Foro del colectivo Desiertos Lejanos.

Lugar de debate de las teorias de conspiración del 11-M.

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#1 20-09-2006 10:12:31

larean
Administrador
Registered: 16-09-2006
Posts: 6,549

Cómo se construye una teoría conspiracionista

He recordado este mensaje publicado hace mucho tiempo en Todo Política con evidente intención paródica. Lo recupero para demostrar lo fácil que es escribir a la manera de Múgica y García Abadillo.

La clave es el abogado de Bensmail, concejal del PP

La sensacional revelación de que Abdelkrim Benesmail, mano derecha de Alekema Lamari, peligroso radical islamista, tenía como abogado a un alto cargo del PP en Valencia comienza a descorrer el velo de los orificios marrones del 11-M. En efecto, ¿quién mejor que un abogado, que no puede ser obligado a declarar sobre sus conversaciones con su cliente, para llevar y traer información confidencial? Fuentes de toda confianza aseguran que un día de mayo de 2002 el abogado se personó en la cárcel con un mensaje inaudito para Lamari: se le ofrecía una importante suma de dinero y su libertad a cambio de un "trabajito". Nuestras fuentes dicen que su participación se limitó a hacer de correo, y ni siquiera conocía el contenido del mensaje.

Los acontecimientos se suceden a partir de esa entrevista. El más grave, que Lamari es puesto en libertad por un "error" judicial. Sería interesante investigar quién es responsable. Una fuente asegura que a esa persona se la ve con frecuencia al lado de un alto cargo del PP en el bar de un conocido campo de golf de los alrededores de Madrid. De hecho, en ese mismo bar se encontraban los dos la noche del día 11 de marzo de 2004, borrachos como cubas y manifiestamente felices. Se dice también que, cuando un parroquiano molesto por el bullicio les preguntó que celebraban, el político exclamó con voz estentórea: "¡el año uno de la victoria!"

Lo innegable es que Lamari se pone de inmediato manos a la obra, organizando pacientemente las células terroristas cuyo carga de odio y muerte culminará en el sangriento atentado del 11-M, casi dos años más tarde. Para ello ha sido necesaria toda su habilidad organizativa. Lamari viaja una y otra vez a Lisboa. Allí, en un rincón obscuro del Café La Brasileira, frecuentado otrora por Fernando Pessoa, se encuentra con alguien cuya identidad nuestras fuentes se niegan a revelar. Es inútil insistir. La fuente palidece, aprieta los labios, suda, sacude la cabeza. Pero otros indicios señalan que ese individuo presumiblemente sería alguien muy allegado a ciertos círculos de Moncloa.

Es él, se dice, quien señala el objetivo. Es él el que encaminará a Lamari hacia los medios para llevar a cabo el atentado. Mientras, Lamari buscar delincuentes comunes fanatizados a los que promete jugosas recompensas, con un encargo por parte de su contacto: que sean preferentemente marroquíes, por si se tercia implicar en la trama al Gobierno de Marruecos.

El funcionario de Moncloa, a su vez, mueve los hilos en la Guardia Civil, en la que al parecer tiene derecho de picaporte. A través de un coronel que participó con Tejero en el 23-F, se entera del trapicheo de dinamita en Asturias. Es ideal: no será necesario robar la dinamita en Francia, como se había pensado en un principio. Sólo hay un problema: el contacto del coronel está en la cárcel. Nuevamente, se mueven los siniestros engranajes de una justicia que apenas merece ese nombre, y Trashorras sale libre. Se le encomienda que llame la atención, y a ese efecto entra relaciones con Lavandera, al que ofrece dinamita y pregunta por la forma de detonar bombas con móviles. Esto será importante luego para convertirle en cabeza de turco, pero Trashorras, que tiene problemas psicológicos serios, no cae en la cuenta de que le están tendiendo una trampa. Los engaños continuarán en la cárcel, donde se hará creer a un informante algo tonto, Rafa Zouhier, que Trashorras y Toro tienen trato con ETA. A ese efecto, se les ordena también establecer un taller en una determinada calle de Avilés, sin que ellos conozcan la razón.

El Mundo tenía razón de sospechar de todo esto, especialmente de las relaciones entre la trama asturiana y la Guardia Civil. Donde falla radicalmente es en interpretar la información, lo cual se debe sin duda a la habilidad de los operativos monclovitas que han sembrado falsas aunque tenues pistas.

Mientras tanto, los abogados de Bensmail tienen otro encargo: buscar que su cliente entre en contacto con un asturiano del PSOE. Será en su momento otro hilo que permitirá, cuando menos, sembrar dudas sobre la actuación de dicho partido.

El resto es conocido. Es la historia superficial y engañosa que han contado todos los diarios. A partir de ese momento, el funcionario de Moncloa desaparece y deja en completa autonomía a Lamari. Sabe que llevará a cabo bien su trabajo, y quiere minimizar riesgos.

Llega el infausto 11-M. En Moncloa todo está cuidadosamente planificado, aunque nuestras fuentes juran y aseguran que ningún ministro estaba en la trama. En todo caso, la autoría de ETA se establece con celeridad, gracias a un informe "erróneo" del Comisario a cargo de los Tédax. ¿Casualidad? ¿A quién beneficia la autoría de ETA?

Los monclovitas saben lo que hacen. Sólo necesitan mantener el engaño 96 horas. Cuentan con que las pistas falsas y las desinformaciones que han sembrado cuidadosamente desorientarán a la Policiía el tiempo suficiente. La mayoría absoluta está asegurada.

La primera de esas pistas falsas, por supuesto, es la dinamita. Pero también han sido cudadosos planificando los antecedentes. Reclutando a jóvenes radicales vascos que creen afiliarse a ETA, les ha hecho intentar cometer dos atentados, el del tren de Chamartín y el de la furgoneta de Cuenca. Gorka Vidal, detenido en este último, confiesa un supuesto atentado con mochilas en Bakeira/Beret. Todo es falso, sin que los propios pseudoetarras lo sospechen, pero servirá en su momento para que los supuestos antecedentes apunten a ETA.

Los conspiradores no contaban, sin embargo, con la espectacular eficiencia de la Policía, y con la mochila que no estalló. El viernes por la tarde los nervios comienzan a aflorar; la policía está demasiado cerca. Ya han desmentido el Titadyne, y ahora se lanzan a buscar la pista del móvil. Se dice que un alto cargo policial recibió la orden de suspender la investigación en ese momento, aduciendo una supuesta amenaza en contra de la manifestación del 12 por la tarde; pero ya no podía ser. A pesar de lograr mantener detenida la información de la mochila secreta durante varias horas, en los sótanos de Moncloa cunde el pánico: los responsables materiales ya han sido identificados, y detenerlos es ya sólo cuestión de tiempo. Aún así, se hacen desesperados intentos de meter palos en las ruedas: se retrasan las autorizaciones, se distrae en lo posible a los responsables, se presiona a través de declaraciones públicas. No servirá de nada. Los funcionarios responsables hacen las maletas y huyen precipitadamente. Ya no verán el día de las elecciones.


[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.

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