que había tenido un accidente, a veces es rechazado, con enorme dignidad, por los beneficiarios. "No me seas quijote", le reclama afectuosamente Areán a Giménez. En una ocasión logran reunir cien dólares, mucho dinero para México, pero muchísimo más para España. Y así, esa asociación de pilotos mantendrá unidos a los viejos camaradas, Tourné, López Garro, Molina, Moldes, Salvoch, y será el germen del que nazca la actual ADAR.

Nunca volvió. No quiso hacerlo. Sentía que no había hecho nada malo, y que no tenía que darle explicaciones a nadie. Pero esa amargura que traslucen sus cartas a Giménez no le abandonó nunca.

Roberto termina de hablar, y me toca a mí, acompañado del alcalde de Rodeiro, Manuel Salgado, desvelar la sencilla placa, al compás de Os Pinos:

"Nesta casa naceu Gumersindo Areán Rodríguez, aviador militar heroico. 1898- México1973. O concello de Rodeiro na súa memoria. 5-1-2008."

Pido a las dos sobrinas de Gumersindo que se unan a nosotros, y poco a poco toda la familia hace guardia a la vera de la placa. Muy conmovidos, agradecemos al Consello, a Emiliano y a Roberto su esfuerzo para preservar la memoria de mi abuelo.

El homenaje continúa con una conferencia en el auditorio de Rodeiro, en la que Emiliano y Xerardo Rodríguez, otro de los directivos de Memoria Aeronáutica de Galiza hacen una semblanza de la aeronáutica gallega y hablan de los planes para preservar la memoria histórica, y el destacado papel que Areán debería tener en ella. Comenta Emiliano que el dossier sobre Areán estará listo para las fiestas de Rodeiro, habla de abrir un museo y flota la idea de poner su nombre a una calle. El alcalde recoge el guante y anuncia que Gumersindo Areán tendrá una calle en Rodeiro.

Finalmente, Roberto vuelve a tomar la palabra para ahondar en diversos aspectos de la vida de Gumersindo y de la época que le tocó vivir. Para ejemplificar su madera de hombre bueno y solidario, cierra su intervención con la lectura de pasajes selectos de las conmovedoras cartas a Isidoro.

El día termina con una pequeña exposición donde se pueden observar diversos documentos, testimonios fotográficos y carteles relacionados con la aviación republicana y con la vida de Areán, además de algunos modelos a escala de diversos aviones.

Esta singladura termina aquí, pero el viaje sigue. ¡Me faltan tantas cosas por saber! Y habrá que dejarlas por escrito, para que Gumersindo Areán ocupe el sitio que le pertenece entre los héroes que defendieron a la República.

Roberto lo resumió así: Gumersindo callaba sobre su destacada trayectoria militar, pero no porque se avergonzara de ella. Todo lo contrario. Pero no quería transmitir ni amargura ni nostalgia a sus hijos. Quiso que crecieran en su nuevo país, con nuevas oportunidades, libres de todo odio. Y a fe que lo logró.

Ahora creo entender mucho mejor a ese hombre que había estado ahí siempre, que simulaba robarte la nariz y un buen día decidió enseñarte a jugar dominó... y que ahora está más vivo que nunca en mi memoria. Era mi abuelo.


[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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#2 31-01-2008 13:34:19

Liberto
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Re: Homenaje a un aviador republicano

Una hermosa semblanza. Gracias.
Seguramente volveré sobre ella.
cool


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#3 31-01-2008 14:17:52

viana
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Re: Homenaje a un aviador republicano

¡Qué bonito regalo de Reyes te hicieron, Luis!

Y qué bonito regalo nos has hecho tú al compartirlo con nosotros. Felicidades.


"Sin lugar a dudas, a estos tíos se les ha ido definitivamente la olla" Luis del Pino - 24.11.2007

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#4 31-01-2008 18:27:49

larean
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Re: Homenaje a un aviador republicano

Gracias. En efecto, fueron unos Reyes muy especiales. smile


[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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#5 31-01-2008 23:15:40

3diasdemarzo
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Re: Homenaje a un aviador republicano

Gracias por compartirlo Luis, muy emocionante.


"Como en muchas otras ocasiones a lo largo de este proceso, se aísla un dato -se descontextualiza- y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él, obviando así la obligación de la valoración conjunta de los datos -prueba- que permita, mediante el razonamiento, llegar a una conclusión según las reglas de la lógica y la experiencia."

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#6 01-02-2008 00:21:28

morenohijazo
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Re: Homenaje a un aviador republicano

Oye, qué bonito, me ha emocionado...

Pena que no volviese a ver la Democracia en España...


La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas

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#7 09-08-2008 16:08:41

larean
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Re: Homenaje a un aviador republicano

No quiero fardar, pero el homenaje a mi abuelo ha culminado así:

http://www.lavozdegalicia.es/deza/2008/ … 998919.htm


[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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#8 09-08-2008 16:36:04

Liberto
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Re: Homenaje a un aviador republicano

larean wrote:

No quiero fardar, pero el homenaje a mi abuelo ha culminado así:

http://www.lavozdegalicia.es/deza/2008/ … 998919.htm

Homenaje guapo
Un abrazo

cool


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#9 09-08-2008 17:56:41

larean
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Re: Homenaje a un aviador republicano

Es emocionante que la estela de los aviones de la guardia de honor sea blanca, y no una de las dos banderas enfrentadas.


[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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